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El sabor del barro

  —Vamos Gustab, ven, tus compa?eros te están esperando...

  La voz sonaba lejana, dulce y dolorosa al mismo tiempo. Mis parpados pesaban, me dolía todo el cuerpo, trato de abrir los ojos y toda era oscuridad, un pitido resonaba dentro de mi cabeza, mismos parpados se volvieron a cerrar y es cuche de nueva la voz.

  —?Gustab!— Me llamó.— Venga hijo, que te están esperando.

  Abrí de nuevo los ojos y mi madre me arrastraba por el camino empedrado de la universidad de Farenwerl, a mi alrededor, numerosos jóvenes con toga me miraban burlones y sentía como mis mejillas ardían ruborizadas y por inercia bajé la mirada.

  —Ahora te avergüenzas?— Mi madre se detuvo ante mí y se acuclillo agarrándome de los hombros con firmeza, sus ojos se acercaron a los míos haciéndome sentir en el rostro su respiración, tenía tan cerca la cicatriz que le cubría el rostro que me parecía verla palpitar, pero su historia en la guardia real no es relevante, ni el sue?o en si, pero... ?que más da?— Hijo mírame, se que no era lo que siempre habías deseado, pero en la universidad podrás tener una mejor vida que la que tuvimos tu padre y yo, estudia y esfuérzate.— Sus manos pasaron a envolver mi rostro.— Hasta el más inútil de los magos, tiene un sitio en la corte, no sigas nuestros pasos.

  —?Mirad, se cree que puede ser mago!

  Al escuchar la voz chirriante me gire, mi madre se desvaneció como si se tratara de niebla, ahora estaba en uno de los jardines de la universidad.

  — Tus padres son soldados, ?Que te has pensado que haces aquí?— Wenny... La muy bruja me hizo pasar muy malos momentos en mi ni?ez, pero también muy buenos momentos en mi juventud... Oh, hay viene, ya no eramos ni?os, el tiempo pasó muy rápido y el mundo se desdobló a mi alrededor, ahora estaba en mi cuarto y Wenny había entrado en el esa noche, lo que paso... Creerme, fue increíble.

  —A ver esa espada paleto.— me dijo apretando mi entrepierna con tanta fuerza que casi me saca de mis botas, su sonrisa se ensanchó al igual que mi miembro y me besó con rabia, la puerta tras ella se cerró de golpe y me empujó en la cama, la note terriblemente dura, como si cayera desde muy alto, Wenny se puso sobre mi de nuevo y jugueteó con mis, nuestras miradas se cruzaron de nuevo y me abofeteo con fuerza.

  —Gustab.— me gritó, pero no me sonó a su voz...

  De nuevo me abofeteó, esta vez vez más fuerza.

  —Gustab joder, despierta.— Era la voz de Beonir, el enano estaba agachado frente a mí.

  —?Estás bien colega?— El que habíablo esa vez fue Rintaro, el tengu me miraba con preocupación tras el enano.

  Asentí y entre los dos me ayudaron a levantarme, miré al techo y vi el agujero por el que habíamos caído, mi hechizo de luz aún brillaba y gracias a él podíamos ver la galería en la que nos encontrábamos, no muy lejos de nosotros estábamos Eril y Aril.

  —No se ha abierto la cabeza de nadie?— preguntó estirando mi espalda que crujió como madera vieja provocándome un dolor que me cortó la respiración.

  —Todos bien.— Dijo El arquero aún a mi lado.

  —Creo que he visto a K′thaar...— Dije tratando de organizar mis recuerdos.

  —Sí yo también.— Convino el enano.— Lo he supuesto, solo un aliado puede atravesar tu escudo.

  Asentí con la cabeza.

  —Esto no me gusta.— Nos dijo Eril, el elfo parecía inquieto, tanto que me preocupó.— La galería se divide en demasiados caminos, no tengo ratones y murciélagos suficientes y aun así, parecen tan largos, que no llegarían a tiempo de avisarnos si nos atacan desde varios francos.

  Beonir se amaso la barba con la mano.

  —?Alguna idea?— Preguntó finalmente.

  Ninguno dijimos nada.

