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Primera Lección: El Precio del Poder

  Andrew no sabía qué más esperar. Siempre supo que los robots eran algo real —su madre era un cyborg—, pero esa tal Penny no lo parecía. Aunque olía a metal y algo más, caminaba y hablaba con naturalidad. En ese momento, susurraba con Susano.

  Andrew tragó saliva. Las escaleras estaban muy limpias, nada que ver con esas películas de terror tontas que tanto le gustaban a Ashley. El lugar estaba bien ventilado, los pelda?os no estaban oxidados y todo olía… correcto.

  Al final, llegaron a una habitación peque?a, similar a una recepción, con paredes azules, un escritorio y algunos objetos administrativos.

  —?Oh, aquí está una de mis cabezas! Priscila actuará como recepcionista o secretaria —anunció Penny con su voz metálica y cantarina.

  Andrew agradeció que Ashley y Julia estuvieran detrás de él. Logró mantenerse firme cuando un robot surgió desde detrás del escritorio. Al igual que Penny, parecía muy humano, aunque con un acabado metálico visible y cuatro brazos. Al girarse, vio a Ashley boquiabierta junto a Julia, quien soltó un leve chillido.

  —Ashley Graves. Así me llamo. Espero que trabajes bien, tostadora —se presentó Ashley con tono juguetón, estrechando una de las manos del robot.

  Andrew dudó. ?Por qué lo llamaban "cabeza"? Tal vez Penny podía controlarlo. Se mordió el labio mientras también él estrechaba la mano; le parecía un gesto bastante tonto, pero Ashley podía armar un alboroto si se molestaba. A veces olvidaba que solo tenía catorce a?os.

  Sin más, pasaron por una puerta que los condujo a una habitación de hospital. Andrew parpadeó y aspiró profundamente. El lugar olía a medicamentos, metal y, extra?amente, a carne, proveniente de algunos frascos exhibidos. Con cierta confusión, intentó ver si había algo destapado, pero todo estaba sellado. De no ser por la situación de mierda en la que estaban, esto podría ser interesante, incluso divertido.

  Había todo tipo de aparatos, brazos mecánicos suspendidos y una silla que recordaba a las de dentista.

  —Bien, antes de nada debo darles una clase sencilla sobre cyberware —dijo Susano, acercándose a una pared. Con un toque, esta se iluminó, mostrando un modelo tridimensional del cuerpo humano.

  Por suerte, Julia encontró unas cajas donde sentarse. Andrew no podía evitarlo: estaba algo emocionado, al igual que Ashley, quien saltaba ligeramente en su asiento. Su madre siempre había sido un misterio para ellos.

  —Comencemos con los Puertos de Interfaz: son conectores en la nuca para insertar 'pinchos' de datos o shards —explicó Susano, detallando los diferentes tipos, marcas y características.

  Ashley movió la cabeza con impaciencia, pero seguramente esperaba algo novedoso. Julia, en cambio, estaba muy atenta. Andrew la entendía; para ella todo esto era nuevo, pues ella no tenía puertos como ellos dos.

  —Luego está el 'Personal Link': es como un USB personal. Dependiendo de la calidad, puede conectarse a distintos equipos o tecnología. Incluso tiene otros usos, si son capaces de explorarlos —Susano extendió su brazo y un cable salió disparado de su mu?eca.

  Andrew observó cómo las luces de la sala reaccionaban y cómo una música ambiental comenzaba a sonar.

  —En tercer lugar, el Neuropuerto. Puede colocarse en la base del cráneo, en la parte posterior del cuello, en la parte superior de la columna o en todos a la vez para mayor seguridad y potencia. Actúa como el sistema operativo básico que permite al cerebro biológico comunicarse con cualquier otro implante —usando la pizarra digital, Susano mostró tipos de neuropuertos y las empresas que los fabricaban.

  Andrew estaba asombrado. Una oleada de emoción lo hizo jugar nerviosamente con sus dedos. ?Qué más aprenderían?

