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Capítulo 64 - La negociación

  Aquello era un desastre sin precedentes. Una Orden entera, junto con Zoran y los miembros de la División Control que lo acompa?aban, había sido completamente derrotada por dos adolescentes sin experiencia que ahora mismo la estaban mirando con una mezcla de inocencia y confusión como si no tuvieran idea de lo que ella les estaba hablando.

  Desde el momento en que se habían desmayado en el arrasado patio de la Casa de Gobierno Rovenna dispuso que se los condujera a la mazmorra y se los envolviera en cadenas de anulación, aunque ella sabía que si esos dos volvían a despertar aquel poder devastador no había nada que pudiera retenerlos.

  De todas maneras, decidió arriesgarse. No había manera alguna que ahora permitiera que aquellos dos vagaran libres por el reino. Tampoco tenía alternativa. Había demasiados testigos y ella no podía hacer otra cosa que actuar como la Maestra Arcanista. No tenía otra opción que conducirlos a Nemertya, aunque para eso debía necesitaba más refuerzos o esperar que los magos se recuperaran de sus heridas, lo cual tardaría bastante. Era más probable que una comitiva de magos llegara hasta el puerto antes de que Zoran y el resto de los convalecientes pudieran ponerse siquiera de pie o montar un caballo.

  Gran parte de la Casa de Gobierno se encontraba en riesgo de derrumbe por lo que había decidido levantar tiendas de campa?a fuera de sus muros en donde ahora más de cincuenta magos se lamentaban y gemían mientras eran atendidos por los Iniciados que por su inexperiencia se habían salvado de participar en el combate, además de algunos curanderos que habían sido llamados para ayudar a enderezar huesos y administrar hierbas y pociones sedantes. Ni siquiera contaba con Acólitos a su disposición ya que estos se encontraban realizando su viaje anual. Ella hubiera querido ayudar pero no podía perder de vista a los dos prisioneros que podían despertarse en cualquier momento y en ese momento tan crítico nadie más que ella se encontraba apta para la tarea. Había intentado con su propia magia pero sin ningún resultado. Parecía encontrarse en un sue?o demasiado profundo a donde su poder no podía llegar. Así que durante dos días no tuvo más remedio que esperar mientras un Iniciado se encargaba de llevarle la comida y los informes acerca del estado de los heridos.

  Había enviado un mensaje a Dhabeos solicitándole ayuda pero por alguna razón todavía no se había presentado. Rovenna dudaba de que hubiera algún problema más importante que el que tenía entre manos ya que por obra de un milagro la tormenta había concluido dejando a la vista un cielo prístino, además de que el puerto se había salvado del ataque de la quimera.

  El Iniciado que le hacía llegar los informes era un muchachito de no más de doce a?os visiblemente afectado por el horror que tenía presenciar. No paraba de temblar y respirar agitado mientas le resumía en voz alta el contenido del pergamino y seguramente se estaría repensando el oficio que había elegido.

  Según el detallado informe, los sanadores y el resto de los aprendices estaban haciendo cuanto estaba en su poder, pero el estado de los magos seguía siendo crítico. Sólo un pu?ado podía mantenerse consciente apenas por unos instantes sin sucumbir al agotamiento o al dolor. Los más afortunados habían sido aquellos que afectados por el derrumbe y sólo debían cargar con cicatrices y huesos quebrados. Otros sufrían las consecuencias de un exceso de magia cuyos síntomas iban desde la caída de pelo hasta la pérdida de visión, oído y habla, hasta la desintegración de dedos que ocurría cuando el poder un mago sobrepasaba la capacidad de su cuerpo para contener la magia.

  Entre los casos más graves se encontraban los que habían sido alcanzados por el veneno de la quimera que había provocado quemaduras tan profundas que había sido necesario amputar uno o varios miembros. Pero, pese al tratamiento, varios permanecían en un estado febril cubiertos de sudor y sus venas ennegrecidas. En el caso de que sobrevivieran, era incierto si algún día podrían volver a realizar magia.

