Yui desplegó el primer sobre con cuidado. Al reconocer la letra de su maestro, una peque?a sonrisa apareció en su rostro antes incluso de comenzar a leer.
“Yui:
Me alegra saber que te has integrado al grupo de Mora. Era lo que esperaba. No olvides que tu camino no debe girar solo en torno a la venganza. Harás muchos amigos, conocerás personas y lugares distintos, y todo eso te hará más fuerte que cualquier entrenamiento.
La diosa Mora tiene mucho que ense?arte. Pero lo más importante no será solo hacerte fuerte, sino lo que construyas en ese camino. Al final, lo único que realmente permanece es la familia que eliges y que camina contigo. Espero que puedas experimentar esa sensación.
Tengo un amigo herrero en Akron, su nombre es Ender. Llévale la espada corta que te di; él sabrá qué hacer. No diré más para no arruinarte la sorpresa.
Yo estaré fuera durante unos días. Apareció un objeto extra?o y debo investigarlo. Viajaré a Tropecia, una ciudad frecuentada por magos. Un colega me habló de algo que podría ser importante, así que iré a verlo.
Mi otra sorpresa llegará en dos días. Te será útil… y también nos permitirá comunicarnos mejor. Cuando llegue, vendrá acompa?ada de una nota.
Sigue creciendo, Yui. Y no olvides disfrutar cada peque?a oportunidad que la vida te regale.”
Al terminar, Yui sostuvo la carta unos segundos más. No dijo nada de inmediato, pero su expresión había cambiado: ya no era solo la aventurera decidida, sino una chica que, por un instante, sentía el calor de alguien que confiaba plenamente en ella.
Nerfex fue el primero en romper el breve silencio que había quedado flotando en la sala.
—Yui… —dijo con cautela—. Hay algo que todos estamos pensando, pero nadie se atrevía a preguntar. En la carta… Aerion mencionó venganza. ?Por qué?
Risa giró hacia ella de inmediato, con una expresión mucho más suave de la que solía mostrar en combate.
—Puedes confiar en nosotros —dijo—. No tienes que cargar con nada sola.
Kimara asintió despacio.
—Llegaste a Akron en medio de una tormenta —agregó—. Apenas tuvimos tiempo de conocerte como persona.
Nyx y Aris también se acercaron un poco más.
—Sí —dijo Nyx—. Me gustaría saber quién eras antes de todo esto.
—Yo también —a?adió Aris—. Antes de Akron
Yui los observó uno por uno. No había curiosidad vacía en sus miradas, sino un interés sincero. Un deseo de comprenderla. Por primera vez desde que había llegado a esa ciudad, sintió que realmente podía hablar.
Sus dedos se cerraron un poco alrededor de la carta de Aerion.
—Yo…
Estaba a punto de comenzar cuando una voz tranquila interrumpió el momento.
—Antes de abrir heridas —dijo Mora desde su asiento, con una sonrisa serena—, sería mejor que leas la otra carta.
Todos voltearon hacia la diosa.
—No es una orden —a?adió—, solo una sugerencia. A veces… las palabras correctas llegan antes de que estemos listos para decir las nuestras.
Yui dudó un instante, luego asintió lentamente.
—Tienes razón, además quería saber de ellas
Tomó el segundo sobre. El que llevaba los nombres que más tiempo llevaba sin ver escritos: Elara y Lyra.
La carta de Elara y Lyra estaba escrita con una caligrafía algo irregular, como si ambas hubieran tomado turnos para escribirla.
“Hermanita Yui:
Queríamos contarte cómo estamos. Raik fue muy atento con nosotras durante todo el viaje hasta Urano. No solo nos escoltó, se quedó con nosotras hasta que nos sentimos tranquilas y seguras. Incluso prometió volver a visitarnos con regularidad para que no nos sintamos solas.
Ahora estamos con el se?or Yernos y la se?ora Lear, amigos de Aerion. Son muy amables con nosotras, nos tratan como si fuéramos sus hijas. El se?or Yernos tiene un peque?o restaurante y nos está ense?ando a cocinar. Es muy divertido, y ya so?amos con algún día ser las mejores chefs de todas. La se?ora Lear trabaja en una enfermería, y nos deja ayudarla. Nos ense?a a curar y a cuidar a las personas, y nos hace sentir útiles. Dentro de poco podremos utilizar magia de sanación.