  —Pues nada, suelta a alguna de tus alima?as, menos es nada, avanzaremos por el camino que nos dicta nuestra intuición y rezaremos por encontrar una salida antes de que nos encuentren.

  —Pero...— Todos los ojos se clavaron en mí.— Si K′thaar nos ha tendido una emboscada, ?que nos hace pensar que estamos a salvo?

  —Que seguimos vivos...

  Las palabras de Beonir que quedaron flotando un instante mientras se giraba e iniciaba el camino sacando una antorcha de su bolsa, alzarla recitaba el conjuro y se ascendía.

  —?Quién es Wenny?

  Los ojos de Rintaro me miraban fijamente.

  —Una compa?era de la universidad.

  El tengu emitió una silbido que me pareció una risotada burlona y siguió a nuestro líder.

  A medida que avanzábamos, la oscuridad parecía volverse más densa con cada paso, la humedad resultaba agobiante y el calor hacia que el aire se sintiera más pesado.

  No tardé en sentir la fatiga, miré a mi alrededor y pude comprobar que todos estábamos iguales, cuando llagamos a la primera intersección ni siquiera lo debatimos, Beonir giró a la izquierda y todos le seguimos, la galería parecía reducirse, las pareces se acercaban poco a poco y el techo me empezaba a resultar inquietante cercanomente, entonces llegamos a otra intersección, el enano miró a las cuatro galerías que se abrían ante nosotros y eligió la más amplia, a segunda de la derecha, esta descendía con cierta inclinación, eso me inquietaba, pero no dije nada, solo seguí avanzando, de cuando en cuando miraba a mi espalda, pero tras de mí, solo estaban Eril y Aril, los elfos cerraban la retaguardia con expresiones sombrías.

  —Esto es eterno...— Murmuró Rintaro soltando un suspiro.

  —No podrías rezarle a tu dios, Paladín?— Le instó Eril, nunca supe si se trataba de una burla o una sugerencia, por suerte, Rintaro, se inclinó por lo segundo.

  —Ya he rezado...— contestó por encima de su hombro.— Pero no creo que funcione.

  Seguimos caminando en silencio, el túnel se dividía en una sorprendente cantidad de pasadizos, giramos dos veces a la izquierda, otras tres a la derecha y en una ocasión nos encontramos con una gruta cerrada tras bastante tiempo caminando, tuvimos que dar media vuelta y deshacer nuestros pasos.

  —Vamos, Gustab, ven, tus compa?eros te están esperando…

  La voz sonaba lejana, dulce y dolorosa al mismo tiempo. Mis párpados pesaban como si alguien hubiera puesto piedras sobre ellos. Me dolía todo el cuerpo. Traté de abrir los ojos y solo encontré oscuridad. Un pitido constante resonaba dentro de mi cabeza. Mis párpados volvieron a cerrarse y escuché de nueva la voz.

  —?Gustab! —me llamó—. Venga, hijo, que te están esperando.

  Abrí los ojos otra vez.

  Mi madre me arrastraba por el camino empedrado de la universidad de Farenwerl. A mi alrededor, numerosos jóvenes con toga me miraban con burla. Sentí cómo mis mejillas ardían y, por pura inercia, bajé la mirada.

  —?Ahora te avergüenzas?

  Mi madre se detuvo ante mí y se acuclilló, agarrándome de los hombros con firmeza. Sus ojos se acercaron a los míos hasta que sintió su respiración en el rostro. Tenía tan cerca la cicatriz que le cruzaba la cara que me parecía verla palpitar. Su historia en la guardia real no es relevante, ni siquiera lo es el sue?o en sí, pero… ?qué más da?

  —Hijo, mírame. Sé que no era lo que siempre habías deseado, pero en la universidad podrás tener una vida mejor que la que tuvimos tu padre y yo. Estudia. Esfuérzate.

  Sus manos pasaron a envolver mi rostro.

  —Hasta el más inútil de los magos tiene un sitio en la corte. No sigas nuestros pasos.

  —?Mirad, se cree que puede ser mago!

  Al escuchar la voz chirriante me giré. Mi madre se desvaneció como si fuera niebla y, de pronto, estaba en uno de los jardines de la universidad.

