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Capítulo 74 - El agujero en el cielo

  –?Alguien aborda el barco!– gritó el vigía desde su puesto y un gran alboroto se produjo entre la tripulación mientras Silas, ahora en su primera forma, se aferraba al casco del barco. Las ballenas ya se habían desvanecido entre las aguas y Jasper esperaba cerca, todavía sumergido. No había manera de que pudiera subirse al barco sin antes recuperar su máscara.

  –?Qué quieres decir con qué...? – la cabeza de Warwick asomó desde la borda y, cuando descubrió a Silas, abrió los ojos como platos–. ?Ninfa milagrosa, se?ora de las aguas! ?Silas! – luego entrecerró los ojos y reaccionó al ver el estado en que la quimera se encontraba –. ?Mantas! ?Traigan una manta! ?Damas, aléjense del borde!

  –?Qué problemas tienes con las mujeres, Warwick? – gritó Tavia pero, nada más mirar hacia abajo, volteó la mirada y desapareció de la vista de Silas. Juzgando por las confusas exclamaciones, parecía que la pirata estuviera evitando que Olivia se acercara a mirar.

  –?Dónde está el capitán? – preguntó el contramaestre con un temblor en sus labios.

  –?Ya viene! – le gritó Silas –. ?Warwick, la máscara!

  –?La máscara? ?De qué hablas,chico? ?Dónde está el capitán?

  –Aquí está – la cabeza de Bronto asomó por la borda y arrojó el artefacto mágico hacia Silas. Por un momento, el sirenio le dirigió una mirada penetrante y la quimera entendió que había descubierto el secreto de Jasper.

  Silas agarró la máscara y así como así la dejó caer al agua.

  –?Qué estás haciendo? –Warwick se agarraba de la cabeza tirando de los pocos pelos que todavía le quedaban.

  –No te alteres, Warwick – le dijo Bronto con tono tranquilo.

  –?Que no me altere pero... el capitán! – Warwick clavó las u?as en el borde –. ?Capitán!

  Se escuchó un chapoteo y la cabeza de águila emergió del agua. En la misma condición de desnudez que Silas, Jasper fue ascendiendo por la escalerilla de cuerdas que los piratas habían arrojado. Poco después, ambos ya se encontraban en la cubierta cubiertos por unas pesadas mantas. Festejando a los gritos, la tripulación los rodeó. Algunos le palmeaban la espalda y otros los sacudían y se reían aliviados. Warwick no paraba de secarse los ojos mientras no dejaba de exclamar que ya habían perdido al esperanza de encontrarlos con vida.

  –?Silas!–en cuanto Tavia la liberó, Olivia corrió hacia él y lo abrazó con una fuerza similar al de las olas que estuvieron a punto de ahogarlo –. ?Lo siento tanto! ?Lo siento tanto!

  Silas frunció el ce?o al escuchar sus sollozos.

  –Pero no fue tu culpa.

  Ella levantó su cara roja e hinchada hacia él. Ríos de lágrimas bajaban por sus mejillas.

  –?Intenté llamarlas! ?Lo hice! ?Les pedí ayuda!

  –Pero habías dicho que...

  –?Te estabas ahogando! ?No podía quedarme sin hacer nada! ?Pero ellas no respondieron!

  Algunos rostros la observaron con preocupación, pensando que la angustia la había hecho enloquecer.

  –?Silas! ?Estás vivo! –antes de que pudiera hacer algo, Penn, Finn, Vinnie y Katty se lanzaron sobre él y Olivia hasta hacerlos tambalear. Silas se soltó de la muchacha y terminó cayendo de espaldas mientras los ni?os continuaban saltando arriba de él. Milo y Rufus también estaban allí pero lo único que hicieron fue alzar los pu?os en se?al de aprobación.

  –?Si la tormenta no lo mató, lo van a hacer ustedes! –gritó Tavia tratando de arrancar a los ni?os de Silas aunque, mientras lo ayudaba a levantarse, él notó que la pirata tenía los ojos rojos.

  –?Cómo diablos lograron sobrevivir? –preguntó Rufus ansioso intercalando su mirada entre Silas y Jasper –. No había manera de que la tormenta no los ahogara. ?Se encontraron con sirenios?

  – No, me temo que ningún sirenio –Jasper sacudió la cabeza y plantó una mano sobre el hombro de Silas –. Este muchacho se transformó en ballena y nos rescató a los dos.

  Una ola de alaridos y aplausos eufóricos recorrió la cubierta. Olivia se había quedado de boca abierta y le brillaban los ojos. Bronto, con su espalda apoyada en el mástil y sus brazos cruzados, era el único que se mantenía callado y con sus ojos fijos en el capitán. Los ni?os insistieron en que les contaran todo lo que había ocurrido pero, antes de que Jasper pudiera comenzar, Silas comenzó a estornudar. La brisa del mar se colaba bajo la manta y le causaba escalofríos de pies a cabeza. Tavia los interrumpió y comenzó a empujarlos para que fueran a ponerse ropa seca.

