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Capítulo 52 - La confianza

  Los rayos de sol se colaban con fuerza a través de las cortinas que cubrían la ventana cuando Olivia se despertó en la cama de la peque?a casa de piedra. Al principio le costó recordar dónde se encontraba mientras los recuerdos del día anterior iban aflorando poco a poco en su mente: la cueva, la búsqueda por barcos, el caballo, la estafa, el ni?o.

  Sobresaltada, levantó la cabeza. Desde la sala principal no escuchaba ningún movimiento. Quizás Silas y Milo continuaban durmiendo aunque por la intensa luz debía de ser bastante tarde.

  Pero no podían seguir perdiendo tiempo. Ya habían pasado dos días desde que habían llegado al puerto y lo único que había logrado era deambular por las calles y ser estafada. Silas habían querido acompa?arla pero sus ojos dorados saltarían a la vista enseguida y no podían arriesgarse a encontrarse con algún mago. Había sido todo un milagro encontrarse con Milo y que este se mostrara tan predispuesto a ayudarlos cuando no sabía nada de ellos.

  Lo mismo que había pensado cuando conocieron a Los So?adores Caminantes.

  Decidida saltó de la cama para luego caer de espaldas sobre el colchón tras enredarse con los jirones de su propio vestido y perder el equilibrio. Se había confiado al sentirse mucho más descansada de lo que había estado esos últimos días desde que habían huido del pueblo pero sus piernas aún le pesaban como si tuvieran grilletes. Intentó levantarse con cuidado y arrastrando los pies se dirigió hasta la sala en donde solamente encontró a Silas de espaldas con los brazos apoyados sobre el alfeizar de una ventada desde donde se podía ver el vasto mar azul.

  Se había cambiado de ropa. En ese momento vestía de una manera similar a los marineros que había visto trabajar en los muelles: una camisa blanca y holgada, pantalones oscuros, ce?idos con un simple cinturón de tela, y un par de botas de cuero gastado.

  Milo debía de haberle conseguido aquellas ropas pero no había se?ales del ni?o por el momento.

  –Buenos días –al saludarlo, Silas se dio la vuelta y sus intensos ojos dorados la observaron de arriba a abajo. Algunos mechones de su larga cabellera iluminaba por el sol flotaban con la brisa fresca que entraba por la ventana, lo cual, sumado a su vestimenta, le agregaba un toque intrépido, similar a lo que Olivia se imaginaba cuando leía acerca de los héroes de sus novelas.

  Ella contuvo la respiración.

  –?Cómo te sientes? –preguntó él en un tono neutro que no dejaba traslucir preocupación, aunque Olivia quería creer que sólo estaba tratando de disimularlo.

  –Ah... –ella parpadeó –. Bastante mejor... de verdad necesitaba una buena noche descanso.

  él arrugó los labios y bajó la mirada.

  –?Qué pasa? –preguntó ella.

  él apretó aún más los labios antes de responder, como si estuviera a punto de confesar algo que sabía que a ella le iba a molestar.

  –No fue una sola noche... dormiste dos días enteros.

  A la muchacha le llevó un momento en procesar lo que él le estaba diciendo.

  –Dos días... dos días... ?dos días? ?Silas!

  él suspiró y puso los ojos en blanco.

  –No tendría que habértelo dicho.

  –?Cómo pudiste dejarme dormir dos días cuando los magos del Consejo podrían llegar al puerto en cualquier momento? –exclamó ella enojada –

  –Necesitabas descansar –explicó él con firmeza –. Tu cuerpo todavía debe estar sintiendo los efectos del poder de las brujas.

  –Pero aun así...

  –De nada sirve que te esfuerces tanto si puedes desplomarte en cualquier momento.

  –?Descansaré cuando estemos en el barco!

  –Sobre eso... he hablado con Milo.

  –?Y qué te ha dicho? –la voz de Olivia sonó ansiosa.

  –No sabía de ningún barco que zarpara hacia la isla por el momento... pero me dijo que en cuanto supiera algo nos vendría a avisar. Ya debe estar por llegar, es casi hora del almuerzo.

  Como Silas predijo, Milos se apareció poco después con una canasta de comida.

  –?Despertaste! –exclamó al verla con sus ojos brillando de alegría –. ?Por fin! –apoyó la canasta sobre la mesa –. Espero que tengan hambre porque les he traído el almuerzo.

