004: Reacción
Las falanges exploradoras del laberinto es compuesta de las mentes, cuerpos y bendiciones más fuertes de Helena, esto es así porque el laberinto no solo es una herramienta necesaria para viajar hacia cualquier isla ni porque se encuentra llena de artefactos misteriosos de gran valor, es porque diversas especies de cuatro dedos habitan estos túneles y porque los minotauros los utilizan de la misma manera que los helenos, sin embargo utilizar grandes escuadrones dejaría desprotegidas las ciudades en medio de una guerra contra ellos. Una falange está hecha para ser lo más eficiente posible en combate y exploración con el menor número de miembros posible. El máximo número de integrantes que puede conformar una falange son cinco y cada uno tiene funciones distintas:
El polemarca es el mapa, el cerebro del grupo.
El secutor es el escudo protector de la falange.
El sagitario es la flecha que los apoya desde la distancia.
El tracio es la daga que explora más lejos que todos.
El bestiario es la espada más fuerte del grupo.
Todo joven que quiera unirse a una falange recibe la categoría de ónice y para unirse a una falange solo basta con que el polemarca lo considere apropiado, aunque no muchos jóvenes sobreviven y quienes lo logran rara vez quieren volver al laberinto, decenas de soldados alguna vez desearon explorar los túneles solo para terminar muertos por sus habitantes o por otros exploradores.
…
Gracias a todavía estar medio despierto el tremendo dolor que debería estar sufriendo en su torso y cabeza apenas era una molestia para el joven explorador, abrió sus parpados revelando unos ojos con el mismo color de la miel y lentamente comenzó a sentir cada parte de su cuerpo; el dolor de las heridas y la frustración del fracaso fueron ofuscadas por el sonido de la guerra.
— No…
El hombre se levantó lentamente y al girar su cabeza observó como dos ónices como él estaban tomando las telas que conformaban las carpas del campamento, no les importaba derrumbar cualquier objeto al interior por lo que dedujo que era una emergencia, atrás de ellos había otro sujeto que parecía tener más la apariencia de un civil que de un soldado dándole indicaciones mientras se rascaba la barbilla. Nadie se percató del despertar del único superviviente del grupo de avanzada quien simplemente arrastró sus pies hasta la armería para tomar una espada sica y luego armarse una honda una cuerda y algo de cuero, su armadura estaba destrozada al igual que su cuerpo, pero aún le quedaban fuerzas a su espíritu, lentamente avanzó hasta el portón del este donde veía a los toxotes lanzar flechas y flechas sin apenas darse el tiempo de apuntar, del otro lado solo se escuchaban los gritos de helenos y hormigas resonando contra las armas de bronce y quitina.
— Puedo… puedo ayudar.
El joven arrastraba su pierna izquierda y a medida que su cuerpo iba despertando el dolor en su torso seguía creciendo, al tocar el origen del su sufrimiento encontró una terrible quemadura cerrando una herida que lo mantuvo de morir desangrado. El grueso portón tenía algunas lanzas de myrmekes que consiguieron atravesar hasta el otro lado, el ónice retiró una de estas para ver la batalla.
Hormigas rojas caían por las paredes cada segundo y algunas llovían desde el techo intentando emboscar a los hoplitas formados frente la puerta, pero la formación se mantenía incluso ante el cansancio de los soldados. Los myrmekes en las paredes caían ante los toxotes que guiaban sus flechas al cuello o cabeza utilizando el viento nacido de sus anillos por la bendición de la estrella silbante, los que caían desde el techo eran recibidos por escudos y lanzas en el suelo para luego ser dejados a un lado, finalmente en el frente Laconia aún con su espadón siendo bendecido por el primer favor de su estrella calcinaba a las hormigas incluso tras sus escudos, los hoplitas aún no recuperaban sus favores por lo que se vieron obligados a jugar una guerra por desgaste, la primera fila usaba sus anillos invocando proyectiles de fuego y rayo contra los myrmekes y luego rotaban con sus compa?eros en la retaguardia que con bendiciones de piedra sobre sus escudos mantenían su posición mientras dejaban los anillos de sus compa?eros recuperar sus fuerzas. En la última fila los bendecidos por la estrella del lago utilizaban el agua de su estrella para sanar heridas y lanzar dardos de agua a presión hacia el techo y paredes para apoyar a los arqueros…
— ?Maldición!