  Zoran, habiendo sido alcanzado por las fauces de la quimera, había perdido su brazo derecho. Eso quizás le había salvado la vida porque al ser su brazo arrancado de su cuerpo de un mordisco, el veneno que seguramente debían destilar los colmillos de la bestia no había tenido tiempo de invadir el resto de su cuerpo. El Iniciado le describió cómo el brazo se había convertido en un amasijo irreconocible de ceniza negra. Los curanderos habían sedado al Maestro Líder para evitar que sufriera a causa del dolor.

  Aquel escenario catastrófico no se comparaba a nada que Rovenna hubiera visto alguna vez. Ella misma había sufrido distinto tipos de heridas en sus tiempos más jóvenes, sobre todo durante su entrenamiento con Narthoss, y también había visto magos consumir su energía vital en duelos mágicos, pero nada como aquello. Lo más parecido debió haber sucedido varios siglos atrás durante los primeros enfrentamientos con los elfos y más tarde en la Guerra de los Cincos Magos. Aunque ni siquiera en esos tiempos los humanos habían tenido que enfrentarse a una criatura legendaria.

  Ante semejante panorama, sería necesario reclutar un nuevo contingente de magos para restaurar la Orden de Abrazo de Tormenta. Eso no sería muy fácil ya que apenas llevaban un mes desde el desmantelamiento de la Orden Rocasombra y Theo ni siquiera había llegado al castillo todavía. No era fácil encontrar magos aptos para la tarea, sobre todo para lugares estratégicos como Abrazo de Tormenta. Debería solicitar al Cónclave la admisión de más aprendices, sobre todo de origen plebeyo, para suplir la demanda. La División Control también se encontraba afectada ahora con su Líder y varios de sus miembros fuera de combate. A Zoran no le iba a gustar nada cuando despertara pero debía encontrar un reemplazo cuanto antes.

  En tanto, la Casa de Gobierno se encontraba a merced de cualquier otro ataque que pudiera ocurrir con nada más que unos pocos Iniciados que no servían para mucho y la propia Rovenna encargada de su defensa.

  –?Nos traicionaste!– fue lo siguiente que gritó Olivia de Rocasombra nada más despertarse y descubrir que se encontraba sujetada por las cadenas de anulación. Silas, ubicado en otro extremo de la mazmorra para evitar que se ayudaran a escapar, también había despertado aunque cuando había respondido a los gritos de la muchacha su voz sonaba bastante débil. Rovenna tenía la sospecha de que ambos habían agotado su magia pero días atrás la habían enga?ado y ella no iba a correr riesgos innecesarios. Había sido testigo del resurgimiento de una magia antigua jamás experimentada por un ser humano.

  Rovenna se levantó del banco donde hasta ahora permanecido sentada esperando y se acercó a la celda de la muchacha.

  – ?Acaso no es al revés, mi se?ora Olivia? – respondió fríamente Rovenna clavando sus ojos en la joven –. Unos días atrás casi pierdo la vida salvándolos y ustedes me lo pagan atacándonos sin ninguna provocación.

  Olivia giró los ojos hacia donde se hallaba Silas aunque desde aquella ubicación Rovenna sabía muy bien que era incapaz de verlo.

  –Sólo queríamos rescatar a Penn.

  La voz de Rovenna se endureció.

  –Esto fue más que un rescate. Fue un acto despiadado. Una declaración de guerra sin motivo. Si sólo querían rescatar a su amigo, ?por qué no simplemente acudieron a mí?

  Olivia bajó los ojos.

  –Temíamos que lo torturaban si no hacíamos algo.

  –Elegiste el camino rápido y ahora todo el reino se enterará de esto. Ya no habrá manera de seguir ocultándolo. ?Sabes lo que significa esto para tu amigo?

  –Yo no quería llegar a esto... simplemente... no sé, no recuerdo... cómo llegamos a esto...

