Ashryel no apartó su luz de mí.
No me dio tiempo para escapar al silencio.
No me dejó desviar la mirada.
No me ofreció una salida fácil.
Ella sabía que si retrocedía ahora…
el fragmento ganaría terreno dentro de mi pecho.
Tragué saliva.
Y el ambiente del valle cambió.
El aire se compactó.
La bruma bajó.
Las sombras dejaron de moverse.
Era como si el mundo también estuviera esperando que hablara.
Ashryel acercó su luz apenas un poco más.
—Syra —susurró—. No voy a preguntarte otra vez.
?Qué pensaste ese día… el día en que te rendiste?
Mis dedos se cerraron sobre la tierra.
No por miedo.
Sino porque mi cuerpo recordaba ese pensamiento antes de que yo pudiera decirlo.
Fue un momento concreto.
Un lugar real.
Un espacio diminuto, casi insignificante, donde mi historia se quebró sin hacer ruido.
Respiré hondo.
Pero el aire entró cortado.
Porque ese recuerdo siempre había sido una sombra pegada a la parte interna de mi lengua.
Uno de esos pensamientos que uno solo entiende de verdad al admitir que existió.
—Ash… —murmuré—. No quiero arrastrarte a eso.
Ella negó con firmeza.
—No lo estoy pidiendo por mí.
Lo estoy pidiendo porque esa frase
Si no me la dices…
él va a decirla por ti.
Con tu voz.
Me quedé totalmente inmóvil.
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Porque esa era la amenaza real.
No que el fragmento me atacara.
No que me poseyera.
Sino que hablara como yo.
Que recuperara mis palabras para convertirse en mí.
Cerré los ojos.
Y lo dije.
—Pensé que… —mi voz tembló— …que si no hubiera existido…
…nadie lo habría notado.
Ashryel no se movió.
Y eso dolió más.
No porque me juzgara.
Sino porque no lo hacía.
—?Qué edad tenías? —preguntó ella, despacio.
—No sé —musité—. Quizá doce. O trece.
No importa la edad…
sino el instante.
El instante exacto.
Cuando uno deja de pensar en “quiero desaparecer”
y pasa a “tal vez nunca debí estar”.
Ashryel bajó la luz a mi pecho.
Y algo tembló dentro de mí.
No por dolor físico.
Por reconocimiento.
—Syra —susurró—.
Ese pensamiento…
es lo que el valle recogió.
Tragué saliva de nuevo.
Pero no dije nada.
Porque sabía que si hablaba, mis palabras iban a romperse.
Ashryel continuó:
—Tu fragmento nació ahí.
No en la pelea.
No en Aelian.
No en las marcas.
Nació el día en que pensaste que tu existencia era prescindible.
Y la frase —esa frase exacta— retumbó en mi mente como si hubiera sido pronunciada segundos atrás.
Ashryel apoyó su frente de luz contra mi clavícula.
—Hermano… —su voz se volvió casi inaudible—.
Nadie debería cargar con ese tipo de conclusión solo.
Menos aún un ni?o.
Me limpié la cara sin darme cuenta.
Porque no estaba llorando por el recuerdo.
Sino por la claridad de escucharlo desde afuera.
—Ash… —susurré—. ?Ese pensamiento es el fragmento?
Ella negó.
—Ese pensamiento es la tierra donde él germinó
El fragmento es lo que vino después:
tu intención silenciosa de aceptarlo como verdad.
Ese “quizá” que nunca corregiste.
Ese “tal vez es así” que dejaste quedarse.
Eso fue lo que él tomó como base.
Se me aflojó el cuerpo.
No por agotamiento.
Por… verdad.
Porque sí.
Duele más aceptar la verdad blanda que la mentira violenta.
Ashryel me sostuvo con más fuerza.
—Syra —dijo, sin desvíos—.
Tu fragmento no está intentando matarte.
Está intentando ser tú
porque cree que tú no quieres ser tú.
Sentí una presión detrás de mis ojos.
Un peso viejo.
Un peso que había arrastrado tanto tiempo que ya no lo distinguía de mi sombra.
—Entonces… —mi voz quebraba en cada palabra— …?cómo peleo contra algo que nació de mí?
Ashryel elevó la luz, firme.
No agresiva.
Determinada.
—No pelees.
Reclama.
Toma tu nombre desde ese lugar.
Desde esa herida.
Desde esa frase que creíste cierta.
—Pero… ?y si lo sigue creyendo? —pregunté.
Ella me acarició la nuca con esa luz cálida y pesada que solo usa cuando me quiere llevar hacia adelante sin dejarme caer.
—No importa lo que él crea.
Importa lo que vas a decir ahora.
El valle entero contuvo la respiración.
Era como si todas las sombras estuvieran esperando mi siguiente frase.
Y Ashryel dijo la frase que nunca había pronunciado en toda nuestra historia:
—Syra…
dime…
?por qué estás aquí?
No “quién eres”.
No “cómo te llamas”.
Sino el fundamento.
El origen.
La raíz.
Abrí la boca…
…pero no me salió una respuesta.

