Ha pasado una semana desde que Tsukihi y yo entregamos todo lo que pudimos recoger de los restos de aquellos asesinos.
Durante este corto periodo de tiempo fuimos recibiendo la información de los progresos que Luther y el equipo de investigación fueron descubriendo. Por nuestro lado, nos enteramos que la se?orita Alba finalmente se recuperó, pero ahora mismo el shock por la muerte de sus padres es muy alto y no se encuentra en condiciones de hablar con nadie.
Hoy Luther y yo fuimos al edificio del gobernador, que es tanto el principal edificio de Syhlppah cómo también la casa de los antiguos gobernadores, y ahora solo de Alba.
—?Cómo se encuentra la se?orita Alba?—pregunté a Luther, quién salía del despacho del gobernador.
—Ya no grita al verme—suspiró Luther con pesadez—, pero aún así está en muy mal estado.
—?Cuánto crees que dure?
—Espero que poco. Cada uno enfrenta el duelo de manera distinta, ?Alguna vez perdiste a alguien especial?
—No de momento, no guardo recuerdos de mis padres y la única figura paterna que tengo de seguro estará enojado conmigo por escapar de la tribu.—al recordar a Shinichi no pude evitar reír.
—A veces olvido que ustedes dos, par de tortolitos, son prófugos de su tribu—sonrió Luther—. Venga, salgamos de aquí.
—Te acompa?o—tras salir del edificio, Tsukihi estaba fuera hablando con Gilbert. Se la veía un tanto irritada—. ?Pasa algo?
—?Aragi! A buenas horas.—se quejó Tsukihi.
—?Joven Aragi, dígale algo a su compa?era!—dijo Gilbert con cierto nerviosismo.
—?Pero qué es lo que ocurre?—Luther parecía tan confundido cómo yo.
—Déjame explicar—interrumpió Tsukihi—. Mientras ustedes dos estaban dentro, el se?or oficial vino para contar algo derivado de la investigación.—el tono de voz de Tsukihi era un tanto sarcástico.
—Pensé que todo iba bien.—dije.
—Exacto, "iba".—dijo Tsukihi con los brazos cruzados.
—?Gilbert?—Luther miró a Gilbert esperando malas noticias.
—B-Bueno... El equipo de investigación...
—El equipo de investigación ?Qué?—repitió Luther con un tono de voz más firme.
—?El equipo de investigación perdió el rastro, se?or!
—??Qué!?—exclamamos Luther y yo al mismo tiempo.
—?Ven?—preguntó Tsukihi—Tenía mis razones para estar enfadada.
—?Cómo es posible?—preguntó Luther.
—No lo sé se?or. Dijeron que el rastro mágico se había detenido, dijeron que no podían seguir el rastro debido a que la magia del dispositivo se había agotado.
—Incompetentes...—susurró Tsukihi.
—Vamos con ellos, estoy seguro que no se habrán quedado sin nada.—exclamó Luther mientras se ponía en marcha.
—?Si se?or!—afirmó Gilbert, quién fue detrás de Luther.
Cuando empecé a caminar para seguirlos, Tsukihi me detuvo.
—Aragi... ?Podemos hablar?
—Si, ?Qué ocurre?—pregunté extra?ado.
—Será mejor que sea a solas, vamos a la habitación.
—?A-Ahora?—sentí cómo mi rostro se sonrojaba.
—Si, ahora.—su rostro serio me demostró qué quería hablar conmigo sobre algo importante y no solo tener un momento de pareja.
Comprendiendo la situación, volví en mis sentidos y afirmé con la cabeza. Luther y Gilbert ya no estaban a la vista.
Tsukihi y yo volvimos caminando a nuestra habitación, durante la caminata Tsukihi no dijo nada. Su silencio era extra?amente inquietante.
Al llegar a nuestra habitación Tsukihi cerró la puerta y puso el cerrojo.
—Aragi.
—?Si? ?Qué es lo que ocurre? Estás un poco rara.