Ya no quedaba fuego en el interior de Laconia y su anillo no tenía tiempo de cargar suficiente de su bendición para hacer más disparos, solo quedaba su espadón el cual balanceaba de izquierda a derecha constantemente cortando, aplastando y quemando a cada myrmeke lo suficientemente desafortunado como para recibir un ataque, sin embargo este era el trabajo de la bestiaria y no se lamentaba por esto, si ella no hubiera utilizado su favor antes para evitar que una hormiga escapara ahora mismo podría limpiar gran parte del túnel con esta; de todas formas la victoria ya estaba asegurada en el papel, los myrmekes estaban demasiado descoordinados como para romper la formación de los helenos y si bien el favor hubiera eliminado a decenas este no era necesario para ganar la batalla.
— ?RETROCEDAN!
Al oír las palabras del capitán la primera fila rotó de posición junto a Laconia para recargar sus anillos, mientras daba la espalda la bestiaria vio como alguien observaba la batalla desde un peque?o agujero de la puerta, ambos ojos se encontraron por un instante y el joven desapareció al instante.
— ?Mantengan la formación y atentos al techo!
Mientras el capitán daba sus indicaciones los cadáveres de las hormigas comenzaban a apilarse por las orillas y el frente del túnel creando una barrera que comenzaba a encerrar a los hoplitas y tarde o temprano terminaría dejándolos sin espacio para pelear. Laconia analizaba la situación y si el combate seguía así se verían obligados a retroceder al campamento donde los arqueros no podrían apoyarlos desde altura, además los hoplitas ya habían gastado todos sus favores, solo ella tenía aún una carta para gastar pero no quería cometer el mismo error de antes de utilizarla antes de tiempo.
— ?Qué haría Asterión? —se dijo la lerna bastarda antes de partir una vez más al frente.
…
— Maldición, soy un imbécil.
Asterión se concentraba buscando soluciones para detener el asalto que caería por el oeste, se lamentaba de haberle dicho a Laconia de que no se contuviera y que por eso ella terminara gastando su segundo favor.
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— ?Cuántas más necesitas? —dijo uno de los ónices mientras traía telas del campamento dejándolas al otro lado de la puerta.
— Todas.
El polemarca se apretaba la mandíbula con fuerza mientras por su mente pensaba en como detener a los myrmekes, le había ordenado a los jóvenes a traer las telas para preparar la primera trampa. Pasado unos minutos los dos ónices ya habían traído dejado el campamento totalmente descubierto.
— Bien, díganme que estrella los bendice y cuantos favores tienen—dijo Asterión.
— La estrella del lago, primer favor.
— La estrella quemada, primer favor.
Asterión lo sospechaba, jóvenes de incluso quince a?os ya son enviados en grupos de avanzada o los tienen disparando junto a los toxotes, estos chicos eran prácticamente ni?os con cero experiencia en el campo de batalla.
— Bien, tengo un plan pero tendrán que confiar plenamente en mí y nada de preguntas, arruinarán la sorpresa.
Ambos jóvenes se miraron con los ojos bien abiertos sin comprender que era lo que salía de la boca del polemarca. Asterión sacó una nueva hoja y comenzó a dibujar el túnel.
— Coloquen las telas por todo el suelo del túnel hasta donde alcancen, por suerte el campamento era bastante grande por lo que debería dar tiempo para cubrirlo todo, en marcha.
