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Capítulo 72 - La Estrella Errante

  Silas abandonó la cabina de Jasper y corrió hacia la cubierta. De repente, el barco se le antojaba demasiado peque?o, sobre todo ante la imposibilidad de utilizar su poder para escapar. Le pesaba el pecho como si alguien le hubiera extirpado el corazón y en su lugar hubiera colocado una piedra. Cada latido resonaba en cabeza como una profunda explosión impidiéndole escuchar lo que sucedía a su alrededor.

  Se plantó en medio de los marineros como una presa desorientada que no lograba encontrar la ruta de escape. Era casi mediodía y los rayos de sol pegaban con fuerza en sus ojos. Varios rostros siguieron sus pasos mientras avanzaba a zancadas, esquivando al resto de los tripulantes.

  Sin detenerse, localizó el mástil principal y, movido por un impulso feroz, se lanzó hacia él.

  –?Eh, Silas! ?Todo en orden? – le gritó Warwick.

  Silas lo ignoró mientras trepaba como una ardilla acorralada, aferrándose a las cuerdas con tal fuerza hasta sentir que le quemaban las palmas de sus manos. La brisa fresca le golpeaba la cara mientras ascendía a toda prisa hasta alcanzar el puesto del vigía. El chico que se encontraba allí, no mucho mayor que él, le extendió la mano ayudarlo a entrar dentro del barril. Allí, se dejó caer de rodillas, jadeando de furia y cansancio.

  –?Te han asignado un turno?–preguntó confuso el muchacho.

  –?Eh?–Silas respiraba agitado luego de aquella subida tan precipitada y al principio le costó entender lo que le estaba diciendo–. Ah, sí...

  –Menos mal –suspiró aliviado el vigía–. A nadie le gusta estar aquí arriba, pensé que me iba a quedar todo el resto del día.

  –?Por qué...? – Silas no pudo terminar su pregunta ya que el muchacho no tardó en comenzar su descenso.

  Se enderezó para observar fuera del barril y ahí comprendió lo que el vigía había querido decir.

  Desde las alturas, el barco parecía nada más que un juguete meciéndose entre las olas de aquel interminable manto azul. El mástil que tan imponente le había parecido al principio se mecía con la brisa como si no fuera más que una rama a punto de quebrarse.

  La inmensidad lo golpeó en el pecho como un pu?etazo. No había el menor atisbo de tierra a la vista. Sus dedos temblorosos se clavaron como garras al borde astillado. Sentía como si la madera bajo sus pies hubiera desaparecido y estuviera a punto de precipitarse hacia el agua. Su estómago vacío pegó un salto. Lentamente, fue sucumbiendo al mareo y se dejó resbalar hasta quedar acurrucado en el fondo del barril. Flexionó las rodillas contra su pecho y las envolvió entre sus brazos como si con eso fuera suficiente para salvarse de la temida caída. Aunque quizás lo que de verdad quería era hacerse cada vez más peque?o hasta convertirse en un ratón o en un insecto, o, mejor aún, encogerse hasta desaparecer.

  No supo cuánto tiempo estuvo ahí pero probablemente fueron horas ya que cada vez que se atrevía a abrir los ojos podía notar que la posición del sol había cambiado bastante mientras los había mantenido cerrados tratando de olvidarse del resto del mundo. Su apuro por alejarse de Jasper lo había cegado de tal manera que no había calculado el riesgo de lo que estaba haciendo. La última vez que había hecho algo similar fue cuando trepó el acantilado con Olivia abrazada a su cuerpo, pero al menos ahí había tocado tierra firme al final. Ahora no había manera de que pudiera bajar por sus propios medios. Estaba atrapado hasta que alguien fuera a buscarlo.

  Cosa que no parecía que no iba a ocurrir. ?Es que acaso ninguno de esos inútiles piratas iba a cerciorarse de que estuviera cumpliendo con su tarea de vigía que él mismo se había autoimpuesto sin darse cuenta? ?Tan irresponsables eran?

  ?Y qué pasaba con Olivia? ?Acaso no se sentía preocupada por él luego de su conversación con el pirata?

