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Capítulo 21 - El Retorno de los Sirenios

  Cuando el narrador terminó de hablar, el público entero se puso de pie y aplaudió la impresionante representación de la que habían sido testigos, como si la leyenda de Terrarkana y todos sus personajes hubieran cobrado vida delante de ellos.

  Aun terminado el espectáculo, los cuatro gigantescos dragones, así como las quimeras, que no eran más que telas que tomaban forma con los movimientos de las personas que se escondían debajo de ellas, continuaban serpenteando entre el gentío haciendo reír sobre todo a los ni?os que jugaban a perseguir a las legendarias criaturas.

  Una vez que los aplausos se apagaron, Olivia pescó la conversación de dos viejos que hablaban a su lado.

  –Como siempre, ha dejado cosas sin contar –observó uno de ellos, decepcionado, al parecer refiriéndose al jefe que había oficiado de narrador.

  –Historia reciente, hermano –le contestó el otro, en un tono conciliador –. No quiere que nuestros cuentos lleguen hasta oído de los elfos.

  –Hermano, han pasado cien a?os.

  El otro rió por lo bajo.

  –Para los elfos eso no es nada.

  –Ni siquiera mencionó a los piratas.

  –A ellos esas cosas no les importa.

  –Ni la persecución de las quimeras.

  –?Y qué? Mientras no haya quimeras por aquí, no tenemos de qué preocuparnos.

  Olivia sintió el cuerpo de Silas moverse a su lado pero ya no pudo escuchar el resto de la charla porque, de repente, los tambores volvieron a sonar, esta vez con un ritmo más pausado que el anterior. Todas las antorchas se apagaron y la orilla del lago quedó sumida en la completa oscuridad.

  Se hizo un silencio pesado entre el público expectante. Cada nuevo golpe de los tambores se escuchaba como un latido colectivo y la tensión crecía a medida que la pasaban los minutos como si cada uno de los presentes estuviera conteniendo la respiración.

  Olivia, como todo el mundo, miraba hacia la zona más alejada del lago, negra como la noche. No supo cuánto tiempo estuvo así hasta se escuchó el grito de un ni?o:

  –?Allí! ?Ahí vienen!

  La gente comenzó a moverse para tener una mejor vista de lo que estaba aconteciendo.

  Olivia sintió que el corazón se le paraba cuando vio el primer destello en el agua. Era una peque?a luz titilante que surgió de las profundidades como una estrella solitaria. Comenzó a dar vueltas sin sentido por la superficie oscura. Luego volvió a desaparecer por uno segundos y, cuando emergió, nuevas luces volvieron con ella.

  Los tambores continuaban sonando y con cada golpe más y más luces comenzaron a emerger. A medida que se acercaban se ponían más juguetones, como mariposas doradas jugando a perseguirse.

  De repente, eran tantas las luces que parecía como si el cielo se hubiera invertido y las estrellas hubieran bajado a jugar en las aguas del lago.

  Cuando llegaron hasta el promontorio de piedras que se?alaba la tumba, las luces comenzaron a girar alrededor del mismo formando un aro luminoso.

  Se escuchó un alarido desde el agua al que siguió un voz grave que comenzó a cantar y luego se le unieron otras voces de todos los tenores que formaron un coro que emitía un compleja y hermosa armonía. Olivia no podía entender lo que decían pero el canto la transportó hacia otro tiempo, anterior a los humanos, cuando las criaturas mágicas vagaban libres por doquier.

  Así como habían aparecido, las luces del agua se apagaron y las voces de acallaron. Un ensordecedor aplauso nació del público. Las antorchas volvieron a encenderse poco a poco y Olivia pudo ver a los jefes y otros miembros de la tribu caminar sobre la orilla.

  Y allí los vio. Los sirenios.

  Estaban emergiendo del agua. Eran incontables.

  Olivia comenzó a correr hacia la orilla para verlos más de cerca, seguida de atrás por Silas. Tuvo que abrirse a la fuerza entre la gente pero al final lo consiguió.

