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Bendición Dorada

  **Punto de Víctor**

  Sentado en medio de este grupo de líderes, la tensión que cada uno me dirige podría aplastarme si no tuviera experiencia en este tipo de situaciones.

  —Entonces, ?todo el plan se basa en el poder divino de nuestra chamana? —cuestiona exaltado Nehari.

  —Sí —respondo secamente.

  —Tovael le está comunicando nuestros planes y la situación actual al pueblo —agrega Zael, acercándose lentamente—. ?Tú qué crees, Daina?

  —Como dije, confío en él.

  —Esa ni?a está hablando con la chamana, es decir, la se?orita Sey y... —interrumpe Tovael, tratando de explicar la situación fuera de la sala de reuniones.

  —?Zael! —grita un hombre, entrando detrás de él; entre lágrimas reclama—. ?Quieres ir a cazar esa cosa solo porque una loca extranjera dice que todos estamos muriendo? ?Mi hijo luchó contra eso! Y yo... yo —sin poder decir más, simplemente se arrodilla, derramando lágrimas.

  Viéndolo en el suelo, quebrado y desbordando su culpa hacia otra persona, solo puedo pensar en el sinfín de hombres y mujeres que hicieron lo mismo frente a mí, ya sea por su propia culpa o por hechos ajenos que impidieron que estuvieran en ese momento para evitar tal desenlace.

  Levantándose y acercándose al hombre, Zael puso su mano en su hombro y pronunció unas palabras que, al igual que él, había escuchado cientos de veces:

  —Si quieres culpar a alguien, culpa a mí... mi hijo también está en peligro y, aunque me cueste la vida, haré lo posible por cambiar esto.

  Pasados unos minutos, el hombre se puso de pie con la ayuda de Zael.

  —Ve y diles a los demás que habrá un anuncio en el transcurso; deben estar atentos y no olvides lo que te dije.

  Saliendo con los hombros caídos, la sala quedó en un silencio aplastante; incluso Tovael solo pudo agachar la cabeza con un cansancio notable. Poniéndose de pie, Zael rompió el silencio:

  —Muchos de mi gente antes trataron de cazar a esa cosa; incluso historias de personas en el exterior que aún conservamos dicen que buscarla es suicidarse, y crees que eso es capaz no solo de herirlos, sino de matarlos.

  —Solo el poder divino no bastará; necesitamos algunas hierbas mezcladas, pero también una planta que crece al borde de las profundidades del bosque. La conocen como abe...

  Antes de poder terminar el nombre, la energía de Tovael sacudió cada parte de mis entra?as.

  —?Mocoso! ?Cómo te...

  —Debes calmarte —se interpone Nehari.

  —Escuchaste lo que ese mocoso dijo, no solo está proponiendo matar a un vacío, ?quiere que los que aún estamos de pie entremos en un lugar del que nadie sale, un mocoso! —grita, lleno de ira.

  Levantándome, veo la oportunidad de dar un paso más hacia mi objetivo.

  —Te confundes —interrumpo—. Yo puedo hacerlo. —Hablo con firmeza, avanzando un paso y sintiendo cómo cada músculo de mi cuerpo chilla en consecuencia. Manteniendo su mirada, continúo—. Solo necesito que me guíen de la manera más rápida posible.

  —...

  —?Y qué pasará con el vacío? —interrumpe Zael.

  —Con sus heridas, tal vez no lo notemos; no se arriesgará con un grupo de tres personas.

  —?Irás al borde de las profundidades solo con un guía y una persona más? —pregunta Nehari, sorprendida.

  —Todos haremos nuestra parte. Si seguimos discutiendo, más personas podrían morir.

  —El ni?o tiene razón, no hay tiempo. Como te ofreces, supongo que tienes pensado a las personas que llevarás, ni?o —expresa Zael.

  —Su hijo y Kanea son las personas con las que ya he entrenado y cada una tiene posibilidades de sobrevivir. Una persona más sería un estorbo —explico.