  Al pensarlo con más detenimiento, Silas se dio cuenta de que quizás ella pensaba que él quería estar solo y por eso no había ido a buscarlo. Y claro que él quería estar solo, no quería hablar con nadie, no quería escuchar nada más acerca de quimeras viviendo con híbridos, o piratas arrogantes que sólo por tener un pizca de sangre de quimera se creían lo suficientemente capaces de volverse sus maestros.

  Y conociendo Olivia quizás ella lo dejaría en paz por un rato hasta que se calmara pero ya se estaba tomando su tiempo. Justo cuando más necesitaba que ella se entremetiera en su asuntos, había decidido darle espacio.

  Un repentino graznido detuvo sus pensamientos, seguido de otros que se fueron intensificando. Cuando giró los ojos hacia arriba, vio dos pares de alas blancas cortando el cielo azul como navajas. La escena volvió a repetirse mientras las gaviotas sobrevolaban en círculos alrededor del mástil.

  Acomodó su postura hasta quedar arrollado dentro del barril, esta vez boca arriba, y se distrajo observando las gráciles blancas alas y los detalles de sus plumas. Parecían danzar al ritmo de una melodía silenciosa que sólo ellas conocían. Sus movimientos era ágiles y fluidos como si fueran ellas las due?as del aire que las rodeaba.

  Lo hacían parecer tan fácil... Si tan sólo él...

  Silas cerró los ojos, respiró hondo y se incorporó pegándose al mástil para mantener el equilibrio. Poco a poco fue levantando sus brazos hasta que quedaron extendidos hacia ambos lados. En vez de estar perdiendo tiempo con historias descabelladas, debería estar entrenando su poder. No podía presentarse al Archimago sin al menos haber intentado recuperar aunque fuera una fracción de su magia.

  Se concentró en la sensación del viento debajo de sus brazos mientras se imaginaba flotar en medio de las nubes sin ninguna fuerza que lo sujetara a la tierra. Su piel ya no era tersa ni débil como la piel humana sino que ahora suaves plumas comenzaban a brotar de ella como los brotes de una rama en los inicios de la primavera. Podía sentir cómo su cuerpo se iba volviendo más peque?o hasta sentirse liviano. Pero el viento ya no lo azotaba como antes, sino que se había convertido en su aliado. Su nariz y boca se unían y se extendían hacia adelante para formar el pico. Los dedos de sus pies se transformaba en peque?as garras unidas por membranas perfectas para impulsarse y tomar vuelo.

  La próxima vez que abriera sus ojos sería una gaviota y el mar infinito bajo sus alas no sería más una amenaza, sino un patio de juegos azul y brillante.

  Pero nada de eso sucedió. Por más voluntad que pusiera, no alcanzó a sentir ni el más leve cosquilleo que le indicara que el proceso de transformación se estaba iniciando.

  Buscó dentro de sí la furia pero no la encontró. Más bien se sentía como una de aquellas botellas vacías que cada tanto salían rodando por la cubierta del barco. Pero no quería desistir, mantuvo su posición con la esperanza de que su concentración lo ayudara a olvidarse de sí mismo y aquel cuerpo tan limitante que sólo le daba problemas.

  Lo peor que podía pasar era que perdiera el equilibrio y se estrellara contra la cubierta.

  él ya había caído una vez y había sobrevivido. Tenía que creer en sí mismo. No podía dejar que el miedo lo debilitara...

  Un gru?ido repentino, como el de una bestia que acabara de despertarse, lo sacó de su trance.

  En realidad, había una cosa que sí podía debilitarlo, y eso era el hambre, lo cual se hizo evidente una vez que su estómago pareció volver a la vida. Para entonces sentía los brazos tan agarrotados y una punzada en su espalda amenazaba con partirlo en dos.

  Entonces se escuchó un estornudo.

  El sonido lo hizo abrir los ojos y cuando temeroso asomó la cabeza fuera del barril se encontró con Olivia agarrándose con todas sus fuerzas a las cuerdas para no caer al vacío.

