—?Qué pasó después?—preguntó Maki mientras oía la narración de su padre— No puedes dejarme con esta intriga.
—Ohjojo—rio Aragi con satisfacción y arrogancia—, pues escucha atentamente. No te esperaras lo que ocurrió después.
—Aragi.—una voz se escuchó detrás de Aragi, tanto él cómo Maki miraron en su dirección.
—Alice no interrumpas ahora, papá estaba contando una historia interesante.—se quejó Maki.
—Alice, ?Ya estás de regreso?—preguntó Aragi.
—Si—afirmó Alice—, necesitamos ponernos en marcha.
—Bueno Maki, dejaremos la narración hasta aquí.—dijo Aragi mientras se levantaba.
—?Por qué?—se quejó Maki de una manera un tanto infantil.
—Ya sabes el porque, ella y yo debemos empezar con nuestra parte del plan.
—Ya... Bueno, supongo que no se le puede hacer nada.—desistió Maki.
—Vamos Aragi—dijo Alice mientras iba rumbo a la puerta de la posada—. No te preocupes Maki, ya tendrán tiempo para las historias luego.—sonrió Alice.
—Eso espero.
Alice y Aragi salieron de la posada mientras Maki se quedaba sentada solo para que, momentos después, se brazal comenzara a sonar.
—?Ryuji?—preguntó Maki mientras aceptaba la llamada.
—?Se?orita Maki?
Mientras Maki atendía la llamada de Ryuji, Aragi y Alice estaban caminando por las calles de la Ciudadela.
—Tardaste poco en volver. ?Alguna idea en claro de hacía dónde ir?—preguntó Aragi mientras seguía a Alice.
—Algo así—divagó Alice—. De momento solo sígueme.
—Okay.
Mientras Aragi seguía a Alice, las farolas de la Ciudadela comenzaron a encenderse se?alando la llegada de la noche.
Alice hizo un peque?o desvío hacía una zona algo más apartada de las luces, y al llegar a un peque?o callejón se posó sobre una pared.
—?Qué hacemos aquí?—preguntó Aragi extra?ado.
—Planearemos bien que hacer.—respondió Alice con desdén.
—?Algo en mente?
—Si, ahora mismo es de noche. Lo que significa que la Academia permanecerá cerrada, pero eso no es del todo malo; Debido a que el Torneo se está llevando a cabo, la seguridad en la Academia será más baja.
—?No debería ser al revés? Cómo no hay nadie en la Academia la seguridad debería ser mayor.
—No. Lo que protegen no es lo 'que haya' dentro de la Academia, es 'quienes estén' dentro de la Academia.
—Eso no tiene mucho sentido, deberían proteger los objetos de valor.
—Aún piensas así por lo que veo, no te juzgo pues yo pensaba igual cuando llegué aquí por primera vez.
—Mmm...—dudó Aragi.
—Mira lo diré de manera clara para que entiendas. Lo importante de la Academia no son sus libros o sus equipos de trabajo, es la gente que esté dentro, ya sean estudiantes o profesorado.
—?No temen perder nada?
—No, casi todo lo que se pueda perder, pueden recuperarlo con relativa facilidad.
—?Libros?
—Los del profesorado tienen copias digitales en sus brazales.—dijo Alice mientras se?alaba su propio brazal.
—?Mesas alquímicas o mágicas?
—La Academia tiene buena cantidad de ingresos y podrían comprar mejor equipo en caso de que alguno sea da?ado o robado.
—Que diferencia con el resto de lugares a los que eh ido.—dijo Aragi sorprendido.
—Lo sé, la Ciudadela es un lugar con buena calidad de vida. Y la Academia es de los lugares más ricos aquí, en parte porque está financiada por el Consejo.
—Espero que no nos enemistemos con el Consejo por esto.
—Bah, a ellos no les importan los objetos de valor, cómo te dije antes ponen más énfasis en las personas que estén dentro.
—Supongo que eso es conveniente para nosotros.
