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Vhael Dragon (parte 2)

  — ?Empecemos! —dijo en voz alta aquel hombre. Mina y él caminaban juntos al valle inferior. John se encargaba de preparar la comida, mientras Runny buscaba frutos y nueces ayudada por Ralo y Geno, que buscaban huevos en los corrales.

  —Veo que tienes muchos animales —Mina le dijo al hombre.

  —Hahaha, cabras para el queso y leche, ?eso es importante! Tengo un amigo en el archipiélago que dice que es todo lo que necesitas. Gallinas para los huevos, tengo un estanque atrás para peces, y la carne roja siempre la compro en el pueblo —sonriendo y platicando, bajaron por un sendero que cada tanto un tronco partido a la mitad marcaba el camino. En cada tronco, una barra metálica tintada de negro cargaba una lámpara creada a partir de un cuarzo peque?o que flotaba dentro de un arillo de bronce, que en ese momento se encontraban apagadas.

  —Listo, joven Mina, hemos llegado al pueblo —le dijo aquel hombre.

  —?Qué es lo que harás ahora, Mina? —prosiguió.

  —Pues creo que buscaré a los Jueces del Pilar de las Tres Reinas, intentaré nuevamente realizar la prueba —dijo Mina con una sonrisa amarga.

  —Ya veo… aunque tal vez deberías ver si hay otros Patronos que te puedan servir —Mina miró un poco a aquel hombre y rio ligeramente.

  —Jaja, sabes, no puedo seguir sin saber cómo llamarte —dijo Mina mientras caminaban por el pueblo.

  Una vereda nublosa y fría se alargaba frente a Mina. Paso a paso, el camino se revelaba lenta y gentilmente. Recuerdos vívidos de aquel día en la mina regresaban a ella de vez en cuando, haciendo que cada crujido y movimiento fuera un incesante mar de sobresaltos. Tenía miedo: de la oscuridad, del fallo, del error, pero sobre todo, de lo que traía consigo misma.

  Su caminar por la vereda a las cinco de la ma?ana le traía varios recuerdos.

  —Toma la vereda atrás de la casa, lleva solo lo que necesites; aquel patrono es peculiar, aquello que te sobre será una carga —escuchaba a Colle en su mente, pero sobre todo recordaba cómo su voz atronadora retumbaba con una extra?a tranquilidad.

  —Es extra?o, sus movimientos son decididos y puedo ver que es muy fuerte; obviamente es maestro en la escuela, seguramente está entrenando a aquellos ni?os, ?seguro no son sus hijos! —Mina recordaba con una sonrisa el día anterior y las tareas sencillas a las que acompa?ó a Colle. Con cada recuerdo y al caminar, notaba cómo empezaba a amanecer; el temor y la ansiedad de los recuerdos desaparecieron sin que se diese cuenta, recordando el pasar por la tienda y saludar a alguien que conoces de mucho, caminar por el pueblo y ayudar a otros solo porque sí, tomar el esfuerzo de otros y generar aún más bienestar, ver que aquellas acciones peque?as pero decisivas creaban algo más.

  —Hehehe —sonreía cada vez más con cada recuerdo del día anterior.

  —No solo sus movimientos, ?también sus decisiones son seguras y fuertes! —se detuvo un poco sobre una colina a ver un poco el amanecer y a golpear ligeramente sus mejillas.

  —?No puedo creerlo! ?Hace tanto frío que mi cara está roja! —pensó Mina para sí y, con una sonrisa enorme en la cara, prosiguió su camino.

  El ambiente verde y brillante de los musgos en los acantilados húmedos del lugar empezaba a cambiar. Mina entraba al Templum Quietis, un bosque de monolitos funerarios en los cuales descansaban guerreros y otros habitantes de Vael-Dragon. Pendones desgastados por el tiempo e insignias heráldicas olvidadas adornaban de vez en cuando el lugar. Lámparas viejas de aceite junto a algunas más modernas de cuarzo, unas de Stoneworks y algunas otras eléctricas, que la gente llamaba Arkeoreliquias, se encontraban una al lado de la otra en anaqueles, pruebas de la gente de varias épocas que visitaba el lugar continuamente.

  Después de algún tiempo caminando, Mina llegó a un enorme conjunto de monolitos de Hematita que en forma de prisma alargado conformaban cinco pilares de seis caras y ocho metros. Frente a estos, un pozo amplio en el cual se encontraban cientos de armas viejas en el fondo; sobre este, un puente, que era sostenido por cuatro estatuas, con sus pu?os en alto tomaban las cadenas del puente mismo.

