***Punto de vista de Falu***
Por un breve instante, mis sentidos se aturden ante el rugido de esa criatura. Al mirar a mi alrededor, el sonido de la lluvia es lo único que responde al bramido de Víctor. Recogiendo mi lanza del suelo, adopto una postura torpe de ataque y me mantengo alerta.
A medida que los minutos pasan, la calma se vuelve cada vez más sofocante. El ruido del agua se torna irritante, hasta que la voz de Víctor interrumpe mis pensamientos.
—Cálmate, Falu. Esto tardará un rato. Lo importante es no perder la calma —explica, observando con atención a su alrededor.
—Puede que sí, pero… no es algo que pueda hacer conscientemente. No con… algo como eso —le replico, tratando de mantener la rigidez en mi cuerpo mientras el aire frío me corta la garganta al inhalar. —Recuerda, nuestro trabajo no es luchar, es atraerlo, llevarlo por el camino y esperar que todos lo detengan si se acercan demasiado —repito como un mantra en mi mente—. Cruzar el río y forzarlo a entrar en él. “Sencillo” —interrumpo, limpiando el sudor que se mezcla con la lluvia.
Víctor se levanta y comienza a caminar a mi alrededor, observando más allá de los árboles. La sensación de que ha hecho esto antes atraviesa mi mente como un destello, pero antes de poder reflexionar sobre ello, vuelve a hablar.
—Lo intentaré una vez más. Cuando venga, toma el arco antes de que todo suceda y comienza —ordena.
Sin tiempo para preguntar o refutar, el rugido de esa cosa rasga mis oídos de nuevo durante unos largos segundos, hasta que finalmente se calma. Sin poder reaccionar, un grito aún más monstruoso se escucha detrás de nosotros, atravesando mi ser. Al voltear hacia el origen, siento un retumbar en el suelo que comienza a intensificarse.
—?Falu, ya! —grita Víctor, sacándome de mi ensimismamiento.
Cambiando mi lanza por un arco, coloco torpemente una flecha. El temblor en mis pies y el rugido en mis oídos se vuelven cada vez más intensos, hasta que finalmente una figura oscura aparece en el oeste, a poco más de 200 metros. Como si ese ser no tuviera ningún rasgu?o, como si nuestra lucha no hubiera sido nada, se acerca imponente, rápido, como si la distancia no fuera más que un paso hacia nosotros, con cuatro patas cubiertas de escamas tan demoníacas como las de un dragón. En un instante, ha pasado de estar lejos a ser prácticamente inminente.
—?No te distraigas, hazlo ya! —grita Víctor.
Sacudiendo la cabeza y tensando mi arco, lanzo mi flecha con toda la fuerza que puedo hacia el vacío. Sin embargo, como si un ni?o intentara golpear una roca, mi flecha rebota, sin causar siquiera un rasgu?o. Pero cumple su objetivo: comienza a brillar con una luz intensa.
Durante unos segundos, el silencio, a pesar de nuestro ataque, es la única respuesta. La idea de que no funcionó atraviesa mi mente, hasta que el retumbar de su rugido nos hace reaccionar y Víctor grita:
—?Vamos! —ordena.
Sin más palabras, comenzamos a correr hacia el este, en dirección opuesta a esa cosa, dejando todo atrás. Pasados varios árboles, el temblor que retumbaba en el suelo queda atrás.
—?Deberíamos parar? —cuestiono, sintiendo la adrenalina.
—No —contesta Víctor.
—Pero…
—Esa cosa detectó nuestro olor. Si nos detenemos, nos matará —interrumpe.
Sin más remedio, continuamos nuestro camino. El rugido de esa entidad crece en mis oídos, como si un cazador estuviera acechando a su presa… burlándose de nosotros.
Miro a Víctor, que parece estar esperando esto. Tensa su arco y, con un movimiento firme, apunta su flecha al cielo, iluminando la oscuridad de la lluvia.
—Sigue, no mires atrás sin importar lo que escuchemos… —dicta. Antes de terminar de hablar, vuelve a activar ese sonido molesto del cráneo.
Como si respondiera a eso, el rugido del vacío se acerca, cada vez más furioso. Con cada paso que damos, el sonido se amplifica aún más. El crujido de una rama hace que los árboles ante nosotros se cierren de repentina, bloqueándonos. El rugido se intensifica y podemos verlo claramente. Con cada paso, sus pezu?as golpean el suelo, y el interior de su boca se ti?e de un color amarillo rojizo, casi sanguinolento. Sin querer, pregunto:
—?Qué es esa cosa?
—No…
—??Qué hacen?! ?Lanza la flecha y corran! —grita la voz de Nehari desde la copa de los árboles gigantes a la derecha de nuestra posición.