  –?Qué haces ahí!– era un rezongo más que una pregunta. Ignorando la sensación de vértigo, Silas bajó sus brazos hasta ella y de un tirón la hizo meterse dentro del barril. Los cuerpos de ambos se apretujaron en aquel espacio reducido quedando pegados hombro con hombro. Ella llevaba un casaca sobre su camisa pero aun así la brisa marina le había helado el cuerpo. él frotó sus manos alrededor de sus brazos de ella y estuvo a punto de abrazarla para transmitirle algo de su calor corporal pero ella se apartó.

  –?Estoy bien! ?Estoy bien!–levantó las manos como una especie de escudo.

  –?Qué estabas pensando? –preguntó él aunque al mismo tiempo quería preguntarle por qué se había tardado tanto en ir a buscarlo mientras él se encontraba sufriendo solo y desamparado.

  –No... no quería interrumpirte... Parecías muy concentrado...

  Así que lo había estado observando todo ese tiempo mientras él luchaba sin ningún éxito por cambiar de forma y para colmo ella se había dado cuenta. A sus ojos no debía de ser más que un inútil digno de lástima.

  –Y... también necesitaba alejarme de Jasper – continuó explicando ella–. En cuanto te fuiste comenzó a preguntarme sobre la extra?a “enfermedad” que lo atacó a él y a Bronto. Me temo que no me dejará en paz mientras estemos aquí.

  –No puedo esperar a abandonar este barco– gru?ó él.

  Ella se encogió de hombros.

  –Es normal que sienta curiosidad. Desearía poder explicarle lo que pasó pero...

  –?Por qué lo defiendes? – el tono de Silas era acusatorio.

  –Yo... Silas... no me pareció que estuviera mintiendo...

  Ella fijó sus ojos azules en él pero Silas la ignoró mientras dejaba escapar un suspiro pesado. Se mantuvieron en silencio durante un instante largo mientras él rememoraba cada gesto y palabra de la confesión de Jasper.

  –Yo tampoco creo que esté mintiendo –aceptó él de mala gana–. La verdad es que sentí lo mismo que él.

  Le describió a Olivia la extra?a sensación que había sentido nacer de sus dedos al momento de estrechar la mano de Jasper. Era como si un diminuto rayo avanzara por su brazo hasta llegar a su pecho.

  –Ay, Silas –fue todo lo que dijo Olivia sin preguntarle nada más. No había necesidad. Sólo ella podía comprender el enredo que se había hecho en su mente tras aquella revelación.

  Silas asestó un pu?o contra la madera del barril.

  –?Claro que no soy la primera quimera en internarse en territorio humano en cien a?os! –dio otro golpe–. Nunca he sido el primero en nada en toda mi vida. ?Por qué iba a ser diferente esta vez?

  –Bueno... – Olivia apoyó una mano en su hombro–. Si te sirve de consuelo... A mí alguien me había dicho que era la primera bruja...

  Silas se giró hacia ella y esta vez sus ojos se quedaron fijos en la muchacha que le hizo una mueca. De repente, la quimera sintió cómo los músculos alrededor de su cuello se tensaban y un leve burbujeo trepó por su garganta. Intentó reprimir la sensación por un momento apretando los labios y bajando la cabeza pero fue inútil. La vibración acumulada en su pecho se liberó con tal rudeza que le arrancó el aire de sus pulmones y su cuerpo se vio sacudido por leves espasmos. Sin embargo, no fue dolor lo que sintió sino una especie de alivio que lo hizo sentirse más liviano, como si realmente pudiera en ese momento flotar en el viento al igual que las gaviotas.

  Se estaba riendo.

  No era la primera vez que se reía, aunque generalmente le había ocurrido cuando quería burlarse de alguien. Esta vez se sentía distinto.

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  Observó a Olivia que también se había contagiado de su risa. Sus blancos dientes brillaban como perlas y sus ojos azules brillaban de una manera que hasta el mismo océano debía de estar sintiendo envidia.

  Fue en ese instante que se dio cuenta de que eran los únicos dos en el mundo que podían entender aquella broma y por alguna razón eso lo ponía contento.