  Mientras se dirigían a sus camarotes, Silas le dirigió una mirada furiosa a Jasper.

  –No me mires así –le susurró el capitán–. Realmente te transformaste. Si no quieres mentir por mí, al menos miente por la manada cuya existencia nadie debe conocer.

  –?Qué hay de Bronto?

  –Pues deberé hablar con él... La ventaja de ser amigo de un sirenio es lo fácil que uno puede compartir los recuerdos con alguien de su raza. Entenderá por qué debo ocultarlo al resto de la tripulación.

  Ambos se dirigieron al camarote de Jasper y buscaron algo de ropa para Silas. Ya vestidos, Jasper pidió que les llevaran al almuerzo y así estuvieron los dos tranquilos un rato masticando en silencio. Tras asegurar la puerta, Jasper se había quitado la máscara y se había repantigado sobre la silla con una expresión cansada pero relajada.

  Después de que Silas hubiera engullido su porción de pescado en unos pocos bocados, Jasper tomó su plato y le sirvió aún más.

  –Así estarás más fuerte para tu próxima transformación –le dijo de buen humor y Silas temía que comenzara a hablarle sobre lo que harían una vez llegados a Bahía del Kraken pero Jasper no hizo nada de eso. Quizás no quería presionarlo y el muchacho lo agradeció.

  En cambio, el capitán se puso a recordar sobre sus primeras transformación con lujo de detalles con la guía de su bisabuela, riéndose de sus infructuosos intentos y cómo solía asustar a sus primos cada vez que adoptaba formas grotescas que les producían pesadillas. A veces incluso no lo hacía por error, sino a propósito. Una vez se había convertido en un ni?o pulpo cuyas dos manos se habían dividido en ocho tentáculos con dedos en las puntas. En otra ocasión sus caninos se habían alargado como colmillos de morsa y más tarde se le ocurrió pasearse por la casa con una cabeza de tiburón, cosa que se le hizo difícil porque enseguida entró en pánico cuando se dio cuenta de que sus branquias lo obligaban a volver al agua y el susto le impidió volver a transformarse. Su padre tuvo que salir corriendo con él en sus brazos y tirarlo en el agua antes de que se asfixiara. Su bisabuela se pasó el resto del día rega?ándolo, ya que esa no era manera de usar su poder. Como castigo le prohibió transformarse por un mes entero y si lo hacía ella se daría cuenta y dejaría de ense?arle.

  Alguien tocó a la puerta y a insistencia de Warwick y el resto de la tripulación, abandonaron la cabina. Habiendo sobrevivido a la tormenta y recuperado a su querido capitán, todo el mundo se mostraba más relajado y querían escuchar con todo lujo de detalles lo que había ocurrido en esas horas tan oscuras. Incluso los ni?os se mantenían tranquilos mientras escuchaban a Jasper describiendo la transformación de Silas y cómo montado en su lomo ambos habían surcado la tormenta, debiendo sumergirse cada tanto para evitar las olas. Para vergüenza de Silas, también dijo que había sido él quien había llamado a las ballenas que lo habían guiado hasta el barco.

  Como no podía soportar aquella farsa, decidió quedarse callado. Jasper se burlaba de él diciendo que no quería hablar porque era muy humilde y todo el mundo se comía cada cosa que salía de su boca.

  Cada tanto, Silas no podía evitar girar la cabeza hacia Bronto. El sirenio seguía sintiéndose algo débil, sobre todo por el esfuerzo de la noche anterior, por lo que había cedido el timón a otro marinero, pero no volvió a su camarote, sino que se sentó en el suelo con las piernas estiradas y su espalda apoyada sobre unas redes, mientras escuchaba con atención.

  –Así que, capitán... –comenzó a hablar el sirenio cuando Jasper hubo terminado –. Resulta que al final nuestro hermano quimera no necesitaba ser salvado.

  –Pues parece que no... –replicó Jasper con un tono avergonzado que hizo reír a unos cuantos–. Al final fui yo a quien salvaron...

  –Realmente, una plan suicida... estúpido, en mi opinión– Bronto lo estaba provocando a propósito pero Jasper no le hizo caso.

  –Pues, sí, ha sido muy estúpido, pero realmente no estaba pensando cuando salté al agua.

  –Eso es bastante raro viniendo de usted, capitán –se?aló Bronto.

  –Raro en verdad... –repitió Warwick pensativo, rascándose la barba.

  –No veo que tiene de raro preocuparse en salvar una vida –gru?ó Jasper y el resto de la tripulación se puso de su parte.

