Al principio, Olivia no era realmente consciente de lo que estaba pasando. Le dolía el pecho, las lágrimas la ahogaban, apenas podía respirar, todo a su alrededor se volvió borroso. Se sentía desamparada.
Y, entonces, de repente, dos brazos la envolvieron y todas las piezas de su cuerpo que estaban a punto de deshacerse se volvieron a unir. Una suave calidez la fue invadiendo desde el centro de su pecho y se fue extendiendo hacia el resto de sus miembros. Podía sentir el corazón de Silas golpeando con fuerza, como un tambor, y su respiración brusca haciéndole cosquillas en la frente.
Cerró los ojos dejándose invadir por la sensación mientras sus latidos se apaciguaban y el aire regresaba a sus pulmones. Se sentía como una peque?a abeja que se ha quedado dormida entre los pétalos cerrados de una flor. Quería quedarse allí para siempre, a salvo del frío, y olvidarse del resto del mundo.
Silas le preguntó algo en susurros. Su voz sonaba apagada, con los labios hundidos en su pelo. Ella asintió, incapaz de hablar, temerosa de que la tristeza volviera y diera por terminada aquella paz. Apenas podía razonar lo que él estaba diciendo.
Pero lo último que dijo sí lo entendió al instante:
–Eres hermosa.
Una explosión se desató en medio de su pecho. Juraría que había escuchado el disparo de un ca?ón a la distancia. él la estrujó con más fuerza, como si la estuviera protegiendo en medio de un ataque.
Pero incluso si una feroz y sangrienta guerra se hubiera desatado alrededor de ellos, a Olivia eso ya no le habría importado. El miedo y la desesperación que la habían paralizado hacía apenas un momento se había esfumado con el viento.
Los labios de ella se curvaron en una sonrisa.
Silas pensaba que era hermosa.
Silas la estaba abrazando.
Se dejó llevar por el placer de aquel simple pensamiento, como una peque?a barca que se deja mecer en medio de un lago apacible.
Hasta que, de pronto, la barca chocó contra una roca.
Un momento...
?Por la Ninfa, el Dragón y los Eternos.!
?Silas la estaba abrazando! ?Silas la estaba abrazando!
Abrió los ojos y los giró lentamente hacia un lado topándose con las maderas de la cubierta del barco. El rumor del mar volvió a ocupar sus oídos y brisa fresca alivió el calor que se había acumulado en sus mejillas.
No, no, no, aquello no podía estar sucediendo. ?Y mucho menos a la vista de todos los miembros del barco!
De repente, escuchó silbidos y risas de los marineros, las voces de los ni?os y los gritos de Tavia.
Silas la estaba abrazando a plena luz del día.
Nunca había sucedido nada parecido. Las pocas veces que se habían acercado tanto había sido porque no tenían opción. Pero, esta vez, él había elegido abrazarla.
La desconfiada quimera cascarrabias la estaba abrazando.
No sabía si llamar a eso una victoria o morirse allí mismo de la vergüenza. ?Por qué justo ahora?
Hundió su rostro nuevamente en la camisa de Silas, donde se mezclaba el aroma del salitre con su sudor. Hacía un momento no quería separarse para no dejar de sentir su calor tan reconfortante. Ahora no podía hacerlo porque no sabía con qué cara iba a ser capaz de mirarlo de ahí en adelante. ?Qué se suponía que debía hacer ahora? ?Le devolvía el cumplido? ?Le agradecía? ?Se desmayaba? ?Hacía como si no pasaba nada? En las historias románticas que solía leer este tipo de cosas sucedían con naturalidad e incluso un abrazo venía acompa?ado de...
No, no, no, no. No podía pensar justo en eso ahora con todo el mundo observándolos.
Además, él simplemente la estaba consolando. No era nada más que eso. Quizás para las quimeras era muy común abrazarse aunque dada la personalidad de Silas lo dudaba bastante.
Eran sólo aliados, amigos.
Pero él le había dicho que era hermosa. ?Los amigos se decían esas cosas?