  – ?No recuerdas? ?Masacraron a una Orden entera y no lo recuerdas? ?Quieres que te muestre cómo han terminado mis magos? ?Quieres ver sus cuerpos destrozados, sus miembros amputados? ?Quieres escuchar sus gemidos, sus gritos de desesperación ante la muerte que se avecina?

  El rostro de la muchacha palideció.

  –?Se... se están muriendo?

  –Está la posibilidad. Y si sobreviven su vida será muy distinta. ?Y ustedes causaron eso! ?Al menos acepta tu responsabilidad! ?Tu estúpida decisión ha hecho sufrir inocentes!

  Desde el otro extremo de la mazmorra se escuchó el tintineo de las cadenas que sujetaban a Silas.

  –No son inocentes... son magos... – dijo él –. Nos hubieran atacado de todas formas.

  Rovenna se acercó lentamente hacia su celda. El eco de sus pasos resonó a lo largo del corredor.

  –Con que esas tenemos... Y yo pensando que no eras más que un inocente cachorro buscando refugio.

  –Tú... misma me dijiste... que eres una Astra.

  –Ah, ahora sabes lo que eso significa. Sí, soy una Astra, descendiente de los cazadores de quimeras que torturaron y mataron a tus antepasados, y pese a que yo ni siquiera había nacido antes de la caída de mi familia he tenido que cargar con este peso. Es lo que me ha tocado, mi herencia maldita, y lo acepto. Pagaré de alguna forma la deuda que mi familia tiene con tu raza – cerró los ojos y suspiró hondo –. Cuando supe de tu existencia, pensé que podía ayudarte, pensé que lo había hecho cuando te rescaté de las manos de Eldrin, y pensaba continuar haciéndolo cuando llegué hasta el puerto para averiguar qué había sido de ustedes dos, pero... si tu verdadera intención es vengarte... me temo que ya sabes de qué lado del campo de batalla me encontrarás.

  –?él no quiere vengarse! – gritó Olivia gimiendo ante el peso de las cadenas –.?Sólo queremos llegar a la isla! ?Esto fue sólo un error!

  –?Un error que ha costado vidas! – Rovenna apoyó sus manos en los fierros de la celda –. Y no sólo aquí. Eldrin era un maldito infeliz pero ahora me queda claro que él no fue responsable de los incendios que ocurrieron en el lago y en el pueblo.

  –?Eso fue un accidente! ?Por entonces no sabíamos...!

  –?Basta de excusas! No veo ningún arrepentimiento en ti, quimera. ?Vas a dejar que tu amiga hable por ti? ?Sabe ella de tus desdén por la vida de otros humanos? ?Qué pasará si un día debes elegir entre tu raza y ella?

  Las ojos dorados de Silas se oscurecieron.

  –Eso... no pasará...

  –No sabes eso. ?Qué pasa si los magos deciden atacar las monta?as en represalia por lo que has hecho? ?Y si las quimeras atacan el castillo de Rocasombra y matan a su padre?

  Olivia sacudió sus cadenas. El corazón de Rovenna dio un salto y apretó los pu?os esperando una explosión de poder pero la chica sólo continuó gritando.

  –?No la escuches, Silas! ?No hay manera de que eso pase! ?Los sirenios, los piratas, mi propio padre no permitirán que los magos ataquen a las quimeras de nuevo!

  Rovenna le respondió con un resoplido de burla.

  –?Tu mismo padre que capturó a una quimera para salvarte de tu compromiso?

  –?Tenía un plan! ?Todo ha sido un error!

  –Error, error... qué palabra tan conveniente... qué fácil es abusar de ella... Esto no es un juego de ni?os, dama Olivia, no importa qué tan arrepentida te sientas... un sólo error puede despertar antiguos rencores y desencadenar una nueva guerra. Un sólo error arrastrará a todos sus seres queridos hacia al abismo y será culpa de ustedes. Una amistad entre un humano y una quimera suena hermoso... pero también puede destrozar el equilibrio que tanto nos ha costado mantener. Quizás yo no actúo con la rapidez que esperas... pero un paso en falso puede conducir al desastre.