  –De todas maneras... – Bronto carraspeó –. Silas no ha sido el único que ha hecho algo increíble... Usted también...

  –?Ah, sí?

  –Debió haber sido difícil mantener la respiración tanto tiempo... Me atrevo a decir que tiene buenos pulmones.

  –Ah, sí, claro, fue una tortura... pero Silas se mantuvo a flote lo suficiente. Creo que mi sangre pirata me ayudó también a resistir...

  –Menos mal que su impulsiva decisión no evitó que recordara quitarse la máscara – el sirenio sonrió.

  –?La máscara! –exclamó Warwick llevándose ambas manos a la cabeza y girándose hacia Silas –. ?Muchacho! ?Eres el primero en ver el rostro del capitán!

  Silas observó cómo Olivia se sonrojaba. Ella también conocía el verdadero rostro de Jasper pero nadie notó nada raro. Todos los ojos estaban puestos en Silas que no sabía qué esperaban que dijera.

  –?Y bien? – lo apuró Tavia.

  –?Y bien qué? – preguntó Silas.

  –?Cómo es el rostro del capitán?

  –Se dan cuenta que estoy aquí presente ?no? – dijo Jasper molesto pero a nadie le importó y se mantuvieron expectantes de la próxima palabra que saliera de la boca de Silas que se quedó pensativo un instante.

  –Lo único que puedo decir... – respondió finalmente y tomándose su tiempo– para no traicionar a su capitán... es que él, en realidad, tiene una cara bastante grotesca...

  Por un momento sólo se escuchó el rumor del mar mezclado el viento que acariciaba las velas.

  –?Ja! – exclamó Tavia–. ?Lo sabía! Warwick, es hora de pagar.

  –?Pero si no ha dicho nada! –protestó el contramaestre.

  –La apuesta era sobre si era feo o no, ahora lo hemos confirmado –ella estiró la mano y Warwick, murmurando maldiciones, sacó unas monedas de uno de sus bolsillos. Tavia continuó con el resto de la tripulación solicitando el pago de la apuesta.

  –?Hace cuánto que están apostando sobre mi cara? – el pico de Jasper giraba de un lado a otro.

  Warwick resopló.

  – Pues, desde que Tavia se unió a la tripulación...

  – ?O sea que han mantenido esta apuesta por a?os! – rugió el capitán.

  – ?Exacto! –exclamó Tavia triunfante alzando dos bolsas llenas de monedas–. ?Todo el mundo estaba convencido de que usted era un criminal ocultando su identidad! ?Pero yo estaba segura que lo hacía sólo por vanidad!

  Tavia se acercó por último hasta Bronto quien la miró con un obvio descontento pero por fin accedió a entregarle sus monedas.

  –?Yo no soy ningún criminal! – exclamó Jasper indignado.

  –?Y ahora lo sabemos! –replicó Tavia –. Así que por eso nunca ha tenido pareja. ?Está avergonzado de su apariencia!

  Varios piratas sacudieron la cabeza.

  –?Quién te dijo que nunca tuve pareja?

  –?Pero, capitán! –protestó Warwick–. A nadie le importa su rostro, lo queremos tal como es... No tiene por qué vivir aferrado a esa máscara ocultándose del mundo.

  El pico de Jasper apuntó a Silas quien apretaba los dientes para no dejar escapar una carcajada. Olivia también se contenía tapándose la boca con una mano, lo cual lo hacía tentarse aun más.

  Jasper, derrotado en su propio juego, dejó escapar un pesado suspiro.

  –No es fácil para mí, Warwick, me tomará un tiempo.

  El contramaestre plantó una mano en el hombro de su capitán.

  –Lo entendemos, capitán, nadie lo obligará a hacer lo que no quiere, pero sepa que todos lo apoyamos... ?Maldita sea, Tavia, deja ya de bailar! ?Ten un poco de consideración! –gritó de repente al ver que su subordinada no paraba de girar sobre la cubierta al ritmo del tintineo de las monedas.

  La tripulación se dispersó y cada uno volvió a sus tareas. Una repentina pesadez le indicó a Silas que necesitaba descansar por lo que se dirigió hasta el camarote. Olivia lo siguió mientras los ni?os se quedaban en la cubierta ayudando a Tavia a contar las monedas de su apuesta.

  –Me pregunto que pasará si algún día Jasper decide contarles la verdad –se reía Olivia entre suspiros de agotamiento mientras se recostaba en su litera.

  –Me preocupa más que hará Tavia conmigo... –murmuró Silas con los ojos caídos de sue?o.

  Ella le sonrió desde su litera.

  –Estoy muy feliz por ti, sabría que recuperarías tu poder.

  Silas se removió incómodo.