—Ejem... —alguien carraspeó con exageración, muy cerca de ellos.
Olivia sintió que su alma abandonaba el cuerpo. Se sintió incapaz de moverse. Esperó a que Silas la soltara pero él no hizo nada de eso.
–?Qué?– su voz denotaba un total falta de interés hacia el hombre que se les había acercado.
El pirata se aclaró la garganta de nuevo antes de hablar.
–El capitán desea hablar con ustedes dos. Ahora mismo. Los espera en su cabina.
Olivia escuchó el crujido de las maderas mientras el hombre se alejaba.
Jasper Gloom le había mencionado que enviaría un informe a su padre una vez terminado el viaje para que estuviera al tanto de sus pasos. ?Iría a mencionarle aquella situación? El solo pensarlo ya la hacía sentir aún más mortificada. Ya podía imaginarse la cara de indignación del Conde Rocasombra en cuanto se enterara de lo que estaba haciendo su hija, quien había tenido el descaro de abandonar su hogar con la excusa de salvar una quimera.
Se apartó de Silas como si de repente este la estuviera quemando. Al hacerlo, sintió como los dedos de él rosaban la piel desnuda de sus antebrazos, lo cual le causó un escalofrío. Sin mirarlo dio una vuelta sobre sí misma y enfiló en dirección a la cabina del capitán.
–?Estás bien? – le preguntó él. Sus pesados pasos la seguían de cerca.
–Sí, estoy bien – le respondió, clavando la vista en el suelo.
–?Segura?
él ya se encontraba a su lado. Olivia apuró el paso, como si tomando distancia pudiera dejar atrás la vergüenza. Se abrieron paso entre los marineros que se encontraban trabajando entre velas, redes y toneles.
–Ya te dije que estoy bien, Silas, deja de preguntar eso.
Mientras decía esto, casi se tropezó con una gruesa cuerda tirada en el suelo pero evitó caerse de bruces y siguió como si nada.
–?Pero suenas enojada!
–?No estoy enojada!
–?Por qué gritas entonces?
Olivia se mordió los labios. Era verdad. Se había puesto a gritar sin razón aparente. Varios piratas que pasaron al lado de ellos la miraban confusos.
–?Necesitas que yo..? – comenzó a preguntar Silas.
El corazón de Olivia se detuvo. ?Le querría ofrecer otro abrazo? ?Qué le había picado de repente? ?Pensaba que no era más que una ni?a peque?a a la que había que consolar?
–?No! ?No necesito nada más!
–?Estoy tratando de ayudar!
–?Ya has ayudado bastante, Silas! ?Gracias!
–?No pareces agradecida de verdad!
Así estaba mejor. Aquella discusión le recordaba a sus primeros días en el Bosque de los Susurros, cuando él no era más que un zorro gru?ón y las cosas eran mucho más simples.
Subieron la peque?a escalinata que conducía a la cubierta elevada justo detrás del mástil mayor y no se dijeron nada más hasta llegar al umbral de la cabina. Los pensamientos de Olivia bullían con tanta intensidad que no midió la fuerza al tocar la puerta. La máscara puntiaguda de Jasper Gloom emergió de repente como una flecha a punto de clavarse en su cabeza.
Olivia se echó para atrás avergonzada. No podía ver la expresión de su cara pero por la tensión de sus movimientos parecía bastante molesto.
–?Quieres tirar abajo la puerta?
–Ah, perdone, no me di cuenta...
Jasper se retiró hacia el interior de la cabina para dejarlos pasar.
–?Cuál es el problema de la juventud hoy en día? – su tono de voz indicaba que no veía la hora de deshacerse tanto de los ni?os como de ellos –. Puedo dar gracias que Némertyss no me ha bendecido con hijos.
Pese al enojo, Olivia no pudo evitar observar con atención la cabina. Todavía no podía creer que se encontraba dentro del famoso Heraldo Vagabundo. Ni siquiera su padre había tenido oportunidad de hacerlo ya que el barco tenía prohibido tocar tierra.
