–?Olivia? ?Estabas aquí? ?Cómo?
Su padre se separó de Numi quien la miraba con los ojos redondos como platos, al igual que el resto de los miembros de su familia.
No vestía como de costumbre. Por eso, al principio, no podía creer que fuera él. Se había quitado su ropa de noble, el jubón bordado, los guantes de cuero, los pantalones de terciopelo y las botas altas de montar, y se había quedado con una simple camisa y pantalones livianos. Iba descalzo y ni siquiera portaba una espada. Su pelo negro estaba alborotado, como si hubiera corrido una gran distancia. Parecía otro miembro más de la tribu. Un hombre despreocupado que ha llegado a casa después de un largo viaje para encontrarse con su amada familia.
?De verdad la había estado buscando todo ese tiempo?
–?Qué tienes ahí? –Alaric se?aló con la cabeza el talismán que Olivia sostenía en su mano y soltó una risa amarga –. Claro, tenía que ser ella. Al menos cumplió su palabra, de alguna manera, y te envió hasta mí.
Olivia había apretado los pu?os con tanta fuerza que sintió que sus manos le quemaban. Quería gritar pero el dolor era tan grande como una roca que se le había atascado en la garganta. Apretó los dientes. No quería llorar, no ahí, con todo el mundo mirando. Con la amante de su padre y la hija de ambos presentes.
Cuando habló, su voz sonó como un siseo, lo bastante alto para que sólo él pudiera escucharla.
–No era para protegerme... querías ocultarme tu otra familia... tu vergüenza... Y Daephennya quería mostrarme la verdad de lo que eras. Ahora lo entiendo.
–No es así, no te dejes manipular.
–Tú me mentiste acerca de mi verdadera madre, tú me ocultaste que tenía una hermana, y de ambas me mantuviste separada. Tú tomaste esa decisión solo. Tú me traicionaste a mí, tu propia hija, pero claro si tenías otra...
Alaric se acercaba despacio como si ella fuera un ciervo que podía salir corriendo en cualquier momento.
Para sorpresa de Olivia, Silas se interpuso entre ella y su padre.
Alaric se detuvo.
–Sigues aquí, con mi hija, podrías haberte ido ya –su padre miraba al perro con desprecio –. Pensé...
–Silas, déjanos, por favor, no es necesario –le rogó Olivia y el perro de mala gana se ubicó detrás de ella soltando un bufido.
La joven volvió la vista a su padre.
–Todos los a?os te ibas y me dejabas... Resulta que era para encontrarte con tu otra hija.
Una hija mucho más bonita, más intrépida, más libre de lo que ella podría ser alguna vez, pensó Olivia.
Numi se adelantó en un par de zancadas hasta quedar al lado de Alaric.
–Entonces... ?tú eres Olivia? ?de verdad?–se mostraba asombrada casi como si le acabaran de contar una buena noticia. Parecía que en cualquier momento podía asomar en ella una sonrisa que se estaba esforzando por contener.
–Numi, no... –Alaric intentaba hacer que se callara pero la joven sirenia no le hizo caso.
–?Tú sabías? –Olivia sentía que no podía caer más bajo. ?Sería que todos los allí presentes estaban al tanto de que el conde de Rocasombra tenía una hija sirenia, excepto ella, la hija ignorante que vivía encerrada en el castillo.
–Papá siempre contaba cosas de ti y sentía tantas ganas de conocerte.
Olivia sintió como si le hubieran golpeado justo en el pecho.
–?No lo llames así delante mío! ?No como si fuéramos familia! ?No lo somos! ?Yo no puedo tener hermanas! ?No así! –cada palabra que salía por su boca sentía como si la hiciera sangrar por dentro –. ?Querías conocerme? ?Ja! ?Te tomaste tu tiempo! ?Ni siquiera lo intentaste, estoy segura!
Numi retrocedió con expresión dolida. Yaritza se acercó por un costado y abrazó a su hija, quien escondió la cara en el cuello de su madre.