  –Ha sido con ayuda de Jasper. Fue él quien se transformó primero para salvarme y luego me ayudó a mí a hacerlo.

  –Me parecía que había algo en la historia que no cuadraba... pero, Silas, con o sin ayuda es un gran logro.

  Silas se encogió de hombros sin decir nada.

  –?Cómo se sintió? –le preguntó ella.

  –Increíble... – suspiró Silas.

  Más que increíble, fue como si por primera vez se sintiera conectado con algo más grande. Había sido una experiencia muy distinta a cuando los sirenios lo ayudaron a transformarse. Se sentía peque?o pero también vasto, gigante. Era parte del tejido de un gran todo. Lo que tantas veces le habían explicado sus mayores, ahora lo había sentido de verdad.

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  –Suena hermoso... –Olivia se removió entre sus mantas como si sintiera frío–. Estaba muy asustada... pero al final no necesitabas que te salvara... Fue una suerte que las brujas no aparecieran.

  –No tengo problema en que me salves de vez en cuando... –Silas tragó saliva–. Ya estoy acostumbrado.

  –Tú también puedes salvarme de vez en cuando – le volvió a sonreír y tras un rato de silencio Olivia volvió a hablar –. ?Silas?

  Silas ya casi dormido hizo una especie de sonido que ni él mismo entendió.

  –?Algún día me podrías contar algo sobre tu manada? –preguntó Olivia.

  No supo qué le respondió al final porque mientras lo hacía cayó derrotado por el sue?o.

  Los dos días siguientes transcurrieron con normalidad aunque todo el mundo permanecía alerta en caso de que una tormenta volviera a sorprenderlos. Para entonces los ni?os ya se habían vuelto unos expertos navegantes que se desenvolvían con soltura bajo las órdenes de Tavia. Bronto y Jasper se habían pasado un largo rato conversando en el camarote y cuando salieron continuando actuando como si nada. Jasper le contó a Silas que al sirenio no le había caído nada bien que no hubiera confiado en su tripulación pero tras una larga discusión y un poco de magia sirenia de por medio lograron entenderse.

  Olivia no le había vuelto a insistir sobre el asunto de su manada pero el capitán no dejaba de perseguirlo para continuar describiéndole todas las maravillas de la bahía del Kraken. Silas no le había confirmado nada acerca de su decisión pero Jasper parecía muy seguro, lo cual le producía un nudo en la garganta. Quizás debía prepararse en el caso de que los híbridos no quisieran recibirlo.

  Tres días después de la tormenta, Silas, Olivia y los ni?os se despertaron con el repiqueteo intenso de la campana que los puso de inmediato en alerta. Sabían que no era el cambio de turno pero tampoco había signos de tormenta alguna. Algo más estaba ocurriendo.

  –?Hemos llegado a destino!– Warwick los estaba esperando en la cubierta con una sonrisa de oreja a oreja y agitando los brazos.

  Todos miraron en dirección a la proa y corrieron hacia allí pero al llegar allí se quedaron de piedra. Silas entrecerró los ojos, pensando que su vista le estaba fallando o quizás todavía estaban demasiado lejos.

  –?Dónde está la isla –preguntó Olivia.

  Frente a ellos se extendía un vacío de agua. Ninguna isla a la vista. Ni siquiera un pedazo de roca que sirviera de referencia.

  Sin embargo, la tripulación continuaba con las maniobras. Warwick ordenó que bajaran anclas y el barco quedó detenido en medio de la nada. La respiración de Silas se agitó pensando que los piratas se estaban burlando de ellos.

  Jasper se acercó a ellos con las manos en los bolsillos.

  –?Dónde está la isla? – le preguntó Silas furioso

  Jasper alzó su pico.

  –La tienes delante de ti.

  –?Ahí no hay nada! – rugió la joven quimera.

  Jasper inclinó la cabeza y Silas escuchó un ahogo detrás de la máscara. Se estaba riendo pero antes de que pudiera comenzar a insultarlo volvió a hablar.

  –Oh, sí, lo hay. Sólo que todavía no podemos verla.

  –?Cómo? – preguntó Olivia.

  –Un portal protege la isla – explicó el capitán –. Es una especie de muralla mágica que la hace invisible para los forasteros. Los híbridos se toman muy en serio su aislamiento.

  Silas se volvió hacia la proa, todavía incapaz de creer lo que le estaban diciendo.

  –?Y cómo se supone que vamos a llegar si no podemos verla?

  –Necesitamos pedir permiso y para eso debemos esperar–explicó Jasper–. Ahora nos encontramos en el punto exacto. Nosotros no podemos verlos pero ellos sí a nosotros. Enviarán a alguien cualquier momento. Ojalá no sea Moryabeth –gru?ó al final.

  –?Quién es Moryabeth?