  —?Y qué son esos cables en los huesos? —preguntó Julia, alzando la voz con los ojos brillantes como estrellas.

  Andrew se sorprendió, miró con más detalle la pizarra y notó que efectivamente había una red de cables integrada en todo el esqueleto del diagrama.

  —Bien hecho, Julia. Explicar eso nos llevaría a un tema muy complejo —respondió Susano, haciendo zoom y rotando la imagen para mostrar cómo los cables se extendían y entrelazaban con sumo detalle—. Debes entender que el cyberware se puede dividir en dos grandes tipos. Están las llamadas armaduras de EE.UU, que tienen sensores y se conectan al Interfaz Somática mediante filamentos o Venas de Acero. Estos, a su vez, se conectan al Neuropuerto. Tanto Ashley como Andrew los tienen, pero todos recibirán una revisión y actualización. En tu caso, Julia, será una instalación completa.

  Andrew sonrió ante eso. Julia necesitaba esa ventaja. No tenía idea de cuánto costaría normalmente una instalación así, pero la oferta era inmejorable. Al mirar su propia mano, sin embargo, sintió un escalofrío. La movió con fuerza, intentando escuchar algún sonido mecánico. Tocó su brazo, tratando de sentir el metal bajo la piel, pero no notó nada.

  Entonces abrió los ojos, desconcertado. ?Cómo es posible?, se preguntó. Recordó que tenía unos cuatro a?os cuando su madre les instaló todo. Nunca más les pusieron cables adicionales. ?Cómo se extendieron sin da?arlo mientras crecía?

  Miró su brazo como si le guardara secretos. Nunca le había interesado la biología, solo la mecánica. Sonrió con amargura; ahora, sinceramente, quería saber más, y apretó los dientes con frustración. Escuchó a Ashley preguntar si, entonces, ella era una cyborg, y Andrew no pudo evitar reírse ante el comentario de su siempre brillante hermanita.

  —Bien, con las explicaciones claras, debo ser honesto —declaró Susano, adoptando un tono más serio—. Yo seré su maestro. Les ense?aré todo lo necesario para no morir. Les ense?aré a matar, a sobrevivir y, si aprenden bien, a vivir.

  El maestro Susano tenía una voz grave que llenaba la sala. Andrew se dio cuenta de que tendría un entrenamiento personalizado. Asintió para sí mismo: esto ya sonaba mejor que el ejército. No se enga?aba; su madre también había sido excelente en el campamento, y él la quería, pero la veía cansada, con la mirada perdida en otro lugar. Otros adultos, como el padre de Julia, eran solo borrachos a los que todos ignoraban.

  —Los entrenaré para ser fuertes, para que cuando salgan al mundo puedan moverse, adaptarse y ser inteligentes —continuó Susano, su voz sonando fuerte y segura.

  Andrew no pudo evitarlo; se enderezó en su asiento. Esto es exactamente lo que necesito, pensó, para poder cuidar a Ashley y a Julia.

  La voz de Penny lo sacó de sus enso?aciones, donde se veía en lo alto, recibiendo los elogios que merecía, con su madre más tranquila, su padre orgulloso, y Ashley y Julia esperándolo para ir a casa.

  Con renovada determinación, Andrew levantó la mano. Sabía que, sin importar el orden, siempre vería a una de sus chicas en la silla primero. Mordiéndose el labio, decidió que era mejor terminar rápido. Podía ver el nerviosismo en Ashley y Julia, y recordó cómo ambas habían luchado contra el dentista de peque?as hasta que él fue primero.

  —?Perfecto! Recuéstate, por favor —dijo Penny, sonando casi emocionada a pesar de ser un pedazo de metal.

  Andrew no pudo evitar seguirle el juego. Se recostó en la silla, conectó su cable link personal y sonrió. Estaba listo para descubrir qué le había instalado realmente su madre.

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  Ashley se mordió el labio y miró a su alrededor. El tonto de Andy se había adelantado, pero, como siempre, eso era lo increíble de él: siempre sacaba pecho, aunque fuera un tonto que se juntaba con idiotas. Debería conseguir algo relacionado con coches, pensó, algo que de verdad le guste.