  Volvieron a quedarse en silencio como queriendo evitar que el efecto de aquella sorpresiva alegría se quedara levitando en el aire un poco más antes de disolverse en la brisa.

  –Y bien... –Olivia carraspeó antes de hablar–. ?Qué piensas hacer ahora?

  Silas entrecerró los ojos.

  –Nada ha cambiado. Seguimos con el mismo plan.

  –Pero... ?no sería mejor que entrenaras tu poder con tu propia raza?

  Sacudió la cabeza.

  –No conozco a esas quimeras... no sé si...

  –Tampoco conoces al Archimago – objetó ella.

  –Ya... pero es poderoso... Además... ?qué harás tú en la bahía del Kraken?

  Ella le dio un golpecito en el hombro.

  –No me pongas mí como excusa.

  –Si yo acepto la propuesta de Jasper.. – insitió Silas –. ?Qué harías tú?

  –Pues... descansar...

  Aquella respuesta indignó a Silas.

  –?Descansar? ?Has hecho todo este viaje para descansar?

  –Ha sido un viaje muy largo... – suspiró ella –. No quiero pensar en nada. Ya te lo dije. Creo que ha llegado el momento de buscarme una vida tranquila sin preocupaciones... Quizás es todo lo que necesito...

  –?Y si las brujas vuelven a buscarte?

  –No lo harán...

  –?Por qué estás tan segura?

  –Porque algo ha cambiado. No sabría decir qué... Tengo mis hipótesis... Cuando conocí a Aurora ella habló de un sello que se rompió al momento que Chispa utilizó mi cuerpo para luchar contra los magos en el lago... Quizás la criatura las selló de nuevo... y lo único que debo yo hacer es nada...

  –?Confías en la criatura entonces?

  –Algo deben haber hecho las brujas para estar encerradas.

  Silas enarcó las cejas y le dirigió una mirada de reproche.

  –En las cárceles humanas han encerrado a muchos que no lo merecían.

  Los ojos azules de ella se oscurecieron.

  –?Por qué las defiendes tú ahora?

  –No es que quiera defenderlas... Yo estoy de tu lado.

  –Entonces acepta mi decisión – replicó ella con firmeza.

  Silas lanzó un gru?ido y sacudió la cabeza.

  –De todas maneras, pienso que te equivocas. Tienes a tu alcance un poder sin igual.

  –Un poder destructivo.

  –Que también puede salvar vidas.

  –?Estás diciendo que debo convertirme en una heroína que luche contra las injusticias del reino?–se mofó ella–. Ya intenté un acto heroico y resultó ser un desastre.

  –Y como víctima de ese acto heroico te perdono.

  Al parecer ella no le hizo ninguna gracia su intento de hacer una broma y sin ningún aviso comenzó a darle pu?etazos. Silas la detuvo agarrándola por los brazos aunque sin mucha fuerza para evitar lastimarla. Se fue inclinando hacia atrás mientras ella se le venía encima intentando continuar su infructuoso ataque.

  – ?Estúpida, testaruda, desagradecida quimera!

  La quimera pensó que un conejo le hubiera hecho más da?o.

  De repente, escucharon una vocecita encima de ellos.

  –?Te lo dije! ?Se están besando!

  –A mí no me parece tan así–dijo otra.

  –?Sólo míralos!

  Cuando Silas y Olivia giraron los ojos hacia arriba se encontraron con dos peque?as cabezas de Vinnie y Katty que los observaban con muecas de malicia infantil. Silas sintió como el cuerpo de Olivia se ponía tieso como una roca.

  –?Milo, se están besando! –gritó Vinnie–. ?Me debes, por tanto, tu primer salario!

  Desde la cubierta se escuchó un alarido de incredulidad proveniente de Milo, seguido de una carcajada de Rufus.

  –?No les vamos a pagar ningún salario!–rugió Tavia cuya voz, pese a la altura, se escuchaba tan claramente como si la tuvieran al lado –.?Y mucho menos por andar causando problemas en el barco! ?Silas! ?No se suponía que estabas cubriendo el turno? ?El puesto de vigía no es para andar besuqueándose con tu novia!