  —El Cenotafio de Las Lealtades —dijo Mina en voz alta mientras leía los nombres de los miles de guerreros que se encontraban grabados en los monolitos.

  —Por tres días y dos noches, más de un millón ochocientos cincuenta mil guerreros encontraron su fin aquí, en un conflicto innecesario que marcó el nacimiento de lo que sería la unión de clanes de Vael-Dragon. Que estas leyes, creadas para no repetir el error, sirvan de guía y apoyo a nuestros hermanos del futuro —Mina leía en voz baja una placa de bronce frente a los monolitos; esta contenía en letras de oro las diez leyes verdaderas en la base del monumento.

  —Caídos en el encuentro más violento y cruel de la época moderna, miles de soldados y guerreros muertos en solo tres días, odio y resentimiento, fe ciega y fanatismo… que eventualmente… se volvió solo furia y rojo en movimiento… —Mina ajustó su mochila al hombro, mientras veía la enorme cantidad de nombres grabados; con cada letra no más grande que un grano de lenteja, los monolitos de seis caras y al menos ocho metros de altura portaban los nombres de los caídos.

  —?Debo seguir! —Mina retiró la mano que por un momento intentó tocar la hematita, volteó una vez más y retomó el camino y prosiguió por los pasillos. Con cada paso, miraba las armas que descansaban al lado o sobre las lápidas de sus anteriores due?os; muchas de ellas con los a?os dejaban ver un deterioro por el tiempo y la intemperie.

  —La entrada a la cripta debería estar por aquí —Mina pensaba, mirando un promontorio repleto de lanzas y espadas. En la orilla de este se encontraba un orificio en el cual tres grandes pedruscos servían de entrada a un túnel el cual se adentraba bajo el promontorio, y junto a la entrada, otro anaquel con lámparas.

  Los tres pedruscos poseían grabados en rojo granate; en ellos, caballos y toros corrían plasmados en las paredes de los gigantescos bloques, como si esperaran visitas. Estos, alumbrados por una lámpara de aceite que Mina prendió antes de entrar, los dibujos la acompa?aban por el túnel como si la llama de la antorcha les diera vida. Algunos junto a ella, otros con un galope singular la adelantaban y miraban como si la animaran a seguir. Pronto llegó a un espacio donde espejos de bronce incrustados en las paredes y algunos otros dibujos presentaban un escenario de un lago donde algunos animales se detuvieron a beber y otros se recostaron.

  —?Así que hasta aquí llegan ustedes? —Mina les preguntó. Aquellos animales giraron sus cabezas hacia el frente, como si estuvieran a la expectativa de lo que venía, para después girar su vista en conjunto a una escalera tallada en la piedra que bajaba aún más. Paredes toscas la llevaban descendiendo por un camino el cual, después de un minuto, la llevó a una cámara abovedada enorme. El túnel se convertía en un sendero abierto, cuyos lados desembocaban a un abismo profundo dentro de la enorme bóveda. Mina miraba la infinita oscuridad que se develaba a los lados del camino.

  —El morir es el encontrarse con uno mismo; deja atrás tu apego a la tibieza de los vivos, camina a la profundidad, deja atrás todo, inclusive tus dolores y pesares, no más tristeza, no más alegría, solo paz —Mina leyó en voz alta un bloque de piedra tallado a un lado del sendero. Se detuvo un momento, y dejó su lámpara, bolsa y bastón en el pedestal frente al bloque.

  —La decisión para luchar, la fortaleza para vivir, el vivir es luchar, decisiones con fortaleza. El guerrero no pelea para sacrificarse, el guerrero lucha para sobrevivir y ayudar a otros a hacerlo de igual manera —Mina recitó en voz baja, segura de sí misma, y comenzó el descenso.

  Al cabo de unos minutos, el frío se intensificó. Las ropas de viaje de Mina se empaparon por la humedad del lugar. Un incesante gotear resonaba por todos lados, creando un efecto sonoro monótono alrededor de ella. Así prosiguió por media hora y, repentinamente, sintió que caminaba alguien más a su lado. Primero escuchó unas botas que reconoció, alguien de su pasado, alguien que no debería estar con ella, ?o tal vez ella no debería estar ahí? pensó. Seguidamente, el repicar le pareció más bien un sonido de garras en la piedra, cuatro patas con garras filosas caminaban atrás, seguido por varios pasos de zapatillas y las risas de varias jóvenes. Mina se asustó y trató de alcanzar su bastón y bolsa, pero no estaban.