  Nada más escuchar eso Olivia comenzó a sentir retorcijones en el estómago.

  –Gracias, Milo, es muy amable de tu parte... pero creo que te estamos dando muchos problemas.

  Milo no le hizo caso y se dispuso a encender el fuego con unas le?as secas que seguramente él mismo había recolectado en algún momento mientras Olivia dormía. Poco después el aroma de tocino y huevo inundó la habitación. También había conseguido una hogaza de pan, un gran pedazo de queso, leche y fruta. Los ojos de Olivia se llenaron de lágrimas como si se encontrara frente a la mesa de un enorme festín en el castillo de Rocasombra.

  Mientras dejaban todo listo en la mesa, Milo le preguntó:

  –?Te ha gustado alguno de los vestidos?

  –?Vestidos? - Olivia no había tenido tiempo de revisar la ropa que él había dejado amontada sobre las sillas pero ante los ojos insistentes del ni?o comenzó estudiar mejor las prendas. Casi todas eran ropas de mujer, excepto unas pocas de hombre que Silas había descartado por quedarle peque?as.

  –Estás servirán –respondió Olivia agarrando un pantalón, una camisa y un chaleco azul ante la mirada confundida de Milo –. Aunque me faltaría un par de botas para estar más cómoda.

  –Pero...

  Olivia se sonrojó avergonzada al pensar en todo el esfuerzo de debía de haberle llevado conseguir aquellos preciosos vestidos.

  –Los vestidos son muy incómodos para viajar... –se disculpó –. Lamento que hayas perdido tanto tiempo...

  –Para nada - respondió Milo levantando ambas manos quitándole importancia –. Me las dio una vieja modista quien me debía un par de favores... sólo eso... Entonces... –él ladeó la cabeza y la miró con extra?eza –. ?No te gustan los vestidos?

  –Me gustan... sólo que no me gusta usarlos todo el tiempo, sobre todo desde que comencé mi viaje con Silas.

  La quimera había permanecido callado durante toda la conversación, ocupado en zamparse su almuerzo con un apetito voraz que le valió una mirada reprobatoria de Milo.

  –?Deja algo para los demás! –lo rega?ó.

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  Olivia se rió y comenzó a servirse un pedazo de cada cosa.

  –Me dijo Silas que estuvieron hablando acerca de los barcos que van a la isla.

  –Ah... –el brillo de los ojos de Milo pareció apagarse por un instante -. Puede que haya averiguado algo...

  Notó que se mostraba reacio a compartir la información aunque ella no entendía por qué.

  –Es importante saberlo, no podemos estar aquí por más tiempo –insistió ella sintiéndose cada vez más culpable por depender de alguien tan joven.

  –?Tan rápido deben irse? –era más un lamento que una pregunta y la muchacha sintió como su propio corazón se estrujaba. Era un ni?o de calle... o hijo del puerto como él les había dicho de manera tan orgullosa pero aun así debía de sentirse muy solo en el mundo. Al igual que Silas cuando lo conoció.

  Pero por más que le pesara, la vida de una quimera estaba en peligro.

  –Si nos quedamos aquí, los magos atraparán a Silas.

  El ni?o se mantuvo pensativo y de repente chasqueó los dedos y sus ojos volvieron a iluminarse.

  –?Ah! ?Entonces tú no tienes que irte, sólo Silas!

  –Sí pero... yo no... –Olivia le hizo se?as a Silas con la cabeza pidiendo ayuda pero este no se hizo el aludido.

  –?Para qué quieren ir hasta la Isla de los Demonios? – continuó insistiendo el ni?o–. Ellos no aceptan humanos allí. Tendría más sentido que se dirigieran a las islas del norte.

  Porque justamente ellos no eran humanos, o al menos no del todo como en el caso de Olivia, pero no podía decirle nada de eso al ni?o.

  –Se trata de una misión secreta. Cuanto menos sepas, mejor será para ti.

  Como si le hubieran herido el orgullo, Milo se golpeó el pecho con su pu?o.

  –?He vivido toda mi vida en las calles! ?No hay nada que me asuste!

  –Es muy peligroso. Esto involucra al Consejo de los Magos.

  En los ojos de Milo parecía arder un peque?a llama.

