home

search

Capítulo 38 - Los Caminantes Soñadores

  Dos días habían pasado desde que Olivia había tomado por los dos la decisión de que continuarían viaje con Los Caminantes So?adores.

  En ese tiempo la rutina se había resumido en levantarse temprano para aprovechar al máximo la luz del sol, parar cada cierto tiempo para estirar las piernas y luego detenerse antes del atardecer para armar el campamento y cenar.

  Silas y Olivia se habían mentido dentro del carro conducido por Gorwan, sentado al lado de Deema, mientras que en la parte de atrás iban ellos sentados al lado de sus hijos Celestia, Elyssa y el desconfiado de Alder que se había mantenido callado todo el rato, al igual que Silas aunque en su caso era porque no tenía ningún interés en participar en la conversación.

  Por el contrario, la situación de Olivia era muy diferente. Se había hecho amigas de las dos hermanas desde aquel primer almuerzo y desde entonces no habían parado de cotillear.

  Era el infierno.

  No había tema que no tocaran, desde todas las obras de teatro en las que los tres hermanos, ya desde muy ni?os, habían participado, novelas que Olivia había leído, cada una peor que la anterior, en opinión de Silas, vestidos, telas, música, celebraciones y festividades a las que los actores habían sido invitados a participar con su espectáculo, así como anécdotas de los caminos y los pueblos que visitaban, las cuales generalmente incluían algún pretendiente no correspondido.

  –Quizás tengamos suerte y se arme fiesta en el pueblo como a veces sucede después de la función –dijo Elyssa en un momento llena de entusiasmo.

  –?Te acuerdas de aquella vez, Elyssa, cuando aquel panadero terminó ofreciéndote matrimonio? –preguntó Celestia riendo –. ?Nunca me voy a olvidar de tu cara!

  –?No me lo recuerdes! –exclamó Elyssa, cubriéndose la cara con las manos –. Nunca había corrido tan rápido en mi vida.

  –?Alder casi lo mata con su espada de madera!

  –?Y con razón! –replicó Alder, siempre de brazos cruzados y mirada ofuscada –. Cualquier hombre que moleste a mis hermanas se merece la muerte –luego miró a Silas –. Y si ocurriera que uno quisiera fugarse con una de ellas, lo perseguiría hasta el fin del mundo.

  –Ay, Alder, déjalo en paz, eres un pesado –Celestia puso los ojos en blanco –. Quizás mi hermano les parezca muy antipático pero es una buena persona. Si no fuera porque estás comprometida con Silas, haría que te casaras con él, Olivia.

  –Ah... gracias... –rió Olivia mirando a Silas incómoda pero él no hizo nada más que suspirar de aburrimiento.

  –Es muy sobreprotector –dijo Elyssa pellizando una de las mejillas que Alder que lanzó un chillido para que lo dejara en paz.

  –Yo no tengo hermanos –dijo Olivia sonando un poco melancólica –. Aunque tengo una media hermana a la que no conozco mucho...

  –?Ya viste, Alder? –se quejó Celestia –. No pongas triste a nuestra amiga. Hace mucho que no podíamos hablar con alguien de nuestra edad.

  –?Qué hay de ti, Silas? –preguntó Elissa –. Me gustaría escucharte decir algo. ?Te gusta el teatro?

  Silas no tenía ganas de fingir que entendía algo de todo aquello.

  –Sólo he visto una obra en toda mi vida... así que no sé... –respondió.

  –?Sólo una? ?Cuál?

  –La leyenda de Terrarkana.

  –Ah... ?pero era la conoce todo el mundo! ?Ahora que estás con nosotros, te mostraremos todo lo que podemos hacer!

  De ahí en más las dos chicas pasaron a contarle todo lo que incluía su repertorio. No sólo obras sino también canto, danza, títeres, teatro de sombras, acrobacias y malabares. A Silas le costó entender un poco de qué se trataba cada cosa así que Olivia tuvo que explicarle más tarde cuando se vieron a solas. Por suerte para él, las hermanas eran tan entusiastas que no se dieron cuenta de su ignorancia, aunque Alder no paraba de mirarlo, quizás atento cualquier de sus movimientos y palabras.