—No te imaginas cuánto—Alice rebuscó algo dentro de sus bolsillos—. Toma.
—?Qué es esto?—Aragi tomó el objeto que Alice le entrego, era un diminuto comunicador portátil. Su forma era similar a una peque?a espiral con una punta recta.
—Es un comunicador—Alice le puso el comunicador a Aragi en la oreja—, lo pones aquí y listo. La punta es un peque?o micrófono.—Alice también se puso uno.
—?No sería más fácil una llamada por el brazal?—preguntó Aragi mientras tocaba el comunicador en su oreja con un dedo.
—No—susurró Alice, pero en el comunicador se escuchaba de manera impecable—. Si usásemos los brazales se nos podría ver en la oscuridad. Esto es más simple y seguro, al fin y al cabo el canal es único y nadie podría interrumpir la se?al.
—Entiendo, ?Dónde los conseguiste?
—Los fabriqué yo.
—?De verdad?—preguntó Aragi escéptico.
—De acueerdo, no los fabriqué yo. Pero si los modifiqué para que sean de un único canal auditivo.—Alice se encogió de hombros con cierto fastidio.
—Bien. Ahora deberíamos ponernos en marcha.
—Si, tu entrarás a la Academia mientras yo investigaré lo que pueda sobre el profesorado.
—Espera, ?Sabes dónde viven los profesores?
—No todos pero algunos si.
—?Cómo?
—No es la primera vez que estoy en un trabajo relacionado con ellos.—sonrió Alice con arrogancia.
—Tu parte de este plan parece ser el más fácil.
—?Verdad que sí?—rio Alice.
—Bien, me pondré a ello.—dijo Aragi mientras clavaba sus dedos en el muro, preparándose para escalar.
—Aragi...—Alice lo detuvo un momento.
—?Si?
—Cuídate—Alice tenía un tono de voz con ligera preocupación—. Aunque no haya seguridad activa, no sé que otra medida de seguridad podrían tener.
—Gracias—sonrió Aragi—, tu igual Alice. Cuídate.
Aragi empezó a escalar el muro con rapidez y precisión, casi parecía que fuera otra persona pues sus movimientos eran tan gráciles y elegantes que dejaron a Alice sorprendida.
Alice miró los peque?os huecos que dejó Aragi en el muro, eran peque?os y casi imperceptibles. Era obvio que no era la primera vez que Aragi hacía algo así, pues demostraba maestría en ello. Alice se marchó del lugar con discreción.
Aragi, quién ya estaba sobre la terraza del callejón, vio a la distancia la Academia.
—Esto me trae recuerdos...—susurró Aragi con una sonrisa.
—?Qué clase de recuerdos?—la voz de Alice sonó a través del comunicador.
—?Ah! Oye no me asustes así.
—Tonto—se pudo escuchar una risa por parte de Alice—, ?No te diste cuenta de que dejaste el comunicador encendido?
—Nop.—dijo Aragi mientras comenzó a correr en dirección a la Academia saltando de terraza en terraza, pero ésta vez sus pasos eran casi imperceptibles.
—No cometas ningún error.—susurró Alice.
—Daré lo mejor de mi.—sonrió Aragi. A través del comunicador se pudo oír a Alice dando un denso suspiro de desaprobación.
Mientras Aragi corría por sobre los tejados, Alice caminaba por las calles de la Ciudadela. Pese a ser de noche aún había algunos transeúntes caminando acompa?ados en las calles u otros que estaban bebiendo en puestos callejeros. Alice se percató que habían personas vestidas por completo de un uniforme blanco y cascos que cubrían únicamente sus ojos y cráneo.
—La Guardia Blanca...—pensó Alice mientras suspiraba en tono de fastidio.
—Déjame adivinar... ?La Guardia Blanca?—dijo Aragi a través del comunicador.
—Ujum.—afirmó Alice tratando de no hacer mucho ruido.
—"No cometas ningún error" ?Verdad?—preguntó Aragi con tono de burla.
