**Perspectiva de Emma**
En una calle llena de mercaderes, un grupo de ni?os de no más de diez a?os juega con una pelota hecha de papel, como si nada más importara. De repente, aparece Kanea, burlándose de ellos por hacer algo tan poco productivo. Con un suspiro, expreso:
—Ufff, Víctor estaría entrenando o ayudando. Parece que ninguno de ellos actúa como un ni?o.
Continuo mi camino, cuando alguien se interpone frente a mí.
—?Neakan? ?Estás bien?
—Sí, es solo que... quería decirte que Akeeva está planeando enviar a Víctor a una misión...
Con cada palabra que dice, su voz se apaga poco a poco, como si estuviera hundiéndose en el fondo de un estanque. Cuando termina, lo único que puedo hacer es asentir y seguir mi camino. Con cada paso por las calles concurridas, mi corazón se acelera más. Entre la multitud y el ruido de fondo, las oficinas de Akeeva están justo frente a mí. Un golpe en la puerta me invita a entrar, como si no estuviera ocurriendo nada.
—?Necesitas algo? —cuestiono a Akeeva, rodeada de informes esparcidos sobre su mesa.
—Dime, ?por qué enviar a alguien así? él... no tiene un núcleo, ni experiencia en esto...
—Alto, no necesito esto… No ahora. él aceptó, eso es todo lo que necesito —responde, hablando entre suspiros mientras se recuesta en su silla.
—él no está preparado para cumplir tus objetivos.
—Hasta donde sé, te dijeron que lo apoyarías. ?Lo harás?
—...Me pregunto, ?qué te habría dicho Benicio?
Con una expresión de sorpresa ante esas palabras y sin poder decir nada más, salgo de la oficina con una pesadez en el pecho que me dificulta caminar. Sin mirar a nadie, cruzo las calles ba?adas por el sol y me encuentro con Neakan.
—?Ey! Emma, ?estás bien?
—Yo sí, es que...
—Tal vez no debí decirte —lamento, con un tono melancólico.
—Está bien, yo te lo pedí. Es solo que... no lo sé.
—?Quieres hablar?
—Por favor —suplico.
Sin más palabras, Neakan me guía por el hospital. Al observar los alrededores, veo camas ocupadas con heridas menores y algunas más graves. Después de que los dragones terminen de moverse, todo estará en calma. Al cruzar unas puertas, llegamos al parque detrás del hospital, y en un peque?o banco nos sentamos en medio del silencio. él habla primero.
—?Estás ocupada?
—Estoy en mi descanso. Pasé toda la noche ayudando, estoy recargando energías —río con una sonrisa que no llega a mis mejillas.
—... —sin poder continuar, Neakan se queda callado.
—Estoy preocupada por él... Creo que Akeeva lo llevará por un camino que ella y yo ya hemos recorrido, y no puedo hacer nada.
—Creo que te estás cargando pesos que no son tuyos.
—Puede que sí, pero...
—?Cómo ves a ese ni?o?
—La primera vez que lo vi fue como verme a mí o a Akeeva en nuestro peor momento. Cuando me enteré de que no tenía a nadie, quería que me tuviera a mí.
—?Y él, cómo te ve? —me pregunta Neakan con una mirada seria.
Lo sé. él no me ve más allá como una persona que lo ayuda, como una compa?era más en su grupo. Pero esas palabras se quedan atoradas en mi garganta.
—No tienes que inquirir, pero creo que si regresaras para advertirle sobre algo, ?crees que te haría caso? Estar junto a él es lo mejor que puedes hacer, y a veces, lo más difícil es ver el camino que toman quienes aman y conocer el resultado.
—?Creerías que estoy loca si lo sintiera como un hijo...? Solo han pasado seis meses, pero...
—él no es tu hijo.
Trato de refutar, de gritar, de negar, pero esas palabras me atraviesan con la verdad y mi mirar solo puede dirigirse al suelo. Antes de poder derramar una lágrima, unos brazos, como si trataran de mantenerme completa, me abrazan con fuerza.
—Sé que por eso no lo dejarás solo. Es por eso que...
—?Qué cosa? —trato de indagar, conteniendo mis lágrimas.
—Solo cálmate. Cuando estés lista, continúa. Después de todo, una madre no puede mantener a un hijo entre sus brazos; si lo haces, ese hijo no podrá vivir por sí mismo.
Antes de poder agradecer o seguir replicando, las lágrimas que intenté contener se desbordaron, ahogando el ruido de los ni?os jugando y de otras personas conversando. Todas las emociones: preocupación, miedo, temor; todo fue liberado con cada lágrima que soltaba.