  No lo culpaba. él también hubiera actuado de esa forma si aquella fuera su familia. En realidad, era con quien más parecido tenía dentro del grupo. El resto eran casi todos como Olivia, habladores y risue?os como si hubieran tomado alguna especie de pócima que los hiciera sentirse felices todo el tiempo. Además de hablar, también se pasaban cantando, mientras los carros avanzaban, mientras armaban el campamento, después de la cena, antes de retirarse todos a dormir. Era insoportable.

  Pero no para Olivia, quien parecía moverse como pez en el agua y no había tardado casi nada en aprenderse las canciones que le habían ense?ado. No la había así de cómoda ni cuando se habían sumado a la fiesta de los sirenios.

  En tanto, Silas y Alder eran los dos hura?os del grupo y no pasaba mucho rato sin que alguien hiciera notar aquel gracioso parecido, a pesar de que en apariencia no se llevaran del todo bien. Incluso llegó un momento en que los dos acordaron de ir a cortar le?a para el fuego por su cuenta para alejarse un poco de aquel estridente grupo.

  Silas agradecía tener esas peque?as tareas para distraerse y no seguir lamentándose de su fallida travesía por el golfo. Todavía no entendía lo que había hecho mal. Había sido tan afortunado de que se le concediera una nueva forma, y no sólo había perdido esa capacidad, sino que ahora ni siquiera podía transformarse en ningún otro animal, como si todos sus esfuerzos anteriores no hubieran valido nada.

  Había sido cuidadoso, tal como le habían dicho los sirenios, pero no lo suficiente.

  O quizás los sirenios lo habían enga?ado sabiendo que no duraría mucho en aquella forma de orca y que sería cuestión de tiempo para que terminara ahogándose y así terminar con el problema de la quimera que había escapado de las monta?as. Aunque ninguno de ellos había contado con que Olivia viajaría con él gracias al poder de Numi.

  Aun así, los actores no le caían mal, simplemente eran ruidosos, y, a pesar de eso, había sido un viaje apacible. Olivia tampoco había vuelto a tener otro episodio o por lo menos no actuaba más raro de lo normal de acuerdo con el criterio de Silas. Con los humanos uno nunca sabía.

  De todas maneras, Silas no entendía por qué ella había tenido que inventar esa historia tan inverosímil que de manera inesperada, al menos para él, todo el grupo se había tragado de manera tan inocente, a excepción quizás de Alder que parecía ser el único inteligente y Silas lo respetaba aún más por eso.

  Pues claro que era obvio que no eran ninguna pareja. Eso podía notarse desde muy lejos pero él no iba a perder su dignidad simulando tremenda estupidez. Olivia era la culpable, que se encargara ella de seguir mintiéndole al resto.

  Se sentía tan frustrado que cualquier cosa que le pidieran lo hacía de buena gana.

  –Eres un amor, Silas –le decía Deema sacudiéndole el pelo, así como lo hacía también Gorwan cada vez que la quimera se ofrecía para la más mínima tarea como cuando iba a buscar la le?a, ayudaba a montar las carpas, revolvía la cuchara del guiso o cargaba el equipaje de nuevo hasta los carros.

  Sin embargo, había algo que no lo dejaba olvidarse de sus problemas y eso era su propio cuerpo al que todavía no se terminaba de adaptar. La primera vez que se había levantado en dos piernas le había costado bastante y tropezaba a cada rato. Los dedos de sus manos le temblaban cuando llevaba a cabo peque?as acciones que requerían precisión, por más simple que pareciera. No fueron pocas las veces sintió un espasmo en las manos que le había hecho tirar el hacha o golpearse él mismo con el martillo mientras clavaba una estaca en el suelo para armar la carpa.

  También la ropa le molestaba. Le picaba todo el cuerpo y no paraba de rascarse hasta dejarse marcas de ara?azos. Hubiera querido salir corriendo hacia lugar detrás de árboles o rocas para quitársela al menos durante un rato pero si alguien lo descubría sabía que no lo verían como un humano normal.

  Hasta ahora, gracias al talismán, había logrado algo que parecía imposible, aunque también le molestaba lo fácil que era ser confundido por uno de aquellos seres, como si no hubiera diferencia entre ellos y las quimeras.

  Cuando se sucedía alguno de aquellos peque?os accidentes, Gorwan y Deema, pensando que su falta de coordinación se debía al accidente que había sufrido en el agua, le pedían que no se esforzara tanto, que pronto se recuperaría. No había pasado tanto tiempo todavía.