—Shh.—Alice silenció a Aragi mientras él se reía.
Aragi estaba a punto de llegar a la Academia mientras que Alice caminaba con normalidad por las calles, tratando de disimular y no hacer contacto visual con la Guardia Blanca.
Finalmente Aragi llegó a los tejados más cercanos de la Academia.
—En posición.—mencionó.
Aragi tensó sus piernas preparándose para saltar del tejado en dónde estaba hacía el tejado de la Academia. Estuvo calculando por un momento que tanta fuerza debía de poner en sus piernas; dicha fuerza debía ser la suficiente cómo para aterrizar bien, y al mismo tiempo no debía ser tanta para no romper la terraza en la que él estaba en ese momento.
Tras calcular correctamente la parábola del salto y la fuerza que sus piernas debían de ejercer, Aragi saltó.
Durante los pocos segundos que estuvo en el aire se dio cuenta de lo apartada que estaba la Academia con respecto a las demás edificaciones, estando en una posición idónea dónde no se conectaba con ningún otro edificio.
Aragi aterrizó en la terraza más cercana que pudo, a penas en el borde.
—Ah...—Aragi suspiró aliviado— Estoy en la terraza de la Academia, ahora a buscar todo lo que pueda.
—Bien hecho—respondió Alice—, yo por mi lado estoy cerca de la casa de la directora.
—?La interrogarás a ella también?
—Para nada, esa mujer me supera en todo. Solo voy a ver que está haciendo.
Alice quién estaba cerca del hogar de Aria, se aproximó a una de las tantas ventanas de la casa. Mirando a través de ella pudo ver una escena un tanto privada.
—Vaya...—susurró Alice.
—?Alice? ?Pasa algo?—preguntó Aragi con cierta duda.
—Bueno... Digamos que la relación entre Ryuji y Aria es más íntima de lo que pensábamos.
—Jajaja.—empezó a reír Aragi.
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—?De que te ríes?—preguntó mientras se alejaba de la ventana y se marchaba del lugar.
—Nada nada, es solo que no me lo esperaba.—Aragi estaba recorriendo los tejados de la Academia viendo algún lugar en el que bajar sin hacer mucho ruido.
—No quiero ni imaginarme cómo te pondrás cuándo tu hija venga con un novio.—bromeó Alice.
—Ni yo.—Aragi se dejó caer en uno de los balcones.
—?Crees que Maki tenga atracción por las personalidades fuertes? Así cómo tu te sentiste atraído por la Se?orita Tsukihi.
—No lo sé, cómo sabes no estuve con ella cuándo más me necesitó—Aragi abrió las puertas del balcón e ingresó a lo que parecía un ala médica—. Solo espero que encuentre a alguien que la complemente.
—Aragi... No esperaba que respondieras así, es una sorpresa.—Alice se aproximaba a una taberna que estaba entre unos peque?os edificios.
—No soy una bestia sin sentimientos, sé que fallé cómo padre al dejarla sola y no quisiera que alguien más la da?ase. Maki merece ser feliz, incluso con un terrible padre cómo yo.—Aragi empezó a rebuscar en los documentos que estaban ahí.
—No te castigues tanto, Aragi. Al menos estuviste con ella en sus primeros cinco a?os.—Alice se posó sobre una de las paredes del exterior de la taberna, justo al lado de una ventana y levantó una oreja buscando escuchar lo que decían dentro.
—Lo sé... Pero aún así no puedo dejar de sentirme cómo la mierda—Aragi salió al pasillo al notar que ninguno de los archivos era relevante—. Cinco a?os cómo padre no justifican diecisiete a?os de abandono... La única razón por la que sigo buscando a esa secta es no solo para vengar a Tsukihi, sino que también para no sentir que todos estos a?os alejado de mi hija fueron en vano tratando de buscar algo que jamás encontraría...
—Es verdad... Perdón si fui un tanto insensible.—respondió Alice con un tono un tanto tímido.
