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Capitulo 17: Un gran tazón de entrenamiento

  El aire de la ciudad todavía estaba impregnado del calor de la herrería cuando Yui y Nerfex salieron a la calle. La espada elemental que Ender le había dado parecía más pesada de lo que debería

  Nerfex caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos y una expresión concentrada, como si estuviera ordenando pensamientos que no quería decir en voz alta.

  —En el grupo —rompió finalmente el silencio—, varios usan armas combinadas con aura. No solo como herramientas, sino como extensiones de su voluntad. Creo que lo mejor sería pedirles consejo.

  Yui miró la espada, luego a él.

  —Me parece una buena idea.

  El camino de regreso al recinto se sintió más corto de lo que recordaba. El sol caía en un ángulo suave sobre Akron, iluminando las fachadas de piedra clara y los peque?os jardines que la diosa Mora había permitido florecer incluso en medio de la ciudad. Cuando cruzaron la entrada del patio interno, una calma distinta los envolvió.

  Morgana estaba sentada sobre una banca de madera, un refresco en una mesa peque?a, bajo la sombra de un árbol de hojas muy verdes. Tenía un libro abierto en el regazo y una expresión serena, casi ajena al mundo.

  Levantó la vista cuando los vio acercarse.

  —Vaya —dijo con una sonrisa suave—. No esperaba verlos juntos.

  Yui dio un paso al frente.

  — ?Dónde están los demás?

  —Fueron a comer —respondió Morgana—. Todas, excepto Risa. Ella fue a ver a su hermano.

  Cerró el libro con cuidado.

  —Pero ahora me pica la curiosidad. ?Qué hacían ustedes dos recorriendo la ciudad?

  Nerfex se quedó rígido.

  Yui respondió con naturalidad, sin darse cuenta del efecto devastador que tendría.

  —Fuimos a la herrería. Nada más.

  Fue como si alguien hubiera arrojado agua helada sobre Nerfex. Su postura se desmoronó un poco, como una estatua que comienza a agrietarse.

  Morgana ladeó la cabeza.

  —Oh… parecía una cita.

  El rostro de Nerfex se iluminó de golpe, como si esa palabra lo hubiera devuelto a la vida.

  — ?U-una…?

  Yui frunció el ce?o.

  — ?Qué es una cita?

  Morgana sonrió, divertida.

  —Es cuando dos personas…

  — ?No le expliques! —interrumpió Nerfex, rojo como un tomate.

  Pero Yui lo ignoró.

  —Si eso es una cita, entonces no lo fue —dijo con total seriedad—. Solo fuimos a la herrería.

  Desde el balcón del segundo piso, una risa clara resonó.

  Mora observaba la escena con evidente diversión.

  —Oh, esto es maravilloso…

  Morgana negó con la cabeza, sonriendo.

  —Aún es una ni?a.

  Se levantó.

  —Pero tengo una idea para ti, Yui. ?Por qué no vas al gremio de aventureros? El jefe ya dijo que quería medir tu fuerza. En sus tiempos usaba un mazo elemental combinado con aura de tierra. Tal vez pueda ayudarte.

  Los ojos de Yui se iluminaron.

  — ?Morgana eres una genio, gracias!

  Y sin esperar más, salió corriendo.

  Detrás de ella, Nerfex seguía inmóvil, atrapado entre la vergüenza y la esperanza, mientras las risas de Mora llenaban el patio.

  El viento parecía empujarla.

  Yui cruzó las calles de Akron con pasos tan ligeros que, por momentos, ni siquiera sentía el empedrado bajo sus botas. Su afinidad con el aire crecía de una forma silenciosa, no había concentración consciente, solo un flujo natural que respondía a su voluntad como si siempre hubiera sido parte de ella. Cuando quiso darse cuenta, una ráfaga suave la impulsó hacia adelante y, en un parpadeo, ya estaba frente al edificio del gremio.

  Las puertas se abrieron de golpe cuando el remolino que la rodeaba se disipó, levantando papeles, capas y el cabello de varios aventureros que estaban en la recepción.

  — ?Q-qué fue eso…?

  — ?Un ataque?

  — ?No, miren!

  Todas las miradas cayeron sobre ella.

  Yui, todavía un poco descolocada por su propia velocidad, dio un paso al frente.

  —Disculpen… ?el jefe de gremio…?

  No llegó a terminar la frase.

  —??Es Yui Cronos!!

  El grito surgió de algún rincón, y fue como encender una mecha.

  — ?La heroína!

  — ?La que acabó con la esclavitud de un soplido!

  — ?La del laberinto!