  Eran criaturas bellas y esbeltas. Cada uno parecía tener un color de piel distinto. Algunos eran verdes oscuros, otros rojos, azules, violetas, amarillos, naranjas, de todos los tonos. Sus escamas emitían un resplandor similar al que había visto brillar en el agua. Sus cabellos eran largos, abundantes y negros, cayendo como una cascada de bucles sobre sus hombros y espalda.

  Lo que más le impresionó fueron sus extremidades. Al saludar con sus manos sus dedos se mostraban unidos por membranas que seguro les facilitaban el nado. Cuando algunos se giraron, logró ver una parte de sus aletas dorsales. De cintura para abajo, tenían una cola de pez cuyas poderosas aletas, para el asombro de Olivia, se fueron transformando a medida que los sirenios iban dejando atrás el agua y adoptando su forma terrestre. La cola de pez se dividía y era suplantada por dos largas y musculosas piernas humanas. Las manos se volvían normales y su piel perdía sus escamas y parte de su iridiscencia, mientras que sus colores pasaban a ser morenos y oscuros. Aun así, mantenían un aura brillante que los hacía destacar del resto de los humanos.

  Y estaban desnudos, se dio cuenta Olivia ya tarde para apartar la mirada y olvidar todo lo que había visto. A los risue?os sirenios no parecía importarles mientras el resto de los miembros de la tribu les alcanzaban camisas y túnicas para ponerse encima.

  Sobre la orilla sirenios y humanos se abrazaban y besaban. Algunas eran pareja, otras eran familias enteras. Un grupo de ni?os de escamas verdes emergió del agua saltando como alegres pececitos detrás de sus padres.

  –?Ah, Acólita Dahlia! –gritó Mantok.

  Olivia se dio la vuelta y se encontró con el feliz anciano rodeando con un brazo la cintura de una mujer que le llevaba más de una cabeza de altura. Su piel era oscura y sus cabellos negros y encrespados ya no brillaban como en el agua pero a la luz de la antorchas cobraban un tono dorado. Sus ojos expresaban calidez y su ancha boca sonreía de oreja a oreja, compitiendo con la sonrisa feliz de su pareja. No era joven pero tampoco lucía como la abuela de una gran descendencia.

  –?Acaso no le dije que a ellos les gusta hacer su entrada? ?Le presento a mi querida Thalassa! –dijo Mantok.

  –Un... un gusto... yo... –de repente Olivia se dio cuenta de que había perdido de vista a Silas. Giró la cabeza para buscarlo pero no lo encontró. Quizás se había mantenido alejado para no llamar la atención de los sirenios.

  –?Y todos ellos son mis hijos y mis nietos! –le se?aló a decena de sirenios que se encontraban abrazando al resto de sus familiares –. ?Ya los conocerá a todos! ?Está invitada a nuestra cena familiar, por supuesto!

  –Pero yo... –Olivia no tenido tiempo de hablar con Silas sobre cómo proceder una vez que estuvieran frente a los sirenios, aunque le parecía que conocer a la familia de Mantok podía ser el primer paso.

  –Es una joven muy bella, Mantok –dijo de repente Thalassa y le pellizcó una mejilla a su pareja –. ?No te habrás buscado una nueva mujer mientras yo no estaba?

  –?Si comienzas a molestarme así, pues lo haré!

  –?Viejo gru?ón!

  –?Padre! –dos mujeres muy similares a Thalassa, envueltas en holgadas túnicas, se acercaron y abrazaron a Mantok.

  –?Ah, pero si son mi Yaritza, y mi Numi! –Mantok las envolvió con sus gruesos brazos y se mantuvieron así durante largos segundos.

  –?Y mi padre? –preguntó la sirenia más joven al soltarse.

  Mantok se rascó la cabeza.

  –Ahora que preguntas... no lo he visto –sacudió la mano –. Debe estar por llegar en cualquier momento.

  –?Pero siempre está aquí esperándonos! –protestó

  –Tranquila, Numi –la otra sirenia le puso la mano en el hombro –. Le habrá ocurrido algo, ya vendrá.