Urano es enorme, Yui. Hay muchísima gente y razas diferentes por todas partes, y una torre gigantesca en el centro de la ciudad. Los dioses y sus grupos brillan tanto que a veces parece que el aire mismo resplandece. Aquí nunca te aburrirías.
Nuestra habitación es muy cómoda, la comida es deliciosa y hasta tenemos un ba?o enorme. Todos nos tratan muy bien y se preocupan por nosotras. Queríamos contarte más sobre las personas que conocimos, pero creemos que será mejor que las veas tú misma cuando llegues.
Pero… aunque estamos bien… te extra?amos mucho.
De verdad te extra?amos.
Por favor, no te tardes en venir. Y escríbenos. Queremos saber de ti.
Con todo nuestro cari?o,
Elara y Lyra.”
Yui apretó la carta con sus dedos. El papel temblaba levemente. Sus ojos recorrían una y otra vez las últimas líneas, pero ya no estaba realmente leyendo: estaba recordando.
Recordaba esa promesa que les hizo de hacerse fuerte y cuidarlas para siempre, no solo por sus padres si no porque ella era su familia
El borde de sus ojos se llenó de lágrimas que se negó a dejar caer. No quería que nadie la viera quebrarse, pero el peso de esas palabras era demasiado grande. Elara y Lyra estaban a salvo ahora… y aun así, tan lejos. Viviendo en un mundo de dioses, torres y fuerzas que ella apenas comenzaba a comprender.
Yui bajó la mirada, apretando los labios.
No podía quedarse como estaba. No podía conformarse con sobrevivir.
Tenía que volverse más fuerte.
Lo suficiente para cruzar cualquier ciudad, cualquier torre, cualquier destino que se interpusiera entre ella y esas dos chicas.
Porque no eran solo parte de su pasado.
Eran su razón para avanzar.
Athena rompe el silencio que había quedado tras la lectura.
—Yui… —dijo con suavidad—. ?Cuánto tiempo planeas quedarte con nosotras?
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La pregunta no tenía reproche, solo una curiosidad sincera, casi cuidadosa. Yui alzó la mirada, todavía con la emoción fresca en los ojos.
—No lo sé con exactitud —respondió
— ?En la cartas queda claro que tu destino final es Urano verdad?—dijo Athena
—Lo es, pero... aun hay demasiadas cosas que debo afrontar
Mora, dejó escapar una peque?a risa para cambiar el ambiente.
—Les dije que no se encari?aran —comentó, cruzando los brazos—. Ella está de paso.
El grupo tenía una mirada caída y algo tristes especialmente Risa.
Mora, entonces, adoptó un tono más serio.
—Para comprenderlo de verdad —continuó—, y para que todos sepamos a quién tenemos frente a nosotros… nos gustaría escuchar tu historia completa, Yui Cronos.
La elfa cerró los ojos por un instante. Tomó aire, como si estuviera reuniendo no solo palabras, sino recuerdos que dolían tocar. Abrió los ojos como si abriera una herida
—Comenzaré —dijo en voz baja—
La sala quedó en un silencio tan profundo que incluso el crepitar lejano de las antorchas parecía demasiado fuerte. Yui, con los pu?os apretados con fuerza, levantó la mirada hacia todos ellos. Por un instante dudó, como si al hablar fuese a abrir una herida que jamás había cerrado de verdad. Pero ya no había vuelta atrás.
—Mi aldea natal… —comenzó, con una voz que apenas era un susurro— se llamaba Eldoria.
Algunos fruncieron el ce?o. El nombre no les decía nada. Yui sonrió con una tristeza suave.
—Es normal que nunca la hayan escuchado. Eldoria estaba escondida en lo más profundo de un bosque inmenso, tan antiguo que los árboles parecían tocar el cielo. Las raíces eran tan gruesas como casas, y la luz del sol entraba en rayos suaves, como si incluso el mundo respetara ese lugar.
Cerró los ojos un segundo, dejando que los recuerdos la envolvieran.
—Al final de la aldea estaba nuestro mayor tesoro: el Gran árbol Sagrado. Cuando era ni?a solo lo veía como un árbol hermoso, gigantesco, con hojas que brillaban como esmeraldas bajo la luz. Pero ahora lo entiendo… ahora sé que tenía una energía vital inimaginable. Ese árbol alimentaba nuestra tierra. Gracias a él, los cultivos nunca fallaban. Las frutas eran dulces, los granos abundantes, y la tierra nunca se agotaba. Incluso la minería era próspera: los minerales parecían brotar de la roca como si el propio mundo nos los regalara.