  De pronto, una multitud de aventureros se abalanzó hacia ella, rodeándola. Algunos querían estrecharle la mano, otros le pedían consejos, otros simplemente la miraban como si estuvieran frente a una leyenda viviente.

  — ?Dime tu rutina de entrenamiento!

  — ??Cómo controlas el aura?!

  — ??Qué tengo que hacer para ser tan fuerte como tú?!

  Yui retrocedió un paso, luego otro, hasta quedar prácticamente acorralada contra el mostrador de recepción.

  —E-esperen… yo…

  Entonces una voz grave y autoritaria atravesó el alboroto como un martillazo.

  — ?SILENCIO!

  El jefe de gremio, Soren, había salido de su oficina con una expresión feroz.

  —Yui Cronos es de nivel uno —declaró—. Ni siquiera exterminó un solo monstruo en el laberinto.

  El silencio cayó como una losa.

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  Decenas de rostros se giraron lentamente hacia Yui.

  Ella, con los ojos muy abiertos y el rostro rígido por la sorpresa, asintió despacio.

  —E-este… yo… él está en lo correcto… —dijo—. Yo… aún no puedo aconsejar a nadie. Lo siento mucho.

  Se inclinó en una reverencia sincera.

  Por un instante nadie dijo nada. Luego, uno de los aventureros dio un paso al frente.

  —Aun así… tú fuiste la que descubrió todo.

  —La estrategia fue tuya.

  —Sin ti, Akron seguiría en la oscuridad.

  Yui levantó la mirada, sorprendida.

  —No —respondió con suavidad—. Nada de eso habría sido posible sin cada uno de ustedes. Los caballeros, los aventureros, todos los que lucharon esa noche… Yo solo di una idea. Ustedes fueron quienes la hicieron realidad.

  —Escuchen lo humilde que es, nosotros no hicimos nada—dijo un aventurero

  —Yo solo dormía en mi cama y ella dice que ayudé—dijo otro

  —Nunca me enteré del peligro—dijo un mago

  Las risas comenzaron a sonar en el gremio

  Sus palabras, simples y honestas, parecieron pesar más que cualquier discurso heroico.

  —En el futuro —a?adió— espero poder contar con todos ustedes otra vez.

  Sintió algo extra?o en el pecho. Una calidez. Como si su camino no estuviera hecho de solo de venganza, como si pudiera disfrutar de esos buenos momentos.

  Una sombra enorme se proyectó sobre su espalda.

  — ?Y por qué vienes a hacer tanto escándalo a mi gremio?

  Yui se giró y alzó la vista. Soren estaba justo detrás de ella, imponente como una muralla.

  —Vengo a pedirle ayuda —dijo—. Necesito aprender a usar un arma junto con mi aura.

  Los ojos del jefe de gremio brillaron.

  —Oh… entonces sígueme. Termino unos papeleos y será un placer ayudarte.

  La condujo a su oficina. Allí, Indora estaba sentada, revisando documentos con expresión concentrada.

  — ?Por fin terminé! —exclamó alzando los brazos.

  —Esa es la actitud —dijo Soren con una risa seca.

  Indora miró a Yui.

  —Ven, siéntate conmigo.

  Yui obedeció, algo tímida.

  — ?Cómo le va como jefa de seguridad?

  —Hoy puro papeleo —respondió Indora—, pero ma?ana salgo a patrullar.

  Yui sonrió.

  —Me alegra que alguien tan fuerte como tú esté en las filas de Akron.

  Indora se quedó mirándola unos segundos… y de repente la abrazó con tanta fuerza que casi la deja sin aire.

  — ?Eres preciosa y además tan tierna! —dijo—. Nunca pensé que serías así.

  Yui quedó roja como una manzana.

  —V-voy a traer algo para comer —a?adió Indora de pronto—. Para los tres.

  Regresó con grandes tazones humeantes, llenos de caldo dorado, fideos suaves, tiras de carne, verduras y un aroma profundo que hacía rugir el estómago.

  —Mis favoritos. Prueba.

  Soren se unió cuando terminó su papeleo.

  Yui sostuvo el tazón entre sus manos como si fuera algo frágil y valioso. El vapor que se elevaba desde el caldo le acariciaba el rostro, trayéndole un aroma profundo, salado y cálido, tan distinto a cualquier cosa que hubiera probado antes en Eldoria. Allí, los sabores siempre eran suaves, casi tímidos, como si incluso la comida respetara la paz del lugar. Esto… esto era otra cosa.

  Tomó los palillos con cierta torpeza.

  — ?Así? —preguntó, mirando a Indora.