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  –Yo... yo no pensé que...– Olivia parecía ahogarse con sus propias palabras. Rovenna observaba a Silas que había inclinado la cabeza.

  –Entonces piensa ahora... ayúdenme los dos a resolver esto.

  –?Cómo? – preguntó Silas en un tono apagado.

  –Con información. ?De dónde salió todo ese poder?

  Se produjo un largo silencio en la mazmorra. Sólo el susurro de la túnica de Rovenna al rozar el suelo rompía la quietud mientras ella recorría la mazmorra de un lado a otro, tratando de contener su impaciencia. Nada más que con observar los rostros abatidos de ambos prisioneros podía adivinar la lucha interna que se estaba librando en su mente.

  Olivia fue la primera en hablar. Esta vez levantó la cabeza en actitud desafiante como digna hija del Guardián del Círculo.

  –?Qué harás con nosotros cuando te lo digamos?

  Rovenna no tenía idea de qué hacer con ellos. Decidió esquivar la pregunta con otra.

  –?De verdad me preguntas eso... después de todo...?

  –No puedes esperar que te contemos todo – la interrumpió Olivia esta vez con voz más firme –. Tú misma lo has dicho, eres la Maestra Arcanista, para ti el reino está primero pero mi deber es llevar a Silas hasta la isla. Intentas hacernos sentir culpables para manipularnos a tu antojo pero no es como que pudiéramos entrar caminando como si nada a la Casa de Gobierno y tampoco iba a dejar que alguien sufriera nada más que por una razón política.

  –Eso es ingenuidad.

  Olivia ignoró el comentario.

  –Es verdad que somos responsables de lo que ocurrió pero no del todo.

  Rovenna se acercó a los barrotes de la celda, inclinándose apenas hacia adelante.

  –?Quién más es responsable, según tú?

  La muchacha dudó un momento antes de responder con seguridad.

  –Las brujas.

  –Olivia... – el tono de Silas reflejaba una advertencia.

  –Está bien, sé lo que estoy haciendo – lo tranquilizó la muchacha.

  Brujas. Aquella palabra no significaba nada para Rovenna.

  –?Y quiénes son esas brujas?

  –No pienso decirte nada más hasta que prometas liberarnos – respondió Olivia.

  Rovenna dejó escapar una carcajada.

  –Te has vuelto muy atrevida para negociar.

  –Podemos... podemos transformarnos... es cuestión de tiempo...

  –Dudo que puedan hacerlo ahora. Están agotados.

  –Pero eventualmente... sabes que podemos hacerlo... Si prometes dejarnos libres, te diremos todo.

  Rovenna negó con la cabeza.

  –No será tan sencillo. Si los dejo libres, el Consejo sabrá que lo he hecho...

  –Tienes miedo de perder tu posición – le recriminó Olivia.

  –Cuida tus palabras – le advirtió Rovenna–. No es sólo por mi posición. No todos los magos serían tan comprensivos como yo. Mientras yo siga donde estoy, habrá esperanza de mantener el equilibrio entre las razas... – inspiró hondo –. Todavía no he decidido lo que haré con ustedes pero puedo asegurar que no los entregaré al Cónclave.

  –?Y cómo podemos estar seguros de eso?

  –Acabo de ser testigo de un poder sin igual que no desearía que estuviera en manos de las cinco familias ni del rey.

  –Eldrin me dijo que te oponías a mi matrimonio.

  –Y tenía razón.

  Olivia asintió lentamente.

  –No sé exactamente quiénes son las brujas... pero...

