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CAPÍTULO 9 — La Voz Que No Era del Viento

  La tarde caía lenta, como si el bosque estuviera intentando ganar tiempo.

  Syra caminaba con el brazo vendado, aunque ambos sabían que no servía de nada. La tela solo ocultaba la marca, no el pulso inquieto que viajaba bajo la piel.

  Ashryel avanzaba a su derecha, en silencio. No era un silencio incómodo… era ese tipo de silencio que uno usa cuando algo está por romperse pero no sabe desde qué lado.

  A lo lejos, entre los troncos caídos, se veía una grieta en la tierra. De allí salía un murmullo tenue.

  Syra entrecerró los ojos.

  —?Escuchas eso?

  Ashryel sí. Pero no respondió de inmediato.

  —

  —

  La tensión en su voz no era miedo. Era reconocimiento.

  Syra dio un paso hacia la grieta.

  El murmullo aumentó.

  No eran palabras. Eran fragmentos. Como si alguien tratara de hablar a través de agua muy profunda.

  “ah… él…” “no… otra vez…” “detente…”

  Syra sintió la piel erizarse.

  —?Está diciendo… mi nombre?

  Ashryel reaccionó antes que él.

  —

  Lo tomó por la mu?eca. Su mano estaba fría. O tal vez era la marca de Syra la que ardía demasiado.

  —

  —

  —

  Syra tragó.

  —?Por qué?

  Ashryel bajó la voz a un susurro contenido.

  —

  —

  Una corriente helada recorrió la columna de Syra.

  —?Ve a Aelian?

  El temblor que cruzó por los ojos de Ashryel fue la confirmación.

  Syra se soltó despacio, no para alejarse, sino para avanzar un paso más hacia la grieta.

  El murmullo creció.

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  “no cruces…” “no otra vez…” “no… repitas…”

  Y entonces —solo un latido— la voz cambió.

  Ya no era un murmullo. Era un susurro claro, directo, como si la tierra hubiera decidido hablar solo para él.

  “Syra.”

  El nombre lo atravesó como un cuchillo de hielo.

  Syra cerró los ojos.

  —?Escuchaste eso?

  Ashryel negó lentamente.

  —

  —

  —Dijo “Syra”. —Con mi voz. —Con miedo.

  Ashryel retrocedió un paso. No por sorpresa… sino porque esa era la se?al que ella temía desde el Capítulo 5, cuando Syra dijo el nombre que no debía conocer.

  —

  —

  Syra sintió el brazo empezar a arder por debajo de la venda. Las venas oscuras latían, avanzando apenas un centímetro más arriba que ayer.

  Ashryel lo vio.

  Y su expresión cambió de alerta… a angustia.

  —

  —

  —

  Syra tensó los pu?os.

  —?él quién? —Dime su nombre. —Deja de rodearlo.

  Ashryel cerró los ojos. La luz alrededor de su cuerpo tembló como una llama a punto de apagarse.

  —

  —

  Syra respiró hondo.

  —Entonces dime algo que sí pueda saber.

  Ashryel abrió los ojos.

  Y la verdad salió como un hilo fino, doloroso.

  —

  Syra parpadeó una vez.

  —?La voz que escucho ahora… es su última memoria?

  —

  —

  Syra miró la grieta. La tierra se movía apenas, como un pecho que respira bajo la superficie. No era natural.

  Era memoria.

  —?Qué quiere?

  Ashryel apretó los dientes.

  —

  Syra sintió un escalofrío que no se fue.

  —?Recordarme… como él?

  Ella no contestó.

  Y otra vez, ese silencio dijo más que cualquier frase.

  Syra dio un paso atrás. El aire alrededor de la grieta se enfrió.

  —Ashryel…

  —

  —?Crees que… él piensa que sigo siendo su portador?

  Ashryel tragó. Un gesto tan humano que dolió verlo.

  —

  —

  Syra guardó silencio.

  El murmullo se transformó en un susurro más claro. Más urgente.

  “no lo abandones…” “no lo hagas morir…” “no… otra vez…”

  Syra sintió el pecho apretarse.

  —Siento como si… él quisiera que lo escuchara. —Como si necesitara que lo escuche.

  Ashryel dio un paso adelante, con una calma que era pura fuerza contenida.

  —

  —

  —

  —

  Syra bajó la mirada.

  La marca ardió una vez. Un pulso oscuro. Un segundo latido que no era suyo.

  Ashryel lo vio.

  Y dijo, casi rogando:

  —

  —

  —

  Syra levantó la cabeza.

  —?Y si ya se están cruzando?

  Ashryel se quedó en silencio.

  No porque no tuviera respuesta.

  Sino porque sí la tenía.

  Y dolía demasiado decirla.

  Syra dio un paso hacia ella. Por primera vez desde que la conocía, la luz de Ashryel parecía más tenue. Más cansada.

  —Dime qué sigue.

  Ashryel levantó el rostro.

  —

  —

  —

  Syra sintió un peso frío en el pecho.

  —?Y tú?

  Ella lo miró directo a los ojos.

  —

  —

  Syra asintió, con un temblor que no era miedo… sino preparación.

  Ashryel a?adió:

  —

  —

  Syra tragó.

  —?Y qué hago si lo hace?

  Ashryel se acercó lo suficiente para que su luz tocara la venda, como si estuviera bendiciéndola sin poder detenerla realmente.

  —

  —

  —

  —

  Syra respiró hondo.

  —?Y si no te escucho?

  Las pupilas de Ashryel se contrajeron apenas.

  —

  El viento dejó de soplar.

  La grieta dejó de murmurar.

  Y Syra supo que no era una advertencia.

  Era una promesa.

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