  –Nuestra querida inspectora de aduanas... –replicó el capitán con ironía–. Ya la conocerán.

  –?Qué pasa si entramos sin permiso? –preguntó Rufus y la alarma corrió entre los piratas al escuchar eso. Varios dejaron caer los objetos que llevaban en la mano y un par de ellos chocaron entre sí.

  –?No vamos a entrar sin permiso! –exclamó Jasper tratando de calmarlos y luego suspiró–. Como ya dije, es más que una simple muralla, es un portal. Los híbridos lograron crear un gigantesco artefacto que no sólo impide que entremos sin permiso a la isla sino que, en caso de que desobedeciéramos y siguiéramos adelante...

  –El portal engulliría al barco completo y podríamos terminar quién sabe donde –terminó Warwick.

  –?Eso qué quiere decir?

  –Justamente eso. Muchos barcos lo han intentando y han terminando en los lugares más insólitos –el contramaestre se rascó la barba, nervioso–. Depende de con qué humor estén los oficiales. Si justo los encuentras en un mal día pueden enviarte al otro lado del mundo. A nosotros, en realidad, ya nos pasó una vez...

  –Sí, sí, no me lo recuerdes... – gru?ó Jasper.

  –Uh, sí, yo conozco esa historia–silbó Tavia.

  –?Tú ni siquiera estabas presente! –exclamó Jasper.

  –?Pero me lo contaron! Cada pirata de la Liga conoce la historia!

  A pedido de los ni?os, Warwick y Tavia pasaron a narra un episodio que había ocurrido poco después de que Jasper hubiera sido nombrado capitán del Heraldo Vagabundo. Era la primera vez que se encontraba de frente con la famosa Moryabeth, oficial de aduana, quien rechazó la entrada del barco debido un cargamento no permitido que se encontraba en el barco: una especie de planta exótica que, de acuerdo con los reglamentos híbridos, podía causar problemas entre la flora autóctona de la isla. Moryabeth le había solicitado que se deshiciera del cargamento antes de entrar a la isla, lo cual a final Jasper hizo aunque no sin antes tener una acalorada discusión con la oficial.

  –Era un regalo para mi madre... –les murmuró Jasper molesto a Silas y Olivia–. No le costaba nada permitirme entrar con una simple maceta...

  Una vez tirada la planta por la borda, se suponía que tenían permiso de entrar. Moryabeth, sin embargo, había decidido darle una lección al joven y arrogante capitán, por lo que, una vez que atravesaron el portal, se encontraron con que en realidad la híbrida los había enviado directo a isla Castigo.

  –?Y no a la orilla precisamente! – se reía Warwick y junto con el resto de la tripulación, muchos de los cuales se llevaban las manos al estómago–. El barco quedó varado en medio de un pueblo y estuvimos días arrastrándolo hasta devolverlo al mar.

  –Dicen que les pidieron ayuda a los magos –agregó Tavia.

  –?Jamás! –exclamó a coro los piratas.

  –Entre todos los miembros de la tripulación arrastramos paso a paso el condenado barco hasta el agua –dijo Warwick cruzándose de brazos–. Desde entonces Jasper no ha sido más que amable con nuestra querida Moryabeth.

  –A todo esto... –dijo Jasper pensativo levantando su pico hacia el cielo –. Ya deberían estar aquí.

  Los demás siguieron con la mirada el punto donde apuntaba pero no vieron nada. Pasó un rato más mientras cada uno se iba a buscar su desayuno pero entretanto no se escuchó ninguna alerta del vigía.

  –Bastante raro –murmuró Warwick cuando Silas se acercó a él en la proa. El contramaestre no dejaba de observar el lugar donde se suponía que debía aparecer la isla. Se giró y le gritó al capitán:

  –?Capitán! ?Recuerda lo último que le dijo a Moryabeth la última vez?

  –?Esta vez yo no tengo nada que ver, Warwick! –grito el capitán indignado–. ?Hace meses que no pisamos este sitio!

  Warwick suspiró y luego le murmuró a Silas:

  –Seguro que le dijo algo que la molestó y Moryabeth no se lo ha olvidado todavía.

  Así llegó la hora del almuerzo, luego la tarde y por fin la noche sin ninguna se?al de los híbridos. Silas incluso vio cómo Bronto usaba su magia para crear una enorme burbuja. El sirenio le explicó que era así cómo enviaban mensajes a través del agua y cuando animó a Silas a que la tocara la quimera pudo sentir que pese a lo delicada que parecía su textura era tan dura como la de un cristal. Bronto entonces la tiró al agua. La burbuja no podría pasar por sí sola el portal pero sí podría enviar una alerta a los híbridos cuando entrara en contacto con este.