  No había pasado tanto tiempo, era verdad, pero Silas sentía como los nervios comenzaban a apoderarse de él. La última vez que había estado en esa primera forma no era más que una cría incapaz de transformarse, mientras que sus hermanos corrían a su alrededor convertidos en zorros, lobos, cabras, osos, ciervos, incluso águilas, y siempre lo dejaban atrás. El patético sin nombre.

  Sin nombre, sin nombre, ese será tu nombre, sin nombre. Era la canción favorita de sus hermanos, muy diferente de las canciones que los actores cantaban durante aquel viaje.

  Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.

  La primera vez que había logrado convertirse en ratón se había sentido eufórico pero su alegría se vio pronto apagada frente a la indiferente reacción de su familia para quienes aún no era suficiente y esperaban impacientes a que adoptara la siguiente forma, lo cual consiguió, aunque tuvieron que sucederse varios ciclos lunares.

  Eso tampoco satisfizo a la manada. Le costaba mucho mantener su forma de zorro al principio y no fueron pocas las veces que sus hermanos debieron cargarlo para no dejarlo atrás.

  Hasta que un día su padre, encolerizado, hizo lo impensable para obligarlo a tomar otra nueva forma y su fracaso provocó que la manada decidiera por fin abandonarlo.

  Pasar tanto tiempo con los humanos lo hacía sentirse confuso pero Silas no debía olvidar que lo había empujado fuera de las monta?as y todo lo que le quedaba por hacer antes de volver y vengarse de aquellos lo habían tratado como la escoria misma.

  Si tomaba por cierto lo que le habían dicho los sirenios, tenía que encontrar la causa de aquel nudo del que le habían hablado. Por el momento, la única por allí que podía decirle algo sobre los códigos era la misma Olivia pero cuando le mencionó acerca del asunto ella no sacudió la cabeza con tristeza.

  –Suponiendo que pudiera revelar tu Código, no podría descifrar la mayoría de ellos. Necesitarías a un Maestro, uno muy avanzado, como Eldrin. Se requieren muchos a?os, incluso décadas para dominar su lectura. No todos los Maestros se vuelven expertos... Deberás esperar a llegar a la isla, lo siento.

  –?Y si llamas a una de tus amigas brujas? –insistió Silas.

  Ella se molestó.

  –Mira, Silas, primero, que nada, no son mis amigas, no tengo idea quiénes son –comenzó a caminar en círculos mientras se agarraba de los pelos –. Tampoco no sé qué es exactamente una bruja ya que por más que me he devanado los sesos, no recuerdo haber leído nada sobre ellas alguna vez. Además... ya te dije acerca de lo riesgoso que puede ser... No todas son iguales. ?Podrías morir!

  –No creo que sea para tanto. Estoy dispuesto a correr el riesgo. Prefiero morir antes que...

  –Ya sé, ya sé... –Olivia continuó hablando imitando la voz de Silas y moviendo los brazos de la misma manera que le había visto hacer a los actores –. Yo, noble quimera, prefiero enfrentarme a las garras de la muerte... antes que seguir viviendo en esta grotesca forma...

  –Yo no sueno así.

  –Bastante exacto diría yo.

  –Aunque estoy de acuerdo de que es una forma grotesca –dijo él mirándose sus finos y alargados dedos similares a los gusanos –. ?Ya viste cómo se ríen?

  –Nadie de ríe de ti, excepto cuando haces tonterías...

  –Tus dos nuevas amigas se burlan de mí sin importar lo que haga.

  –?Cómo?

  Silas entonces pasó a describirle la extra?a actitud de Celestia y Elyssa, quienes cada vez que pasaban cerca de él no podían contener la risa. La quimera se preguntaba qué cosa horrenda debía de tener su cara como para que ellas perdieran la compostura de esa forma tan brusca. No era que le importara. él sabía muy bien que aquella primera forma era aborrecible pero no permanecería así por mucho tiempo. Ya había pasado por esa situación. Volvería a recobrar su poder.

  Al término de su explicación, Olivia lo miraba con cara de fastidio.

  –Silas... no se están riendo de ti...

  –?Claro que sí! ?No las defiendas! ?Si soy tan feo, al menos podrían ser amables y simularlo un poco!

  Aquellas palabras provocaron que Olivia experimentara un abrupto ataque de risa que la hizo tirarse al suelo.

  –?Tú también! –se quejó Silas.