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—Deberías darle algo que lo acompa?e. Tal vez un día eso lo ayude a regresar al camino correcto. Eso es algo que ninguno de nosotros tuvo.
Con esas palabras, y a pesar de que quería seguir conversando, Neakan se despidió con la excusa de que tenía que continuar con sus investigaciones. Al salir del parque, el ruido de las personas regresó a mis oídos y una idea vino a mi mente.
Entre los enfermos y la preparación del obsequio, me dirijo al hospital y, de pronto, veo la inesperada figura de Neakan aparecer en la puerta con una mirada de... ?preocupación?
—?Podemos hablar? —pregunto con voz cansada.
—Claro, he estado ocupada. ?Qué tal si mejor vamos atrás?
Con un asentimiento, nos dirigimos al parque. Sentándome, Neakan se desploma en el asiento junto a mí, como si la gravedad lo empujara con mayor fuerza.
—Akeeva mandará a Kanea —solté, preocupada.
—?Qué?
—Me lo dijo esta ma?ana, junto con la líder que guiará esta misión, Daina...
—?Ella...? La conozco.
—?Y cómo es?
—Si socializaras más, sabrías que ella es una buena chica.
—Ja, ya sabes, soy más de libros. Solo si me interesa, la observaré.
—Esa ni?a ha sufrido mucho... creo que esa misión es demasiado para ella. No sé si...
—Si te importa, solo debes estar a su lado y ayudarla cuando tropiece.
Al escuchar eso, el rostro de Neakan se ilumina ligeramente y, soltando un suspiro, comienza a reír. Contagiada por su risa, me río junto a él. Al terminar, Neakan habla.
—Sabes, creo que ambos tenemos que aprender a confiar y cuándo soltar.
—Supongo que sí —confirmo.
—?Tienes el obsequio?
—Sí —agrego, con leve felicidad.
—Deberías dárselo hoy, se irá ma?ana.
Esas palabras, como un balde de agua fría, me dejan sin palabras. Tan pronto, la realidad me golpea.
—?Puedo ver qué es?
Dicho esto, con un asentimiento, saca de su bolsillo una figura de cruz de madera hecha a mano.
—?Wow! —exclamo emocionada.
—No te rías, sabes que no soy buena —trato de justificarme por la forma.
—Se ve genial.
Consolándome, me anima a entregarle esta figura con palabras que tal vez él mismo necesitaba. Me dio un abrazo mientras pronunciaba:
—Eres una buena persona... No lo olvides.
Al decir eso, a diferencia de las otras ocasiones, no sentí esa espina que siempre había sentido. Tal vez fue por su abrazo o por el hecho de que había aclarado lo que quería hacer; solo pude abrazarlo con más fuerza. Sin darme cuenta, ya estaba frente a ese ni?o y, como si lo estuviera viendo desde otra perspectiva, pude percibir algo más que ira y dolor en su mirada: una línea de miedo y sufrimiento se guardaba dentro de él.
Antes de que pudiera negarse, le entregué la cruz entre charlas y despedidas. Las palabras que realmente quería decir: ?por qué estás triste?
Dando un último saludo, Víctor se fue y, para no pedirle que se quedara, me quedé en el hospital ayudando. Entre heridos, el día fue pasando y, cuando lo noté, Víctor ya se había ido.
Cada día que pasaba, la ausencia de ese ni?o se notaba más en mi rutina. Mientras sostenía a una ni?a en brazos, no pude evitar pensar que cuando Víctor la sostenía, una leve sonrisa salía de él; algo un poco más... sincero que lo que mostraba hacia mí o a los demás. Con esa sonrisa de la ni?a, una idea llegó a mi mente.
—Gracias, ni?a, me diste una buena idea.
Y, como si ella entendiera, una bella sonrisa apareció en su rostro. Dejándosela a una cuidadora que pidió Akeeva, me fui a ver a Akeeva entre las calles, ya más despejadas por la noche. La idea de hacerle una peque?a comida a Víctor no podía salirse de la cabeza; tal vez eso pudiera ayudarlo a despejar esa tristeza.
—Hola, Akeeva.
—Emma.
—...
Sin poder articular palabras, el silencio se prolongó por unos minutos, hasta que ambas lo rompimos.
—Lo lamento —lo decimos al unísono.
Con unas risas suaves de ambas, dejamos atrás ese incómodo silencio y yo empiezo.
—?Estás bien?
—Un poco cansada. Estos cuatro meses han sido difíciles, pero ya debes saberlo; tú has estado en primera línea.
—Sí, ha estado algo más ajetreado que antes.