Tomando la flecha más rápido que antes, la lanzo hacia el vacío, a poco más de 50 metros de distancia, y el brillo se traga nuevamente la oscuridad; con esa luz, la idea de poder lograrlo crece en mí, pero, irónicamente, algo es diferente esta vez. Un crujido gutural del vacío comienza a formarse; movimientos extra?os se vislumbran en la luz.
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Al mirar hacia donde está Nehari, el rugido de numerosas flechas, cada una con un tono ligeramente dorado en las puntas, se lanzan como una oleada hacia el vacío. Pero antes de poder ver el resultado, una fuerza me empuja hacia un lado y la figura de Víctor aparece frente a mí con una expresión preocupada.
—?No están lejos! El caudal está cerca. ?Corran! —grita Nehari.
—Vamos —susurra Víctor.
Continuando nuestro camino, el rugido del vacío cambia de una ira hacia nosotros a un lamento de un animal herido, acompa?ado del retumbar de un trueno en el horizonte.
—?No se supone que esas heridas durarían más? —pregunto, corriendo cada vez más rápido.
—No lo sé —responde, con una expresión frustrada.
Sin decir más, nuestro trayecto se mantiene despejado por unos minutos, hasta que una luz con un color semejante al del vacío atraviesa los árboles hacia el cielo. Al notarlo, el rostro de Víctor pasa de la frustración a la preocupación, y una palabra sale de su boca.
—Berser…
—?Qué? —pregunto, aturdido.
—?Sube a las copas de los árboles! ?30 metros deberían bastar! —es lo único que expresa.
Volteando hacia la dirección de la luz, una segunda ráfaga atraviesa los árboles. Sin darme cuenta, me elevo con la misma facilidad de siempre hasta la copa de los árboles. Al intentar ayudar a Víctor a subir, veo que él ya avanza hacia el este, y la idea que no pude terminar antes regresa a mí: ?él ya había hecho esto antes?
Avanzando cada vez más rápido, la figura del vacío cruza por debajo de nuestros pies como un soplo de aire que recorre nuestros cuerpos y nos hace tambalear. Un crujido detrás de nosotros nos hace reaccionar.
—?Lanza la flecha ahora! —grita Víctor.
Moviéndome con un poco más de agilidad, logro ubicar al vacío, pero algo ha cambiado. Su figura animal se transforma en algo más monstruoso, con dos brazos donde no debería. Antes de poder asimilarlo, una flecha sale disparada hacia el cielo, iluminando mi disparo. Con suficiente distracción, lanzo mi flecha, que ilumina al vacío, dándole una forma más clara.
Su transformación más demoníaca viene acompa?ada de una especie de cola con una cuchilla en la punta, que corta la flecha, ti?éndola rápidamente de un tono más oscuro. Y antes de cubrirla por completo, el hechizo logra cumplir su efecto y la luz envuelve al vacío.
—??Qué es esa cosa?! —cuestiono, olvidando cómo moverme por un segundo.
—No importa. Vamos —niega Víctor, comenzando a moverse.
—Esa cosa le salió una cola y dos brazos. ?Víctor, eso no es un vacío! —presiono con una voz más áspera.
—Falu, yo…
—Por favor… esto se está saliendo de nuestras manos —suplico.
—Vamos a llegar al caudal —expone, columpiándose con una rama.
—Víctor —llamo con un tono más directo.
Apretando la boca, Víctor me mira.
—Lo único que necesitas saber es… que ahora no se detendrá sin importar nada —responde, acelerando el paso.
—?Por qué no dijiste nada? —pregunto, frustrado.
—No es algo común. Nunca imaginé que ese vacío pudiera hacer esto ahora, solo porque sí.
—?Y ahora qué? —grito, desesperado.
—Nada ha cambiado. Debemos seguir o moriremos.
Sin tiempo que perder, continúo el camino con un apuro aún mayor, hasta que el ruido del agua corriendo se hace presente y los árboles gigantes nos rodean, marcando el interior del bosque. La figura del caudal llega a mis ojos. Sin poder relajarme, el rugido del vacío, demasiado cerca de nosotros, se hace presente y el crujir del árbol en el que nos encontramos comienza a ceder.
—?Carajo! —gritamos al unísono.
Pero antes de que podamos acercarnos, una figura cae de un árbol cercano, y el vacío es envuelto por unas ramas que surgen del suelo y lo arrastran de regreso al bosque. Al voltear hacia el origen del hechizo, veo la figura de Nehari, con un brazo dislocado y heridas por todo el cuerpo.
—?Corran! —grita una voz detrás de nosotros, cruzando por nuestra derecha con unos guantes de cuero en dirección al vacío—. Zael los está esperando con los demás guerreros en las copas de los árboles —explica, perdiéndose entre las ramas junto a Nehari y los soldados de la guardia.