  La muchacha tardó varios minutos en recuperarse. Mientras tanto, el sol ya casi se estaba perdiendo en el horizonte. Se suponía que al siguiente día llegarían al pueblo. Silas debía aprovechar la oportunidad para intentar transformarse ya que luego le sería imposible debido a la gran cantidad de humanos que se encontrarían allí. Quizás muchos más que en el castillo de Rocasombra o incluso en el Pueblo del Lago.

  –Al menos acompá?ame y vigila mientras intento transformarme.

  Se alejaron aún más del campamento a través de una peque?a pero espesa arboleda. Cuando llegaron al extremo de esta, desde donde ya no se podían ver ni las carpas ni los carros, Silas le entregó el talismán a Olivia.

  –?Mis ojos? –le preguntó a Olivia.

  Ella dio un saltito como si la pregunta la hubiera tomado por sorpresa.

  –?Qué pasa con ellos?

  –?Eres tonta? Te estoy preguntando si volvieron a la normalidad.

  –Ah, sí... son dorados de nuevo.

  –Bien... –Silas entonces comenzó a desvertirse.

  –?Qué haces? –exclamó Olivia horrorizada dándose la vuelta para no mirarlo.

  –Es mejor si me desvisto. La ropa es un obstáculo –Silas suspiró de alivio mientras a toda velocidad se quitaba los pantalones que tanto le molestaban y volvía a sentir el aire fresco aliviando su piel irritada.

  –?No puedes hacer eso delante de mí sin antes avisarme!

  –Es sólo piel.

  –?Es mucho más que piel! ?No puedo creer que no te des cuenta!

  –No soy humano, no lo olvides. Tus estúpidas reglas no me importan.

  –?Deberían importarte si no quieres que te descubran!

  –Vigila entonces de que nadie más venga.

  Olivia suspiró irritada.

  –Bien, pero date prisa. Te vas a enfermar.

  –Claro que no. Tengo más resistencia que ustedes.

  –Me caías mejor cuando era un perro o un zorro.

  –Estoy de acuerdo. Así que será mejor para los dos que lo consiga enseguida. No me distraigas.

  Mientras Olivia murmuraba algún insulto, Silas comenzó a concentrarse. Cerró los ojos, respiró hondo varias veces y recorrió mentalmente cada una de las partes de su cuerpo. Con cada exhalación intentaba imaginarse su energía recorriendo cada rincón de su piel. Movió levemente los dedos de sus manos y se enfocó en la sensación de sus pies desnudos acariciados por los pastos que se agitaban con la brisa.

  Fue doblando su cuerpo hacia adelante hasta ponerse en cuatro patas. Se mantuvo en esa posición tratando de recordar lo que se sentía moverse entre la espesura como un ratón, sentirse peque?o, invisible, un peque?a bolita de pelos.

  De aquella forma, su familia se había burlado, y él también se había sentido avergonzado. Sin embargo, hubiera dado todo por volver a ser ratón de nuevo.

  Todo lo que oía ahora eran los latidos de su propio corazón que le retumbaban en los oídos. Una corriente de calor recorrió su espalda. Sentía un hormigueo en sus manos y pies. Ahí estaba. Podía sentirlo. Se estaba encogiendo, los pastos se hacían cada vez más altos, su piel estaba cambiando...

  Sin embargo, tras varios minutos, abrió los ojos y sus manos continuaban igual. Todo su cuerpo continuaba igual. Desesperado, cerró los ojos con fuerza y clavó sus u?as en la tierra, intentando una vez más, forzando su mente a recordar la agilidad y la peque?ez de un ratón. De repente, dejó salir una exhalación que se dejó escuchar como si fuera el gru?ido de una bestia herida. Había estado reteniendo el aire sin darse cuenta.

  –Silas... ?estás bien? –le preguntó Olivia y cuando Silas giró la cabeza vio que ella que se había acercado tapándose los ojos con una mano.

  Gotas de sudor frío resbalaban por su frente. Se sentía exhausto como si todo ese rato hubiera estado tratando de cruzar una barrera invisible e impenetrable. Su mente no era más que un manojo de impotencia y decepción. A sus labios le llegó un sabor salado. Las gotas que surcaban su rostro habían pasado a ser lágrimas.

  Lágrimas. La última vez que había llorado de aquella manera no era más que un ni?o. No quiso responder a Olivia por temor a perder el control. Le dolía la garganta de tanto contenerse como si estuviera a punto de ahogarse. Ahora sólo notaba el peso de su propio cuerpo, la rigidez de sus músculos, y la realidad de aquel maldito cuerpo.

