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Capitulo 40

  La apertura del Fragmento Celestial de las Arenas debía cerrarse hoy, y envié a las Nei Wei hace horas para asegurarme de que Lianhua regresara sin problemas, pero el aire del patio parece más denso de lo habitual y cada vez que intento distraerme mi mente se empe?a en empezar a pensar en todo lo que podría haberle pasado a Lianhua, como por ejemplo lanzarme imágenes de ella siendo perseguida por una piedra rodante por un túnel en ruinas.

  Nunca pensé que maldeciría el haber visto tantas veces las películas de Indiana Jones.

  A mi lado, Xia trata de mantenerme tranquila, su peque?a mano descansa sobre la mía en un gesto que se supone reconfortante, pero ni siquiera sus esfuerzos logran acallar la mara?a de pensamientos que danzan en mi cabeza.

  “Wen, seguro que está bien”, me dice Xia con el tono más tranquilizador que puede, aunque la duda en su voz es palpable.

  “Lo sé”, respondo automáticamente, aunque el nudo en mi estómago me contradice. Apretando las manos sobre el reposabrazos de mi silla me esfuerzo por no expresar mi creciente ansiedad.

  El ruido de la puerta principal del palacio al abrirse hace que me enderece de golpe y mi mirada se fija en la entrada.

  Mientras miro, la puerta termina de abrirse y un grupo de Nei Wei cruza el umbral escoltando la figura inconfundible de Lianhua y mi corazón da un vuelco al verla. No parece herida, pero su estado deja mucho que desear. Sus ropas están manchadas y desgarradas en varios lugares, y la mochila de cuero que le hice está en un estado deplorable, aunque milagrosamente sigue cumpliendo su propósito.

  Nada más entrar al patio, Lianhua avanza hacia mí con paso decidido seguida de las Nei Wei. A pesar de su aspecto, su expresión es firme. Se detiene frente a mí y hace una leve inclinación mientras me dice “Zhāohuán Wen, he regresado. Estoy lista para presentar mi informe.”

  Por un momento, siento el impulso de rega?arla debido a que lo primero que dice tras su regreso son esas palabras, pero esas palabras mueren antes de salir de mi boca. La observo en silencio, y en lugar de lo que había planeado decirle, dejo escapar un suspiro y extiendo una mano.

  “Acércate, Lianhua”, le digo.

  Su mirada se llena de sorpresa, pero obedece sin cuestionar. Cuando está lo suficientemente cerca, le indico con un gesto que se incline. Aunque dudosa, lo hace, y entonces, sin previo aviso, la rodeo con mis brazos.

  “Gracias por regresar sana y salva”, le digo mientras mi voz tiembla ligeramente, pero no me importa.

  Lianhua se queda inmóvil, claramente sorprendida y en estado de shock por lo que acabo de hacer.

  Pero parece recuperarse rápidamente por que se aparta tras unos segundos y me mira con el ce?o ligeramente fruncido mientras me dice “Zhāohuán Wen, no debería hacer eso. No es apropiado para alguien de su rango.”

  “Yo decido lo que es apropiado o no”, respondo con firmeza antes de cubrirme la nariz con una mano mientras la miro con una sonrisa. “Pero primero, ve a darte un ba?o. Apestas.”

  El comentario provoca una risa inesperada de Xia, quien hasta ahora había permanecido en silencio contemplando la escena.

  Lianhua frunce los labios, claramente irritada, pero no dice nada. En cambio, se inclina ligeramente y me dice “Entonces y con su permiso, iré a asearme para estar más presentable y luego le informaré sobre lo sucedido en el Fragmento Celestial de las Arenas.”

  Le hago un gesto para despedirla mientras le digo “Te esperaré en mi habitación.”

  Lianhua se retira con una inclinación respetuosa y entra al palacio. Mi mirada se desvía hacia las Nei Wei que permanecen en la entrada y les pregunto “?El decimoquinto Príncipe no regresó con ustedes?”

  Una de las Nei Wei da un paso al frente y me contesta “Cuando partimos, el decimoquinto Príncipe aún no había salido del Fragmento Celestial.”

  Frunzo el ce?o, pero asiento y les digo “Informen a la Nei Baihu de vuestro regreso. Pueden retirarse.”

  Las Nei Wei saludan militarmente y se alejan hacia la zona del palacio donde tienen su cuartel mientras sus pasos resuenan en el silencio que queda tras ellas.