—Hace una semana que estamos con esta investigación—dijo mientras se sentaba en la cama— ?Verdad?
—Si.—me senté a su lado.
—?No te parece raro?
—No creo entender.
—?Aragi!—Tsukihi se levantó indignada— Primero que nada, dos asesinos atacan al gobernador y a su esposa, matándolos pero dejando viva a su hija, ?De verdad crees que unos asesinos dejarían vivo a alguien que podría delatarlos?—Tsukihi caminaba de un lado a otro— Segundo, llevan una semana rebuscando en los mismos objetos que nosotros les dimos de los cuerpos de aquellos asesinos, pero aún así no logran sacar nada, ?De verdad la gente mejor entrenada en investigación mágica no podría con eso? Incluso fueron personalmente a la escena del crimen, es decir que vieron las piezas mecánicas. Y tercero, la hija de los gobernadores finalmente despierta y se niega en hablar con nadie, ?No te parece extra?o que en lugar de estar triste o llorando por la muerte de sus padres, se dedique a encerrarse y mantenerse callada?
—Creo entender tus primeros dos puntos, pero el tercero es algo confuso, ?No crees? Según Luther cada persona enfrenta el duelo a su manera.
—No me entiendes, no estoy diciendo qué ella no esté enfrentando el duelo a su manera. Estoy diciendo que toda ésta situación es extra?a.
—?Qué tan extra?a?
—Lo suficiente cómo para que alguien cómo Horst, quién era tan bueno cómo para ser amado por su pueblo, fuese asesinado junto a su esposa. Alguien que no tenía enemigos ni tampoco tenía nada valioso en sus territorios.
—?Y que opinas del puerto?
—Supongamos que el puerto fuese valioso, ?Quién dominaría Syhlppah si no fuese el gobernador o su esposa?
—La hija.—al mencionar esa palabra, algo en mi cerebro hizo Click.
—Lo vas entendiendo—Tsukihi me acarició la cabeza cómo si fuese un ni?o peque?o—. Pero Alba es completamente incapaz de hacer nada en su estado, ?Verdad?
—Si.
—?Entonces en quién recae el mandato?
—?En quién dices?
—Alguien lo suficientemente inteligente cómo para planear todo esto, alguien con la capacidad de llorar junto al pueblo la muerte de su tan amado gobernante, alguien con la reputación positiva y qué, a los ojos del pueblo, es alguien digno de respeto y confianza para comandar las órdenes tras el fallecimiento de Horst y la indisposición de su hija.
—No me digas que sospechas de-. —antes de decir nada Tsukihi me tapó la boca.
—Nadie sospecha de nadie—Tsukihi negaba con la cabeza mientras decía eso—. Solo estoy divagando—Tsukihi retiró su mano de mi boca y me miró con seriedad—, ?Entiendes?
—Si, entiendo.
—Bien.—dijo Tsukihi mientras se sentaba a mi lado de nuevo.
—?Entonces que haremos?
—Esperar a la noche.—susurró mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.
—?Para qué?—susurré mientras también apoyaba mi cabeza sobre la suya.
—Hablaremos con la se?orita Alba.—los susurros de Tsukihi denotaban un tono lleno de determinación.
—?Cómo lo haremos? El recinto de Alba está fuertemente vigilado.
—Usaremos el balcón.
—?El balcón?
—?Recuerdas cómo de peque?os corríamos por la tribu y escalábamos los edificios?
—Si... Shinichi siempre se enojaba conmigo mientras tú huías.—dije con cierta molestia.
—Perdón por aquello—Tsukihi me dio un suave beso en la mejilla—. Escalaremos los edificios desde algún punto ciego durante la noche, tras lo cual iremos tejado en tejado hasta llegar al balcón de Alba.
—Pero no somos tan silenciosos cómo los Nekomata, ?Crees que podremos hacerlo?
—Solo nos queda confiar.—suspiró Tsukihi.
—Ese suspiro no me inspira confianza.
—Nos las apa?aremos.—Tsukihi sonrió.