  –?Odio a los magos! ?Todos aquí en el puerto los odiamos! ?Sea lo que sea, te ayudaré a derrotarlos!

  Olivia suspiró y tomó sus manos entre las suyas. El gesto provocó que el ni?o se tranquilizara y su mirada osciló entre sus manos y el rostro de Olivia. Silas observaba la escena con una mirada de aburrimiento mientras continuaba masticando-

  –Milo, escucha, me alegra mucho haberte conocido. Eres una persona muy especial y nos has ayudado muchísimo pero... no es seguro que nos quedemos aquí... No sería justo involucrarte en algo que ignoras totalmente y que tampoco puedo compartir contigo –Olivia recordó con pesar la traición de Deema y Gorwan que habían actuado guiados por el temor de que algo les ocurriera a sus hijos, quienes para entonces también debían de despreciarlos luego del incendio que ella misma había desatado. Si Milo se enteraba de la verdad... ?actuaría de la misma manera? Ella no se atrevía a arriesgarse. No podía soportar la idea de que aquel ni?o inocente la mirara de la misma forma aterrada que Deema lo había hecho mientras permitía que los magos se la llevaran sin haber podido defenderse. En el peor de los casos, él debía de pensar que eran meros fugitivos que habían atentado contra el Consejo.

  Milo, sin embargo, sospechaba algo.

  –No confías en mí... –dijo retirando sus manos.

  Olivia sabía que, si le mentía, sería un insulto a su inteligencia.

  –Además de ti, mucha gente nos ha ayudado a llegar hasta aquí y no puedo dejar que su sacrificio sea en vano.

  Los ojos del ni?o permanecieron fijos en la madera de la mesa. Ella pensó que debía de estar empezando a odiarla pero cuando volvió a mirarla a los ojos se mostró aún más decidido:

  –Te demostraré que puedes confiar en mí. Los ayudaré en todo lo que pueda. El próximo barco zarpa hacia la isla en cuatro días.

  –?Cuatro días! –exclamó Olivia con sus esperanzas extinguiéndose cada vez más.

  –Eso si no sucede alguna tormenta.

  No podían esperar tanto. Para entonces, el puerto entero estaría atestado de magos. Los actores sabían que ellos se dirigían a Abrazo de Tormenta. Olivia estaba pagando muy caro su inocencia al confiar en personas que no conocía.

  Silas se cruzó de brazos sabiendo lo que aquella espera significaba. Quizás ni siquiera serían capaces de llegar al barco sin que los magos lo descubrieran.

  –No hay otra manera de llegar –continuó Milo –. Con un buen viento dicen que el viaje dura alrededor de cinco días.

  –?No podríamos conseguir un bote peque?o para nosotros? –propuso Olivia.

  Milo la miró como si hubiera perdido la cabeza.

  –?Hablas en serio? ?Alguna vez estuviste en el mar?

  –Eh... no... –Olivia se sintió avergonzada de su ignorancia.

  El ni?o sacudió la cabeza.

  –No sobrevivirías ni un día. El Mar Libre es una zona peligrosa, las tormentas son una constante. La única opción es tomar un barco mercante. El problema es... que acepten llevarlos.

  Olivia miró su plato que apenas había tocado. Su estómago seguía molestándole pero ya no de hambre.

  Silas lo notó y empujó el plato hacia ella.

  –No me obligues a seguir cuidándote, estoy cansado –se quejó –. Come. Tenemos cuatro días para resolver esto.

  –No podremos llegar al barco sin que te descubran... a menos que...

  Los ojos de Silas se oscurecieron de la misma manera que los de su padre cuando la reprendía por algo.

  –Ni se te ocurra –le advirtió.

  –Pero...

  –Tu cuerpo no lo soportará. Es muy pronto. Ya lo hemos hablado. Estoy enfermo de repetírtelo.

  –Quizás en cuatro días esté mejor y...

  –No sabemos eso. Tú no viste lo que ocurrió... todo ese poder –Silas se calló sabiendo que no podía decir más delante de Milo.

  –Esto es sólo un amuleto, quizás Aurora no necesite...

  –?Ya te olvidaste que esa noche desapareciste y te encontramos inconsciente lejos del campamento?

  –Esta vez no necesitaría ocultarme. Podría hacerlo aquí.

  –No sabes eso... Además, no confío en ellas.