  Sin embargo, no fue hasta la tarde del día siguiente cuando todo el mundo se encontraba en estado de letargo cuando el vigía hizo sonar la alarma:

  –?Alas en el cielo! ?Tres figuras se aproximan desde el este!

  Silas y Olivia abandonaron el juego de cartas que habían comenzado con los ni?os y fijaron su vista en el cielo. En efecto, tres sombras, envueltas entre las nubes se fueron acercando hasta tomar forma y convertirse en seres alados del tama?o de una persona que fueron aterrizando en medio de la cubierta.

  Arpías.

  Los dos jóvenes se acercaron todo lo que pudieron para observarlas sin perder detalle. Una de ellas tenía plumas de un verde pálido, excepto por la punta de sus alas que eran de color azul; la segunda era de color anaranjados y puntas negras; y la tercera de un rosado fuerte con reflejos dorados.

  Antes de aterrizar, batieron sus alas una última vez, y con una torsión elegante del torso amortiguaron su descenso. Sus garras, afiladas como anzuelos, se clavaron con firmeza en la cubierta haciendo crujir la madera del barco bajo su peso. Sin embargo, Silas no pudo dejar de notar como la arpía de plumas verdes tambaleaba un poco como si de repente se hubiera mareado.

  Al enderezar sus cuerpos, notaron lo esbeltas y altas que eran, probablemente dos cabezas más que un humano promedio. Sus ojos eran oblicuos, de un gris oscuro y tormentoso. Su rostro era alargado con pómulos afilados y narices puntiguadas, similar a los elfos, aunque su mirada expresaba una rudeza contenida. Excepto por la cara, del mismo color que su plumaje pero un tono más pálido, el resto de la cabeza y cuello estaba recubierto por una fina capa de plumas. Sus brazos, largos y fuertes, estaban unidos a sus alas y terminaban en manos largas de u?as filosas.

  Iban descalzas pero vestían uniforme: chalecos y pantalones cortos de color gris, con botones de plata. Olivia le hizo notar a Silas en ese momento la insignia que llevaban bordada en los chalecos a la altura del pecho:un anillo formado por seis círculos entrelazados, como los eslabones de una cadena, con una llama en el centro. El emblema de la Hermandad.

  La arpía de plumas verdes comenzó a hablar primero:

  –Tripulantes del Heraldo Vagabundo, antes de cruzar el velo deberán presentar un manifiesto completo y una declaración de intenciones. Toda carga será verificada y el acceso a la Hermandad será evaluado tras la inspección correspondiente —continuó con voz cortante—. Cualquier objeto, criatura o planta de aspecto sospechoso deberá ser evaluado antes de su ingreso. La omisión de información o la negativa a cooperar constituirá motivo suficiente para negar el acceso mientras que la embarcación… podrá ser redirigida fuera de las aguas protegidas de la Hermandad.

  –?Ella es Moryabeth? – le susurró Olivia a Warwick y este negó con la cabeza.

  –Moryabeth es la de plumas rosadas. Las otras dos son sus subordinadas.

  Fue ahí que Silas notó que, a diferencia de las otras dos arpías, la insignia de Moryabeth era dorada, indicando su rango superior. La expresión de su cara era mucho más severa en comparación con las otras dos.

  –Bienvenida de nuevo a mi barco, Moryabeth – Jasper se adelantó hacia ella que se mantenía tiesa y altiva como una estatua mientras su subordinadas comenzaban la inspección del barco. Tavia y Warwick las acompa?aron.

  Los finas fosas nasales de Moryabeth se ensancharon como si estuviera olfateando algo que le producía asco.

  –Falso pajarraco –la arpía le dirigió una intensa mirada de disgusto–. Ya veo que pese a mis reclamos aún no has renunciado a portar esa ridícula máscara e insistes en continuar insultando a nuestras hermanas aves.

  –Tan simpática como siempre, Moryabeth... Yo lo veo más bien como un homenaje...

  –No veo qué tiene de homenaje un humano queriendo hacerse pasar por algo que no es.

  Silas observó cómo Jasper apretaba los pu?os.

  –Moryabeth... en otro momento estaría dispuesto a continuar este interesante e interminable debate pero estoy algo apurado... Verás, hemos estado anclados por más de un día y no entendemos la razón... A estas alturas el Heraldo Vagabundo debería...

  –Nos encontramos en estado de alerta –lo interrumpió la arpía –. Ese es el motivo de por qué no hemos venido antes.

  Jasper hizo una pausa antes de continuar.

  –?Qué ha pasado?

  –No sabemos – la mirada de Moryabeth se oscureció aun más –. Toda la isla se ha visto afectada por una extra?a enfermedad.

  –?Toda la isla?

  La arpía asintió.

  Jasper se dio la vuelta y por un breve instante su mirada se posó en Silas y Olivia. Luego se volvió hacia Moryabeth.