Durante las próximas horas Tsukihi y yo nos quedamos en la habitación para planear nuestros movimientos cuando anochezca.
El plan era ir a una zona un tanto apartada dónde las farolas no alumbraban, allí habría un peque?o callejón.
—?Cómo sabes esto?—pregunté extra?ado.
—Durante todo el tiempo que hemos estado aquí y durante nuestras caminatas por la ciudad, aproveché para echar un ojo en todas direcciones.
—?Conoces todas las calles? ?De verdad?
—Todas no, Syhlppah es mucho más grande que En'Ahr. Pero recuerdo de memoria muchas de las calles, al menos las necesarias para este plan.
—Espera, ?Eso significa que te conoces toda En'Ahr?
—Sip.—Tsukihi sonrió con una expresión presumida.
Mientras yo me hallaba sorprendido, Tsukihi continuó explicándome el plan. Si sus sospechas eran correctas, no podíamos darnos el lujo de salir por la puerta principal así que en su lugar saldríamos por el balcón de nuestra propia habitación. Afortunadamente nuestra habitación, la número quince, es de las pocas que están en la tercera y última planta de la posada.
Cuándo cayó la noche apagamos las luces de la habitación y tras unos minutos a oscuras abrimos las ventanas que daban al balcón, al salir pudimos ver el edificio del gobernador justo en frente, Tsukihi y yo miramos el remarco del techo en el balcón y dimos un salto hacía él. En un rápido y coordinado movimiento, ambos agarramos el saliente del techo y tras un peque?o esfuerzo quedamos encima de la terraza.
Una vez allí, Tsukihi y yo caminamos hasta la zona trasera de la posada y cuándo estuvimos en el borde miramos hacía abajo, al no ver a nadie nos dejamos caer. Nuestros cuerpos, acostumbrados al da?o físico, pudieron soportar con facilidad la caída.
Una vez en el suelo, Tsukihi me hizo una se?al para seguirla, corrimos intentando hacer la mínima cantidad de ruido posible para no alertar a nadie que estuviera cerca. Pese a que no estábamos acostumbrados a las tácticas sigilosas, pudimos llegar a dónde Tsukihi había dicho.
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El callejón estaba a unas cuantas calles detrás del edificio del gobernador. Era una zona estrecha y bastante oscura, de hecho me sorprendió que Tsukihi pudiera recordar un lugar cómo éste tras haberlo visto una sola vez.
Cuándo nos pusimos en posición Tsukihi comenzó a escalar las paredes, intercalaba saltos de pared en pared aferrándose con sus dedos y dejando peque?os huecos allá dónde colocaba los dedos debido a la enorme fuerza que poseía su agarre. Por un momento me quedé estupefacto al ver los gráciles movimientos de Tsukihi, pero volví en mis sentidos en el momento que ella, desde la altura, me hacía se?ales con las manos para subir.
Tratando de imitar los movimientos de Tsukihi, escale las paredes con algo más de dificultad que ella. Al llegar a la cima tuve un peque?o resbalón de mano habiendo estado casi sobre el tejado, pero Tsukihi me sostuvo del brazo con rapidez y me ayudo a subir.
—Torpe.—dijo Tsukihi con una sonrisa presumida y un tono burlón.
—Calla.—sonreí.
Luego de las peque?as bromas de Tsukihi nuevamente nos pusimos en marcha.
Corriendo por las terrazas de los edificios fuimos saltando de tejado en tejado mientras intentábamos nos ser muy ruidosos, con dudosos resultados.
Al aproximarnos al edificio del gobernador, Tsukihi me llevó por otro camino, subimos por un peque?o desnivel y nos quedamos en una posición de ventaja al estar más alto que el edifico del gobernador, ahí mismo Tsukihi me detuvo.
—Mira—me dijo mientras se?alaba la terraza del edificio, el cuál estaba patrullado por unos dos guaridas—. Un poco raro que hayan guardias justo en la terraza, ?Verdad?
—Ya entendí tu punto, todo es muy sospechoso, no hace falta que me lo repitas siempre.