  —La muerte se lleva a muchos que no lo merecen y deja a varios que no debería; nunca te apresures a emitir sentencia, pues ni el más justo podría hacerlo de manera correcta —recitó Mina, asustada pero firme, y por un instante le pareció escuchar aquellas garras acompa?adas por pasos más peque?os que juntos se alejaban aleteando. De igual manera, las risas y zapatillas se adelantaban, para ser seguidas por las botas que por un momento sintió que se detenían para mirarla una vez más, para adelantarse y desaparecer.

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  Los goteos se detenían con cada paso. Pronto Mina no escuchaba más a nadie junto a ella, y al cabo de algunos minutos, un silencio acompa?ado por nada, perdió el latido de su corazón y ya no sintió más su propia calidez. Sus manos y cara desaparecieron y una oscuridad reinante tomó todo alrededor. Los segundos se extendían y los minutos desaparecían; las horas le parecían inalcanzables y los días dejaron de tener sentido. El tiempo dejó de existir, y simplemente caminó, sin saber cuánto ni cómo prosiguió en eterno viaje por quién sabe cuántos a?os ni cuántas vidas. Mina se sentía estancada en el camino, sin moverse atrás ni adelante, y por un momento la idea de caminar a un lado y dejarse caer cruzó por su mente.

  —El conocerse a uno mismo es comprender el universo; si te conoces a ti mismo, jamás entrarás a una batalla a ciegas, pues ya sabrás la mitad del camino —Mina recitó nuevamente y retomó el paso hacia adelante, y justo al primer paso, escuchó de nuevo el latir de su corazón, acompa?ado por la calidez robada que regresaba.

  Mina dio unos pasos más, de nuevo a la luz, apareciendo frente a ella con paso decisivo una cámara con paredes repletas de signos de batallas por todos lados. Al centro, un hombre se encontraba sentado en cuclillas; una enorme presencia radiante y poderosa emanaba de él como si fuera humo. La cara oculta por las sombras y la luz solo dejaba ver los ojos que miraban al piso como si esperara por el siguiente enemigo.

  — ?Patrono olvidado! ?He venido a pasar tu prueba! ?Te enfrentaré de frente y sin titubeos! —Mina exclamó en voz alta y se arrojó a la batalla gritando:

  —Deja que los espíritus choquen, que el cuerpo y el alma se conviertan en llamas; enfrenta a tus oponentes con todo tu ser, no hacerlo sería un insulto para ellos —Mina dio tres pasos levantando su pu?o y dibujando un arco desde atrás, dando un golpe recto y poderoso que sonó como si un tambor cimbrara el lugar. El guardia se perfiló tomando con su mano el pu?o de Mina y dio una palmada en su espalda, que la impulsó a un lado, arrojándola varios metros de frente.

  —Somos espadas errantes que escogemos nuestras propias constelaciones. Somos libres de escoger nuestro camino, cualquiera que sea, pero somos responsables de admitir nuestros errores y corregirlos —Mina se incorporó recitando en voz baja y golpeando el piso con el pu?o cerrado. Tomó otra estancia y arremetió con tres golpes rápidos y contundentes. El guardián desvió los primeros dos con su palma y, capturando el pu?o agresor de Mina con su mano, pasando por detrás de ella extendiendo sus brazos, emparejando su espalda y la de Mina, pasando el pu?o capturado por encima de los dos. Con un movimiento desde la cintura, impulsó a Mina frente a él. Sin soltar su mano, extendió su brazo y el de Mina. Esta echó atrás su mano libre para poder asestar un golpe, pero el guardián jaló la mano cautiva y la acercó nuevamente a él donde la rodeó con su brazo opuesto, inmovilizándola y dando tres giros sin soltar la mano cautiva, inclinada sobre su espalda y mirando hacia arriba, la luz ambiental por fin dejó ver al guardián en su totalidad, revelando a Colle que solo le sonreía muy de cerca.

  — ?GRAAAAAAAA! —Mina gritaba enfadada, colérica, indignada y apenada, casi a punto de llorar, tratando de liberarse. Cada intento de golpe realizado era contrarrestado por un hábil y gentil paso de baile.