Ahora, con la guía de Warwick y los demás marineros, conocía cada rincón de la embarcación de proa a popa y todos sus niveles. El único lugar que no había podido visitar era justamente el camarote de Jasper que a esa hora del día se encontraban bastante iluminado por la luz que se colaba a través de las ventanas que también ofrecía una vista parcial del horizonte.
No pudo evitar sentirse un poco decepcionada. El capitán trataba aquel lugar como su santuario pero en realidad se trataba de una estancia más sencilla de lo que había creído. Un escritorio de madera maciza se ubicaba en el centro. Este estaba cubierto de pergaminos enrollados, mapas arrugados, libros, una vieja brújula, tazas y platos sin lavar y demás cachivaches. A un costado se hallaba una litera junto a un par de cofres cerrados. En una esquina, un perchero sostenía un abrigo y un sombrero de ala ancha. No había adornos de ningún tipo. En realidad, lo más ostentoso que Jasper tenía era, al parecer, la máscara dorada que según los rumores nunca se quitaba, por lo que se dudaba de que fuera humano.
Aunque según lo que Olivia había observado, y gracias a la temeraria haza?a de Penn, habían confirmado que se la quitaba bastante seguido. Al menos para comer y dormir solo en su cabina, en donde pasaba bastante tiempo y sólo salía de ella cuando le era estrictamente necesario. Debía de tener una razón muy importante para hacerlo si se veía obligado a usarla. Ella no había notado nada raro en el resto de su cuerpo. Quizás era verdad que tenía un rostro desfigurado y su pudor no le permitía mostrarlo.
–?Has saciado tu curiosidad?–preguntó Jasper mirándola desde un extremo de la estancia con las manos detrás de la espalda.
La pregunta la hizo sobresaltar. No se había dado cuenta del silencio incómodo que se había producido mientras ella se quedaba estudiando la cabina.
Jasper le se?aló una silla frente al escritorio y ella tomó asiento rápidamente mientras se disculpaba por segunda vez. Había otra silla junto a ella pero Silas permaneció detrás de ella.
Olivia no quería mirarlo pero se obligó a hacerlo. Para su alivio toda la atención de él estaba fija en Jasper a quien miraba con una expresión desafiante.
–?Tienes miedo de que te pique? – se burló Jasper, lo cual hizo que Silas diera dos zancadas y se sentara con los brazos cruzados.
Por alguna razón que Olivia todavía no entendía, a Silas no le caía bien el capitán. En otras ocasiones no le hubiera parecido raro pero, si tomaba en cuenta de que con el resto de la tripulación se había comportado hasta ahora con normalidad, aquella desconfianza llamaba la atención. Al fin y al cabo, el hombre los estaba conduciendo a su destino final sin esperar nada a cambio y poniendo en riesgo a la Liga.
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Jasper pareció dejar escapar una exhalación cuyo sonido bajo la máscara se asemejó a la de un fuelle viejo. Se sentó detrás del escritorio y apoyó ambas manos en el mueble.
–Bien... –hizo una larga pausa, manteniendo su pico hacia abajo. Parecía concentrado como si estuviera reuniendo coraje–. Desde que se unieron a nosotros, he estado pensando mucho... No ha sido fácil para mí tomar esta decisión.
Olivia se removió incómoda sobre el asiento. ?Habría cambiado de opinión y ya no estaba dispuesto a llevarlos hasta la isla?
Jasper levantó la cabeza y su pico osciló entre ella y Silas, aunque era en la quimera en quien parecía poner más atención. Silas mientras tanto se mantenía tieso con los brazos cruzados y el ce?o fruncido.
–Lo que estoy a punto de confesar es un secreto que sólo conoce mi familia y unos pocos aliados–continuó y volvió a callarse esperando alguna respuesta de parte de ellos. Se dirigió a Silas –. ?No vas a decir nada?
–?Qué quieres que diga? –preguntó Silas con brusquedad.
–Yo pensaba... que lo habías sentido... – Jasper sonaba algo decepcionado.