Sus labios temblaron.
—éramos una aldea pacífica. No teníamos guerreros ni grandes magos como los que he visto desde que salí al mundo. No los necesitábamos. En Eldoria nadie pensaba en da?ar a otro. La gente era humilde, amable… jamás escuchabas una pelea. Vivíamos como una familia enorme.
Miró a Mora, a Risa, a Athena, a todos.
—Eldoria estaba protegida por ocho pilares antiguos, creados por el primer rey elfo. Eran sellos, barreras que ocultaban nuestra ubicación al resto del mundo. Gracias a ellos vivimos cientos de a?os en paz. Nadie podía encontrarnos. Nadie… o eso creíamos.
Tragó saliva.
—Mis padres eran guardianes del árbol. Eran… tan dulces como una taza de té de fresas en una ma?ana tranquila. —Una peque?a sonrisa, rota por la nostalgia—. El único requisito para ser guardián era comprender el aura… nosotros lo llamábamos energía de vida. Practicábamos todos los días. A mí me costaba muchísimo. Mientras otros lo sentían con naturalidad, yo tenía que esforzarme, concentrarme, equivocarme una y otra vez. No sabía entonces que eso mismo me llevaría, algún día, a comprenderla de verdad.
Respiró hondo.
—Ser guardián no significaba luchar. No había enemigos. Solo… observar y pasar el rato con mis compa?eros. Asegurarse de que nada extra?o ocurriera. Que el flujo de la vida siguiera su curso. Incluso la idea de que alguien del exterior entrara en Eldoria era algo que se contaba como un chiste. Una historia absurda para asustar a los ni?os.
Sus brazos comenzaron a temblar.
—Pero ocurrió.
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
—Mi primer día como guardiana… —continuó— lo sentí. Algo se movía dentro del bosque, si tengo que describirla ahora es como cuando llegue aquí y sentí el aura impregnado de Gemine. Fue tan fuerte que estoy segura mi primera habilidad nació allí, en ese mismo instante. Yo… yo sabía que algo estaba mal.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Tres figuras atravesaron las barreras como si no existieran. Caminaban con seguridad, como si conocieran nuestra ubicación desde siempre. Nunca olvidaré sus rostros… pero lo que más me persigue son las marcas en sus cuellos: un símbolo de un ala oscura y, alrededor, líneas grabadas en la piel como sellos.
Yui apretó los pu?os más fuertes, un viento parecía recorrer la sala.
—No venían solos. Detrás de ellos entraron más personas. Armadas. Con miradas frías. Cuando les hablé duplicando que se fueran… no escucharon. Dijeron que un dios reclamaba todo lo valioso de la aldea como suyo.
Su voz se quebró.
—Y entonces… dieron la orden de quemarlo todo. De matar a los habitantes.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
—No pude hacer nada, yo… no servía para nada, una inútil como yo… solo pudo ver a sus padres sacrificarse, a la aldea quemarse viva y a los elfos que eran como mi familia morir
—Yo… yo creí que iba a morir. El que parecía ser el líder levantó su arma contra mí. Pero mis padres… —su voz se hizo un hilo— mis padres se interpusieron. Ellos solo conocían hechizos defensivos, pero aun así lucharon. El árbol Sagrado brilló. Una luz tan pura que parecía el corazón del mundo. Y mis padres… redirigieron esa luz hacia mí.
Yui se llevó una mano al pecho.
—Me enviaron al bosque. Me alejaron. Me salvaron… a costa de sus propias vidas.
Risa no pudo soportarlo más y la abrazó, rodeándola con fuerza. Yui apoyó la frente en su hombro, llorando en silencio, temblando como una hoja en el viento.
—No tienes que seguir… —susurró Risa.
Pero Yui negó con la cabeza, secándose las lágrimas con torpeza.
—No… tengo que hacerlo.
Se separó lentamente.
—Solo los elfos y aquellos que ya habían entrado una vez podían atravesar los pilares. Eso significa que… hubo un traidor. Alguien de Eldoria o alguien que conocía nuestros secretos. Y lo encontraré. Encontraré a ese dios. Haré que pague por cada vida que arrebató. Y destruiré… sin piedad… a esos dos humanos que caminan y respiran en este mundo.
Athena pensativa pregunta.
— ?Dos? Dijiste que eran tres.
Yui bajó la mirada.
