O al menos… creo que dormí.
No sé si fue sue?o, desmayo o ese estado intermedio en el que el cuerpo se rinde y la mente queda suspendida en un silencio que no pertenece a ninguno.
El valle estaba quieto.
Demasiado quieto.
Ashryel no se había movido de mi lado.
Sentí su luz caliente en el borde de mi visión, respirando conmigo.
Ella siempre respira conmigo cuando no confío en mis propios pulmones.
Pero en el sue?o…
yo estaba solo.
Había un pasillo estrecho.
Oscuro.
Con paredes que parecían hechas de la misma textura que mi memoria: fragmentada, húmeda, llena de rincones que no quería mirar.
Caminé.
Mis pasos resonaban, pero no tenían eco.
O quizá sí… pero no eran míos.
Y entonces escuché la primera palabra.
"Tú no deberías existir."
No era una voz humana.
No era una voz antigua.
Era mi voz
Me detuve.
El pasillo respiró.
Sentí esa sensación horrible, la misma del Capítulo 20:
como si alguien caminara dentro de mi pecho, descalzo, probando el suelo, buscando dónde quedarse.
Di un paso atrás.
El pasillo se encogió conmigo, como si imitara mi miedo.
—No —susurré—. No voy a escucharte.
Y entonces la voz habló otra vez, más cerca:
"Tú no elegiste vivir. Yo sí. Por eso el lugar debería ser mío."
Sentí náuseas.
No por las palabras.
Por el reconocimiento.
Porque esa frase…
esa frase , enterrada bajo capas de silencio, culpa y supervivencia.
No era un monstruo.
No era una aparición.
Era la parte de mí que el pacto dejó atrás
Y ahora caminaba.
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Y tenía voz.
Y quería mi lugar.
—No… no eres real —logré articular.
La risa que respondió fue hueca.
El pasillo se abrió de golpe.
Y ahí estaba.
No la figura completa del capítulo anterior.
No un enemigo definido.
Sino una silueta hecha de errores
- Hombros caídos.
- Cabeza baja.
- Marcas apagadas.
- Y en su pecho, el mismo hueco que intenta ocupar el mío.
Pero había un detalle distinto:
El hueco en su pecho no estaba vacío
Estaba… sangrando. Muy despacio. Como si goteara hacia afuera lo que yo traté de olvidar.
Se acercó.
No caminaba.
Se deslizaba como un pensamiento.
Como un recuerdo que vuelve sin permiso.
Algo adentro de mí se quebró.
Porque no era Aelian diciendo eso.
No era un eco del valle.
Era mi propia voz.
Mi propia culpa.
Mi propia renuncia.
Extendí una mano, temblando.
—Yo… no quería dejarte atrás.
La silueta ladeó la cabeza, y algo parecido a una sonrisa se tensó en la oscuridad.
El pasillo empezó a desmoronarse.
No como una estructura.
Sino como una idea que deja de sostenerse.
Sentí un tirón violento en mi pecho.
Como si algo tratara de arrancarme hacia la silueta.
Como si una parte de mí quisiera volver a ella.
—?Detente! —grité.
Pero el tirón se volvió más fuerte.
Mis piernas fallaron.
Y entonces, entre el derrumbe del sue?o, entre esa presión que me hacía arrodillarme, escuché una voz diferente.
Una luz.
Un latido que sí reconocí.
Ashryel.
No gritó.
No entró rompiendo todo.
Solo dijo mi nombre.
Mi nombre completo.
Mi nombre original.
Ese que en el capítulo anterior dije que tal vez… no era mío.
Y cuando ella lo pronunció…
sentí algo extra?o.
El tirón del vacío se desordenó.
Como si hubiera perdido la clave exacta para halarme.
Como si ese nombre pronunciado por Ashryel activara una parte de mí que la sombra no podía tocar.
La silueta siseó.
Ashryel lo dijo otra vez.
Más suave.
Más íntimo.
Y el pasillo tembló.
La silueta retrocedió un paso, sorprendida, como si jamás hubiera esperado que mi nombre—mi verdadero nombre—pudiera empujarla.
Extendió una mano hacia mí.
Y por primera vez desde que esto empezó…
…entendí lo que esa parte quería.
No quería destruirme.
Ni poseerme.
Ni reemplazarme.
Quería descargarme
Quería cargar mi nombre para que yo no tuviera que sentir el peso.
Quería protegerme… de una forma torcida.
Como si mi renuncia hubiera tomado forma.
Y aun así…
Me negué.
—No —susurré, temblando—. No te lo voy a dar.
La silueta se deformó, como un espejo quebrándose.
El pasillo colapsó.
Todo se hundió.
Y desperté.
Ashryel estaba sobre mí, con ambas patas presionando mi pecho, su luz extendida como un escudo.
—?Respira! —ordenó.
Jadeé.
El aire entró como si me rasgara por dentro.
—Ash… —tosí— …vi algo.
—Lo sé —respondió, sin apagar su luz ni moverse—. Lo sentí.
Me miró con una gravedad que rara vez usa.
—Ese fragmento… no quiere matarte.
Quiere vivir en tu lugar
Me quedé helado.
—Ashryel… —mi voz se rompió—. Creo que… olvidé cómo se siente ser yo.
Ella bajó la luz, despacio.
Se acercó hasta apoyar su frente en la mía.
—Entonces, hermano —susurró—…
vamos a recordarlo juntos.
Aunque haya que arrancarlo del vacío con tus propias manos.
Y ahí, en ese silencio…
el latido ajeno volvió a moverse dentro de mí.
Pero esta vez…
no sonó como due?o.
Sonó… impaciente
Como si supiera que ya no podía esperar mucho más.
Porque el nombre que intentaba arrancar…
estaba empezando a dolerle a él también.