  Mientras la veo irse, hago se?as a una doncella para que me lleve a me habitación mientras le digo a Xia “Vamos, esperemos a Lianhua en mi habitación.”

  La espera en mi habitación es breve, pero cada segundo parece alargarse. Xia, sentada en una silla cercana, tamborilea los dedos sobre la mesa, emitiendo peque?os ruiditos con la boca que no consiguen distraerme. Estoy demasiado inquieta y no puedo evitar pensar en la mochila de Lianhua, en lo que podría contener... o no.

  “?Crees que tardará mucho?” pregunta Xia, inclinándose hacia mí con una curiosidad que no logra ocultar.

  “No”, respondo, sacudiendo la cabeza. “Lianhua es eficiente. Si dijo que regresaría pronto, así será.”

  Y como para probar mi punto, la puerta se abre con un leve crujido, revelando a Lianhua. Ahora limpia y con un traje adecuado, parece una versión completamente distinta de la figura desali?ada que llegó hace un rato. Sin embargo, mi atención se fija de inmediato en la bolsa de cuero algo gastada que lleva consigo y un peso extra?o se instala en mi estómago mientras pienso en si eso es lo único que pudo recuperar del Fragmento Celestial.

  Lianhua avanza hacia mí con paso firme, se detiene a una distancia respetuosa y hace una leve inclinación mientras me dice “Zhāohuán Wen, estoy lista para presentar mi informe.”

  “Por supuesto”, le digo manteniendo mi voz tranquila a pesar del ansia que siento. “Pero siéntate primero. No es necesario que lo hagas de pie.”

  Ella duda un instante antes de asentir. Con movimientos medidos, toma asiento frente a mí y coloca la bolsa de cuero sobre sus piernas. Mi mirada queda atrapada en ese objeto como si tuviera vida propia, pero desvío los ojos hacia Lianhua cuando comienza a hablar.

  “Tras cruzar el portal, el calor me golpeó como una pared sólida”, empieza a contar Lianhua. Su voz es tranquila, pero cargada de detalles que pintan un cuadro vívido en mi mente. “La arena se extendía más allá de donde alcanzaba la vista, como si el mundo estuviera envuelto en un manto dorado que relucía bajo un sol abrasador. El aire era tan seco que parecía robar la humedad de mis pulmones con cada respiración.”

  “?Qué horror!” exclama Xia con ojos como platos.

  Lianhua sonríe levemente, pero continúa sin detenerse “Gracias a mi cultivo, pude resistir el calor y mantener mi salud estable, pero sabía que no podía bajar la guardia. Los libros que compro mencionaban oasis dispersos, pero encontrarlos en esa vastedad no sería tarea sencilla, por lo que, a pesar de que mi cultivo hace que pueda aguantar más tiempo sin beber, decidí racionar el agua.”

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  “?Encontraste alguno?” interrumpe Xia, ansiosa y claramente disfrutando del relato que nos estaba contando Lianhua.

  “Sí”, asiente Lianhua. “El primero apareció al tercer día de viaje. Lo vi a lo lejos, un brillo tenue en el horizonte que casi confundí con un espejismo. A medida que me acercaba, noté un grupo de árboles y un peque?o estanque rodeado de hierba baja. Pero no estaba vacío.”

  “?Qué había?” pregunto inclinándome ligeramente hacia ella, incapaz de contener mi curiosidad y completamente atrapada por el relato de Lianhua. Pero sobre todo sorprendiéndome al saber que ocultaba tanto talento para contar historias y el dramatismo.

  “Bestias”, responde Lianhua en un tono serio. “Un grupo de escorpiones espirituales se había instalado allí. Eran enormes, cada uno del tama?o de un perro y con caparazones que reflejaban la luz como obsidiana pulida. No me dieron tiempo para planear ya que en cuanto me vieron, atacaron.”

  “?Y qué hiciste?” exclama Xia aferrándose al borde de la mesa.

  “Luchar”, dice Lianhua simplemente. “Utilicé el terreno a mi favor. Las criaturas eran rápidas en línea recta, pero torpes cuando necesitaban cambiar de dirección. Moviéndome entre las palmeras, logré mantener la ventaja. Sus pinzas eran fuertes e incluso llegaron a cortar algún árbol de los que usaba para mantenerlos a raya, pero pude evitarlos y atacar sus puntos débiles en las articulaciones. Me llevó tiempo, pero finalmente los derroté.”