–?Sentido qué? – el tono de Silas se iba volviendo cada vez más arisco.
–Silas, ?qué te pasa? – preguntó Olivia.
Jasper sacudió la cabeza.
–No entiendo tu reacción... Pensé que sería lo contrario...
–No sé de qué estás hablando – negó la quimera.
Había algo en la actitud de Silas que a Olivia le hizo desconfiar. Tenía el presentimiento de que él sí sabía lo que Jasper estaba a punto de decirles y ella era la única que había quedado fuera. ?Qué había pasado entre aquellos dos que apenas se conocían?
–Bien – la voz serena de Jasper adoptó un tono severo –. Déjame ser entonces más directo para que lo entiendas.
Dicho esto, procedió a llevarse su manos hacia atrás de su cuello. Un chasquido metálico resonó en el silencioso camarote y la máscara de Jasper se abrió en dos mitades. Olivia se inclinó hacia adelante incapaz de creer lo que estaba atestiguando.
Totalmente hipnotizada observó los lentos movimientos de las manos de Jasper. Lo primero que vio fue su pelo que era corto y de color casta?o claro. Su piel era un tono bronceado pero apagado, quizás por el efecto de la máscara. Tenía pómulos pronunciados. Su nariz era gruesa y sus labios finos.
No había nada raro en su rostro. Ni una sola cicatriz ni marca. No le faltaba absolutamente nada. Era un rostro humano común y corriente. Pero ?entonces por qué la máscara?
La respuesta a su pregunta comenzó a asomar cuando notó que todo ese tiempo Jasper había mantenido sus ojos cerrados. Apoyó la máscara sobre la mesa. Parecía estar dudando, como si temiera revelar algo que podía cambiar el curso de su existencia. Luego, finalmente, abrió los párpados.
Olivia contuvo el aliento.
Sus ojos eran de un dorado intenso, vívidos y luminosos como un ámbar líquido.
Su primer impulso fue girar la vista hacia Silas aunque de verdad no necesitara hacerlo. Ella ya conocía muy bien esos ojos. Los había visto tantas veces encenderse de furia, suavizarse de preocupación y brillar con ternura bajo el brillo de la luna.
No había forma de que se equivocara.
Ojos de quimera.
–?Qué significa esto? – preguntó Silas con voz ronca y ahogada.
Los labios de Jasper se fruncieron con burla.
–?Todavía necesitas que te lo aclare? – el pirata se echó para atrás en su asiento –. Cuando nos estrechamos la mano, en el puerto, tú sentiste algo, lo sé – sonaba orgulloso –. Yo también lo sentí.
–No puedes ser una quimera.
–Me transformaría aquí mismo pero me temo que Bronto podría sentir mi presencia. Nadie de mi tripulación lo sabe y quiero que siga siendo así. No quiero comprometerlos a guardar este secreto.
–Pero... – Olivia sentía la garganta seca – ?por qué nosotros?
–Porque quiero darles una elección...
–?No! – furioso Silas golpeó el escritorio con un pu?o y provocó que algunos objetos cayeran al piso –. ?Todas las quimeras regresaron a las monta?as!
Ante la reacción de Silas, Jasper no demostró ningún tipo de emoción.
–El mundo es vasto y profundo, chico – dijo con voz calmada –. Tú apenas has cruzado la orilla.
–?No hay manera de que seas una quimera!
–?Y qué haces tú aquí, eh? ?Piensas que has sido el único con suficiente coraje para dejar su hogar atrás? ?Tan arrogante eres?
–Los mayores de la manada...
–Me imagino lo que te habrán contado. Pero mi existencia prueba que estaban equivocados... o decidieron mentirte para evitar que te alejaras de las monta?as. Si fueron capaz de expulsarte...
–No, no, no eres una quimera–Silas sacudió la cabeza y se detuvo de golpe como si acaba de recordar algo. Miró a Jasper con suficiencia –. De lo contrario... estarías tan enfermo como el sirenio.
Jasper se lo quedó mirando pensativo. De repente, su expresión cambió por una sorpresa.