  Al escuchar eso, Olivia se separó de él y se tapó la cara con ambas manos.

  –?Vamos, Tavia! – exclamó Warwick desde su lugar detrás del timón –. ?Todos nosotros nos hemos besuqueado alguna vez en el puesto del vigía!

  –?Nada de eso en mi barco!

  –?Es el barco de Jasper! – protestó el contramaestre.

  –?Oh, no, se?or! – gritó uno de los tripulantes –?Este es el barco de Tavia sin ninguna duda!

  La ocurrencia fue celebrada por carcajadas que se extendieron de proa a popa.

  –?Ya bajen todos de una vez a cubierta!–gritó Tavia– ?Y a ti, Dred, no te vendría mal pasar un rato allá arriba!

  –?Si subes conmigo quizás lo haga!–le respondió el marinero que en cuanto dijo eso debió eludir una daga que salió disparada a toda velocidad del cinturón de Tavia.

  No había cosa que más quisiera Silas que bajarse de aquel maldito lugar pero su descenso fue penosamente lento, al igual que el de Olivia quien tampoco disfrutaba de las alturas. Su cara roja como los pétalos de una rosa indicaba que le estaba costando incluso más que a él. Más de una vez debieron detenerse para sujetarse con firmeza ante el embate del viento cuya fuerza parecía ir incrementarse a medida que el día llegaba a su fin. Al final Vinnie y Katty, con ayuda de Penn y Finn, salieron en su ayuda para bajarlos sanos y salvos a cubierta, aunque no sin hacer unos cuantos chistes durante lo que duró la maniobra.

  Para entonces el sol ya casi tocaba la línea del horizonte y la tripulación se movía con urgencia, preparándose para la noche. Jasper se había mantenido cerca aunque en ningún momento volvió a hablarles. Se dedicó a inspeccionar el barco, dar indicaciones a Warwick, además de llevarle la comida a Bronto que todavía permanecía aislado hasta que no terminara de recuperarse del todo.

  Una campana sonó, anunciando la cena antes del cambio de turno. Los ni?os corrieron en busca de su pedazo de pan y carne, y se dejaron caer sobre la cubierta para comer en silencio. El entusiasmo de la ma?ana había desaparecido; ahora sus rostros mostraban el rastro del cansancio que Tavia, implacable, les había arrancado a fuerza de trabajo.

  –?Dormirán como troncos esta noche!–exclamó ella golpeándose el pecho con orgullo y Silas escuchó varios suspiros de alivio entre la tripulación.

  Sintiéndose bastante mejor, la quimera masticaba su porción de comida con esfuerzo, sentado junto a Olivia y mirando de reojo el vaivén del mar oscuro que poco a poco se iba confundiendo con el cielo hasta que el barco quedó rodeado en medio de una oscuridad total. La única se?al reconocible eran una débil luna menguante y las estrellas que se extendieron como un delicado velo de diamantes a lo largo del firmamento.

  Durante la cena se encendieron las lámparas de aceite y algunos piratas aprovecharon la ocasión para sacar algunos instrumentos y cantar canciones de su tierra. Sus voces se elevaban suavemente sobre el murmullo del viento y las conversaciones, como intentando llenar el vacío que los rodeaba. Algunas versaban sobre temas chistosos, rimas populares sobre piratas, fiestas y ron, otros eran melancólicos, llenos de nostalgia por la costa lejana.

  –?Qué dices, Warwick? –preguntó uno de sus subalternos en un tono despreocupado mientras su laúd soltaba unos tristes acordes–. ?Sobreviviremos otra noche?

  Olivia y Silas intercambiaron miradas de preocupación pero Warwick sacudió su brazo.

  –Todo parece estar en orden. El viento se ha levantado un poco, nada más.

  –?Has llamado a los sirenios?

  –Estamos esperando su respuesta.

  –?Por qué está llamando a los sirenios? – preguntó Olivia preocupada.

  Warwick se giró hacia ella con una mueca risue?a.