–Olivia... ellas no tienen la culpa –dijo Alaric con suavidad –. ódiame a mí. Yo soy el causante de todo este desastre y tu madre... –sacudió la cabeza.
–?Por eso fui castigada? ?Por la madre que tengo?
–No es así, sabes muy bien que no es así.
–?No te creo! ?Elegiste el camino más fácil! ?Me encerraste y me ocultaste una parte de mí! ?Es mi vida! ?No es sólo la tuya! ?Es mi historia también!
Alaric había extendido ambos brazos hacia adelante, tratando de alcanzar los hombros de su hija. Antes de que pudiera tocarla, Olivia ya se sentía presa pero no lograba moverse.
–No aquí, Olivia, ven conmigo. Lo hablaremos, te contaré todo lo que tú quieras, te lo prometo, te lo juro.
–No te creo.
–Será distinto esta vez.
–?Vas a obligarme a volver después de todo?
–En Rocasombra puedo protegerte. Aquí estás exponiendo a esta gente a que el rey...
–Así que ellos están primero.
–Tú también –Alaric le dirigió a Silas una mirada penetrante.
–?Y Silas? ?Lo dejarás en paz?
–?Silas? –Alaric luego entendió que se refería al perro negro –. Así que se han vuelto amigos... Si ese es el caso entonces con más razón deberías...
–?él no va a sacrificarse por mí! –gritó Olivia.
La aparente calma del conde desapareció de su rostro.
–?Es la única forma de que la familia real nos deje en paz! ?Te lo suplico a ti, quimera! ?Lo tengo todo planeado, nada malo te sucederá!
–?él tiene un nombre! ?Se llama Silas y es mi amigo y no voy a entregarlo al palacio por mi seguridad!
–Si me escucharas por un momento verías que...
Alaric estaba a un palmo de Olivia pero Mantok lo paró en seco.
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–No estamos en Rocasombra, mi se?or. Podrá ser el Guardián del Círculo pero aquí no tiene autoridad alguna.
–?Autoridad? ?Es mi hija! –bramó Alaric de una manera que hizo erizar la piel de Olivia. Nunca lo había visto tan enojado.
–Sí, pero también ha incurrido en una gran falta –replicó Mantok en una voz suave, aunque firme, todo lo opuesto a Alaric en ese momento –. La muchacha se ha infiltrado en mi hogar y ha entablado relaciones con mi familia haciéndose pasar por otra persona. Como uno de los jefes de familia exijo que se realice una reunión tribal para decidir una manera apropiada de resarcirme de tal afrenta.
–?En serio, Mantok? –Alaric lo observaba como si se hubiera vuelto loco –. ?Es una ni?a!
–Mantok... –Thalassa se ubicó al lado de su pareja pero luego se dirigió al conde –. Mi se?or, esta viene siendo una noche muy intensa. Debemos calmarnos todos. Pero hay algo que no puedo negar. Mi compa?ero tiene razón. Su hija nos ha insultado a todos con su enga?o, así que por el momento quedará bajo nuestra custodia hasta no rendir cuentas frente a todos los jefes de la tribu. La Tribu del Lago exige respeto.
–Thalassa... –la voz de Alaric se tornó amenazante.
–Usted es el padre de mi nieta. No arruine tantos a?os de amistad nada más que por obstinación. Prometo que su hija no huirá, como sé muy bien que usted teme. Ninguno de los dos, ella y la quimera, tienen a donde ir. Este sitio está rodeado de sirenios que podrán dar con ellos enseguida. La quimera ha llegado al lago y, por tanto, está bajo nuestra protección. Mientras tanto, Mantok y yo mantendremos una charla con estos dos… para entender mejor la situación.
–Esto es un abuso –le recriminó el conde.
–Solamente estamos siguiendo las leyes de la Alianza. Usted es el Guardián, debería saberlo bien, ha prestado juramento. En realidad, aquí el único que está tratando de abusar de su poder es usted porque no nos permite juzgar a su hija como corresponde.
El conde cerró los ojos y lo pensó por un momento.
–Bien, pero que sea rápido.