  —... Apostaré por ti, ni?o; más vale que te esfuerces... debes irte lo más pronto posible —sugiere Zael.

  —Por supuesto, saldremos esta tarde. Hablaré con Zael y con Daina.

  La reunión concluyó en quejas, miedo y rabia contenida. Cruzando por varios refugios improvisados, el dolor se intensificó en mis piernas. Con cada paso, la conciencia comenzaba a desvanecerse y, de pronto, como si fuera un golpe a mi cuerpo, un dolor diferente surgió en mi pecho, regresándome a mis sentidos. La voz de Daina llamó mi atención.

  Al llegar al centro de la zona de refugios, vi que el rostro de Daina, ayudando a los guerreros con la mayor preocupación posible, al notarme dejó a esas personas recostadas en una cama improvisada y se acercó a mí.

  —?Estás bien? —pregunta, con una expresión aún más preocupada.

  —Sí, es solo que... aún me duele —respondo, intentando disimular el dolor lo mejor que puedo.

  —Hay algo que debo decirte.

  —?Aquí?

  —Vamos a otro lado.

  Al llegar a un lugar apartado, el dolor en mi pecho desapareció tan rápido como había llegado.

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  —Es sobre Kordr. No encontramos su cuerpo.

  —?A qué te refieres? —cuestiono confundido.

  —Es raro; su cuerpo es el único al cual no tuvimos indicios. A algunos encontramos partes... algo, pero... algo se siente extra?o.

  —Tal vez él fue devorado por esa cosa antes de entrar aquí.

  —No lo sé; algunos de los sobrevivientes... bueno, supongo que viniste aquí por algo —cambia de tema Daina, mordiéndose los labios.

  Observando los alrededores, la mirada de miedo, perdida y dolor reflejaban incluso a aquellos que estaban al borde de la inconsciencia. Tocándome el pecho, donde el dolor aún se percibía levemente, le explico a Daina los materiales que deben recoger para poder ralentizar la propagación de la enfermedad.

  —?Y todo eso también lo escuchaste?

  —Digamos que... lo leí.

  —Ufff, ni?o... te estás poniendo un peso demasiado grande para alguien tan joven.

  Esas palabras excavaron un recuerdo de una vida perdida: una mujer en una noche de lluvia, carruajes en llamas, y yo, sin ningún rasgu?o, frente a ella.

  —?Estás bien, Víctor?

  —Sí. Les di las indicaciones. Si todo sale bien, debemos llegar pasado ma?ana. La mezcla no tardará tanto; para entonces, todo deberá estar en su lugar.

  —... Muy bien, ni?o; será mejor que vayas por Falu. Creo que está ayudando a recoger la destrucción que dejó esa cosa junto con algunos de mis subordinados.

  —Gracias.

  Despidiéndome de Daina, la luz de la ma?ana se volvió más intensa, se?al de que la tarde estaba llegando. Junto a ella, el ruido de madera quemada siendo quebrada; el responsable, un grupo de personas conocidas, y entre ellas, Falu, liderando a la gente del pueblo.

  —?Víctor? —saluda Falu—. Creí que aún estabas en la reunión —opina mientras camina hacia mí.

  —Terminó rápido; aceptaron mi petición.

  —Ah, sí. ?Y cuál es? —cuestiona con curiosidad.

  —Tú y Daina debemos ir al borde de las profundidades del bosque... interesante, ?no? —bromeo.

  —Estás jugando —agrega incrédulo.

  —No hay tiempo, lo sabes.

  —...

  —?Cuándo salimos? —pregunta, determinado.

  Explicándole algunos detalles, su asentimiento fue toda la confirmación que necesité. Al despedirme, continúo caminando, pero esta vez sin propósito, y, con ello, el dolor regresó aún más fuerte. Una maldición salió de mi boca.

  —Maldito cuerpo de...