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  —Ash-ley, ?estás... bien? —su linda conejita le tomó la mano.

  Ashley la apretó con fuerza. Si la conejita quería ser de ayuda, debería prepararse bien; no permitiría que fallara la prueba del a?o siguiente. Observó al maestro Susano con su gabardina y su fedora. Es raro. Es peligroso, pensó, sin entender por qué le dolía la garganta. Tampoco se le escapaba que había muchas pantallas con todo tipo de diagramas y dibujos de color azul.

  —Nada mal. Sus mamás sí que los quieren —el maestro Susano soltó un silbido admirativo frente a una pantalla.

  Ashley parpadeó, sin saber bien qué hacer. Solo eran dibujos tontos: una media luna, una torre, un gran reloj. Le preguntó qué eran esas cosas, tratando de entender los gráficos.

  —Mi discípulo #80, Andrew, tiene un Kizuna Coretech: un neuropuerto japonés de alta calidad, fácil de actualizar. "Armonía y compatibilidad" es su lema, aunque esto es usado, se nota en... —a través de la pantalla, Ashley vio cómo ese dispositivo cubría prácticamente toda la cabeza de Andy.

  Intentó seguir al maestro, que hablaba y hablaba. Maldición, ?por qué no puedo seguir esto? Debo poder. Tendré que hablar con Conejita después. No puedo quedarme atrás. Estaba segura de que Conejita ya lo estaba entendiendo, y de que Andrew buscaría razones para irse.

  —Un ColossusLink y Pr?zision Anschlüsse... nada mal para los cable links. Calidad militar estadounidense y cinco puertos alemanes. No está mal. Y su Interfaz Somática no es mala, pero hay peque?as fallas —con otro movimiento de mano, Ashley pudo ver en la pantalla cómo unos cables peque?os se enredaban entre sí o seguían trayectorias irregulares.

  Intentó respirar, tratando de usar los ejercicios de calma que conocía. Logró tranquilizarse un poco, hasta que vio cómo comenzaban a cortar a Andrew. Sin dudar, se lanzó hacia adelante, pero una mano la agarró por el cuello. Solo pudo ver cómo abrían a Andy como a un pescado.

  —?Suéltame! —luchó con todas sus fuerzas, intentó gritar, pero nada salió. Con cuidado, la dejaron junto a una Conejita paralizada. Ashley, con la cabeza aún mareada, la atrajo hacia un abrazo.

  —Todo está bien. Todo bien. Exageré, sí, exageré. Todo está bien —Ashley respiró con más calma. Su conejita estaba asustada; ella debía mantener la compostura. Debía ver cómo... Se tapó la boca. Sintió un sabor metálico y escupió sangre.

  —Bien, cálmate —el maestro Susano levantó una vela encendida y Ashley sintió cómo se le erizaba la piel y cómo la sensación de que su alma iba a escaparse se desvanecía.

  —Antes que nada, discúlpame. Tuve que explicarte que la actualización incluye un reemplazo y un mejor tejido de los filamentos de la Interfaz Somática —el maestro Susano le explicó que los filamentos actuales no cubrían todo el cuerpo o estaban enredados, lo que podía causar da?o interno o impedir su función. Incluso en las partes buenas, como los brazos, el tejido apenas alcanzaba el 90%. Parece bueno, pero Andrew crecerá y se desarrollará más.

  Con eso, Ashley respiró profundamente. Andy está bien. Solo está en el médico. Según el maestro Susano, esto era normal. Andrew debió haberse hecho una revisión hacía unos a?os, pero no era grave. Si estuvieran en la ciudad, cualquier médico podría haberlo arreglado, aunque lo que harían sería quitar los filamentos problemáticos.

  —Interesante —dijo su maestro, observándola.

  Ashley intentó sostenerle la mirada, pero bajó la cabeza; le dolían los ojos.