–Yo sí sentí algo... sí que se trató de lo mismo...
–?Qué sentiste? – preguntó Olivia al ver que Silas se había quedado tieso y la satisfacción se había borrado de su rostro.
Jasper pasó describirle el dolor indescriptible que había sentido hacía unos días mientras se encontraba realizando un encargo para Royden “El Astuto” Branson en el Castillo de la Espada. Pero la misión fracasó desde el principio ya que mientras se infiltraba en la fortaleza una quemazón inexplicable le atenazó todo el cuerpo y lo obligó a esconderse por un par de días, sobreviviendo en una cueva oculta gracias a una cantimplora. Por suerte, llevaba consigo una medicina que usaba cuando la máscara le molestaba demasiado y eso pareció aliviarlo lo bastante como para regresar al barco a salvo. Fue ahí cuando se enteró que a Bronto le había ocurrido algo similar pero para no agitar a la tripulación decidió no decir nada. Aun así no fue fácil porque todo ese tiempo había estado tratando de ocultar su malestar y la dosis de medicina que le quedaba alcanzó lo bastante para poder mantenerse de pie.
–Entonces, sí, lo sentí. Y fue bastante doloroso y debilitante, ?contento? Lamentablemente no pude hacer nada por Bronto pero creí que su poder de sanación sería suficiente... No tenía idea...
–?Qué clase de medicina era esa? – preguntó Silas desconfiado.
–Una medicina creada por la misma persona que creó esta máscara para ayudarme a ocultar mi identidad – Jasper suspiró –. Te contaré todo lo que necesitas saber y quizás ustedes me puedan explicar qué es lo que saben de la enfermedad. Puedes estrecharme la mano otra vez si quieres y así...
Jasper estiró la mano hacia Silas y este se levantó de golpe volcando su silla. Comenzó a caminar de un lado al otro como un animal enjaulado.
Olivia no sabía qué hacer para que se calmara. Estiró su mano para tocar la de Silas pero este se apartó como si lo hubiera quemado.
–Mi bisabuela era una quimera –continuó Jasper siguiendo los movimientos de Silas con la mirada–. Durante la guerra, ella se encontraba prisionera en Nemertya. Fue una de las afortunadas – el brillo de sus ojos se apagó–. Uno de los Archimagos había decidido adoptarla como mascota. Mi bisabuelo, uno de los primeros piratas, participó en un inédito asalto a la capital junto con los sirenios y lograron rescatar a los esclavos.
–Y luego tu bisabuelo se la quedó para él – escupió Silas.
Jasper sacudió la cabeza.
–Se le dio una elección, como a todos. Ella decidió quedarse con él, en un lugar a donde los magos no podían seguirla.
–Ninguna quimera hubiera renunciado a su familia.
–Su familia fue masacrada... – la voz de Jasper tembló al decir eso –. Pertenecía a la manada conocida como Canto del Ocaso.
Al escuchar ese nombre, Silas se detuvo.
–Sabes de qué te estoy hablando–le dijo Jasper.
–Fueron varias las manadas que desaparecieron... – argumentó Silas –. Muchos de los sobrevivientes se unieron a otras.
–Ella no quería volver. Era muy doloroso para ella, al igual que para otras quimeras que también eligieron permanecer con los piratas.
Silas volvió a estallar.
–?Ninguna quimera se hubiera mezclado con humanos!
Ninguna quimera. Aquellas dos palabras hicieron eco en la mente de Olivia. ?Qué era ella entonces para él?
–Yo te veo bastante cómodo ahora–replicó Jasper cruzando las piernas y entrelazando sus manos–. Te he estado estudiando desde que pusiste un pie en mi barco. No eres ningún prisionero. Quizás lo fuiste en Rocasombra pero desde que Olivia te liberó has tenido opciones. Los ni?os incluso parecen tenerte cari?o. ?Sabes lo difícil que es para un Hijo del Puerto confiar en un extra?o?
Silas no respondió. Parecía tener dificultad para respirar.
–?Hay otros como tú? – preguntó Olivia.