  Pero antes de poder caer, las manos de una chica me sostuvieron. Al mirar a un costado, la cara preocupada de Kanea me devolvió la mirada.

  —?Hace cuánto no usas esas hierbas para evitar controlar tu mana? —indaga, preocupada.

  —Creo que llevo un rato con todo esto... yo... creo que me llevas a mi habitación —pido.

  Tal vez fue el cansancio o el dolor, pero incluso sus quejas se escucharon apagadas hasta que un aroma conocido llegó a mis narices, un aroma dulce que irritó mis sentidos hasta recordar una habitación ya conocida.

  —?Estás mejor? —me mira, frustrada.

  —?Cuánto tiempo me dormí?

  —Unos treinta minutos... tal vez.

  —?Qué dijo la sacerdotisa?

  Esa pregunta hizo fruncir su ce?o, probablemente más por tristeza que por molestia.

  —?Te dijo algo más?

  —No. Ella aceptó. Es solo que... ?y si mejor te quedas?

  —Cuando lleguemos, deberemos tener mucho cuidado; he escuchado de los aventureros que... monstruos —interrumpo antes de que ella pudiera insistir, sentándome en la cama.

  —?Por qué ir? Podrías encargarme a mí o a los demás —reclama, al borde de la impotencia.

  Quedándome en silencio, todas las palabras que quisiera decir: "Yo soy el único que recuerda lo que vendrá". Los muertos, los sacrificios que ya no importan, pero lo único que pude decir fue:

  —Por el tiempo, él jamás ha estado de mi lado.

  Esas palabras detuvieron cada reclamo que pudo haber hecho.

  —Recogeré un poco más de esas hierbas para el camino; tú también haz lo mismo. Vamos a ir ligeros, así que solo lleva lo esencial, ?de acuerdo?

  —Sí —tomando un respiro profundo de ánimo, paso a estar alegre—. Bueno, no hay mucho que pueda hacer; así que solo queda evitar que te mueras, ni?o. Más vale que Falu no sea así, porque no soy buena cuidando ni?os.

  — ?Jajaja, prometo no morir pronto!

  Con una risa sin humor, Kanea salió con paso firme y una postura que ocultaba una melancolía.

  Pasadas las horas, la tarde llegó y la luz del sol estaba en su punto más alto. En las puertas del peque?o pueblo, las figuras de Kanea y Falu se distinguían; él tenía los ojos llenos de preocupación y ansiedad.

  —?Sucede algo, Falu? —pregunta Kanea.

  —?Eh? —responde confundido.

  —Es su padre; él estaba bien, pero empeoró en muy poco tiempo —agrega Kanea.

  —Sí, es solo que estoy preocupado; es todo.

  —Si deseas, puedes quedarte —sugiero.

  —Tú lo dijiste, no hay tiempo —se niega con determinación.

  —Yo creo lo mismo; debemos ir rápido —agrega Kanea.

  —Uff, vamos —confirma.

  Con cada paso que dimos, el calor comenzó a aumentar, se?al de que las lluvias estaban llegando.

  —Saben, espero que esta vez no me desmaye en medio del camino.

  —...

  —?Nada? Es para relajar el ambiente; saben, mucha tensión es mala para el cuerpo, o eso dice mi maestro —continúa Kanea.

  —Yo quiero preguntar algo —propone Falu.

  —?Claro! Di rápido —presiona.

  —Cuando mi padre tenía su proyección en su mano en la batalla, tú le dijiste "lágrimas de la fuente". ?Por qué?

  —?Cómo escuchaste eso? —interrumpe Kanea.

  —Tengo buen oído —bromea Falu, gui?ando un ojo.

  —Es una historia de un hombre que luchó en una tierra lejana y logró lo imposible —respondo, caminando aún más rápido.

  —Pero también dicen que era una mujer —agrega Kanea.

  —Es algo larga; ?quieres oírla?

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