  –Mientras tanto les presentó a la Acólita Dahlia Silas. Esta ma?ana me salvó de morirme –dijo Mantok, como para salir del apuro –. Dahlia, ellas son mi hija Yaritza y mi nieta Numi.

  Las tres mujeres se quedaron viendo a Olivia con los ojos bien abiertos mientras Mantok les exageraba los episodios de aquel día.

  Numi abrazó a Olivia tan fuerte que esta casi se queda sin poder respirar.

  –?Muchas gracias, muchas gracias, por salvar a mi abuelo! –cuando se separaron la estudió de pies a cabezas –. ?Pero si hasta pareces de mi edad! ?Entonces seremos amigas desde ahora! ?Tú me contarás todo sobre tus viajes por el reino y yo te contaré historias del mar! ?Siempre he querido visitar la tierra de adentro!

  Y dicho eso, la sirenia tomó de un brazo a Olivia y la arrastró como si nada.

  Mientras tanto, otros integrantes de la familia se habían ido acercando y, después de otra tanda de cari?osos saludos, el enorme grupo continuó caminando entre la gente hasta volver a la gran choza familiar cerca de donde habían encendido una fogata.

  Los doce hijos de Mantok y Thalassa, más todos los nietos de todas edades, se ubicaron alrededor. Algunos de los humanos ya habían estado preparando lo que sería la cena de esa noche, una gran variedad pescados, verduras y frutas.

  The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.

  Numi hizo que Olivia se sentara con el resto de sus primos, entre ellos Zaagic. Ella parecía ser la mayor. A las jóvenes sirenias les llamaba mucho la atención que hubiera una maga visitándolos y no dejaban de hacer preguntas. Mantok se metía en la conversación haciendo referencia a las inexistentes dotes sanadoras de Olivia y la muchacha no podía dejar de sonrojarse, rogando para sí misma que nadie le pidiera hacer una demostración de magia.

  –?Numi! –exclamó una de sus primas que tendría unos ocho a?os –. ?Esta noche yo te venceré!

  –?Nunca! –le respondió Numi y los demás comenzaron a molestarla.

  Luego le explicaron a Olivia que era una tradición quedarse despiertos esa primera noche para esperar la salida del sol. En los últimos a?os, Numi siempre había salido vencedora, algo que sus primas humanas no podían soportar ya que ella debería haber llegado cansada de su largo viaje por el mar.

  –?Tengo mucha resistencia! –se jactaba Numi flexionando un brazo para hacer gala de sus músculos.

  –?Numi! –otra peque?a prima humana tiró de su túnica –. ?Conociste a alguien guapo?

  –Nadie, ninguno me llegaba a los talones –Numi se cruzó de brazos y el resto de los sirenios pusieron los ojos en blanco.

  –?Ni siquiera un pirata? –preguntó otra prima.

  –Los piratas tienen caras horribles. Y tú, Dahlia, ?tienes algún chico esperándote en tu ciudad?

  –No, no... no tengo –respondió Olivia con timidez.

  –Seguro que mi abuelo ya te hizo un ofrecimiento pero no le hagas caso –se golpeó el pecho con el pu?o –. Lo mejor es encargarte tú misma, como pienso hacerlo yo. Aunque todavía no conocí a ninguno que valiera la pena raptar.

  Olivia se mostró sorprendida.

  –?Las sirenias raptan hombres?

  Lo dijo en un tono tan inocente que los sirenios y el resto de los humanos no pudieron contener las carcajadas por un buen rato.

  –En realidad, no raptamos a nadie –dijo una de las hijas mayores de Mantok, tía de Numi, una vez que recuperó el aliento –. Esas son cosas de mi hermana Yaritza. Ella será la culpable de que tengamos mala fama.

  –?Pues mi madre se consiguió así a un hombre muy guapo! –la defendió Numi –. ?Y yo haré lo mismo algún día!

  –?Ya quisieran muchas que yo las raptara! –exclamó unos de los hombres sirenios y como respuesta recibió pedazos de comida que los demás le tiraron.