  –?Puedes describir la enfermedad?

  La arpía pasó a explicarle cómo de una manera misteriosa todos los híbridos habían caído presa de un dolor inexplicable que los quemaba por dentro. La enfermedad había atacado de golpe, sin mostrar síntomas ni heridas visibles. Nadie sabía cómo tratarla y ni siquiera los sanadores tenían la fuerza suficiente para hacerse cargo. Los más afectados apenas podían moverse y debido a eso la isla se había sumido en un caos que había durado varios días. Ella misma se había visto sorprendida mientras volaba hacia su casa y el dolor la hizo precipitarse entre los árboles, quedando tendida en el suelo hasta que fue capaz de arrastrarse y fue encontrada por unos vecinos que apenas se estaba recuperando de lo que les había sucedido.

  Nadie se había escapado del contagio y toda actividad se había visto forzosamente suspendida. Por unos días, todo había sido un caos. El Senado no se había reunidos, los mercados y calles se encontraban vacíos, los hogares y los talleres se encontraban cerrados. Apenas una par de días antes la isla comenzaba retomar su ritmo habitual. De ahí la razón de por qué habían tardado en acudir hasta el barco.

  –El portal, por fortuna, siguió funcionando –una sombra de temor cruzó el rostro de la arpía –. No quiero ni pensar lo que hubiera sucedido si un barco hubiera arribado a nuestro costas mientras nos encontrábamos en una situación tan comprometida.

  –?Qué hay de Bhoriax? –preguntó Jasper.

  –Aunque lo supiera no tendría autorización de revelar esa información.

  Fue ahí que Bronto se interpuso entre ellos.

  –Con su permiso, hermana Moryabeth, necesito corrobar algo –Bronto extendió su mano a hacia la arpía. Moryabeth dudó un momento pero finalmente posó su mano emplumada sobre su palma y dejó que los gruesos dedos del sirenio la envolvieran. Una líneas transparentes y líquidas rodearon el brazo de Bronto y treparon por el ala de la harpía. Este era el método, le explicó Olivia, que los sirenios utilizaban para transmitir sus recuerdos a otros seres.

  Permanecieron así un largo instante hasta que la arpía se soltó de golpe echándose para atrás, sorprendida. Sus ojos grises se agrandaron.

  –?Tú también lo sentiste!

  –Sí – afirmó Bronto –. Y me atrevo a decir que el resto de los sirenios también, por eso no hemos podido contactarnos con las tribus del Mar Libre.

  –?Qué cosa pudo haber sucedido para que tanto híbridos como sirenios lo hubieran sentido?

  Bronto se giró hacia Jasper pero este no dijo nada. Silas supuso que para entonces el capitán le había confesado al sirenio que él también lo había sentido. De todas maneras, continuaron hablando con la arpía sobre lo sucedido e intercambiando algunas hipótesis.

  Silas se estaba cansando de escuchar y se preguntaba cuándo Jasper mencionaría el asunto de su entrada a la sila cuando la arpía posó sus ojos grises en él.

  – Así que, falso pajarraco... ?pensaste que no me iba a dar cuenta de que tienes una quimera en tu barco?

  Silas se congeló en su lugar y con el corazón golpeándole con fuerza se acercó lentamente hacia ellos mientras la arpía no le quitaba un ojo de encima. Olivia lo siguió.

  Para entonces, las otras dos arpías habían vuelto y se había ubicado detrás de su superiora.

  –Zaihkra – dijo Moryabeth.

  La arpía de color anaranjado se giró hacia ella.

  –Jefa.

  –?Decía el manifiesto algo de una quimera escondida en el barco?

  –Nada que se le pareciera.

  –Bien – Moryabeth suspiró –. Me temo, falso pajarraco, que esto constituye una omisión que no puedo dejar pasar.

  –Moryabeth... escúchame –la voz de Jasper sonaba suplicante–. No era nuestra intención ocultarlo, estábamos a punto de decírtelo.

  Jasper pasó a explicarle lo sucedido en Abrazo de Tormenta y cómo Silas había llegado hasta ahí. También mencionó que aquello era parte de un plan de Rovenna Astra para evitar que el Consejo capturara a la quimera.

  –Y esta chica – Jasper se?aló a Olivia – es ni más ni menos que Olivia de Rocasombra, hija del Guardián del Círculo.

  Las arpías intercambiaron miradas.

  –Deberé consultarlo con mis superiores –dijo por fin Mortyabeth–. Mientras tanto deberán esperar en la bahía del Kraken. Quedarán bajo tu supervisión, falso pajarraco.

  Silas le dirigió una mirada apremiante a Jasper y este suspiró.

  –Tenía la esperanza de ver a Bhoriax... sobre un asunto...

  La arpía sacudió la cabeza.