—Descuida... Ahora mismo estoy dentro de la Academia, rebusqué por la enfermería por si había algo de interés entre los documentos pero no encontré nada. ?Tú cómo vas?
—Estoy fuera de una taberna, escuchando una conversación entre un profesor y una camarera. Parece que no soy la única con esos trucos, ja.—se rio Alice en voz baja.
—?Dicen algo relevante?
—Para nada, es un mero intento de coqueteo. Sin mucho éxito cabe aclarar—se burló Alice antes de marcharse, pero justo cuando se iba creyó oír unas palabras extra?as—. Espera, creo que tengo algo.
—Ujum.—afirmó Aragi para no molestar a Alice con su voz mientras trataba de oír que decían. Alice volvió a acercarse a la ventana, tratando de escuchar mejor la conversación.
—Cómo te digo...—balbuceaba el profesor medio borracho— Soy alguien importante ?Sabes?
—Se?or cliente, no sea tan vulgar—respondió la camarera con una sonrisa de cortesía—. Podría molestar al resto de clientes.
—?Molestar? A nadie le importa eso...—el profesor bebió de su trago— ?Qué dirías si te digo que tengo un poder tal que rivalizaría con el de los grandes elementales?—sonrió con soberbia mientras balanceaba su jarra.
—Eso es complicado de creer.—respondió la camarera incrédula.
—Bah, solo espera y verás. Pronto podría tener el control de la Ciudadela si así lo quisiera.
—?Ja!—se rio la camarera— Hace buenos chistes se?or cliente.
—?Chistes?—el profesor se levantó con brusquedad, sobresaltando a la camarera.
—?Lo que dices es verdad?—Alice se acercó al profesor, le puso la mano sobre el hombro y lo volvió a sentar— Se?orita camarera, ?Nos da dos vasos de su licor más fuerte y de mejor calidad?
—?A la orden!—respondió la camarera agradecida con Alice.
—?Y tú quién eres?—preguntó el profesor con una mirada desagradable.
—Solo soy una joven risue?a a la cuál le gustan las historias fantásticas.—sonrió Alice de manera coqueta mientras reposaba el codo en la barra del bar, mirando al profesor.
—B-bueno... ?Si eso te interesa tengo más para contar!—el profesor parecía contento de algún modo.
—?Aquí están sus bebidas!—dijo la camarera al traer dos vasos peque?os de cristal en el cual había una bebida roja cómo la sangre— Dos 'Lunas Sangrientas' para ustedes.
—?Oh?—el profesor sonrió sorprendido— Si que sabes cómo alagar a un buen bebedor, ?Verdad?
—?Qué puedo decir?—Alice se encogió de hombros con una sonrisa provocativa— Entre bebedores nos entendemos, ?No crees?
—?Y tanto!—el profesor bebió un poco del trago, Alice también bebió de su propio vaso— ?Lista para oír mi historia?—preguntó el profesor enrojecido por el alcohol, a lo que Alice respondió con un gesto de manos dándole vía libre para que empiece a hablar— Muy bien, prepárate porque escucharás algo increíble.
—Adelante.—respondió Alice mientras silenciaba la conversación de su comunicador de manera discreta.
—?Alice?—preguntó Aragi, pero Alice no respondía— Supongo que querrá escuchar con atención...
Aragi continuó caminando por los pasillos entrando en los diferentes salones, pero no encontró nada. La mayoría eran salones de clases normales.
Tras recorrer los pasillos buscando en todos lados y aún así no encontrar nada, Aragi se sentó en una de las escaleras casi derrotado.
Mirando al techo, soltó un denso suspiro de frustración y enfado.
Tras unos breves instantes Aragi escuchó unos pasos a lo largo de los pasillos, con velocidad se cubrió detrás de una de las esquinas de los muros, esperando a quién sea que fuera aquella persona.
Los pasos lentos pero calmados se aproximaban. Aragi preparó su pu?o para dar un único golpe que incapacitaría a casi cualquiera, controlando su fuerza para que ese golpe no sea letal.