  –?Amar a un sirenio significa respetar su libertad! ?Y no muchos humanos fueran de la tribu están dispuestos! –afirmó otro.

  –?Mamá! –gritó Numi.

  Yaritza, que se encontraba al otro extremo de la fogata, le preguntó a su hija qué quería.

  –?Cuéntale a Dahlia cómo raptaste a papá!

  Aquel pedido desencadenó una nueva explosión de risas.

  –Pues si insisten –con mucha gracia y coquetería Yaritza caminó hacia el grupo, arreglándose el manto que llevaba puesto sobre los hombros –. Estaba yo un día disfrutando de las olas de un día soleado, ocupándome de mis propios asuntos, cuando, de repente, vi pasar un barco con la bandera de Su Majestad y en él iba un joven de lo más triste, aunque su tristeza no opacaba sus lindos ojos.

  Las jóvenes sirenias se lanzaron miradas cómplices.

  –Papá dice que tú siempre supiste que él estaba en el barco y que lo seguías desde hacía tiempo –le dijo su hija y luego le gui?ó un ojo a Olivia.

  Yaritza se llevó la mano a la frente en un gesto que simulaba indignación.

  –?Calumnias! Yo no sabía nada. El hecho que es que llegué hasta el barco y como quería ver sus ojos más de cerca me agarré de unas redes y cuerdas que colgaban del barco y subí hasta la cubierta. Tuvimos un breve conversación... y... una cosa llevó a la otra y él se cayó al agua por accidente.

  –?Por accidente! –rió una de las hermanas de Yaritza.

  –?Por accidente! Y luego... pues, lo rescaté, lo llevé hasta una isla...

  –?Y por qué no de nuevo al barco si sólo querías rescatarlo? –preguntó otro de sus hermanos.

  –Pues porque, si no, no lo hubiera tenido para mí sola durante todos esos días...

  Silbidos y más carcajadas no se hicieron esperar. Yaritza levantó ambos brazos.

  –?Y no diré más porque hay ni?os presentes!

  Los demás comenzaron a protestar de la desilusión.

  –?Dejen en paz a Yaritza! –decretó Thalassa –. De no haber hecho lo que hizo –se acercó a Numi y plantó ambas manos en sus mejillas –. No tendríamos entre nosotros a nuestra querida y preciosa Numi –dicho eso le estampó un beso en la frente.

  Toda la familia se mostró de acuerdo y la cena continuó con más tranquilidad.

  –Acólita Dahlia –Thalassa se acercó a Olivia –. ?Puede venir conmigo? Hay algo que debo conversar con usted.

  Olivia se sintió nerviosa de repente. Desde hacía rato venía notando que, desde el otro lado de la fogata, Thalassa no dejaba de observarla con una sonrisa calmada.

  La matriarca sirenia comenzó a caminar por la orilla alejándose de su familia. Olivia la siguió y no dejaron de caminar hasta llegar a una zona libre de chozas desde donde apenas le llegaba las voces del resto.

  Thalassa se cruzó de brazos y se giró para enfrentarse a Olivia. No había perdido la calma pero sus labios ya no transmitían la misma calidez inicial.

  –Quizás tenga sus razones pero... no puedo dejar de notar el artefacto que lleva colgado debajo de su túnica.

  Se refería al talismán. Olivia se llevó una mano al pecho por instinto.

  –Lo que haga un mago no es mi asunto, a no ser que ese mago porte una piedra élfica que esté utilizando para enga?ar a mi familia y...

  –?No era mi intención! –Olivia bajó la cabeza –. Yo sólo quería disfrazarme. El encuentro con Mantok fue casualidad. No pretendía ocasionar ningún da?o. Estoy aquí de paso.

  –?Cuál es su verdadero nombre?

  –Eso... no lo puedo decir...

  Thalassa inspiró hondo. Parecía que no estaba acostumbrada a que se le negaran.

  –No veo malicia en usted pero no puedo tolerar que se me enga?e y mucho menos que involucre a mi familia y enga?e a mis inocentes nietas...

  –Yo sólo quería pedir la ayuda de los sirenios.