  La muchacha continuó explicándole a Rovenna cómo esos seres misterios, aunque de apariencia humana por como ella las describió, parecían habitar otro plano de la existencia y eso les impedía comunicarse o utilizar su poder a no ser qué fuera a través del cuerpo de Olivia. El problema era que si bien ella tenía a disposición ese poder su cuerpo no era lo bastante resistente todavía para lograr contenerlo por mucho tiempo. Le narró entonces lo que había sucedido en el lago cuando las brujas se manifestaron por primera vez, sus apariciones a lo largo del viaje por la franja este, su escape del pueblo y finalmente Silas contó cómo había ocurrido el pacto con la bruja que le había permitido acceder a la forma de la quimera original. En realidad, esto último se lo tuvo que describir Rovenna, con la confirmación de Olivia, ya que el muchacho no tenía memoria de lo que había ocurrido.

  –Entonces... – sus ojos dorados brillaron con una mezcla de incredulidad y tensión contenida. Sus pupilas, dilatadas, buscaban respuestas en el rostro de Rovenna –. ?Adopté la forma original?

  Rovenna asintió.

  –Tal como está descrito en la leyenda.

  – él me dijo que sólo me convertiría en un ave... – murmuró Silas.

  -Esto significaría entoncesque las brujas pueden evadir el Sello del Dragón. ?Cómo? – Rovenna se dirigió a Olivia –. ?Qué tienes que ver tú en todo esto?

  –No está del todo claro... La criatura que las tiene cautiva... – hizo una pausa como midiendo bien sus palabras, Rovenna temía que le estuviera ocultando algo –. Mencionaron una llave pero no estoy segura a qué se referían.

  –?Una llave? ?Te refieres a un sello?

  –Podría ser pero... no hubo tiempo de que pudieran decirme algo más.

  Rovenna se llevó ambas manos hacia sus sienes. Sentía la tensión creciente de un nuevo dolor de cabeza.

  –Se me hace muy difícil creer todo... No existe registro alguno de esas criaturas que tú llamas brujas. Lo único que tengo son tus palabras.

  –Tienes mi permiso para estudiar mi código.

  La Maestra Arcanista dejó caer los brazos.

  –?Tú código?

  La muchacha asintió.

  – ?Qué pasa con tu código? – volvió a preguntar Rovenna.

  –Si mis palabras no te convencen, lo que veas ahora te sacará de la duda.

  Rovenna movió su mano sobre la cerradura de la celda para desactivar el escudo que la sellaba y con un chirrido la puerta se abrió. Con cautela se acercó hasta la muchacha y levantó ambos brazos.

  Líneas doradas emergieron del pecho de Olivia e iluminaron el recinto como si el sol se hubiera colado por una ventana. Al principio, Rovenna no notó nada distinto mientras estas comenzaban a entrelazarse pero, lejos de formar la espiral que todas las criaturas del mundo compartían, estás se curvaron en un simple círculo en cuyo a interior se fue dibujando poco a poco una estrella de cinco puntas.

  El código de cada criatura representaba su esencia mágica, una huella única que se manifestaba como una espiral, símbolo del flujo de energía que los conectaba con la magia del mundo. Las espirales podían variar en tama?o, patrones y complejidad, dependiendo de la especie, además de la afinidad mágica y la historia personal del individuo, por lo que cada código era único. Representaban la esencia vital de cada criatura y manera en que su energía se inscribía en su cuerpo y se entrelazaba con el universo.

  En tanto, el código de Olivia, si bien, en apariencia, de una simple geometría, rompía con esa norma. Quizás eso explicaba su conexión con ese poder antiguo y esas denominadas brujas. Pero entonces... ?qué era Olivia realmente? ?Una anomalía?

  Rovenna tragó saliva.

  –Por la Ninfa... ?qué significa esto?

  –No estoy segura... – respondió Olivia observando la estrella –. Sólo sé que tiene relación con las brujas y que mi madre lo puso ahí.

  El rostro de Rovenna ya no logró disimular la sorpresa.

  –?Tu madre? ?La Condesa?

  La chica sacudió la cabeza.

  –No, mi verdadera madre

  –?Quién? – Rovenna sabía que la respuesta no iba a gustarle y tenía razón.

  – La Se?ora Daephennya del Bosque de los Susurros. Enga?ó a mi padre para tener un hijo y yo soy el resultado.