Corriendo por el suelo, una marca en forma de estrella se distingue entre las copas de los árboles gigantes, se?al de que estamos cerca de la trampa. Una onda de impacto, como si un pu?o golpeara una roca, nos expulsa hacia adelante, hacia el este.
—?Qué fue eso? —pregunta Víctor.
—No lo sé... Tal vez el ataque de Tovael —ruego que ese sea el caso.
Corriendo con todas mis fuerzas, Víctor toma una vez más el cráneo para llamar al vacío y, sin más, el rugido de esa cosa retumba en mi oído. Al tenerlo detrás de nosotros, uno de sus brazos, cortados y una flecha iluminada con poder divino, nos brinda algo de esperanza. Pero en un movimiento afilado, la figura del vacío cae sobre mí, intentando atraparme por completo. Mi lanza es lo único que me separa de la muerte. El rugido de ese cráneo llama la atención del vacío, ignorándome por un momento antes de dirigirse rápidamente hacia su origen.
Tomando mi arma, lanzo una flecha imbuida de poder divino, pero como si hubiera aprendido de su error, devora la flecha entre sus fauces. Antes de poder terminar el trabajo, el rugido del cráneo lo enfurece aún más, alejándose de mí.
Deteniéndome un segundo, las palabras de Víctor y las figuras de las personas heridas pasan rápidamente por mis ojos, y el grito de mi padre en las alturas, ordenando el ataque, me aleja de este momento. Hasta que una explosión, a poco más de 15 metros, me hace reaccionar. Siguiendo al vacío, la figura de mi padre atacando con una lanza de aura dorada aparece frente a mí.
—Toma —alguien interrumpe detrás de mí.
Volteando a mi izquierda, veo la figura de Tovael, con un carcaj en la mano, que se presenta y, sin decir más, se sienta en el suelo, al borde del cansancio.
—?Tovael! Estás... —intento preguntar.
—Ve, Nehari está muy lastimada. Esa apariencia nos tomó por sorpresa —explica levemente.
—Gracias.
—Debes acercarte todo lo que puedas. Esas flechas tienen el gas para matar a esa maldita cosa y usar su núcleo.
Sin decir más, los ojos de Tovael se cierran, agotados. Miro las flechas, y las palabras de mi padre, "cuídate", cruzan por mi mente antes de avanzar rápidamente hacia el vacío. Al acercarme, la figura del vacío me nota, pero antes de poder hacer algo, una cuerda se enrolla en su cuello, impidiéndole avanzar. Hasta que la lanza de mi padre lanza un ataque potente, tratando de retroceder lo suficiente como para que el vacío caiga en la trampa.
Tomando aire, apunto firmemente hacia el vacío y grito:
—?Víctor, ahora!
Al escuchar eso, la figura de Víctor, del otro lado de la trampa, tan cerca que el vacío se lanza hacia él, vuelve a emitir el rugido que enciende la ira del vacío. Al arrojársele, intenta acallar ese sonido. Lanzando mi flecha, consigue golpear ligeramente su hombro y, con esa acción, como si fuera pólvora encendida, el humo cubre todo su cuerpo, haciéndolo caer en la trampa. Un último rugido hace que todo quede en silencio. La sensación de que cada nervio de mi cuerpo me recuerda que estoy vivo aquí me envuelve…
Pero, como una cruel jugada del destino, el vacío lanza su cola para atrapar a quienes estén cerca. Antes de reaccionar, la figura de mi padre, al borde de la trampa, sin fuerzas, me mira con ojos cansados, como si el tiempo se detuviera. él habla.
—Por favor, sé feliz.
Con la cola del vacío rodeando su cuerpo lentamente, como si tratara de arrastrarlo al piso, suelta su lanza como si pesara demasiado. El tiempo parece ralentizarse aún más, como si cada segundo se alargara, hasta que mi propia voz me hace reaccionar.
—?Padre! —grito, desgarrando mi garganta.
—?Tiene a Víctor! —grita Daina, con parte de su brazo desgarrado y su lanza en el suelo.
Apretando el arco con más fuerza de la necesaria, mis palmas se ti?en de blanco. Me acerco a la orilla de la trampa rápidamente. Armo mi arco, ignorando todo lo demás. Me concentro en la lucha que tiene Víctor por no ser devorado por el vacío, pero antes de poder lanzar la flecha, una luz azul, diferente a la rojiza de sus ataques anteriores, comienza a aparecer en su boca. No está tratando de devorarlo, sino de algo más. Las palabras que dijo Víctor, "cumplir su propósito", cruzan mi mente justo cuando lanzo la flecha en dirección a la cabeza del vacío, susurrando:
—Mamá, no voy a perder a nadie más.
En ese instante, con el retumbar del trueno, la voz de Víctor llega levemente a mis oídos.
—Iré a ti.