  — ?HAAAAAAA! —Mina gritaba nuevamente, tratando de asestar aunque sea un solo golpe. Las lágrimas llegaban al doble de veces que cada intento de golpe, tintadas en impotencia y enojo; pronto se convirtieron en lágrimas de algo ligeramente alegre, ya que por primera vez en su vida, Mina bailaba con alguien.

  Mina y Colle salían del Promontorio.

  — ?Hahahaha, mi anciano maestro decía que cualquier guerrero habilidoso debería saber bailar! —calma las ansias y alegra el alma— Mina por su lado golpeaba a Colle con el pu?o cerrado en la espalda, mirando hacia abajo como una ni?a rega?ada y roja como un carbón vivo.

  — ?Cállate! ?Me dijiste que había un patrono aquí, no un pervertido buscando jovencitas en la oscuridad! ?A quién se le ocurre montar semejante farsa para bailar con una chica! Si era lo que querías, debiste haber ido a la taberna, ?apuesto que hay decenas de jóvenes que quieren bailar ahí!… —Colle volteó y la interrumpió repentinamente:

  —?Así que por fin eres una Jovencita? —Mina se detuvo atónita y muda. Tomó con su mano derecha su brazo y regresaron callados a casa donde cenaron con los otros chicos. Mina se despidió cálidamente de los chicos a la ma?ana siguiente, prometiéndole a Runny que regresaría a comer pasteles de higo con ella a mediados del bimestre de la salamandra y a Geno cómo hacer un golpe más fuerte. Se despidió de todos, incluyendo de Colle, que solo la despidió con un abrazo y una sonrisa. A medio sendero, se detuvo un poco para voltear a ver la casona de Colle en la colina.

  — ?No pasé ninguna prueba! ?NO ME ENSE?ASTE NADA, COLLE, ERES UN TRAMPOSO! —gritó alegre Mina que, a pesar de no haber obtenido ningún poder especial, sintió que se había deshecho de un enorme peso.

  —?Cierto, cierto! Los chicos me llaman Colle, ?y eso es en parte verdad! Hahaha —dijo Colle riendo.

  —Colle será entonces —Mina llevaba su bolsa repleta de medicinas en el hombro.

  —Mina, ?sabes cuántos Pilares Divinos hay en Vael-Dragon? —dijo Colle, mientras apuntaba con el dedo a una tienda de víveres.

  —A decir verdad, no tengo mucha certeza. Solo llegué a que me ense?aran a pelear y después me fui a Thar-Abbys —dijo Mina, que atrapaba con la mano una manzana verde lanzada por Colle.

  —Bien, entonces te ense?aré. Primero, como sabes, aquí en Vael-Dragon está la escuela de caballería. Muchos jóvenes guerreros salen de aquí en busca de fortuna después de los cinco a?os de entrenamiento, ?como tú lo hiciste! Debo decir, orgullosamente, que en estos a?os y con la ense?anza de las diez leyes verdaderas, los jóvenes tienen bases sólidas para encontrar su camino en el mundo. Hahahaha —Colle tomaba con facilidad cuatro sacos de harina y un barril chico de vinagre y, con la mano, un gran frasco de verduras encurtidas, y los colocaba sobre el mostrador.

  —Se?or Colle, muy buenos días. ?Cómo van los jovencitos? —dijo el tendero, un hombre bajo pero fornido con risa fuerte, igual que Colle. Los dos parecían estar en buenos términos.

  —?Muy bien! Están trabajando como si el mundo fuera a acabar ma?ana —los dos rieron y prosiguieron intercambiando chismes y noticias del pueblo y las cercanías. Mina solo los miraba pensativa.

  Salían tranquilos de la tienda cuando Colle le dijo a Mina repentinamente y sin aviso:

  —Ley Verdadera Uno —a lo que Mina respondió:

  —?Awawawawa! Las manos de un guerrero son su verdad y su honor. Si alguien te ofrece sus manos, debes honrar la promesa en caso de hacer una y decir la verdad en caso de ser cuestionado. Si un guerrero te ofrece sus dos manos, una cerrada sobre la otra, es signo de la más incuestionable verdad, lealtad u ofrecimiento —dijo Mina, que fue tomada por sorpresa.

  —Segunda Ley Verdadera —Colle caminaba con paso firme junto a Mina, que lo imitaba mientras marchaban a pasos grandes sobre la calle.