  “Después de eso, limpié el oasis de cualquier rastro que pudiera atraer a más bestias y descansé unos periodos antes de continuar”, Lianhua hace una pausa, como si recordara algo desagradable, antes de proseguir. “El desierto no me dio tregua. Cada día aparecía algo nuevo. Desde serpientes espirituales que acechaban bajo la arena, con sus cuerpos tan largos como para rodear una duna entera, hasta aves que descendían desde el cielo con picos afilados como cuchillas.

  “Pero sin duda lo más aterrador fueron los gusanos gigantes”, continúa diciéndonos Lianhua. “Solo los vi dos veces, pero en ambas me vi obligada a huir.”

  “?Cómo eran esos gusanos?” pregunta Xia, claramente asustada y fascinada al mismo tiempo.

  “Colosales”, nos dice Lianhua con gravedad. “Sus cuerpos podían alcanzar fácilmente los diez

  zhang de largo, con piel grisácea cubierta de placas duras. Cuando emergían, incluso la tierra temblaba y formaban cascadas de arena con su cuerpo. No había forma de que pudiera enfrentarlos sola, así que cada vez que aparecía uno, usaba mi velocidad para escapar antes de que pudiera alcanzarme.”

  “?No encontraste nada más en el desierto?” pregunto intrigada, y al mismo tiempo aterrorizada por los gusanos de más de treinta metros de largo que mi mente ya ha asociado con los gusanos de Dune.

  “Hubo algunas cosas interesantes”, admite Lianhua. “En una ocasión, descubrí una roca negra que no parecía pertenecer al entorno. Al examinarla, me di cuenta de que estaba cubierta de marcas extra?as, posiblemente grabados antiguos, pero no pude detenerme mucho tiempo porque noté movimiento bajo la arena. Sospecho que algo vivía cerca, probablemente un gusano”

  “?Y qué pasó después?” insiste Xia, claramente dispuesta a exprimir a Lianhua cada detalle de su aventura.

  “Seguí caminando”, responde Lianhua. “El desierto era interminable, pero con cada paso me sentía más cerca del río. Finalmente, el sonido del agua me llevo hasta una zona donde las dunas se alzaban en una peque?a colina, y al llegar a la zona superior de la misma pude ver el rio, una enorme corriente de agua de al menos seis Li de ancho que parecía partir el desierto en dos.

  La cifra me sorprende y me hace abrir los ojos de par en par, ya que tras un cálculo mental rápido me doy cuenta de que eso son casi tres kilómetros de ancho, por lo que le digo a Lianhua “Eso es… colosal.”

  “Así es”, confirma Lianhua, con un leve asentimiento. “La zona alrededor del río era verde, pero mayoritariamente plana. Había bosquecillos dispersos aquí y allá, pero era un lugar mucho más peligroso y las bestias espirituales eran mucho más numerosas y agresivas.”

  Imaginando que ahora empezaría a contarme todo sobre las bestias que encontró y como lucho contra ellas, la corto antes de que pueda entrar en detalles innecesarios para decirle que vaya directamente a lo que me interesa, por lo que le digo “Si estás aquí, claramente ninguna era lo suficientemente fuerte como para matarte. Pero cuéntame sobre las ruinas. ?Encontraste alguna?”

  Lianhua guarda silencio un instante, como si organizara sus pensamientos antes de continuar con su explicación “Las ruinas eran… imponentes. Desde la distancia, en el patio de las que divise se veía lo que parecían dientes gigantes emergiendo de la tierra, columnas altas y desgastadas por el tiempo que aún mantenían una dignidad antigua. Cuando me acerqué más me di cuenta de que cada columna estaba grabada con relieves complejos, escenas que parecían narrar historias. Había figuras alargadas, de proporciones estilizadas, pero todo estaba tan estropeado por el tiempo que era difícil distinguir nada.”

  Xia da un peque?o salto en su asiento mientras pregunta excitada “?Eran dibujos de hombres o de bestias?”

  “No lo sé”, responde Lianhua con una ligera inclinación de cabeza. “O tal vez eran algo más simbólico. No lo sé con certeza. El material de las columnas parecía piedra caliza, pero tenía un tono amarillento que reflejaba la luz del sol, dándoles un brillo dorado. Entre las columnas había estatuas enormes, algunas derribadas y otras aún erguidas, aunque desgastadas. Sus rostros estaban mutilados por el tiempo, pero se podía intuir fácilmente que eran figuras importantes para quienes construyeron ese lugar.”