–Todo a su debido tiempo. Hoy es la noche del Retorno, no podemos apurar a los jefes.
El conde no dijo nada más, parecía que se había dado cuenta de que tenía todas las de perder si se enfrentaba a Thalassa.
La jefa sirenia comenzó a retirarse hacia la gran choza familiar, seguida de Mantok, quien les indicó a Silas y a Olivia que los siguieran. Luego agitó los brazos a los demás miembros de la familia para que se dispersaran.
Antes de alejarse, Olivia giró la cabeza hacia su padre para encontrarse con que Yaritza se encontraba a su lado acariciándole la espalda a modo de consuelo. Indignada, la muchacha volvió a a darse la vuelta y apuró el paso.
No tenía idea de lo que debía estar pensando Silas pero al menos había intentado defenderla de su padre. Mientras tanto, su cabeza era un hervidero de contradicciones. Se sentía culpable de haber sido descubierta en su enga?o pero también traicionada por esa familia de sirenios que sabían más de su vida que ella misma.
Aunque en ese mismo instante prefería mil veces más sufrir el castigo impuesto por la tribu que volver a hablar con su padre.
Dentro de la choza se encontraban algunos miembros de la familia a quienes Mantok les pidió que salieran. Una vez solos, Olivia cayó de rodillas y apoyando las manos en el suelo bajó la cabeza:
–Jefe Mantok, Jefa Thalassa, sé que los he ofendido profundamente y que no hay nada que pueda decir en mi defensa pero yo.
Mantok soltó una carcajada que reverberó por toda la estancia y Olivia sorprendida alzó la mirada para ver cómo sacudía la mano de la misma manera que ya lo había visto hacer cientos de veces a lo largo de aquel día tan agitado.
–Levanta la cabeza, Acólita... Mi Lady... eh... muchacha... nadie está enojado contigo.
–?No? –la voz de Olivia tembló sin poder creerlo. Ella se sentía tan enojada con todo el mundo y ahí estaba el viejo jefe riéndose con todo el cuerpo.
A Mantok se le escapaban hasta lágrimas por los ojos que tuvo que limpiarse con una mano.
–Claro que no. Hacía a?os que no me divertía tanto. Los jóvenes tienen cada ocurrencia... Disfrazarse de Acólita, huir por el reino con una quimera. ?Thalassa, querida, sabías algo de esto?
Ambos se habían sentado en frente de Olivia y Silas en una posición relajada.
–Por supuesto querido.
–Me lo suponía, tú siempre estás un paso delante de mí.
–?Entonces el castigo...? –comenzó a preguntar Olivia con voz lastimera.
Esta vez ambos jefes se rieron.
–Todo eso del castigo ha sido un invento para sacarnos a tu padre de encima y poder hablar tranquilos para decidir qué hacer contigo y, sobre todo, con nuestro hermano quimera –Mantok inclinó la cabeza hacia Silas, quien le correspondió con un asentimiento.
–Es un gusto conocerla al fin, Lady Olivia –dijo Thalassa.
–No la habíamos visto desde que era una bebé –agregó Mantok.
–?Nos conocimos?
–Tú eras demasiado peque?a para acordarte –explicó el hombre –. Siempre quisimos que tu padre te trajera de visita al lago y que conocieras a tu hermana pero él...
–Es terco como un pulpo –remarcó Thalassa, pero luego se puso seria y miró a Olivia directo a los ojos –. Aun así, siempre entendimos sus razones... Ya se está comenzando a notar.
–?A notar? –Olivia se removió incómoda.
Thalassa estiró la mano hacia la muchacha sin tocarla.
–Tu mitad elfa. Es muy débil todavía pero ahí está.
Olivia se mordió el labio.
–Mejor centrémonos en Silas.
La sirenia asintió. Mantok, que se había levantado para buscar algo, volvió con un mapa que estiró en el suelo.
–Bien, ?hacia dónde quiere ir el hermano quimera? –preguntó.
–La Isla de los Demonios –respondió Silas.