  —No te esfuerces. Entre los tres, tú has estado entrenando tu sentido de forma inconsciente. Te vas a lastimar.

  De repente, la robot secretaria apareció con refrescos y una ensalada de papa. Su maestro le indicó que le había enviado un mensaje. La primera en comer fue su Conejita, la muy glotona; sí que tenía hambre. Su maestro solo se rio y le indicó que no se preocuparan. Eso le permitió a Ashley soltar un suspiro que no sabía que contenía.

  —Entonces, ?cuál es el otro tipo? Si las armaduras son de EE. UU., ?cuál es el otro? —preguntó, tomando un poco de ensalada.

  Aunque trató de disfrutarla, su mirada no se apartaba de Andrew, quien seguía siendo rebanado y tejido como un mu?eco. Había tanta sangre… Su visión comenzó a dolerse; estaba segura de que podía ver algo.

  —Para que no te esfuerces —dijo su maestro con un chasquido de dedos.

  Ashley se dio cuenta entonces de que estaba sangrando por los ojos.

  —Debí saberlo… Ah, para responder tu pregunta: el otro tipo es chino.

  Ashley se limpió la cara con un pa?uelo que su Conejita le entregó con una sonrisa. Ashley recompensó el gesto con un beso en la frente, lo que hizo sonrojar a la chica. Pero el rojo de la sangre le recordó a los chinos; por sus clases sabía que eran superespías, enemigos del capitalismo.

  —Los chinos son gente sutil. Un momento puedes estar hablando con un oficinista, y al siguiente te atraviesa el estómago con una cuchilla que sale de su mano —Su maestro tensó el pecho al hablar; él había caído en esa trampa—. Ellos son los que crearon la tecnología de prótesis que sustituye miembros, mientras que EE. UU. creó las servoarmaduras, que han evolucionado con el tiempo.

  —?Y qué pasó? —su Conejita se metió de lleno en la historia con sus ojos abiertos como platos.

  El maestro narró cómo había luchado contra un ejército coordinado mentalmente como uno solo, mientras una oficina llena de asalariados se transformaba en un nido de asesinos con cuerpos llenos de armas ocultas, desde blancas hasta de fuego.

  —Entonces, cuando veas a un chino, no bajes la guardia. Aunque tu sentido pueda detectar la tecnología, te falta la experiencia para actuar y moverte —terminó la historia con una moraleja y estirandose.

  Por suerte, la robot secretaria trajo más comida y bebidas. Ashley mantenía un ojo en Andrew, pero era complicado; su maestro era demasiado interesante. Luchaba por ver las pantallas azules, pero solo mostraban acertijos o sinsentidos.

  —Ashley, pasarás después de Andrew para una revisión y, de paso, Julia comenzará el proceso de instalación. Será aterrador al inicio, pero recuerden que tienen a una de las mejores doctoras en cyberware del planeta, con el equipo adecuado —con esas palabras de su maestro, Ashley pudo respirar tranquila.

  Si era verdad, entonces las cosas iban bien. Con una sonrisa y los pu?os relajados, se aseguró de que debía hacer que Andrew admitiera que ella tenía razón.

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  Andrew parpadeó. Su cuerpo se sentía pesado como el plomo. Intentó mover la cabeza, pero no importaba cuánto lo intentara, solo sentía algo suave, como nunca antes. Tardó un poco, pero se dio cuenta de que estaba mojado y, extra?amente, bastante cómodo.

  —Por favor, amigo Andrew, no luches. El Amrita se ha solidificado. Según mis datos, al depilar es mejor hacerlo en un solo movimiento —una voz le habló. Andrew sintió que provenía de todas direcciones.

  Antes de que su cerebro pudiera formar un pensamiento, una aniquilación blanca lo atravesó. El sonido que salió de su garganta no fue un grito, sino un alarido gutural y seco, que inmediatamente se quebró en un chillido agudo e involuntario. Un tsunami de fuego líquido y agujas de hielo le desgarró la entrepierna, expandiéndose en un pánico nervioso que arqueó su espalda contra la mesa.