  Rovenna bajó los brazos que sentía pesados como si acabaran de cargar con una inmensa roca. La estrella se disolvió volviéndolos a dejar en la penumbra.

  Ahí estaba. La pieza faltante que conectaba el resto del rompecabezas. La razón de un matrimonio que no le era beneficioso a nadie excepto quizás al rey que buscaba una manera de limitar el poder del Cónclave. Un poco de sangre élfica a la mezcla y sus descendientes serían capaces de imponerse sobre las cinco familias.

  Los elfos nunca se habían sentido inclinados a relacionarse con humanos, mucho menos su hermana cuya soberbia Rovenna había tenido varias oportunidades de observar en sus visitas a Claro Sereno. Pero la razón no era solamente el desprecio que la mayoría de esos seres sentían hacia los humanos sino también para evitar que estos se sintieran tentados de obtener el poder élfico a través de la sangre. Entre los tres se?ores elfos se había acordado esta prohibición si bien el seductor de Narthoss era el más propenso a romperla. Rovenna nunca hubiera esperado eso de Daephennya, a menos claro que la elfa estuviera planeando algo.

  –Esa es la razón de por qué tu cuerpo logra contener tanto poder... – murmuró Rovenna –. Pero... ?por qué hizo eso?

  –Quiere usarme como arma. Eldrin era el encargado de llevarme con él hasta Nemertya. Pero ahora que él está muerto...

  –No dudo que ella intentará capturarte de nuevo.

  –Es por eso que debo llegar cuanto antes a la isla.

  Rovenna sacudió la cabeza.

  – ?Qué relación hay entre Daephennya y las brujas?

  –Eso... yo... no lo sé...

  –Mientes. Están trabajando juntas.

  –Si ese fuera el caso, no se hubieran revelado contra Eldrin.

  Eso era verdad pero antes de decidir qué hacer Rovenna debía confirmar esto con alguien más. Hurgó entre los bolsillo de su túnica y sacó el espejo de plata. Olivia observó el objeto extra?ada mientras en su superficie se iba revelando la cara adormilada del se?or Narthoss a quien como la vez anterior Rovenna lo había pescado en medio de una siesta entre los árboles aunque ella no pudo dejar de notar una especie de inusitada arruga bajo de sus ojos.

  –?él es...!

  – El se?or Narthoss del Bosque de los Espejos. Tu tío.

  Desde otro lado de la mazmorra escucharon tintinear las cadenas de Silas que debía estar intentando averiguar lo que ocurría.

  Rovenna esperó a que el elfo despertara pero este no mostró indicios de hacerlo. Pensó que le estaba gastando una broma.

  – Narthos... ?despierta!

  El elfo se removió intranquilo como si lo estuvieran molestando en un momento de lo más incómodo.

  –?Narthoss!

  Los ojos violetas del elfo se abrieron lentamente, como si le pesaran. Rovenna también notó que su piel no lucía su brillo habitual sino que parecía más cenicienta. Nunca lo había visto así, parecía más humano.

  –Ah, Rovenna... querida.

  Sorprendida, Olivia miró a Rovenna como si esperara alguna explicación pero esta sacudió una mano quitándole importancia.

  –Necesito preguntarte algo urgente.

  El elfo volvió a cerrar los ojos con fuerza, como si estuviera experimentando alguna especie de malestar. Se restregó los párpados con una mano.

  –Mis disculpas, querida, necesito un momento...

  No parecía estar bromeando. Su rostro adoptó un aire febril.

  –?Qué te ha pasado?

  Narthoss inspiró hondo antes de responder.

  –Acabo de sufrir una experiencia particular, mi querida. No he sentido tanto dolor desde que Phrondyr me derrotó en nuestro último duelo – volvió a cerrar lo ojos y dejó escapar un gemido – aunque eso no se puede comparar a lo que estoy sintiendo ahora. Hace dos días que estoy intentando recuperarme.

  Su día no estaba falto de sorpresas.