—El tercero… ya está muerto. La familia Heart, los padres de Lyra y Elara ellos me rescataron cuando caí desvanecida en un camino… el mismo pueblo que mi maestro Aerion, esa familia me salvó la vida. Pero uno de esos humanos me encontró. Cuando regresé de entrenar… estaban en el suelo. Sin vida.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo.
—Todo se volvió rojo. No recuerdo cómo ocurrió. Desperté en brazos de Aerion. él me confirmó lo que un aldeano había visto: yo… yo lo había matado. Con un poder que no comprendo. Su nombre era Caleb
Levantó la mirada, llena de fuego y lágrimas. Una mirada tan fría como el hielo, sus ojos mataban con solo mirarlos
—Tengo que vengar a mi pueblo. A su gente. A mis padres. A todos. Sé que solo estoy de paso aquí… pero necesito ser la más fuerte. Aprenderé lo que sea necesario. Me esforzaré cada día. Protegeré a quienes son importantes para mí… pero no puedo ahora. Porque todavía soy débil.
Sus palabras resonaron como un juramento.
El silencio que siguió a las últimas palabras de Yui no fue vacío. Fue un silencio lleno de corazones apretados, de respiraciones temblorosas y de emociones que nadie en esa sala podía ya contener.
Risa fue la primera en reaccionar.
Sin decir una sola palabra, simplemente la rodeó con más fuerza, como si quisiera impedir que el dolor de Yui volviera a llevársela lejos. Enterró el rostro en su hombro, y cuando habló, su voz estaba rota.
—No… no es justo… —susurró—. Nadie… nadie debería cargar con algo así.
Las lágrimas de Risa caían silenciosas, empapando la ropa de Yui.
—Perdiste tu hogar, a tus padres, a tus conocidos… y aun así sigues de pie. —Apretó los pu?os—. Eso ya es una fuerza increíble, aunque tú no la veas.
Yui quiso responder, pero no pudo. Su garganta estaba cerrada por el llanto.
Athena dio un paso al frente. La mujer que siempre parecía tan firme, tan inquebrantable, tenía los ojos enrojecidos.
—He visto muchas tragedias —dijo—.Yui… lo que te pasó no es algo que se supere. Nunca. Pero sí es algo que puede destruirte si lo enfrentas sola.
Se arrodilló frente a ella, a su altura.
—La venganza es una llama. Da calor, da fuerza… pero si no la controlas, lo quema todo. Incluso a quien la sostiene.
Yui la miró, temblando.
Nyx, que siempre parecía distante, se secó una lágrima con el dorso de la mano y habló con voz baja.
—Yo también perdí mi hogar una vez. Pensé que el odio era lo único que me mantenía viva. —Sonrió con tristeza—. Y casi me convierte en algo que no reconocía. Si hoy sigo aquí… es porque alguien me sostuvo cuando estaba a punto de caer.
Miró a Yui con intensidad.
—Déjanos hacer eso por ti.
Aris se acercó lentamente, como si temiera romper algo frágil.
—No tienes que ser fuerte todo el tiempo —dijo—. A veces… ser fuerte es dejar que otros te sostengan.
Kimara asintió.
—Yui, tú nos has protegido. Nos has salvado. Nos has dado confianza. —Su voz se quebró—. Déjanos devolverte eso.
Nerfex apretó los dientes, luchando contra sus propias lágrimas.
—Si ese dios y esos bastardos creen que pueden destruir una vida y salir ilesos… —gru?ó— se equivocan. Pero no tienes que enfrentarlos sola. Ni ahora, ni nunca.
Mora, que había permanecido en silencio, dio un paso al frente. Su presencia llenó la sala con una calma profunda, casi sagrada.
—Yui Cronos… —dijo con suavidad—. La venganza puede darte un rumbo, pero no debe ser tu destino. Tú no fuiste hecha para caminar sola por un sendero de sangre.
Colocó una mano sobre su cabeza, con un gesto casi maternal.
—Aunque digas que estás de paso… aquí has echado raíces. Y mientras estés en Akron, mientras estés con nosotros… eres familia.
Yui rompió a llorar de nuevo, pero esta vez no era solo dolor. Era algo distinto. Algo que no había sentido desde Eldoria, no, desde que la familia Heart la acogió
Risa la apretó contra su pecho.
—No importa cuánto tiempo estés —susurró—. Aunque ma?ana te vayas, hoy eres nuestra. Y no te soltaremos.
—No estás sola —repitieron varios, casi al unísono.
Yui cerró los ojos, dejando que las voces, los brazos, las presencias la envolvieran.