  “?Qué había dentro?” pregunto, atrapada por la narrativa y deseando más detalles, ya que por desgracia no había podido estar en persona para poder contemplar las ruinas.

  Lianhua suspira antes de responder “La entrada principal era un arco gigantesco que se abría hacia un pasillo oscuro y frío, en marcado contraste con el calor sofocante del exterior. En las paredes de ese pasillo había grabados similares a los del exterior, pero más detallados. Parecían mostrar una procesión, figuras llevando ofrendas hacia una figura que no pude identificar porque esa parte del relieve estaba da?ada.”

  “?Y no te daba miedo entrar?” pregunta Xia, claramente fascinada.

  “Había tensión”, admite Lianhua. “Pero no miedo. Sin embargo, no estaba sola dentro. Apenas unos pasos después de entrar, escuché el eco de movimientos en la oscuridad. Bestias espirituales. Algunas eran criaturas que parecían versiones desproporcionadas de felinos, con colmillos largos y brillantes como dagas. Tuve que pelear contra varias de ellas para avanzar, y en ciertos casos, retrocedí al ver que el número era demasiado para mí.”

  Hago un gesto para que continúe “?Qué más viste? ?Qué había más allá del pasillo?”

  “Más cámaras”, nos dice, con su tono más pensativo ahora. “Eran espacios amplios sostenidos por pilares que imitaban las columnas exteriores, pero con relieves aún más detallados. En el suelo había restos de lo que parecían ser muebles tallados, pero estaban reducidos a astillas por las bestias que habitaban allí. También encontré algunas urnas de cerámica rota y fragmentos de objetos metálicos que habían perdido todo su brillo.”

  Lianhua hace una pausa antes de continuar con su narración. “En una de las cámaras más profundas, descubrí una estructura distinta. Era un pedestal rodeado por un círculo grabado con patrones que parecían fluir como agua. Encima del pedestal había un objeto que había sido destrozado. No pude determinar qué era originalmente, pero los grabados a su alrededor parecían representar algo importante, tal vez una ceremonia o un ritual.”

  “?Y eso fue todo?” pregunto, intentando ocultar mi decepción.

  “No del todo”, me dice Lianhua, y su voz se anima ligeramente. “En otra cámara, en una zona que por su distribución y restos de muebles parecía que eran las habitaciones, al explorar una pared que parecía simple, noté una peque?a hendidura, y siguiendo las instrucciones que me dio, terminé encontrando un compartimento secreto.”

  Mis ojos se iluminan y me inclino hacia adelante. “?Qué había dentro?”

  “Frascos”, responde Lianhua. “Aunque su contenido se había descompuesto con el tiempo. Pero también había un peque?o cofre. Estaba cerrado, pero cuando lo abrí, encontré unos papeles bien conservados.”

  Mis ojos se iluminan al escuchar eso, por lo que le digo rápidamente mientras extiendo las manos “Los papeles, los tienes en esa bolsa, ?no? Déjame verlos.”

  Lianhua suspira, pero no protesta. Mete la mano en la bolsa y saca con cuidado un pliego de hojas. Mis manos tiemblan ligeramente mientras los tomo de ella, casi con reverencia. Al abrirlos, mi mirada se fija en los signos y símbolos que cubren las páginas.

  Y mi mente se queda en blanco al ver la escritura y, por un momento, solo puedo pensar en la imposibilidad de lo que tengo frente a mí.

  Son ideogramas y signos fonéticos que reconozco al instante, pero mi mente no puede comprender la razón por la cual algo así podría aparecer en un contexto que hasta ahora había asumido como perteneciente a una cultura totalmente china.

  “No puede ser”, murmuro para mí misma, incapaz de apartar la mirada del texto. La idea de que algo tan completamente ajeno a este mundo haya aparecido aquí es inconcebible.

  “?Wen? ?Qué pasa?” escucho como me pregunta Xia mientras se inclina sobre mi para mirar por encima de mi hombro.

  Pero no respondo, ya que es imposible que pueda decirle que he reconocido que el texto que tengo ante mi está escrito con lo que claramente son jeroglíficos egipcios.

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