Tharion caminó hacia Kael y Lyra, con pasos firmes que retumbaban sobre la ceniza. Su hacha descansaba sobre un hombro, pero sus ojos escudri?aban cada movimiento de ambos.
—No es común ver a un Ghoul caer antes de que lo toque mi arma —dijo con voz grave, mirándolos a ambos—. ?Quiénes son ustedes?
Kael tragó saliva y dio un paso adelante:
—Yo… solo vivo aquÃ. Y ella… ella solo buscaba refugio.
Tharion giró lentamente hacia Lyra, analizando cada lÃnea de su rostro, la postura, la forma en que sostenÃa su dispositivo.
—No confÃo en nadie del Nexo —dijo con un tono que era a la vez advertencia y historia—. He visto a demasiados humanos convertirse en cadenas de esa Inteligencia. Pero… —hizo una pausa, su mirada fija en ella— tú tienes un brillo que no habÃa visto en mucho tiempo.
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Lyra no movió un músculo, pero sus ojos parpadearon, y un peque?o gesto de respeto se dibujó en su boca.
—Eso no significa que confÃe en usted —respondió con calma—.
Tharion asintió, casi como si la hubiera esperado.
—No espero que lo hagas. Pero te llevaremos a mi asentamiento. Allà hablaremos. Si intentas huir, no volverás a ver el sol de las Tierras Libres.
Kael miró a Lyra. Sus ojos reflejaban la mezcla de miedo y determinación.
—Vamos —dijo, y ella lo siguió, sin una palabra más.
Mientras caminaban, Tharion mantuvo una distancia prudente, observando los alrededores, midiendo silenciosamente la fuerza de Kael y la inteligencia de Lyra.
Por dentro, recordaba el dolor de traiciones pasadas: alguien del Nexo que una vez confió… y que le costó caro. Pero habÃa algo en Lyra que despertaba curiosidad y, por primera vez en a?os, un atisbo de esperanza

