Desperté por segunda vez ese día.
Pero esta vez no hubo sobresalto, ni jadeo, ni sombras en el borde de mi visión.
Solo… vacío.
Un silencio extra?o, como si alguien hubiera apagado el sonido del mundo para que yo escuchara algo más profundo:
mi propio cuerpo tratando de recordar quién es.
Ashryel seguía ahí, cerca, vigilando sin parpadear.
Pero su luz no estaba firme.
Titilaba.
Como si dudara de algo que no se atrevía a decir.
Me incorporé lento.
El valle estaba gris. Más que antes.
Como si hubiera absorbido parte de lo que so?é.
—Ash… —empecé.
Pero la palabra se cortó.
Porque algo dentro de mí se tensó.
Un micro dolor en el pecho, justo en el hueco donde la silueta había intentado adherirse.
Puse una mano ahí.
No sentí calor ni frío.
Sentí… ausencia.
Como si la piel recordara que algo la había tocado desde dentro.
—Ashryel —intenté otra vez.
Ella giró la cabeza hacia mí.
Y vi sus ojos temblar apenas un instante.
Algo había cambiado en mí.
Y ella ya lo sabía.
—Di tu nombre —me pidió.
No sonó como una orden.
Sonó como una confirmación.
Respiré hondo.
Abrí la boca.
Y dije:
—Yo soy…
La palabra no salió.
No porque lo hubiera olvidado.
No porque la sombra lo hubiera arrancado.
Sino porque no me respondió
Como si mi nombre estuviera allí…
pero no quisiera volver a mí.
Era como intentar agarrar agua con los dedos.
Ashryel se acercó un poco más.
—Inténtalo de nuevo —susurró.
Tragué saliva.
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—Yo soy…
Algo en mi garganta se cerró.
Mi pecho tiró hacia adentro.
La misma sensación del sue?o.
El mismo tirón leve.
Como si otra mano interna me detuviera.
Y entonces lo entendí:
El fragmento no me estaba robando el nombre.
Yo estaba empezando…
a creerle.
—Ash —dije, temblando—. Creo que parte de mí piensa que no merezco decirlo.
Ashryel no se movió.
Pero su luz se volvió más densa.
Una luz que pesaba en el aire.
Una luz que estaba a punto de romper algo.
—Escúchame —dijo—. No es que no merezcas tu nombre.
Es que lo estás discutiendo.
Con él.
Contigo.
Con ambos.
Me llevé las manos a la cabeza.
Un zumbido se instaló en mis oídos.
No como un sonido externo.
Como un pensamiento repetido demasiado fuerte.
Ashryel extendió su luz.
La apoyó en mi espalda.
Y el zumbido se partió.
Pero no desapareció.
—Ash… —mi voz se quebró—. Estoy perdiendo mi identidad, ?verdad?
Ella negó suave.
—No. Aún no.
Pero estás discutiendo con el eco equivocado.
Traté de respirar, pero el aire se sentía denso, punzante.
—?Y si él tiene razón?
—?Y si… no soy quien creo ser?
Ashryel cerró los ojos.
Y cuando habló, lo hizo con esa mezcla de firmeza y tristeza que solo usa cuando teme que yo vaya a romperme en un lugar del que no pueda regresar.
—Hermano…
tu nombre no se perdió.
Tu nombre está peleando por ti
Me quedé inmóvil.
Sintiendo eso.
Mi nombre… peleando.
En algún lugar dentro del hueco del pecho.
Entre el tirón de la sombra y la luz de Ashryel.
En ese terreno incierto donde uno decide si sostiene su historia… o la entrega.
Ashryel apoyó su frente en mi hombro.
—Pero si no lo pronuncias —susurró—, si no lo recuerdas desde adentro…
la otra parte va a hacerlo por ti.
Sentí la sangre helarse.
—?Qué significa eso?
Ella alzó la mirada.
Sus ojos eran pura sombra protectora.
—Que si lo dices sin creerlo…
él va a contestar.
Mi garganta se cerró del todo.
Porque entendí la gravedad.
El fragmento no quiere destruirme.
Quiere ser yo
Quiere el nombre.
La historia.
El cuerpo.
El camino.
Y si en este punto yo pronuncio mi nombre sin fuerza…
el valle podría decidir que él es el verdadero Syra.
Y yo…
solo una pieza suelta.
Me desplomé sobre las rodillas.
Ashryel me sostuvo antes de tocar el suelo.
—No te quedes ahí —dijo, firme—.
Si te quedas ahí, él va a avanzar.
—Ash… —mi voz apenas un hilo—. No sé cómo sostenerme.
Ella no dudó.
—Entonces usa mi luz para hacerlo.
No para reemplazarte.
Sino para recordarte.
La miré.
Y algo en su expresión —frustración, miedo, lealtad absoluta— hizo que mi pecho doliera con más claridad que antes.
—Dime qué hacer —susurré.
Ashryel acercó su luz a mi pecho, justo donde el tirón había vuelto a sentirse.
—Vamos a recuperar tu nombre.
Lo vamos a arrancar de donde lo dejaste caer.
Pero primero…
Respiró profundo.
—…necesito que entiendas algo.
Tragué saliva.
Ella sostuvo mi rostro entre sus patas de luz.
—El fragmento no es tu enemigo.
Es tu renuncia
Tu intención de abandonarte.
El momento exacto en el que pensaste que sería mejor no existir.
Eso fue lo que el valle recogió.
Eso es lo que está hablando ahora.
Y con eso…
Me destrabó algo por dentro.
Porque esa frase —ese reconocimiento— era verdad.
Una verdad que me dolía tanto como me liberaba.
Ashryel bajó la voz.
—No lo vamos a vencer.
Lo vamos a desenredar
Pero para hacer eso…
Se detuvo.
Su luz tembló.
—Necesito que me digas qué estabas pensando el día en que decidiste rendirte.
El día en que dejaste ese fragmento atrás.
Me quedé helado.
Ese día.
Ese pensamiento.
El origen del fragmento.
El origen de la autonegación.
El origen… del hueco.
No pude hablar.
No pude respirar.
Y no pude mentir.
Porque Ashryel ya estaba dentro del espacio donde guardé ese recuerdo.
Y el Capítulo 24 va a ser esa confesión.
La que nunca quise decir.
La que el fragmento usa para sostenerse.
La que Ashryel necesita para salvarme.