–No todos tienen el don. Es similar a lo que sucede con los sirenios. Mi padre no lo heredó pero uno de mis tíos sí. Supongo que es al azar.
–?Y tu bisabuela fue...?
–?Feliz? Supongo que tan feliz como puede serlo una persona que ha vivido lo que ella vivió. En las islas fue libre como quiso adoptando todas las formas que se le ocurrieran. Era hermoso verla –una mezcla de tristeza y ternura cubrió el rostro de Jasper –. De ni?o no podía dejar de contemplarla. Un día se le antojaba ser delfín, otro día una gaviota, una tortuga marina, una mantarraya, deslizándose por la bahía con una elegancia que nos dejaba sin palabras. Su manada en realidad dominaba las formas de los pájaros pero ella se había enamorado del mar. Yo solía jugar con ella a las escondidas para aprender a sentir su presencia – hizo una pausa antes de continuar –. Falleció hace un par de a?os en realidad... Había cumplido ciento trece. Me contó que las quimeras pueden vivir mucho más. Pero ella estaba cansada y mi abuelo ya se había ido hacía mucho tiempo. Estaba lista para volver al Origen y encontrarse con él.
Un silencio pesado cayó como un manto sobre ellos. Olivia no se sentía capaz de moverse. Silas se había quedado de pie apoyado contra la puerta del camarote como preparándose para huir.
Ella decidió hacer el esfuerzo para continuar con la conversación.
–?Dónde está tu familia ahora?
–Bahía del Kraken–sonrió–.Te gustaría mucho. Mi familia vive muy cómoda allí en una peque?a comunidad resguardada. Para la gran mayoría de los piratas somos un secreto bien guardado pero como no hay magos allí que sientan nuestra presencia no hay problema.
Olivia se había quedado de piedra. Todo ese tiempo había quimeras escondidas en la isla.
–?Y los híbridos?
–Nunca se internan por esa zona. Sólo unos pocos saben de nuestra existencia. En cuanto a los sirenios, nunca llegan hasta ahí.
–?Por qué?
–Bueno, quizás algunos. Pero deben pedir permiso antes... y los híbridos no siempre se muestran predispuestos. Toda la isla está rodeada de un portal protector. Nadie sale o entra sin que ellos se enteren... Cuando lleguemos allí, lo podrás comprender mejor. No quiero arruinarte la sorpresa – le dedicó un gui?o.
–Espera un momento... – los ojos de Olivia se abrieron de par en par –. ?Tú naciste en la Hermandad de la Isla!
Detrás de ella, escuchó los crujidos de los pasos de Silas.
–?Dijiste que no sabías si el Archimago me recibiría y ahora...! – exclamó él.
–Bueno, bueno – Jasper chasqueó la lengua –. No podía decirles todo esto en frente de Dhabeos ?no?
–?Entonces sí nos llevarás con el Archimago?
–No es tan sencillo... hay reglas... y a los híbridos... les gusta cumplirlas... a rajatabla... Bhoriax, el que ustedes llaman Archimago, no es quien manda en la isla, sino el Senado, y a esos tipos les gusta regular todo... Distinto de los piratas que suelen tomar decisiones muy impulsivas – Jasper comenzó a rascarse la cabeza –. Es verdad que antes de hacerme pirata viví en la isla pero nunca conocí a muchos híbridos, sólo algunos oficiales cuando debían inspeccionar el lugar. Ni siquiera pude visitar un solo pueblo y mucho menos ciudad Alianza. En realidad... nunca fui más allá de los límites de la bahía del Kraken – dejó escapar una leve risa –. ?Y ustedes, completos extra?os, esperan que los reciban así como así?
–?A dónde piensas llevarnos entonces? – preguntó Olivia al ver que Silas volvía a caminar arrastrando los pies totalmente desmoralizado.
–Bueno, cumpliré mi palabra con Dhabeos e intentaré que los acepten... No cuesta nada preguntar. Pero no esperen ninguna respuesta positiva. Al menos, tienen alternativas. Pueden quedarse en la bahía del Kraken y solicitar audiencia con el Archimago... y luego... bueno... esperar...