  –Es normal, mi se?ora Olivia. Todo barco mercante hace un trato con las Tribus del Mar Libre para tener un viaje seguro hacia la Hermandad de la Isla. Claro, que... en nuestro caso nunca lo hemos necesitado porque tenemos a un hábil timonel.

  –Inútil en este momento –remarcó Tavia.

  –Creo que ya sé quién se encargará del turno de la noche hoy – dijo Warwick.

  –Pero has dicho que no te han respondido –insistió Olivia.

  –Algo los debe estar demorando.

  Olivia le dirigió una mirada a Silas y él asintió. Si las Tribus del Mar Libre no estaban respondiendo, seguramente se debía a que habían sido afectados por la misma dolencia que Bronto.

  –?Siempre tardan en responder?

  –No, aunque a veces se hacen rogar un poco – Warwick le palmeó al hombro –. No se preocupe. Hoy tendremos una noche tranquila y para ma?ana seguro que tendremos respuesta.

  –Eso significa que moriremos–aseveró Tavia.

  –?Por qué mejor no te llevas a los ni?os a dormir? – la voz de Warwick dejaba entrever una advertencia.

  Los ni?os protestaron pero apenas podían mantener los ojos abiertos mientras seguían a Tavia hacia el camarote arrastrando los pies por el suelo. Silas fue detrás de Olivia, quien no dejaba de bostezar, aunque no sin antes observar más el cielo despejado, sin ninguna nube que tapara ni la luna ni las estrellas. Sería una noche tranquila, como decía Warwick, pero la quimera sospechaba que Olivia debía de sentirse culpable por no decirles sobre lo que realmente estaba sucediendo.

  Llegaron hasta el camarote que compartían con los ni?os quienes no tardaron en arroparse entre las mantas con la ayuda de Tavia. No se parecían en nada a los delincuentes de días anteriores. Incluso el grandote de Rufus lucía inocente mientras dejaba que la pirata lo ayudara a acomodarse el brazo para dormir más cómodo.

  –Oye, Tavia – Rufus le cinchó el borde de su casaca –. ?No crees que ya estamos listo para tener un apodo?

  Tavia soltó una carcajada y sacudió la cabeza.

  –?Nada de eso! ?Apenas llevan unos días en el barco y ya se creen piratas! Además, los apodos hay que ganárselos. Ustedes son muy jóvenes todavía.

  Pero Rufus no le hizo mucho caso a sus palabras.

  –Estaba pensando: Rufus “Gran Tiburón” Barton, Vinnie “Ojos de Lechuza” Barton, Katty “Sonrisa diabólica” Barton, Penn “El Invisible” Barton y Finn “Relámpago” Barton.

  –?Así que son todos parientes? Eso explica todo.

  –Nuestros padres nos abandonaron o se fugaron, así que Rufus nos adoptó – explicó Vinnie como si fuera lo más natural del mundo.

  –Ah, ya veo – la voz de Tavia se suavizó se suavizó mientras alisaba la manta de Katty que se acurrucó abrazando un mu?eco de madera que le había tallado uno de los miembros de la tripulación.

  –Menos este de aquí – se?aló Rufus –. Milo “Pulga de Mar” Brent.

  Milo lo ignoró y Tavia rega?ó a Rufus antes de que comenzaran otra pelea. Silas y Olivia se acostaron en el único rincón libre que quedaba en el reducido camarote cuyas literas no alcanzaban para todos.

  –De todas maneras, son muy jóvenes todavía para tener apodo – dijo ella –. Yo me gané el mío cuando apenas cumplí los diecisiete.

  –?Pero Olivia y Silas son bastante mayores ya! – protestó Katty.

  Tavia gru?ó.

  –Pero no son piratas.

  –Rovenna Astra no es pirata y tiene apodo– le recordó Rufus–. Y también escuché de otra maga que fue reconocida por los piratas.

  – Te refieres a Fidelia “Viento Furioso” Dabrus... La conozco. No se puede decir que sea una maga ahora... – Tavia iba de un lado al otro controlando que los ni?os se mantuvieran quietos–. Pero esas son excepciones.