—Por las dudas.—sonrió de manera juguetona.
—?Y ahora?
—Cuándo bajemos allí, noquearemos a los guardias.
—?Es seguro?
—No lo sé, pero si quieres ir a dialogar con ellos... No creo que sospechen de nosotros apareciendo de la nada en la terraza ?No crees?—las palabras cargadas de sarcasmo de Tsukihi resultaban hasta cierto punto molestas, más aún cuando estaba acompa?ada de su tan característica sonrisa presumida.
—Ya... Mejor guardaré silencio.
—Así me gusta, obediente.
Cuándo vimos el momento oportuno, ambos bajamos a la terraza del edifico del gobernador. Pero esta vez no nos dejamos caer por completo, sino que poniendo los dedos en la pared y, cómo si de garras de bestia se tratasen, poco a poco nos fuimos deslizando.
Al estar ya con los pies en la terraza, con cuidado fuimos caminando agazapados detrás de los guardias; con un rápido y controlado golpe en la nuca, dejamos inconscientes a ambos, llevamos los cuerpos hacia una zona oscura dónde no se vieran si se daba la casualidad de que alguna otra patrulla viniese a esta zona.
Tsukihi se acercó con lentitud hacia el borde.
—Bueno... No podremos ir por el balcón.
—?Por qué?
—Mira.—al acercarme pude entender a Tsukihi, el balcón estaba por completo iluminado y cualquiera que fuese tan idiota cómo para bajar e irrumpir en el edificio de manera directa sería descubierto.
—No iba a ser tan fácil—suspiré—. Será por el camino difícil supongo...
Nuestro plan de bajar por el balcón se canceló y en su lugar ingresamos al edificio desde la puerta en la que anterioridad estaban haciendo guardia los dos que dejamos inconscientes. Al ingresar al edifico, ambos íbamos con extremo cuidado. No había ningún ruido, todo era incómodamente silencioso y los pasillos estaban abandonados, no se veía a ninguna patrulla cerca.
—?Sabes cómo llegar a la habitación de Alba desde aquí?—susurré.
—Nunca estuve por aquí... Así que será algo difícil.—me respondió Tsukihi entre susurros.
—Perfecto.—dije con cierto sarcasmo.
Caminamos tratando de hacer el mínimo ruido posible, todas las puertas de los pasillos eran iguales, dentro de algunas pocas se oían voces, posiblemente de los guardias que estuvieran de servicio o de algún trabajador haciendo horas extra.
El edificio, al ser tanto una vivienda dónde vivían los gobernadores cómo también un recinto gubernamental, estaba formado por pasillos un tanto laberínticos para aquellos que no estuvieran familiarizados; de esa manera podían separar la zona laboral de la zona privada.
Hasta el momento no nos cruzamos con ninguna patrulla, lo cuál nos ponía más nerviosos. Casi que preferíamos ver a alguien pues el que las cosas vayan tan bien daba malos presentimientos.
Pero pese a todo llegamos a la habitación de Alba, Tsukihi y yo nos miramos extra?ados de que todo marchase tan bien y al poner la mano sobre el pomo de la puerta ésta se abrió.
Ambos nos miramos y, con velocidad y discreción, ingresamos a la habitación, dicho lugar era uno muy grande y te?ida por completo de blanco, el techo se elevaba a una distancia considerable y mirando a todos lados no pudimos ver a nadie.
La habitación estaba abandonada.
—?No está?—pregunté inquieto.
—Tal parece...—me respondió Tsukihi mientras se acercaba a la ventana.
—?Y ahora que hacemos?
—Esperar.
—?A quién?
—A quién vinimos a buscar—Tsukihi se apartó de la ventana—. Alba quizá se esté ba?ando o esté haciendo algo, lo único que podemos hacer es esperar.
—?Realmente crees que todo salga bien?
—?Qué quieres decir?
—No dudo de tu intuición, pero tienes que admitir que esto es raro. Sospechamos de alguien que quizá sea inocente y para confirmar nuestras dudas venimos a hablar con Alba quién perdió a sus padres hace poco. Y para rematar la situación, ella aún es una ni?a.