  Thalassa enarcó las cejas.

  –?Qué ayuda podría un mago necesitar de nosotros? A menos que tenga que ver con el Dragón, así que lamento decirle...

  –Es por mí –la voz de Silas se escuchó detrás de ellas y ambas se giraron para encontrarse con el perro negro emergiendo de la oscuridad –. Ella me está ayudando a mí.

  –Ah... –los ojos de Thalassa se abrieron como si quisieran absorber todo el brillo de la luna –. Pensé que mis sentidos se habían atrofiado con la edad. Desde hacía un buen rato que sentía una presencia de lo más extra?a, no me atrevía a creerlo, y al final... eras tú... de verdad.

  –Usted... ?sabe? –preguntó Olivia.

  –Los sirenios podemos detectar a otro ser mágico. También mi familia lo debe haber hecho pero debían de estar tan confundidos como yo... Es un honor. Bienvenido al lago, hermano quimera –Thalassa agachó la cabeza y Olivia se sorprendió al ver que Silas, por primera vez desde que lo conocía, agachaba también la cabeza en se?al de respeto.

  –Una humana y una quimera –dijo Thalassa pensativa y volvió a mirar a Olivia –. Me pregunto cuál será la historia.

  Sin revelar su verdadera identidad, Olivia se adelantó a Silas para explicar que él había tenido que huir de las monta?as, perseguido por un grupo de magos, y ella lo estaba ahora ayudando a viajar hasta la Isla de los Demonios.

  –No me imagino cuál será el motivo que te empujó lejos de tu hogar, hermano –le dijo Thalassa –. Pero si no puedes volver allí, entonces, sí, la Isla es tu mejor opción. Los híbridos te recibirán con los brazos abiertos.

  –?Puede ayudarlo entonces? –preguntó Olivia.

  –Creo que podremos, mientras todo se haga en secreto, por supuesto, pero para eso deberé reunir a varios sirenios de la tribu... y esta noche es de celebración. Sería muy complicado de explicar. Quizás ma?ana, cuando ya todo esté más calmo y los visitantes hayan abandonado el lago... –Thalassa se dirigió a Silas –. Mientras tanto, siéntete libre de unirte a nosotros. El resto de los sirenios de mi familia no dirán nada. Te verán llegar conmigo y entenderán que estás bajo mi protección. Esta noche festejamos nuestro regreso y la visita de una raza que hace un siglo no pisa estos suelos.

  Olivia observó a Silas que parecía haber quedado convencido ante las palabras de Thalassa.

  Volvieron los tres juntos hasta la fogata.

  –Es muy noble lo que está haciendo, Acólita –comentó Thalassa unos metros antes de llegar y ser recibidos de nuevo por los demás que les preguntaron que habían estado haciendo todo ese rato.

  Como dijo la anciana sirenia, ninguno de los demás sirenios dijo nada. Olivia observó como Numi y los demás observaban con curiosidad a Silas. Thalassa les hizo una se?a con la cabeza y ellos asintieron habiendo comprendido el mensaje.

  –?Ah! –exclamó Mantok y se acercó a acariciar la cabeza de Silas –. Aquí está nuestro compa?ero Sombra de nuevo. Tome un poco de pescado, mi amigo.

  Los más peque?os no pudieron evitar acercarse y acariciarlo también. Thalassa les dijo que lo dejaran en paz pero a la quimera parecía no importarle la atención y se puso a corretear con los ni?os que reían mientras él los perseguía y les tironeaba suavemente de la ropa con los dientes.

  Numi volvió sentarse al lado de Olivia. La joven sirenia parecía estar decidida a que fueran amigas.

  –Qué cosa más extra?a –suspiró.

  –?Te refieres a...? –Olivia omitió la última palabra.

  –Ah, no, no –rió Numi –. He visto cosas más extra?as. Una vez me encontré con un Kraken –extendió los brazos tratando de dar una imagen de la portentosa bestia marina antes de continuar –. Lo que quería decir era que cada vez que te veo siento una sensación extra?a, como si te conociera de algún lado.