El polemarca tomó varias telas y salió corriendo para extenderlas por el suelo, los dos ónices tardaron un poco en seguirlo por la sorpresa pero sin ninguna otra idea simplemente siguieron el plan. Mientras los tres extendían las telas sobre el suelo el explorador herido apareció en el marco de la puerta, observaba desconcertado como extendían las telas como si estuvieran armando una especie de alfombra ro?osa en el laberinto, ya no cojeaba de su pierna y gran parte del dolor finalmente había mermado. Una vez extendida toda la tela del campamento Asterión reunió a sus compa?eros temporales.
— Bien, ahora cuando lleguen los myrmekes-.
— ?Qué haces aquí?
La voz provenía del explorador herido quien se acercó lentamente al grupo.
— Despertaste, tú debes ser el joven ónice que el arconte de la luz recomendó.
— No, mi se?or dijo que me enviaría con una falange experimentada, eres el Destrellado.
Por un momento pareció que el laberinto se silenció.
— Si, ahora ven con nosotros para que te diga cuál es el plan, myrmekes vienen por el oeste.
El joven dio un paso atrás de inmediato.
— ?Qué? No puede ser, vámonos de aquí hay que avisar a los guerreros y tú no sirves de nada.
— Si los obligamos a separarse es probable que pierdan contra las hormigas, nosotros nos encargaremos.
— No puedes estar hablando en serio, tú no eres ni siquiera un civil, falso heleno ?Cómo vas a defendernos? Vamos.
Los dos ónices si bien eran del mismo rango que el explorador ellos eran mucho más jóvenes y aún ni siquiera tenían su segundo favor en sus dedos, ambos caminaron hacia el joven y se prepararon para correr hasta la otra puerta hasta que un terrible sonido invadió sus oídos, como cien pisadas simultáneas. Asterión agarró el hombro de los dos ónices.
— Ya no hay tiempo, llegaran en segundos y simplemente escalaran la puerta, no son tantos como del otro lado, podemos detenerlos.
En los ojos del polemarca no había una pizca de miedo y mantuvo su mirada firme mientras los tres jóvenes lo observaban, las pisadas finalmente tomaron forma y las pocas antorchas colocadas a los lados iluminaron la forma de al menos cincuenta myrmekes camino a la puerta.
— Usen sus favores al mismo tiempo sobre la tela —dijo el polemarca que aún mantenía su mirada mientras los otros observaban a las hormigas.
— El fuego y agua se cancelarán imbécil —dijo el ónice explorador.
Asterión puso a la fuerza las manos de ambos jóvenes contra la tela que habían colocado mientras el explorador sacaba su espada.
— Se los pido por favor, en el nombre de Helena, ayúdenme.
Los myrmekes ya estaban a mitad de camino y prácticamente toda la horda ya estaba sobre los metros de tela extendidos por el túnel, solo algunas hormigas estaban por las paredes, la gran mayoría corría por sobre las telas y ambos ónices se miraron una vez más.
— Flegetonte.
— Aquarii.
El nombre de ambas estrellas se conjuró sobre la tela; el fuego y agua se extendieron sobre los restos del campamento, Asterión agarró a los ónices y los empujó contra el explorador para alejarlos del favor, este corrió en armonía por un solo segundo y la tela parecía estar cubierta en algunos espacios de fuego y otros de agua, pero cuando el favor finalmente alcanzó el final de la tela ambos elementos finalmente hicieron contacto y se desató lo esperado.
— Vapor es el nombre de mi estrella el día de hoy —dijo Asterión con una sonrisa.
Una enorme nube de vapor que cubrió hasta el techo del túnel se formó frente a ellos y los sonidos de las hormigas chillando al ser cocinadas vivas se escuchó por cada rincón del laberinto.
— ?Cómo, cómo hiciste que sus favores abarcaran tanto? —decía el explorador mientras cerraba la puerta junto al resto para evitar que el vapor los quemara a ellos también.
— Mientras más delgado sea el objeto más espacio cubrirá el primer favor, supongo que es fácil olvidarlo pues siempre usan el primer favor en sus herramientas, las telas expandieron bastante bien sus bendiciones, tampoco podía usar solo el fuego pues simplemente escalarían por las paredes, de todas formas no esperaba que reaccionara tan rápido.