  –?Ellas? –preguntó Milo que los miraba confundido.

  –Unas amigas mías –explicó Olivia –. Nos han ayudado...

  –Pero también nos han metido en problemas –terminó Silas –. Además, ?en qué momento han aparecido ellas cuando las has llamado? Solamente lo hacen cuando les conviene.

  –Entonces quizás esta vez sí aparezcan porque les conviene que nos tomemos un barco.

  –Más bien que destruirán el puerto antes de que...

  –?Destruir el puerto? –preguntó Milo con los ojos abiertos como platos.

  –?Silas! –exclamó Olivia.

  –Perdón... quizás no llegue a eso.

  –?Quizás? –los ojos de Milo oscilaban entre los dos jóvenes.

  –Chispa es la única que ha estado destruyendo... cosas... – continuó Olivia.

  –Hasta ahora.

  –Estábamos en peligro, por eso pasó lo que pasó –se excusó Olivia –. Recuerda todas las veces que te salvaron también a ti.

  –Lo recuerdo... –dijo Silas con recelo –. Pero ahora me pregunto si no será que les convenía que yo te mantuviera a salvo mientras tú no podías reaccionar. Entonces, el día que no me necesiten más...

  –Eso...

  –?Puedes asegurarme que no será así?

  Olivia no podía.

  –Incluso deben estar ahora mismo escuchando esta conversación –agregó Silas con un dejo de burla.

  –?Qué? –alertado por las palabras de Silas, Milo comenzó a girar la cabeza en todas direcciones.

  –Ya ves, ni?o, por qué te estamos protegiendo.

  –?Deja de asustarlo!

  –?No soy un ni?o, soy un hombre!

  – Además, ellas no lo harían... porque... aunque... –pensándolo mejor, Olivia cayó en la cuenta de que las brujas seguramente tenían una manera de saber lo que estaba ocurriendo, de lo contrario no sabrían cuándo aparecer.

  ?Cómo era posible que unos seres tan poderosos no figuraran en ninguna historia, leyenda o incluso de los libros de magia? ?Cómo habían pasado desapercibidas por tanto tiempo? ?Qué relación tenían los elfos con ellas?

  –?No las necesitan! –exclamó Milo golpeándose otra vez el pecho –. ?Encontraré una forma de que lleguen sanos y salvos a la isla!

  –?Y cómo piensas hacerlo? –preguntó Silas al ver que Olivia continuaba perdida en sus pensamientos y no decía nada.

  –Necesitaremos dinero para sobornar a alguien de la tripulación y que los esconda en la bodega del barco –explicó Milo con una seguridad tal que hizo que Olivia comenzara a creerle.

  –?Y los magos?

  –Pueden abordar el barco durante la noche mientras nadie los vea.

  –El problema no es que sólo nos vean... –trató de hacerle entender Olivia –. Los magos podrían sentir a Silas...

  –?Sentirlo cómo?

  –Magia, pueden sentir la presencia de las personas –no era del todo mentira ya que los magos más avanzados podían sentir la presencia de seres mágicos.

  Milo se cruzó de brazos, pensativo, luego chasqueó los dedos.

  –Entonces Silas deberá alejarse del puerto y esperar en una zona donde los magos ya no puedan descubrirlo. Le cobraré un favor a un pescador amigo mío para que lo alcance hasta el barco cuando ya haya zarpado.

  –?Pero de dónde sacaremos el dinero para sobornar a la tripulación?

  –Lo conseguiremos. Tenemos cuatro días. Tengo algo ahorrado también.

  –?No, Milo!

  Olivia continuó protestando diciendo que ellos debían ser quienes se encargaran de resolver su propios problemas pero llegó un momento en que Milo se cansó de escucharla. Se levantó de la mesa y se dirigió a la puerta.

  –Prometo que algún día te pagaré, no sé cuándo ni cómo...–le dijo Olivia.

  –No tienes que hacerlo –dijo él mientras entornaba la puerta–. Burlar a los magos ya es un invaluable placer para mí... pero... –se detuvo un momento– si realmente te preocupa... hay distintas maneras de pagar a alguien sin tener que usar monedas –el ni?o le gui?ó un ojo y desapareció tras la puerta.

  Olivia miró a Silas entre confundida y preocupada.

  –?Qué quiso decir con eso?

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