  —Tus padres son soldados. ?Qué te has pensado que haces aquí?

  Wenny…

  La muy bruja me hizo pasar momentos horribles en la ni?ez, pero también algunos muy buenos en la juventud… Oh, ahí viene. Ya no éramos ni?os. El tiempo pasó demasiado rápido y el mundo se desdobló a mi alrededor.

  Ahora estaba en mi cuarto.

  Wenny había entrado aquella noche.

  The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.

  Lo que pasó después… créeme, fue increíble.

  —A ver esa espada, paleto —me dijo, apretándome la entrepierna con tanta fuerza que casi me saca de las botas.

  Su sonrisa se ensanchó, igual que mi miembro. Me besó con rabia. La puerta se cerró de golpe tras ella y me empujó sobre la cama. La noté terriblemente dura, como si hubiera caído desde muy alto. Wenny se subió sobre mí y volvió a jugar con mis pantalones. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo.

  Entonces me abofeteó con fuerza.

  —Gustab —me gritó.

  Pero no sonaba como su voz.

  Me abofeteó otra vez, aún más fuerte.

  —?Gustab, joder, despierta!

  La voz era la de Beonir.

  Abrí los ojos de golpe. El enano estaba agachado frente a mí.

  —?Estás bien, colega? —preguntó Rintaro desde detrás. El tengu me miraba con preocupación.

  Asentí. Entre los dos me ayudaron a levantarme. Miré al techo y vi el agujero por el que habíamos caído. Mi hechizo de luz aún brillaba y, gracias a él, podíamos ver la galería en la que nos encontrábamos. No muy lejos de nosotros estaban Eril y Aril.

  —?No se ha abierto la cabeza a nadie? —pregunté mientras estiraba la espalda.

  Crujió como madera vieja y el dolor me cortó la respiración.

  —Todos bien —dijo Rintaro, aún a mi lado.

  —Creo que he visto a K'thaar… —dije, intentando ordenar mis recuerdos.

  —Sí, yo también —convino Beonir—. Lo he supuesto. Solo un aliado podría atravesar tu escudo.

  Asentí con la cabeza.

  —Esto no me gusta —dijo Eril. El elfo parecía inquieto, tanto que me preocupó—. La galería se divide en demasiados caminos. No tengo ratones ni murciélagos suficientes y, aun así, parecen tan largos que no llegarían a tiempo de avisarnos si nos atacan desde varios flancos.

  Beonir se amasó la barba con una mano.

  —?Alguna idea?

  Nadie respondió.

  —Pues nada. Suelta a alguna de tus alima?as, menos es nada. Avanzaremos por el camino que nos dicta la intuición y rezaremos por encontrar una salida antes de que nos encuentren.

  —Pero… —empecé a decir.

  Todas las miradas se clavaron en mí.

  —Si K'thaar nos ha tendido una emboscada, ?qué nos hace pensar que estamos a salvo?

  —Que seguimos vivos.

  Las palabras de Beonir quedaron flotando un instante. Luego se giró e inició la marcha, sacando una antorcha de su bolsa. Al alzarla, recité el conjuro y se encendió.

  —?Quién es Wenny? —preguntó Rintaro.

  Sus ojos oscuros me miraban fijamente.

  —Una compa?era de la universidad.

  El tengu emitió una silbido que me pareció una risotada burlona y siguió a nuestro líder.

  A medida que avanzábamos, la oscuridad parecía volverse más densa con cada paso. La humedad era agobiante y el calor hacía que el aire se sintiera cada vez más pesado.

  No tarde en sentir la fatiga. Miré a mi alrededor y comprobé que todos estábamos iguales. Cuando llegamos a la primera intersección, ni siquiera lo debatimos. Beonir giró a la izquierda y todos le seguimos.

  La galería parecía estrecharse. Las paredes se acercaban poco a poco y el techo empezaba a resultarme inquietantemente cercano. Llegamos a otra intersección. El enano observó las cuatro galerías que se abrían ante nosotros y eligió la más amplia, la segunda de la derecha.

  Descendía con cierta inclinación.

  Eso me inquietó, pero no dije nada.