  —Exacto, pero no pienses tanto —respondió ella con una sonrisa—. Solo atrapa lo que puedas y llévalo a la boca.

  Yui hizo el intento. Los fideos resbalaron un poco, pero logró llevar una peque?a porción junto con algo de caldo y una tira de carne.

  Cuando el sabor tocó su lengua, se quedó inmóvil.

  Primero llegó el calor, reconfortante, como un fuego suave en el pecho. Luego, una explosión de umami y especias que parecía expandirse por todo su cuerpo. La carne era tierna, el caldo profundo y lleno de matices, y las verduras aportaban un contraste fresco que equilibraba todo.

  Sus ojos se abrieron de par en par.

  —E-es… —tragó saliva— es como si… todo mi cuerpo se sintiera más vivo.

  —??E-es increíblemente delicioso!!

  Indora apoyó el codo en la mesa, observándola con diversión.

  —Eso es buena comida —dijo—. No solo alimenta el estómago, también el ánimo.

  Yui volvió a probar, esta vez con más seguridad, y una peque?a risa se le escapó sin darse cuenta.

  —Nunca había comido algo así… —murmuró—. En mi aldea todo era simple, bueno, pero simple. Esto… tiene tantas capas. Es como magia.

  —Aquí cocinamos con el alma —intervino Soren, cruzándose de brazos con orgullo—. Akron no es grande, pero es la ciudad culinaria de Terra. Comer bien también es una forma de hacerse fuerte.

  Yui levantó la vista hacia él, todavía con los labios brillando por el caldo.

  —Entonces… si sigo aquí, ?podré probar más cosas como esta?

  —Muchas más —respondió Soren—. Platos de todas las razas, de todas las regiones. Dulces, picantes, amargos, suaves… Si te quedas en Akron, tu paladar también va a entrenar.

  Indora soltó una carcajada.

  —Y por cómo comes, diría que tienes talento natural para eso también.

  Yui, algo sonrojada, volvió a mirar su tazón y tomó otra cucharada, saboreándola con cuidado, como si quisiera memorizar ese instante. Entre el calor del plato y las sonrisas a su alrededor, el peso de la venganza se hizo un poco más liviano.

  Soren e Indora se miraron complacidos al ver que Yui disfrutaba de algo natural para ellos.

  Yui dejó con cuidado el tazón vacío sobre la mesa y, todavía con una expresión satisfecha, aprovechó el momento de calma para hablar.

  —Vine porque necesito aprender a usar una espada —dijo, tocando con suavidad la vaina que Ender le había entregado—. Estoy reuniendo materiales para forjar la mía, pero el herrero me dijo que primero debía aprender a manejar una. Y también… a combinarla con mi aura.

  Soren alzó una ceja, interesado.

  —Después de lo que hiciste en el laberinto, no tengo dudas de que dominarás la fusión elemental —dijo con una sonrisa confiada—. Tienes un control del viento que muy pocos aventureros consiguen. Para alguien así, canalizar aura a un arma será casi natural.

  Indora cruzó los brazos y negó con la cabeza.

  —Primero lo básico —interrumpió—. Antes de pensar en viento, ráfagas o cortes de aire, tiene que saber cómo se mueve una espada. Si no, todo lo demás se vuelve torpe.

  Yui asintió de inmediato.

  —Entiendo. Quiero aprender desde cero.

  —Bien —respondió Indora, levantándose—. Empezaremos con la espada corta.

  Pasaron a la sala de entrenamiento al aire libre detrás del gremio. El suelo era firme, de arena compacta, y había estantes con armas de práctica.

  Indora tomó una espada corta de madera y se la lanzó a Yui.

  —Las espadas cortas —comenzó— no son como las largas. No buscan dominar el espacio, sino controlarlo. Son rápidas, ligeras y perfectas para peleas cercanas. Tienes más movilidad, menos inercia en cada golpe y puedes cambiar de dirección en un instante. En manos hábiles, son mortales porque el enemigo casi no ve venir el ataque.

  Se colocó en posición, con el cuerpo ligeramente de lado.

  —Mira. La clave es el centro de gravedad. Mantén las rodillas flexionadas, la espalda recta y la espada alineada con tu antebrazo. Desde ahí puedes atacar o defender sin perder equilibrio.

  Mostró un corte horizontal.

  —Este es para abrir la guardia.

  Luego uno ascendente.

  —Este busca el brazo o el mentón.

  Y por último un movimiento corto y directo.

  —Estocada. Rápida, precisa, difícil de detener.