  Se quedó tendido sobre el pasto, derrotado.

  –Quizás... –comenzó a decir Olivia –la forma de orca te consumió mucha energía y necesitas más tiempo... Nadie pierde sus poderes así como así... Nunca he leído...

  –?No me importa lo que digan tus estúpidos libros!

  Vio caer el talismán al lado de su cara.

  –Tienes que vestirte ahora. Se está poniendo oscuro y en cualquier momento vendrán...

  Dicho eso, una voz se escuchó acercándose entre los árboles.

  –?Ah, Gorwan! ?Aquí están! –era Deema, quien otra vez los encontraba en una situación extra?a –. Sabía que no se habían escapado... sólo estaban...

  Al escuchar la voz de Deema, Silas alcanzó a ponerse el talismán y luego saltó para comenzar a ponerse los pantalones pero el esfuerzo lo había dejado cansado y sentía los músculos pesados. Terminó cayendo al suelo mientras intentaba vestirse.

  Desde el suelo, vio como Olivia, todavía de espaldas a él, se topaba frente a frente con la mirada boquiabierta de la mujer.

  –?Qué estaban haciendo? –preguntó Gorwan que se acercaba con una antorcha detrás de su esposa.

  –Gorwan... –la actitud de Deema adoptó un matiz decidido –. Necesitamos mantener una conversación.

  –?Una conversación?

  –La conversación.

  –?Te refieres a...?

  –Sí, esa misma conversación que ya hemos tenido tres veces con nuestros propios hijos.

  Gorwan se rascó su canosa cabeza.

  –Vaya... esa conversación... ?ahora? –preguntó.

  –Sí, ahora, es de suma urgencia. Hemos llegado a tiempo. Silas termina de vestirte primero...

  –?Qué conversación? –preguntó Olivia y Silas también tenía la misma pregunta en su mente.

  La voz de Deema se suavizó.

  –Ya sabes, querida, la conversación.

  –?Qué conversación? –al menos ella sonaba tan confundida como se sentía Silas escuchando ese diálogo tan absurdo.

  Deema suspiró.

  –Ay, mi ni?a... ?tu madre no tuvo esta conversación contigo?

  –Yo no conocí a mi madre... Ella murió antes de que yo naciera. Fui criada por mi padre.

  Algo de eso era verdad, pensaba Silas.

  Deema se llevó una mano a su cara.

  –Tendría haber pensado antes de hablar.

  –No... no es nada... fue hace tanto tiempo...

  –?Y... no había ninguna otra mujer en tu vida...?

  –Mi abuela... –debía de estar hablando de Barthra –. Pero ella sólo me habló de flores, hierbas, pájaros, abejas... Había unas criadas pero supongo que no tenían permiso de mi padre...

  –?Y qué hay de ti, Silas?

  Ya vestido del todo, Silas se cruzó de brazos.

  –No quiero hablar de mis padres.

  –Pues, bien, con más razón aún –Deema puso los brazos en jarras –. Tendrán que escucharnos ahora los dos.

  –Pues si mi padre estuvo ocultándome algo tan importante... ?necesito saberlo ya! –exclamó Olivia decidida.

  Pasó un rato mientras Deema pasaba a explicarles todo lo concerciente a relaciones entre hombres y mujeres. Aunque su esposa le había pedido ayuda, Gorwan se mantuvo callado mirando para otro lado.

  Al finalizar, el sol ya había desaparecido hacía rato y las estrellas titilaban en el cielo. Volvieron al campamento en silencio. Deema y Gorwan adelante, Silas y Olivia siguiéndolos con lentitud, totalmente abochornados.

  –No... no necesitaba saber eso... ?Sa-sabías... algo... de...de... eso? –le susurró Olivia.

  –No... Nadie me lo había explicado. Creo que todos pensaron que iba a morir en cualquier momento y ni se molestaron.

  –?Para las quimeras... es...es igual?

  –No tengo idea. ?Qué importa?

  –Cu-cu-curiosidad.

  –Mejor no sigamos con esta conversación.

  –De acuerdo.

  Lo único positivo para Silas de todo eso era que por un momento se había olvidado de su rotundo fracaso.

  Nada más rayar el alba, el campamento fue levantado y poco rato después el grupo de viajeros ya podía ver a lo lejos las primeras casas del pueblo.

Recommended Popular Novels