–?Esperar cuánto? – gru?ó Silas.
Jasper arrugó los labios.
–Yo tuve que esperar alrededor de tres a?os.
–?Tres a?os? – exclamaron tanto Silas como Olivia al mismo tiempo.
–Ya ven...
–?No tenemos tanto tiempo! – protestó Silas.
–?Qué apuro tienes? –se burló Jasper–. ?Acaso vas a salvar al mundo?
–Pero tú eres el emisario de la Liga –se?aló Olivia–. ?Tardó todo ese tiempo en concederte una audiencia?
El capitán sacudió la cabeza.
–Eso fue hace más de veinte a?os. Yo apenas había cumplido los diecisiete... la misma edad que ustedes ahora. Quería convertirme en pirata y luchar para la Liga pero tenía un problema... Si algún día me cruzaba con un mago me descubrirían enseguida... Así que le solicité ayuda a Bhoriax... – volvió a agarrar su máscara y la levantó en alto – y mi paciencia se vio recompensada. Esta máscara no sólo oculta mis ojos sino también mi poder mágico. Ni un sólo mago ha logrado descubrirme.
–Entonces el Archimago... – comenzó a decir Olivia.
–Es un Arquitecto, tal y como dicen los rumores.
–Y decidió ayudarte.
–Bueno, antes tuve que pasar por varias pruebas para demostrarle mi resolución y compromiso con la causa. Y, claro, cada tanto tengo que hacerle algún favor en pago por la máscara... No me quejo, esta cosa en invaluable... muy incómoda... pero me ha dado libertad.
Silas exhaló un bufido despectivo. Jasper lo ignoró.
–Gracias a él también se les concedió un refugio a las quimeras en la isla.
–?él ya estaba vivo en ese tiempo? – preguntó Olivia.
–Si te digo que su edad es algo así como cuatrocientos a?os, creo que me acercaría bastante. No cualquier criatura puede convertirse en Arquitecto... la vida de un humano no alcanza para llegar a ese nivel... Así que... – Jasper apretó los labios y volvió apoyar la máscara sobre el escritorio –. No sé cuáles son sus planes con Bhoriax pero... en mi opinión... la bahía del Kraken es el lugar más seguro para ustedes en este momento... Nuestra comunidad disfruta de una paz sin igual... mejor que en las islas de la Liga que son acechadas constantemente por la Armada Real.
–Pero tú abandonaste ese lugar–se?aló Silas.
–No la abandoné. Elegí esta vida para mí porque quería hacer alguna diferencia.
–?Y lo has logrado?
–Con el tiempo... y luego de madurar un poco... me di cuenta de que los cambios pueden tardar. A ti te pasará lo mismo cuando llegues a mi edad.
–?Es tu familia tan poderosa como el Archimago?
–No.
–Entonces no los necesito.
Olivia observó como Jasper inspiraba hondo tratando de mostrarse paciente.
–Tendrías un hogar donde crecer en paz. Yo... estaba pensando... mi bisabuela me ense?ó todo lo que sé... podría ayudarte...
–?Una quimera con un poder tan reducido como el tuyo no podría ayudarme!
–?Silas! – protestó Olivia.
Jasper golpeó el escritorio con fuerza.
–?Qué es tan importante que necesitas la ayuda de Bhoriax?
–?No es asunto tuyo!
–?Tenemos una guerra tocando a nuestra puerta! ?Ustedes no pueden hacer nada! ?Son jóvenes, disfruten mientras puedan, vivan, ya les llegará el momento como me lo llegó a mí!
–?No me importa tu estúpida guerra!
Jasper se levantó y lo miró con furia.
–?Pues deberías! ?Porque serán las quimeras las que pagarán las consecuencias de lo que sea que hayas hecho en Abrazo de Tormenta!
–?No estoy harto de escucharte!
Antes de que Olivia pudiera detenerlo, Silas abandonó el camarote y la puerta retumbó tras él.

