Había pasado un día desde aquella noche en que las lágrimas fueron más fuertes que las palabras.
El amanecer trajo un aire distinto, un silencio cargado de propósito. Los chicos ya no podían seguir quietos. Había algo que debían hacer… encontrar a Zharet y pedirle perdón.
Kaelion fue el primero en despertar.
El sue?o no le había dado descanso; su mente seguía repitiendo una y otra vez aquel momento, las palabras que no debió decir, el rostro de Zharet alejándose en silencio.
Apretó los pu?os y se levantó.
—“Fui su alumno… y lo traicioné.” —murmuró, decidido—. “No puedo quedarme así.”
Tomó su capa, su espada y salió de casa. El aire fresco golpeó su rostro, pero antes de dar un paso más, una voz familiar lo detuvo.
—“Sabía que te levantarías temprano.”
Era Eisvard, esperándolo frente a la puerta con una sonrisa desafiante.
—“?Qué pasa, viejo? ?Acaso creías que me dejarías atrás otra vez?”
Kaelion suspiró, aunque no pudo evitar una ligera sonrisa.
Eisvard cruzó los brazos, provocador:
—“Venga, una peque?a pelea para calentar. El grupo necesita energía, ?no?”
Kaelion lo observó unos segundos, entendiendo su intención. Eisvard no buscaba pelea… buscaba levantar el ánimo.
Así que asintió.
Los dos chocaron sus manos, y en cuestión de segundos el suelo temblaba con el sonido de sus golpes. Entre risas y gritos, recordaron lo que era pelear por diversión, no por dolor.
Por unos minutos, el peso de la culpa desapareció.
This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there.
Después, fueron por Noli, que terminaba de alistarse.
—“?Vamos, dormilón!” —gritó Eisvard desde la entrada—. “?O se te pegaron las sábanas?”
Noli alzó una ceja y respondió con media sonrisa:
—“Perdón si me tardo, algunos sí se ba?an antes de salir… no todos parecen atropellados por un camión.”
El grupo se quedó en silencio por un segundo, y luego estalló en risas.
Era la primera vez que se reían así desde la muerte de Lyra.
Por un instante… parecía que todo volvería a estar bien.
Su siguiente parada fue la casa de Lyra.
La sorpresa los tomó desprevenidos: ya estaba lista, esperándolos en la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa victoriosa.
—“?Qué pasa, chicos? ?Una chica les ganó esta vez?”
Noli resopló fingiendo fastidio, mientras Eisvard murmuró algo que nadie entendió.
Kaelion simplemente sonrió, observándolos a todos juntos otra vez.
—“Bien… ya estamos completos.”
Y así, sin mirar atrás, comenzaron su viaje.
No sabían cuánto tardarían ni lo que encontrarían, pero cada paso que daban estaba lleno de determinación.
Era hora de enmendar lo que habían roto.
Mientras tanto, en el laboratorio subterráneo, Nymeria trabajaba sin descanso.
El zumbido de las máquinas resonaba como un corazón mecánico.
Frente a ella, el cuerpo metálico de Reaper —el robot que una vez casi los destruyó— estaba casi reparado. Sus tres módulos, los mismos que los habían puesto al borde de la muerte, ahora estaban sincronizados otra vez, solo que… con un núcleo diferente.
Uno que brillaba en tonos celestes, como si tuviera un alma.
Nymeria lo observaba con una mezcla de esperanza y miedo.
—“Reaper ya no existe… ahora eres Heart. No una máquina de destrucción, sino un guardián.”
El robot emitió un sonido suave, casi un suspiro.
Nymeria sonrió débilmente.
—“Aún falta poco… y luego vendrá ella…”
Su mirada se desvió hacia la cápsula donde dormía el cuerpo de Lyra.
El brillo del contenedor reflejaba sus ojos cansados, pero llenos de una determinación silenciosa.
Y muy, muy lejos de allí…
Kael avanzaba entre las ruinas de un territorio olvidado.
El aire era denso, el suelo cubierto de ceniza. Cada paso que daba resonaba con ecos de antiguas batallas.
Ya no era el mismo. Sus ojos, antes serenos, ahora estaban fríos; su alma cargaba cicatrices que nunca sanarían.
Había dejado atrás la piedad.
Mientras se dirigía hacia su objetivo, un sonido lo detuvo.
Provenía de un edificio abandonado, medio cubierto por la niebla.
Se acercó lentamente, con la mano sobre su espada.
Y cuando miró dentro, su cuerpo se tensó.
Sus ojos se abrieron con furia pura.
Lo que vio allí…
hizo arder su sangre como nunca antes.
—“No…” —murmuró entre dientes—. “Esto… no puede ser.”
El aire se volvió pesado, y la escena se ti?ó de un rojo silencioso.
El rugido de su alma resonó en la oscuridad.
Algo estaba a punto de romperse.
Fin del capítulo.