Cuándo aquellos pasos estaban justo a su par, Aragi se giró y con su pu?o ya preparado golpeó el plexo solar de aquella persona. A dar el golpe Aragi sintió aquel abdomen blando pero extra?amente duro, cómo si fuera el de alguien entrenado; pese a que no había mucha luz debido a la oscuridad, Aragi siguió sus instintos y continuó golpeando con gran velocidad y precisión al saber que ese primer golpe no hizo nada, cada golpe sucesivo acertaba pero era bloqueado por aquella otra persona.
De pronto sintió cómo si una segunda persona se moviera con gran velocidad a su lado, parecía que eran dos y no una única persona las que se estaban enfrentando contra él. Aragi bloqueó el inminente golpe con su palma abierta y al sentir que aquello que lo golpeó era un objeto cerró su mano y lanzó a la persona contra la otra, chocándolas y apartándolas.
Incluso así, en inferioridad de números, Aragi corrió en dirección a esas personas sin darles tiempo suficiente para reaccionar. Al ser un dos contra uno Aragi no se podía permitir ser blando y, al darse cuenta de lo bien sincronizadas que se hallaban esas dos personas, él decidió que tenía que terminar con esto lo más rápido posible. Su piel empezó a enrojecerse, dejando brotar un característico vapor por su ardiente piel, sus músculos se tensaron y cuándo estuvo a punto de golpear a esas dos personas, escuchó un grito.
—?Aragi, detente!
Aquel grito era de una voz que Aragi reconocía. De pronto una peque?a bola de fuego surgió del dedo de una de ellas, revelando quienes eran.
—Maldición Aragi, ?No te das cuenta de quienes somos?—eran Miir y Flare.
—?Flare, Miir?—preguntó Aragi confundido.
—Por lo que veo, la fuerza de los Oni es hereditaria.—mencionó Flare mientras que ponía una de sus manos allí dónde Aragi la había golpeado con anterioridad, el abdomen de Flare tenía un peque?o pero notable moretón.
—Si, somos nosotras.—respondió Miir con fastidio.
—Oh...—Aragi se calmó, y su piel poco a poco volvió a la normalidad.
—?"Oh"?—preguntó Miir enojada— ?Cómo que "Oh"? Agradece que nosotras nos dimos cuenta de quién eras.
—Perdón... No sabía que eran ustedes.
—Me di cuenta—dijo Miir mientras miraba cómo el tono de piel de Aragi pasaba de rojiza a su habitual color pálido—. OniMusha... ?No aprendes, huh? Pensé que no volverías a usar ese modo.
—Por un momento me asusté.
—Ay pobrecito, el se?or Aragi se asustó.—se burló Miir con un tono de voz infantil y sarcástica a la par que enfadada.
—No hace falta que seas así Miir—reprendió Flare—. ?Qué haces aquí Aragi?
—Lo mismo podría preguntarles a ustedes.
—Solo responde...—dijo Miir enfadada, poniéndose los dedos en el entrecejo.
—Buscaba información.
—Igual que nosotras se podría decir.—agregó Flare.
—?Y? ?Encontraste algo?—preguntó Miir aún molesta.
—Nada.
—Cuánta inutilidad...—susurró Miir.
—?Y ustedes?
—Nada, tampoco.—respondió Flare.
—"Cuanta inutilidad".—dijo Aragi mientras miraba a Miir, de pronto su comunicador volvió a sonar.
—?Aragi?
—?Alice? ?Encontraste algo?
—Si, te esperaré en la posada una vez termines con lo tuyo.
—Perfecto, por mi lado aquí no encontré nada.
—Eso suena mal... Bueno, te espero en la posada.
—Hecho—Alice finalizó la llamada—. Bueno, tenemos algo. ?Vienen?
—Si.—respondió Flare.
—Que remedio.—respondió Miir encogiéndose de hombros.
Fin del Capitulo 32.