  —Reacción perfecta, aunque se nota que el estudiante tiene una mayor sensibilidad fálica —comentó una voz fría.

  Con los ojos como dagas, Andrew escrutó la nada, buscando de dónde provenía ese tono impersonal. Antes de poder localizarla, una manta naranja le bloqueó la vista y luces brillantes le golpearon la cara. Juró, entre dientes, que mataría a quien lo hubiera puesto en esa mesa.

  —El paciente responde bien a la luz. Todos los sistemas biológicos funcionan perfectamente. Se procede con el siguiente procedimiento.

  Antes de que el odio pudiera consolidarse, una oleada de líquido azul y frío lo cubrió por completo. Un torrente de frescor que no solo apagó el fuego de su piel, sino que lo penetró, generando un alivio tan profundo y físico que le arrancó un escalofrío y un espasmo de puro placer. Era como si cada nervio enfurecido fuera acariciado y sumergido en una calma helada.

  Andrew pudo ver finalmente. Penny, la robot, lo miraba fijamente. Intentó levantarse; todavía se sentía pesado, pero logró salir. Penny le ofreció unos pantalones y le entregó una hoja con datos y una cita para otro día. Según ella, tenía niveles altos de testosterona para su edad, y mucha jerga médica que a Andrew le podía importar tres hectáreas de mierda. Su piel estaba demasiado suave.

  —Te dieron un tratamiento completo, estudiante. Tu piel está como la de un bebé y tu pelo está lleno de vida —su maestro Susano se acercó con paso firme.

  —?Dónde están? Dime dónde están —Andrew luchó por mantenerse firme. Sus piernas temblaban como gelatina y no podía ver ningún arma a su alcance. Dudaba mucho que pudiera vencer a su maestro por ahora. Debía actuar con cautela hasta tener toda la información. Recuerda el campamento, Andrew, se dijo a sí mismo.

  —Están recibiendo su propio tratamiento. Los nervios les ganaron; querían que las vieras cuando ya estuvieran listas —su maestro lo guió a otra habitación.

  Cada paso se sintió raro, más pesado, pero no importaba. Ahora debía ver a sus chicas.

  Al llegar, vomitó al ver cómo estaban abriendo y rebanando a Ashley y a Julia, con cables y metal retorciéndose por doquier. Andrew podía ver cómo un brazo era tejido meticulosamente por decenas de manos mecánicas.

  —Sé que es horrible, pero créeme, están en manos de una de las mejores del planeta. Vamos, chico, siéntate. Dudo que tus chicas quieran que las veas desnudas —Andrew fue arrastrado hasta un asiento. Solo pudo comenzar a rezar a Dios; nunca lo había hecho, pero sentía que no había mejor momento que este. Su maestro se sentó a su lado, rezando también, como si fuera algo habitual.

  —Para que sepas, pesas más porque te a?adieron un kilo y cuarto de filamentos de alta calidad por todo tu cuerpo. Todo estará bien; saldrán más fuertes y lindas —su maestro lo consoló con una sonrisa cansada. Andrew se dio cuenta, pero solo asintió. Eso no le bastaba; necesitaba ver a Ashley y a Julia caminar, haciendo sus travesuras de siempre.

  —La actualización de ustedes, o instalación en el caso de Julia, incluye antivirus, un firewall y programación útil. Hay muchos peligros, y te aseguro que si quieres vivir, necesitarás más fuerza —Andrew escuchó y asintió. Eso sonaba bien, pero no era suficiente. Si tuvieran más dinero, si fuera más grande, nada de esto sería necesario.

  —Chico, entiendo tus sentimientos, pero no pierdas el foco. Tus chicas están aquí. Si te vas, nada importará. Sube el monte y disfruta la vista; eso es lo que me dijo mi maestro —Andrew soltó un suspiro, y debe admitir que de tener un maestro no estaba tan mal. Aunque nunca, jamás, le diría a Ashley que ella tenía razón.

  Fin

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