  De vez en cuando miraba a mi espalda, pero tras de mí solo estaban Eril y Aril. Los elfos cerraban la retaguardia con expresiones sombrías.

  —Esto es eterno… —murmuró Rintaro con un suspiro.

  — ?No podrías rezarle a tu dios, paladín? —le instó Eril. Nunca supe si era burla o sugerencia. Por suerte, Rintaro se inclinó por lo segundo.

  —Ya he rezado… —contestó por encima del hombro—. Pero no creo que funcione.

  Seguimos caminando en silencio. El túnel se divide en una cantidad absurda de pasadizos. Giramos dos veces a la izquierda, otras tres a la derecha y, tras mucho avanzar, dimos con una gruta cerrada.

  Tuvimos que dar media vuelta y deshacer nuestros pasos.

  —Descansemos por ahora —anunció Beonir, dejando caer los hombros. El enano parecía, de repente, trescientos a?os más viejo.

  —?Estás bien? —le preguntó, tendiéndole mi odre.

  —Tenías razón —dijo, tomándolo y llevándoselo a los labios. Dio dos peque?os sorbos. El gesto me indicó que estaba tan preocupado que ya había comenzado a racionar las escasas provisiones que nos quedaban.

  —?Yo? Te recuerdo que yo fui el que insistió en venir.

  —Y yo el que no os dejó descansar y el que ayudó la misión por pura avaricia —me devolvió el odre—. Iba a tomar mi parte y largarme.

  Observé cómo entregaba la antorcha a Eril y se sentaba, apoyando la espalda contra la pared de la galería, con un gemido cansado.

  Aril y Eril se sentaron donde se habían detenido. El nigromante revisó con cuidado la antorcha, que ya empezaba a tintinear de forma alarmante.

  —?Preocupado?

  Me giré hacia Rintaro. A pesar de todo, mantenía la compostura. A modo de respuesta, me encogí de hombros.

  —No se lo tengas en cuenta. Los enanos son ariscos. Cuando todo va bien, perfecto. Cuando la cosa se tuerce, ellos se tuercen aún más. Es su naturaleza.

  —No tenía que haberos arrastrado hasta aquí ?Una misión de novatos que no han podido terminar ni grupos expertos? Olía a trampa desde el primer instante.

  —Bueno —dijo Rintaro, poniendo una de sus manos emplumadas sobre mi hombro—. Las mejores historias siempre empiezan con una trampa o una derrota.

  —No seas pájaro de mal agüero, hostias —gru?ó Beonir.

  El paladín y yo reímos. Entonces, un aleteo nos puso en alerta. Uno de los murciélagos de Eril regresó junto a su due?o.

  —?Prepárense! —indicó, sacando un hueso delgado que se convirtió en lanza—. Algo viene…

  Todos quedamos atentos, mirando el lugar del que había surgido el difunto roedor alado. Un suave sonido comenzó a acercarse. En la claridad de la antorcha apareció el resto de ratones y murciélagos de Aril.

  Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

  Cuando las peque?as criaturas quedaron en silencio, nosotros contuvimos la respiración.

  Solo el latido de mi corazón, acompa?ado con el crepitar de la antorcha, indicaba que aún había vida en aquel lugar.

  —Gustab, lanza una esfera de luz —me indicó Beonir.

  Por un instante miré al techo, pero entonces me hizo un gesto y alcé la mano al frente. Recité el conjuro y la esfera salió despedida. Me tapé los ojos para no volver a cegarme.

  —Mierda… —dijo Eril con un grito ahogado.

  Miré al frente.

  Cientos de criaturas se aferraban a las paredes, al suelo y al techo de la caverna, avanzando hacia nosotros.

  Y entonces la oscuridad engulló la luz.

  —Se lo ha tragado… —dijo Rintaro a mi lado.

  No fue la oscuridad lo que devoró mi conjuro.

  Fue algo aún más oscuro.

  —?Corregido! —gritó el arquero.

  Salimos disparados en dirección contraria. Me quedé el último, deteniéndome lo justo para crear una barrera tras de mí. Al impactar contra ella, las criaturas rugieron con rabia, emitiendo por primera vez algún sonido.