La nube se extendió rápidamente pero los sonidos de las hormigas seguían haciéndose cada vez más fuerte.
— ?Ahora qué? —dijeron ambos ónices.
— El vapor se encargará de los débiles, esperaremos que estén cerca y que el vapor se enfríe, entonces utilizaras tu anillo para cubrirnos de agua y asesinar a los rezagados entre la nube.
Ambos jóvenes temblaban mientras tenían sus armas en sus dos manos, nunca antes habían luchado cuerpo a cuerpo contra un myrmeke e incluso si el vapor los ocultaba cualquier mal movimiento podría terminar con su muerte.
— Yo lo haré —dijo el explorador.
Asterión lo miró inmediatamente, su rostro aún tenía algo de disgusto por tener que colaborar con alguien tan infame como el Destrellado y aun así algo de heroísmo lo llevó a aliarse con tal de ayudar a sus compa?eros.
— ?Cuál es tu nombre, ónice?
— Nikomedes de Helena.
El polemarca lo apuntó para que lo rociaran y preparan para el asalto.
— Nikomedes, sobrevive y te nombraré tracio de la falange del Destrellado.
Mientras las hormigas seguían chillando el joven bajó su cabeza mientras sonreía burlescamente.
— No se me ocurre un peor honor.
Golpeo el pu?o del polemarca y luego de ser empapado salió corriendo por la puerta ligeramente abierta para adentrarse en la nube, aún había un inmenso calor y comenzó a sudar casi de inmediato, sin embargo los sonidos estaban cerca, cubrió sus ojos con un pa?o para abrirlos ligeramente y cortó con su espada las patas y cuello de la primera hormiga, luego otra y otra mientras corría de un lado a otro guiándose por los chillidos, en apenas unos minutos el vapor se disipó y las cincuenta hormigas habían caído por la mano de tres ónices sin ningún rango y un heleno sin ninguna bendición. Nikomedes volvió pero solo se encontró con Asterión.
— ?Qué pasó con los otros dos?
— Fueron a avisar a los soldados, parece que su batalla ya está por terminar.
El joven miró hacia atrás para observar la masacre, solo cortó unas cinco hormigas, el resto de ellas murieron quemadas por la explosión de vapor o asfixiadas entre la temperatura.
— Dijiste que no esperabas que reaccionara tan rápido ?Nunca hiciste esto antes?
— Bueno varias veces usé el fuego de mi compa?era sobre agua para hacer pantallas de vapor, pero nunca utilizamos un favor para ello. De todas formas el objetivo era retrasarlas, supongo que fue algo de suerte que hiciera tanto efecto y que estuvieras aquí para rematar al resto.
Nikomedes estiró su brazo y le ofreció su pu?o en forma de celebración.
— Solo por esta vez.
Asterión chocó su pu?o contra el del explorador.
— Bienvenido a mi falange, joven tracio.
El tracio solo pudo dar un largo suspiro.
— De todas las falanges en Helena…
Ambos caminaron en dirección a la puerta este, el sonido del combate por ese lado no parecía mermar pero era cosa de tiempo para que las fuerzas de Helena superaran a los myrmekes, o al menos eso pensaron hasta que una vez más los sonidos de decenas de patas resonaron en sus espaldas.
— Y bueno capitán ?Algún otro plan maestro? —le dijo el nuevo tracio a su polemarca.
— Creo que esta vez vamos con el tuyo.
Ambos cerraron la puerta e inmediatamente corrieron para reunirse con el ejército, a Nikomedes se le escapó una sonrisa al ver que el estoico polemarca que fue capaz de armar un plan para aniquilar cincuenta hormigas en unos pocos minutos ahora estaba corriendo con un rostro lleno de miedo.
— Bastardo, y yo que ya estaba empezando a confiar en ti —dijo Nikomedes entre peque?as carcajadas.