  –Puedes atracar en la Bahía del Kraken y enviar tu solicitud desde allí.

  –Me temo que no podré quedarme tanto tiempo. Solamente nos aprovisionaremos y emprenderemos viaje a Rebelión en cuanto podamos. Debo presentarme ante la Asamblea de Capitanes sin demora y dar mi testimonio sobre lo sucedido en Abrazo de Tormenta.

  –Ese es tu problema, no el mío.

  Jasper resopló.

  –Nunca me haces las cosas fáciles.

  Bronto volvió a interrumpirlos.

  –Quizás podríamos acelerar el proceso si la quimera estuviera dispuesto a compartir sus recuerdos –le sugirió a la arpía –. Yo puedo hacer de enlace.

  La arpía asintió y extendió su mano nuevamente. Bronto la agarró y luego extendió su otra mano hacia Silas que lo observaba con sospecha.

  –No te preocupes –le murmuró Bronto–. Ella no puede leerte la mente. Sólo puedo mostrarle lo que tú estés dispuesto a revelar.

  Silas asintió y tomó la mano de Bronto. Líneas de agua se extendieron por ambos brazos del sirenio llegando hasta Silas y Moryabeth. Silas cerró los ojos y se concentró en todo lo que había sucedido desde que había abandonado la monta?as. Comenzó con sus vivencias en el castillo de Rocasombra, cómo había sido rescatado por Olivia, la caba?a de Barthra, su encuentro con Daephennya, su transformación en orca, su viaje a través del reino humano, lo sucedido con las brujas, la pelea entre Eldrin y Rovenna y finalmente su llegada a Abrazo de Tormenta.

  Llegado a ese punto, estuvo a punto de soltar la mano de Bronto. Todo eso debería ser suficiente para convencer a la arpía.

  Pero, ?qué tal si eso no lo era? Silas sospechaba que lo ocurrido en el continente no sería de interés para los híbridos. No, tenía que revelarle algo más.

  Y así lo hizo. El torrente de recuerdos continuó fluyendo hasta que llegó a la parte en que Silas realizaba el pacto con la bruja y el mundo alrededor se deshacía al tiempo que adoptaba la forma de la quimera original.

  Sintió cómo Bronto soltaba su mano y cuando abrió los ojos el sirenio lo miraba con una mirada aterrada. Había intentado cortar el enlace pero ya era tarde. Respiraba agitado al igual que la arpía que se había llevado una mano al pecho y lo observaba como si lo viera por primera vez.

  Jasper se adelantó.

  –?Qué ha pasado?

  –Tú... –Moryabeth lo se?aló a Silas con sus afilados dedos.

  –?Sí, fui yo! – exclamó Silas –. ?Yo he violado el Sello del Dragón!

  Olivia corrió hacia él y lo zarandeó de un hombro.

  –?Silas! ?Qué le has mostrado?

  El pecho de Moryabeth se infló como un globo.

  –Silas, la quimera, y Olivia de Rocasombra –dijo la arpía con voz profunda y grave. Sus ojos chispeaban como si dentro de ellos chisporrotearan rayos–. Desde ahora quedan bajo arresto por conspirar contra el equilibrio del mundo mágico, hasta que el Senado de la Hermandad de la Isla estipule cuál será su castigo.

  Dicho esto las otras dos arpías se elevaron en el aire y cada una clavó sus garras en los hombros de Olivia y Silas quienes quedaron con los pies colgando mientras a gran velocidad se fueron alejando del barco.

  La tripulación intentó intervenir pero la voz autoritaria de Jasper se impuso para impedir que la situación empeorara. Su mirada de decepción se cruzó con la de Silas quien no pudo evitar sentir una punzada de culpa.

  –?Aquellos que intenten desafiar esta orden enfrentarán consecuencias severas! –gritaba la arpía.

  Haciendo caso omiso de sus palabras, Milo, Rufus y el resto de la pandilla escalaron por el mástil tratando de alcanzarlos pero ya no había manera de que pudieran hacer algo. Silas observó cómo Katty se había refugiado llorando en los brazos de Tavia. Warwick se encontraba al lado de ellas con la cabeza caída.

  Silas lamentaba que debieran separarse de esa forma tan abrupta pero no había otra manera. No podían seguir esperando.

  A medida que ascendían, el barco se fue haciendo cada vez más peque?o y desapareció tras un manto de nubes.

  De repente, se escuchó un sonido estruendoso, como si algo se rasgara y el firmamento se abrió como un tejido que ha sido cortado por un cuchillo. A través del agujero, Silas atisbó grandes acantilados rodeados de rocas que se erigían como colmillos y luego una densa vegetación.

  El viaje había terminado. Habían llegado a destino.

  Ahora cabía esperar por ver qué harían los híbridos con ellos.

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