  –?Alguien te atacó? ?Quién?

  –Ese es el problema... Nadie nos atacó, simplemente... el dolor apareció de golpe...

  –?Nos?

  –Yo... y todos los elfos del bosque lo han sentido... Ni siquiera hemos podido curarnos a nosotros mismos, como si nos hubieran drenado la magia.

  Aquello era demasiada casualidad.

  –?Dos días dijiste?

  –Sí... dos largos días... – Narthoss parpadeó y miró en dirección a ella –. ?Quién... quien es esa chica?

  A su lado, Olivia se sobresaltó.

  –Ella es Olivia de Rocasombra.

  –Ah... la encontraste... esa es mi chica... – los labios del elfo temblaron como si intentara esbozar una sonrisa cordial –. Es un placer, dama Olivia. Hace mucho que me preguntaba por qué su padre no me la había presentado antes.

  –Mu-mucho gu-gusto – respondió la muchacha.

  Rovenna habló de nuevo.

  –Narthoss... sé que no es el mejor momento pero esto no puede esperar...

  No había manera de darle la noticia delicadamente. él era milenios más viejo que ella. Podía aguantarlo.

  –Siempre a tu disposición, querida.

  –Escucha... no sé por dónde empezar... pero... ?acaso sabías que tu hermana había tenido una hija con el Conde de Rocasombra?

  Narthoss se enderezó de golpe pero el esfuerzo le supuso una nueva oleada de dolor que le provocó un alarido que erizó la piel de Rovenna. Por primera vez en toda su vida se lo veía frágil.

  – Así... así que eso era... ay... hermana... hermana... – volvió a girar los ojos hacia Olivia –. ?Es verdad?

  Lo único que pudo hacer la nerviosa muchacha fue asentir.

  –Me temo que eso no es lo único, Narthoss, – continuó Rovenna –. Pero... sospecho que ese dolor que sientes está relacionado con el Sello de Dragón.

  El elfo se mantuvo pensativo durante un instante.

  –?Por qué... piensas eso, querida?

  –?Qué pasaría si alguien violara el Sello?

  –Si alguien violara... eso sería imposible... – la miró fijamente –. ?Quién crees que lo ha hecho?

  –No lo creo, lo sé. Una quimera logró adoptar su forma original.

  él sacudió lentamente la cabeza.

  –Eso no puede ser... no hay manera...

  –Pero si hubiera una forma...

  –Está prohibido. Nadie puede hacerlo... aunque esto... este dolor... siento como si... como si mi cuerpo estuviera plagado de quemaduras... Si una quimera... adoptó su forma original... eso es... una clara... violación del sello...

  – ?Podrían los elfos sentirlo?

  –No sólo los elfos... todos aquellos que... portamos la maldición... Elfos, sirenios, elementales, híbridos, incluso... las quimeras de las monta?as...

  Eso era un gran problema.

  –Todos menos los humanos que están libres de ella – agregó Rovenna.

  Narthoss apretó los ojos mientras asentía.

  –Exacto... ?cómo... cómo ha pasado?

  Rovenna, con la ayuda de Olivia, comenzaron a hacerle un recuento de los hechos partiendo desde lo ocurrido entre Alaric y Daephennya pero no habían avanzado mucho cuando alguien los interrumpió.

  – ?Maestra Arcanista! – gritó desesperado el joven Iniciado que le había estado llevando los informes a Rovenna mientras irrumpía en la mazmorra. Al bajar el último escalón dio un paso en falso y cayó de cara contra el suelo.

  –?No ahora! – rugió Rovenna

  –?Pero, Maestra! –el ni?o gimoteó. Su rostro estaba ba?ado en lágrimas–. ?Estamos siendo atacados!

  Rovenna ocultó el espejo y se abalanzó sobre el Iniciado. Lo agarró por el cuello y lo levantó del suelo.

  –?Por quién?

  –?Los habitantes del puerto! ?Han formado un turba! ?Dicen que vienen a liberar a la quimera!

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