  Quizás era el talismán, pensó Olivia, pero Numi no debía de poseer las mismas habilidades que su abuela para darse cuenta del enga?o. Aunque tampoco podía negar que había rasgos en la sirenia que le parecían familiares pero no estaba segura por qué.

  La cena continuó por unas horas más. Algunas de las parejas de humanos y sirenios habían comenzado a besarse y se retiraron a sus chozas seguidos por los silbidos de los demás. Olivia no podía ver su cara pero debía de estar al rojo vivo.

  Los más jóvenes comenzaron a retirarse cansados. Cada vez que alguno se despedía Numi no podía dejar de presumir de que otra vez sería la ganadora de la noche. Le había dicho a Olivia que la acompa?ara para compartir la victoria juntas pero su nueva amiga sentía los ojos pesados a punto de cerrarse. Mantok con una sonrisa pícara no dejaba de llenarle la copa con un jugo de un fruto muy dulce que cosechaban en los alrededores.

  Aunque tampoco quería perderse ninguna de las anécdotas de los sirenios que hablaban de sus encuentros con piratas y navegantes de otras tierras que habían tratado de capturarlas.

  –?Y cuando se acercan nos ponemos a cantar de una manera horrible! ?Como imitando gaviotas! –narraba Numi –. ?Así piensan que somos monstruos que vamos a comerlos! ?Hay algunos que incluso se atan al mástil porque piensan que los queremos ahogar!

  –?Pero los piratas sí que son pesados! ?Esos nunca dejan de coquetear! –se quejaba otra de sus primas.

  –?Y siempre están borrachos! –agregó Numi.

  –?Cuál es el borracho que ha molestado a mi hija? ?Iré a castigarlo inmediatamente! –dijo una voz de hombre que se acercaba por la orilla del lago.

  No podía ser, pensó Olivia, quien sintió como si aquellas palabras se le clavaran en el medio del pecho.

  –?Papá! –gritó Numi quien salió corriendo para abrazar al recién llegado –. ?Por qué tardaste tanto?

  Olivia estaba de espaldas pero no tenía dudas de lo que había escuchado. Miró a Silas, que se encontraba descansando a su lado, tras caer exhausto después de jugar con los ni?os.

  él levantó la cabeza y miró en dirección al hombre. Luego volvió sus ojos hacia ella. No podía adivinar su expresión pero estaba segura de que él estaba tan sorprendido como ella.

  Olivia sentía como si su corazón fuera a escapar de su pecho en cualquier momento. Con mucha lentitud, se giró, pidiendo a todas las deidades del cielo estar equivocada.

  Eso no sirvió de nada. Cuando por fin pudo verle la cara, lo vio tan contento, sonriente, feliz y relajado, como pocas veces lo había visto en su vida.

  El padre de Numi no era otro que su propio padre.

  Lord Alaric, conde de Rocasombra estaba abrazando el cuerpo de Numi con ambos brazos y la apretaba contra su pecho como lo más preciado que existiera. Sin soltarla, él levantó la vista para mirar al resto de los presentes, como buscando a alguien, quizás a Yaritza, pero sus ojos, hasta ese momento entrecerrados, se abrieron de golpe al mirar a Olivia, como si se le hubiera aparecido un fantasma o el mismísimo Dragón Azul.

  Se apartó de Numi muy rápido y la sirenia lo miró confundida, no entendiendo su reacción.

  Pero Olivia estaba disfrazada, no podía reconocerla. Quizás lo que le llamaba la atención a su padre era su parecido con Daephennya.

  –Olivia, el talismán...

  Aquella voz era la Silas, quien también sorprendido, había olvidado que no podía hablar.

  Olivia se llevó una mano al pecho y sacó el talismán, ahora sin brillo. Había perdido su efecto.

  La muchacha miró en derredor y todas las caras le devolvieron la misma sorpresa.

  Frente a todos los atónitos presentes se hallaba una muchacha completamente distinta a la que esa noche habían conocido junto a un perro negro que ahora resulta que hablaba.

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