  Eril y Aril abrieron camino con la antorcha. Rintaro les seguía muy de cerca, mientras Beonir luchaba por mantenerse por delante de mí, resoplandando con dificultad.

  Algo emergió de una pared con tal velocidad que solo vi un borrón negro arrastrando a Aril por el suelo. El berserker rugió y lanzó hachazos, poseído por la furia y el miedo. Su hermano aguijoneó a la figura con su lanza y esta emitió un chirrido, soltando al elfo.

  Los dos hermanos la rodearon y comenzaron a acosarla. La criatura se revolvía cada vez que sentía el impacto de una de sus armas. Entonces Aril saltó sobre ella y, a horcajadas, empezó a lanzar tajos descendentes sobre lo que parecía su cabeza.

  Eril lo animó y, cuando la bestia alzó el rostro, clavó su lanza donde debería estar la yugular.

  La criatura se disolvió como lodo negro a los pies de los elfos.

  Todo ocurrió en apenas unos instantes.

  Cuando alcanzamos a nuestros compa?eros, vi que el berserker sangraba.

  —Tiene mala pinta —dije sin pensar.

  El elfo me dedicó una sonrisa cansada.

  —Eso tiene peor pinta —dijo, se?alando a mi espalda.

  Al girarme vi otra criatura, esta vez tres veces más grande que la anterior. Sin pensarlo, lanza el conjuro de compresión.

  —Veamos qué le pasa a un ser vivo… —murmuré con rabia.

  La criatura se reduce, estremeciéndose entre estertores.

  —Si es que esas cosas están vivas —murmuró Rintaro a mi lado, blandiendo su mandoble.

  Al cabo de un instante el hechizo cesó. La criatura dejó de estremecerse, recuperó poco a poco su forma original y rugió con furia.

  Lanzó una de sus garras hacia mí. Rintaro reaccionó con un movimiento ágil y le cortó la garra de un tajo. La criatura perdió el apoyo y cayó por la inercia de su propio ataque.

  Le lance una bola de fuego sin preocuparse por el espacio reducido. Su cuerpo la absorbió.

  —Mierda… —murmuró.

  El paladín no perdió tiempo. Antes de que la criatura pudiera incorporarse, le cortó la cabeza. Un instante después, su cuerpo se volvió un lodo denso y oscuro.

  —Tenemos que escapar —indicó Beonir.

  Pero una figura surgió detrás de él y le atravesó el estómago.

  —?Joder! —rugí.

  Vi a Eril y Aril enfrentándose a otra criatura similar a la que había matado Rintaro. Me giré hacia el paladín y solo encontré oscuridad. Lancé varias bolas de fuego que iluminaron la galería en su trayecto, impactando contra varios monstruos que las absorbieron sin esfuerzo.

  Me giré hacia mis compa?eros.

  Aril y Eril ya no estaban.

  Me volví hacia Beonir. El enano me miró con los ojos como platos. Algo lo arrastró y la oscuridad lo engulló.

  Estaba solo.

  La antorcha yacía en el suelo. Sentía a esas cosas acecharme en la oscuridad.

  Entonces unos pasos se acercaron.

  K'thaar apareció ante mí.

  —Ríndete —dijo simplemente.

  —?Qué pretendes?

  El draconiano sonando, dejando entrever sus colmillos.

  —Poder. Fuerza… sacrificios —respondió con un tono inquietante.

  — ?Sacrificios? —logré decir.

  —Eso así es —asintió—. Para despertar a mi se?or, Bahamuth.

  La antorcha se apagó.

  Las criaturas comenzaron a emerger de las sombras. K'thaar hizo un gesto.

  Mi magia era inútil contra ellas.

  Pero entonces comprendí que la cueva no lo era.

  Invoqué una esfera de luz justo donde me encontraba. Traté de crear una decena de bolas de fuego y las comprimí todo lo que pude. Luego las acoplé a las paredes y las descomprimí de golpe.

  Cuando todo estalló, ya me había cegado.

  No sé qué pasó después.

  Pero sí sé que dolió muchísimo.

  ?Acaso esperabais un acto heroico?

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