  –Olivia 'La Bella' Rocasombra – suspiró Milo y Olivia soltó una risita.

  Rufus se burló de él.

  –Los nobles no tienen apellidos como los plebeyos, estúpido. Rocasombra es el lugar al que pertenece –el muchacho levantó su brazo todavía inmovilizado –. Además, creo que un apodo mejor sería Olivia “La Rompehuesos”.

  –?No lo hice a propósito! – protestó Olivia, secundada por Milo.

  La voz de Tavia se alzó en medio de la discusión.

  –?No quiero escuchar ninguna otra palabra! Si vuelvo a pasar por aquí y los escucho hablar se pasarán toda la noche atados al mástil.

  El camarote se sumió en un silencio denso mientras la pirata cruzaba la puerta, llevándose consigo la única lámpara de aceite. Se escuchó el golpe seco de la madera al cerrarse y la oscuridad los envolvió por completo.

  Sin embargo, el asunto no terminó ahí.

  –Oye, Silas, – susurró Katty –. ?Cuál es tu apellido?

  Silas frunció el ce?o ante aquella ocurrencia.

  –Las quimeras no tenemos apellidos.

  –?Entonces eres un noble? –exclamaron tanto Katty como Vinnie y el resto del grupo les chistó para que bajaran la voz.

  –Nada de eso–gru?ó Silas por lo bajo –. Las quimeras no necesitamos un apellido.

  –Bueno, pero ahora estás en el mundo humano, deberías tener uno.

  –No lo necesito.

  Aun así, Vinnie y Katty siguieron insistiendo por un buen rato.

  –Ya déjenlo en paz, vamos a dormir– dijo Olivia con suavidad.

  Sin embargo, las ni?as no parecían ni remotamente cansadas y el incesante siseo de sus voces se le estaba haciendo insoportable. Era como dormir en una cueva repleta de serpientes.

  –Estrella Errante.

  Al escucharlo, los ni?os soltaron exclamaciones que debieron callar de golpe cuando sintieron pasos acercándose. Silas notó que Olivia se removía a su lado.

  –?Qué clase de apellido es ese? – gru?ó Rufus cuando el peligro hubo pasado.

  –Si para los humanos el apellido es el nombre de familia... entonces supongo que el de mi manada servirá. En realidad, la manada de mi madre.

  –?Entonces tus padres eran de manadas distintas? – preguntó Vinnie.

  –Cada tantas lunas, las manadas suelen encontrarse en un lugar especial para realizar el cortejo entre sus miembros.

  –O sea...

  –Mis padres sólo se vieron una vez y de ese encuentro nací yo.

  –?Para hacer bebés! – exclamó Katty –. ?Y cómo se hace eso?

  Un silencio pesado invadió el camarote que sólo fue roto por la tos de Olivia.

  –No es tan interesante, te lo aseguro. Vamos todos a dormir. Tavia puede volver en cualquier momento.

  –?Pero yo quiero saber sobre la manada de Silas! ?Y de bebés!– protestó Katty pero el resto la hizo callar.

  –Silas te lo contará ma?ana – le dijo Olivia.

  Silas en realidad no quería seguir hablando y esperaba que para el día siguiente Katty se hubiera olvidado del asunto. Tendría que haberse imaginado que los ni?os no se quedarían satisfechos con una simple respuesta y podía adivinar qué Olivia también estaría deseosa de saber más.

  Pero hablar de eso sería recordar el momento más humillante de su existencia, lo cual había dejado atrás no bien había cruzado las monta?as.

  Algo tibio lo rozó. En la oscuridad del camarote, la mano de Olivia tanteó hasta encontrar la suya y la envolvió con suavidad. Como un reflejo, Silas entrelazó sus dedos con los de ella mientras los malos recuerdos retrocedían como sombras temerosas de la luz.

  –Estrella Errante es un gran nombre para un barco... – la voz de Rufus se fue apagando a medida que iba cayendo en el sue?o–. Creo que lo te lo robaré para cuando me convierta en capitán, Silas “El Vengador” Estrella Errante.

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