Mantok silbó y Thalassa comenzó a se?alarles con el dedo algunos puntos y rutas. Desde el lago, la manera más directa de llegar hasta Abrazo de Tormenta era cruzar las praderas del este pero para Silas la ruta más segura sería por el agua. Debería hacer el mismo recorrido que hacían los sirenios: cruzar el Golfo de las Luces Danzantes hasta alcanzar el Estrecho Sue?o de Bruma. Luego debería bordear la costa hacia el este hasta alcanzar el Mar Libre y enfilar derecho hacia la isla.
–Para alguien que no sea sirenio, es un viaje largo –opinó Mantok –. Pero al menos tú podrás transformarte.
–Yo... no podría transformarme todavía...
Silas bajó la cabeza avergonzado. Olivia quería decirle que no debía sentirse mal por eso pero pensó que a la quimera no le gustaría que lo hiciera delante de los otros dos.
–Pero ahora mismo... –comenzó a decir Thalassa.
–Mis opciones son limitadas –la interrumpió Silas –. Puedo convertirme en animales terrestres no muy grandes. Nunca he estado cerca de practicar en el agua. Necesitaré tiempo para lograr una forma.
–Entiendo... –Thalassa se quedó pensativa –. Hay un forma de acelerar el proceso.
Las orejas caídas de Silas se levantaron.
–?En serio?
–Existe una manera... Pocas veces la hemos usados. Necesitamos varios sirenios, sobre todo jefes con experiencia.
–?De qué se trata?
–Deberíamos poder leer tu código y hacer... unas peque?as modificaciones.
–?Modificaciones? –Silas sonaba desconfiado.
–Temporales –aclaró Thalassa –. Pero te durarán lo suficiente para llegar sano y salvo a la isla. Si pudiéramos, iríamos contigo... pero ya hay demasiada gente que sabe que estás aquí, no sólo el conde, me imagino. Si se sabe que ayudamos a una quimera, podemos arriesgarnos a un conflicto. Con los magos nunca se sabe.
–Entiendo –dijo Silas y infló el pecho con orgullo –. El solo hecho de transformarme ya será de mucha ayuda. El resto podré hacerlo solo.
–Ese es el espíritu digno de una quimera –asintió Mantok con un gru?ido de satisfacción.
–Aun así... –Thalassa frunció el ce?o –. Nos estamos adelantando. No podemos tomar ninguna decisión sin el resto de los jefes.
Mantok sacudió la mano.
–No creo que haya problema... Estarán todos de acuerdo...
–No va a gustarles que les interrumpamos la fiesta –le advirtió Thalassa.
–Es un asunto importante. Con el conde aquí no se puede esperar más... En cuanto a usted... Lady Olivia de Shadowrock.
Olivia inspiró hondo. No le gustaba para nada lo que iba a decir.
–Si yo me voy con Silas... la familia real vendrá por ustedes y el resto de la tribu. Yo no quiero eso. Mi padre tiene razón en algo. Lamento haberlos metido en este lío.
Mantok posó una mano sobre la suya.
–Este lago estaba muy aburrido últimamente. Usted tenía que venir a sacudir un poco las cosas. Entiendo que no lo debes haber asimilado todavía pero somos familia. Para nosotros, eres tan nieta como nuestra Numi. Si otra vez quieres escaparte de tu padre, siempre puedes venir aquí.
Olivia evitó su mirada y observó al perro negro que se había quedado pensativo.
–?Qué harás con el príncipe? –preguntó él de repente.
–Todavía no estoy segura pero es algo que yo tendré que hacerle frente. No dejaré que mi padre te use para salvarme. Me alegro de haberte acompa?ado hasta aquí.
La quimera volvió a quedarse en silencio.
Ahora sí. Faltaba muy poco para decir adiós. Olivia se preguntó si se sentiría tan triste como ella.
Pero estaba decidida. No podía huir de sus problemas. Silas debía marcharse solo, aunque, a partir de ese momento, estaba segura de que, si esa era de verdad la última vez que lo veía, entonces se pasaría el resto de su vida extra?ándolo.