  —La decisión para luchar, la fortaleza para vivir, el vivir es luchar, decisiones con fortaleza. El guerrero no pelea para sacrificarse, el guerrero lucha para sobrevivir y ayudar a otros a hacerlo de igual manera —.

  —Tercera Ley Verdadera —Colle saludaba a varios ancianos que reían juntos. Todos ellos jugaban un juego de mesa sobre un barril, que al parecer era muy popular en Vael-Dragon. Todos ellos parecían soldados ya retirados.

  —?Lucha sin Malicia y juramentos firmes! Nunca cometas violencia contra alguien mientras estés cegado por la furia y nunca prometas algo intoxicado por la alegría —.

  —Cuarta Ley Verdadera —el par se encaminaba a un centro comunitario que parecía ser un orfanato donde Colle entregaba, a risotadas, algunos lingotes de oro a la directora del lugar.

  —Espada y pu?o destruyen barreras, palabra y esfuerzo erigen comunidades. Violencia solo cuando es necesario y nunca más allá —.

  —Quinta Ley Verdadera —tomaron varios productos fabricados por los jóvenes del orfanato en una carreta y los llevaron jalando al mercado de trueque del lugar.

  —La espada desnuda en el campo clama por su propia verdad; respetar a tus enemigos, pues sus motivaciones son tan válidas como las tuyas —.

  —Sexta Ley Verdadera —dejando atrás la carroza, el par se dirigió a entregar los productos intercambiados por tres carretas cargadas de grano en bruto y verduras que llevaron a las orillas del pueblo y arreglaron en montones. Poco a poco, varios animales salvajes se acercaban a comer.

  —Somos espadas errantes que escogemos nuestras propias constelaciones. Somos libres de escoger nuestro camino, cualquiera que sea, pero somos responsables de admitir nuestros errores y corregirlos —.

  —Séptima Ley Verdadera —Colle y Mina tomaban un refrigerio a la sombra de un árbol donde Colle tomó unas piedras y las colocó a manera de comedor.

  —Deja que los espíritus choquen, que el cuerpo y el alma se conviertan en llamas; enfrenta a tus oponentes con todo tu ser, no hacerlo sería un insulto para ellos —.

  —Octava Ley Verdadera —regresaban por el camino. Mina, intrigada, se preguntaba qué era lo que tenía en mente Colle para ella.

  —La muerte se lleva a muchos que no lo merecen y deja a varios que no debería. Nunca te apresures a emitir sentencia, pues ni el más justo podría hacerlo de manera correcta —Mina titubeó un poco al recitar esta ley.

  —Novena Ley Verdadera —Colle se detuvo y miró a Mina frente a frente.

  —El conocerse a uno mismo es comprender el universo. Si te conoces a ti mismo, jamás entrarás a una batalla a ciegas, pues ya sabrás la mitad del camino —Mina apretaba un poco los pu?os en evidente enojo consigo misma.

  —Décima Ley Verdadera —Colle se inclinó frente a ella y colocó su enorme mano áspera sobre el hombro fornido de Mina que, en comparación con aquel enorme brazo, parecía frágil. Por primera vez en mucho tiempo, se percibió a sí misma… femenina.

  —Si en tu aprendizaje reconoces un error en ti, pero no lo corriges, estarías peor que antes —Mina lo miró detenidamente a la cara y se detuvo ahí sin saber qué más decir, atónita ante el momento. Conteniendo lágrimas, Mina se repuso rápidamente, frotando sus ojos.

  —Mina… sé que buscas poder; ya tienes mucho en ti, solo que no lo reconoces. Hoy te quedarás a comer y cenar con nosotros. Ma?ana, en la madrugada, te dirigirás a las cuevas que están al norte del pueblo; el mapa que te di, úsalo para llegar… Ahí se encuentra un patrono olvidado —Mina se dio unas ligeras palmadas en las mejillas, se detuvo un momento y volteó a verlo, intrigada.

  —?Cuál es su nombre? —preguntó aún con las manos en la cara.

  —Hahaha, si lo cupiera no sería olvidado. Creo que te quedará muy bien este. ?Ahora vamos, Runny desfallecerá si no come su pastel de las 4! —dijo Colle riendo.

  Regresaron a casa los dos. Colle frotó la cabeza de Mina como si fuera una peque?a ni?a. Jamás había pasado eso en su adultez, lo cual la puso ligeramente feliz.

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