  Yui imitó cada gesto. Al principio con cuidado, luego con más fluidez. El viento a su alrededor parecía responderle, empujando suavemente su cuerpo, ajustando sus pasos.

  Indora la observó con creciente sorpresa.

  —No parece que nunca hayas sostenido una espada —murmuró—. Tus movimientos son… naturales.

  Yui sonrió, un poco avergonzada.

  —El viento me ayuda a sentir el equilibrio, por alguna razón me siento más ligera

  —No será que…—dijo indora

  —Al parecer su cuerpo pide una actualización de niveles. —Afirma Soren

  —Eso lo hace aún más impresionante.

  Indora le tendió otra espada de madera.

  —Probemos algo. Un peque?o duelo. Tres golpes y se acaba.

  Se separaron unos metros. El aire se volvió tenso.

  — ?Lista? —preguntó Indora.

  —Sí.

  Indora atacó primero, rápida y directa. Yui bloqueó, su espada desviando el golpe con una ráfaga casi imperceptible de viento. Contraatacó con un corte bajo que obligó a Indora a retroceder.

  —Bien —dijo la mujer, sonriendo.

  Volvió a la carga. Yui esquivó, giró sobre sí misma y rozó el hombro de Indora.

  —Uno —admitió Indora.

  Esta vez Indora cambió el ritmo. Una finta, luego un golpe real. Yui lo bloqueó, pero el segundo ataque la alcanzó en el costado.

  —Uno a uno.

  Yui respiró hondo. El viento se arremolinó a su alrededor mientras atacaba con una serie de cortes rápidos. Indora tuvo que retroceder, bloqueando uno, dos, tres… hasta que uno de los golpes rozó su brazo.

  —Dos —dijo Indora, sorprendida.

  Pero entonces su experiencia se impuso. Con un movimiento preciso, desvió la espada de Yui y golpeó su mu?eca.

  —Dos a dos.

  El último intercambio fue breve. Yui atacó con todo lo que tenía, pero Indora leyó su movimiento y, con un giro elegante, tocó su pecho con la espada de madera.

  —Tres.

  Yui bajó su arma, respirando agitada, pero con los ojos brillando.

  —Perdí…

  —Pero me hiciste sudar —respondió Indora, riendo—. Para alguien que recién empieza, eso es increíble.

  Soren, que había observado todo, asintió con una sonrisa orgullosa.

  —Cuando domines eso… y le agregues tu viento, Yui Cronos, no habrá muchos que puedan seguirte, tendré que ascenderte a rango “A” si sigues así.

  —Sigue practicando —le dijo—. No pienses solo en lo que aprendiste. Cada imagen que se forme en tu cabeza, cada movimiento que sientas correcto, pruébalo. La espada es una extensión de tu voluntad. Si algo te parece natural, ejecútalo.

  Yui asintió con seriedad y extendió la mano para recibir la espada pero cuando Indora la sostuvo un segundo antes de entregársela, su expresión cambió de inmediato. Su expresión de no entender lo que pasaba y sus dedos apretaron la empu?adura.

  —… ?Eh?

  La levantó apenas unos centímetros y volvió a bajarla, como comprobando su peso.

  —Esta espada es… más pesada de lo normal —murmuró—. Para ser una espada corta, tiene una densidad extra?a.

  Soren, que observaba desde un costado con los brazos cruzados, soltó una peque?a risa.

  —No te preocupes —dijo—. Si Ender fue quien se la dio, entonces es exactamente lo que debía ser.

  Indora giró el rostro hacia él, intrigada.

  — ?Lo conoces?

  —Más de lo que imaginas —respondió Soren—. Ender perteneció al grupo de una diosa muy popular hace a?os. Cuando esa diosa regresó al cielo, su grupo se dispersó. Algunos se retiraron, otros siguieron caminos distintos. Ender era un estratega excepcional… y como la mayoría de los enanos, terminó volviendo a lo que mejor sabe hacer: forjar.

  —Cuando escuché su nombre, supe que algo se estaba moviendo —continuó Soren—. Pero cuando esta peque?a dijo que una nueva espada estaba siendo preparada… y que era para ella… ya no tuve dudas. Ender no hace nada al azar. Si le dio esa espada, es porque está dise?ada con un propósito.

  Indora volvió a mirar el arma con otros ojos, esta vez con una leve sonrisa de respeto.

  —Entonces no es un error —murmuró—. Es una prueba.

  Soren asintió.

  —Exacto. Al parecer Ender también vio algo más aquí, al igual que nosotros.

  Yui continúo realizando movimientos con la espada como si estuviera enfrentando a alguien en su mente

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