—Y resulta que la ni?a no está.—dijo Tsukihi mientras se cruzaba de brazos.
—Y la ni?a no está...—repetí.
—Intenta buscar algo que sea de utilidad, quizá ella guardó algo que sea valioso y por ello aún está entre nosotros.—dijo Tsukihi mientras miraba los muebles de Alba.
—?Tratas de decir que no la mataron porque tenía "algo"?
—Ujum.—afirmó Tsukihi mientras abría los cajones.
—Esto es una locura.—al momento de decir eso, pude escuchar algo aproximándose fuera de la habitación. Voltee a ver a Tsukihi y ella también se había dado cuenta.
Debido a la repentina situación ambos entramos en pánico y con los nervios a flor de piel no se nos ocurrió mejor idea que escalar las paredes y, usando la fuerza de nuestro agarre, nos aferramos a las esquinas del techo. Nuestros cuerpos estaban juntos y, cómo si fuéramos criaturas de la noche acechando a su presa, nos quedamos completamente quietos mientras nuestros músculos hacían todo el trabajo.
Alba entró a la habitación, casi me dejo caer pensando que nuestro objetivo estaba completado, pero Tsukihi me miró alterada y negó con la cabeza en se?al de que no haga nada estúpido. Tras Alba ingresó Luther, quién la acompa?aba.
—Ya te dije que no sé nada.—replicó Alba refiriéndose a Luther.
—Por favor se?orita Alba, solo necesito su ayuda para ésta investigación.
—Se?or Luther, mis padres fallecieron hace poco y yo estoy intentando ser lo más amable posible para decirle que se retire. Ayudaré con lo que pueda una vez mi mente esté aclarada.
—Lo entiendo y lo respeto, pero usted también debe saber que esto es importante.
—?Más importante que el bienestar de la "hija de Horst"?—las palabras de Alba fueron cómo una lanza hacia Luther quién no supo cómo responder a ello— Por favor se?or Luther, mi padre era un hombre bueno, quizá demasiado bueno, así que yo estoy tratando de imitar esa bondad y expresarle de manera amable que, por favor, se retire de mi habitación.
—S-si se?orita...—la voz de Luther se oía apagada, casi cómo si estuviera derrotado.
Luther se retiró cabizbajo de la habitación, tanto Tsukihi cómo yo pudimos escuchar el cómo los pasos que daba poco a poco se alejaban.
Aún nerviosos, Tsukihi y yo no sabíamos cómo reaccionar.
Alba empezó a caminar en dirección a la puerta y con un peque?o ruido, la puerta fue asegurada, nuestra salida fue cerrada.
—?Por cuanto tiempo se van a quedar ahí?—dijo Alba mientras aún miraba el pomo de la puerta, al escuchar esas palabras pude sentir un horrible escalofrío recorriendo mi espalda y no fui el único en experimentar una sensación desagradable pues sentí cómo el pulso de Tsukihi se aceleraba—Hice una pregunta—Alba levantó la cabeza y cruzó miradas con nosotros—. ?Por cuánto tiempo se van a quedar ahí?
Los ojos de esa ni?a no eran normales, al verlos sentí cómo si mi alma quedase expuesta y poco a poco mis músculos empezaron a fallar. De pronto perdí la fuerza de mis brazos y caí junto con Tsukihi.
Al caer estoy seguro de que caímos sobre Alba, pero al mirar al suelo ella no estaba ahí.
—?Qu-.—de la sorpresa intenté hablar pero fui interrumpido por una voz.
—Será mejor que empiecen a hablar.—dicha voz se oía desde cierta distancia.
Tsukihi y yo miramos en la dirección de aquella voz y allí estaba Alba, sentada sobre su cama con una mirada inquisitiva sobre nosotros cómo si jamás se hubiera movido de ahí.
Sea lo que sea que Tsukihi intuía, ahora se que siempre tuvo razón.
Fin del Recuerdo