Dicho eso, una leve rigidez se muestra en su rostro y continua:
—Sí, pero dime... ?qué necesitas?
—?Ah! Sí, quería saber si sabes qué comida le gusta a Víctor.
—?Qué?
—Es un ni?o; ?no es normal querer darle un obsequio?
Al expresar esa idea, la cara de Akeeva se queda levemente en shock por unos segundos antes de reír suavemente.
—Sé que no es mi hijo, pero quiero cuidarlo como si lo fuera. Por ello, quisiera pedirte otra cosa...
Antes de poder hacer la segunda petición, el aire se comienza a tensar, seguido de un repentina sed de sangre tan intensa que me roba el aliento. Con dos toques en la puerta, mis hombros se tensan, al mismo tiempo, la cara de Akeeva pasa de la felicidad a la seriedad.
—Ponte detrás de mí —ordena.
Sin poder negarme, me dirijo tras ella.
—Pasa —acepta Akeeva.
—Hola, chicas, no sabía que estaban teniendo una pijamada; hubiera venido antes.
Con cada palabra que decía, una melena gris opaco y un abrigo que llega hasta sus piernas entran por la puerta y se sienta enfrente de nosotras. Al verla, con una mirada arrogante, hace que cada parte de mí quiera huir.
—Neali, ?qué haces aquí? —cuestiono.
—Em, ?cómo estás? —sonríe.
—Emma ya te hizo la pregunta —reafirma Akeeva, cruzando los brazos.
—?Ah! Nada, solo quería saludar. ?Me considero una buena amiga y, como buena amiga, es bueno venir a visitarlas?
—Ja, y ese guardia fuera de la ventana es para... ?nuestra seguridad? —Akeeva libera una ligera sed de sangre con cada palabra que suelta.
—Oh, vamos, ambas sabemos que no haremos nada. No queremos otro incidente como el de aquella vez, ?o sí? Akeeva —trata de provocar Neali.
—Creo que deberías parar. Si solo viniste a molestar, deberías irte —interrumpo antes de que todo salga de control.
—Ay, tranquila, mi Emma, solo fue una broma. En realidad, quería decirle unas cosas a Akeeva, pero ya que estás aquí, sería más divertido. ?Recuerdas al papá de Zirog? Tenemos pistas del paradero de su cuerpo.
Esas palabras provocan en mí y en Akeeva una ira gigantesca y, antes de darme cuenta, la sangre brota de mi pu?o apretado.
—Wuw, qué tierna, Em, esa cara es igual que hace a?os; casi me provoca llevarte a mi lado —habla con desdén.
—?Si eso es todo? Será mejor que te vayas —aconseja Akeeva a Neali.
—Bueno, es casi todo. Quería saber algo más. ?Sabes cómo les va a Daina con esos salvajes?
—?Por qué quieres saber? —pregunto tratando de contener el temblor en mi voz.
—Preocupación, supongo. No me importa cómo les vaya, pero sería una pena que le pase algo a mi "colega" en manos de esa ni?a y Sylqu.
Con esas palabras, no puedo evitar poner una cara de confusión y ese instante es suficiente para que Neali entienda que algo no está bien.
—Hubo un cambio de último minuto por cuestiones externas. Mandé a Kanea y a otro chico como reemplazo.
La expresión sonriente de Neali cambia por un instante a sorpresa y después a curiosidad.
—?Chico? No será el famoso nuevo chico, ?cómo era...? ?Víctor? Ja, debería conocerlo.
?Mierda! ?Por qué él? pienso, mientras un nudo helado se forma en mi estómago, y un sabor metálico inunda mi boca, haciéndome apretar mis pu?os.
—Bueno, si regresa, claro.
—?Qué? —interrumpo casi involuntariamente.
—Espera, Emma, no creo que...
—?No lo sabe? —mira a Akeeva con asombro fingido.
—No creo que fuera necesario —trata de justificarse Akeeva.
—?De qué hablas? —trato de averiguar más.
La cara de Neali pasa de curiosidad a... ?alegría? por haber conseguido su objetivo y responde después de un prolongado silencio.
—Ja ja, supongo que, tarde o temprano, lo sabrás. Los vacíos... ellos han movido a más dragones de los que suelen moverse. Por eso se ha vuelto complicado estos días; por ello estamos buscando a esos salvajes —responde Neali mientras se dirige a la puerta y nos mira con una expresión afilada.
—él regresará, Neali... ?él no es alguien que vaya a estar en peligro fácilmente! —reniego con mi voz firme, tal vez por las palabras o los hechos que ella plantea.

